viernes, 28 de octubre de 2011

Comentario al evangelio 30 de octubre de 2011

   HAZME OPORTUNIDAD 

     Me lo dijo un profesor el año pasado: sólo el de Galilea puede ser maestro para sus hermanos; el resto, a lo sumo, podemos ser oportunidad. Sin duda mi profesor había leído a Sócrates y había rezado a Cristo. Y sabía —quizá por propia experiencia— lo fácil que le resulta al hombre sentarse en cátedras que no son suyas. Los fariseos y los escribas del evangelio no habían usurpado funciones que les fueran ajenas. La cátedra de Moisés debió ser un hermoso lugar de servicio. Muchos hombres debieron sentirse llamados a ocuparla a lo largo de los siglos. No resulta extraño imaginar que, desde ella —como desde nuestros púlpitos—, estos hombres ayudaron a mucha gente sencilla a vivir la fe. Con sus palabras, con sus gestos, con su disponibilidad, con su estudio, con su afán de verdad, con su entrega. Muchos de los que se sentaron en ella debieron convertirse en oportunidad. Porque sus manos y sus labios hablaban el mismo lenguaje. Porque amaban a su Dios y auxiliaban a sus prójimos. Porque, aun sin conocer a Jesús, se reconocían demasiado humanos para ser maestros. Pero muchos otros debieron volverse piedra de tropiezo. Porque pensaron que para sentarse en la silla de Moisés había que subir, había que cargar las conciencias con pesos insoportables. Porque se pensaron dignos de honores de dioses. Pero un día luminoso vieron caminar al de Galilea, tomar la silla y agacharse hasta los pies de sus hermanos. Lo vieron bajar para hacerse maestro, para hacernos oportunidad. Y probablemente supieron que, desde entonces, ningún hombre aceptaría una cátedra que no estuviera construida con madera de cruz...
   


Adri, cmf
[Tomado de www.acompasando.org]

No hay comentarios:

Publicar un comentario