domingo, 23 de abril de 2017

Destellos de la Pascua (I) 'Y ahora, ¿qué?'

  Siempre dicen que es de bien nacido ser agradecido. Así queremos ser también nosotros: agradecidos por este tiempo de Pascua, de paso de Dios, que hemos vivido. Por eso queremos compartir algunos de estos 'efectos' de la Pascua. Pequeños regalos del camino pascual que nos han hecho bien y que pueden hacer bien a otros. Aquí tienes el primero. Lo comparte con nosotros Rheadh, estudiante claretiano que participó en Semana Santa de la casa de acogida de Basida-Navahondilla.
.. ¡seguimos saboreando la paz y la luz del Resucitado juntos!

Y ahora, ¿qué?

Y ahora, ¿qué? ¿Qué me aporta la muerte de Jesús? Estas son las preguntas en la liturgia del Viernes Santo que nos hizo Josema en Basida, una casa de acogida para los que están sufriendo de sida. “¡Vida!” es la primera palabra que sonó desde los que estábamos en aquella capilla. La respuesta no aporta nada nueva. Ya sabemos que Jesús nos da vida. Ya sabemos que él es la vida y la resurrección. Pero lo más llamativo es que esta palabra ha sido pronunciada sin ninguna inseguridad sino, con toda convicción y con toda certeza. Ha sido profesada en un lugar donde la derrota, la decadencia y la defunción es más articulada y acentuada. No sé si soy capaz de profesar esta confesión de fe como lo hizo aquel hombre. Pero una cosa es cierta: volví a casa amando más al Señor. 

Rheadh de la Torre, cmf

sábado, 22 de abril de 2017

Un fe comprometida con el Resucitado: Testimonio de Charles Rolón, cmf

Uno de los efectos de la Pascua es el envío misionero del Resucitado: 'id y anunciad'. Lo llevamos escuchando toda esta gran semana de Pascua. Por eso, en medio de esta alegría, uno de nuestros hermanos, Charles Rolón, ha viajado a Vigo, a la Parroquia claretiana del Corazón de María, para compartir su encuentro con el Resucitado y la misión en la que le conoció: la misión claretiana en Paraguay. Con los destellos del Señor vivo en medio de este pueblo, compartimos con vosotros el mejor regalo que Charles quiere hacernos, la experiencia de su fe y su vocación en salida misionera... ¡gracias!

“Mi espíritu es para todo el mundo”

   Mi nombre es Charles. Natural de Paraguay. Procedo de una familia sencilla, trabajadora y humilde. Tengo tres hermanos. Mis padres ya están jubilados y se pasan ahora trabajando en su pequeña granja que tienen.
   El Papa Francisco invita a cada persona a sacar de su interior la capacidad de amar que habita en su corazón. Para ello, anima a descubrir que el Evangelio es fuente de Alegría, de Libertad y de Salvación para todos los hombres. Todos los misioneros estamos llamados a vivir esta experiencia de la misericordia. Revelando el rostro vivo de Dios en la entrega generosa de la vida, en el servicio y en el anuncio de la alegría del perdón. Los misioneros viven una profunda vida espiritual, que enriquece su mente y su corazón para reconocer la acción del Espíritu hasta llegar a ser un verdadero “discípulo misionero”. 

   Me gustaría explicaros en tres etapas de mi vida misionera. A saber:
   Una primera etapa: mi propia experiencia de la vocación misionera, vivido particularmente en mi propia tierra, es decir, en mi país. Mi vocación a la vida misionera lo fui descubriendo con el paso de los años en el Seminario menor de los misioneros Claretianos. Fue entonces donde se inició todo y comenzó una primera respuesta insignificante a la llamada de Dios. Sin embargo, poco a poco fui comprendiendo y entendiendo los por qué y, la respuesta que se me iba dando a mis interrogantes...
Misión de los Claretianos: están trabajando en la misión para ser luz en medio: el odio, la injusticia, la mentira, la opresión, el dolor, la soledad, el hambre, la ignorancia y tantas otras necesidades de amor que son urgencias de la misión de Dios.
   Una segunda etapa: mi experiencia misionera, situada ya fuera del contexto de mi cultura, en concreto, en la etapa del noviciado. En Cochabamba (Bolivia). Un nuevo estilo, un nuevo horizonte, una nueva misión. El tiempo del Noviciado: fue un espacio y un tiempo para fundar y consolidar esta llamada a la vida misionera. Hubo un momento significativo que quisiera compartirlo, y particularmente es la misión de los Misioneros Claretianos en Bolivia. Fue la misión de Potosí. Ubicado al norte del país. Fue una experiencia realmente impactante, pero a la vez, una fortaleza para mi vocación misionera.

   Y la última etapa: mi experiencia de Dios, es decir, mi experiencia de fe. Me quedo con el signo de la humanidad de Dios y de la experiencia de la fe, con dos momentos. En la vertiente humana me quedo con rostros, la sonrisa, la amistad, heridas… Y por otro lado, la huella de la fe me hace quedarme con una esperanza de un pueblo, de unas comunidades que están transformándose con la presencia de los misioneros, pero sobre todo con esa presencia de ese Dios que toca los corazones y que lo lanza a abrir un horizonte de anhelo, de amor y de belleza. Por lo tanto, la generosidad, la servicialidad, la entrega generosa, la disponibilidad…son signos de la existencia de Dios.
  • Tener un corazón abierto, un corazón dispuesto; 
  • Tener un corazón sin límites, sin condiciones;
  • Y tener un corazón limpio, indiviso, centrado en el único Amor puede convertir y cambiar la vida de mucha gente y del pueblo de Dios.
   Y para ir concluyendo, quisiera hacerle llegar una petición: No se cansen de orar por las vocaciones. Gracias a la oración seguimos Fortalecidos, Consolidados, Afianzados. Oren por todos los misioneros y misioneras del mundo. No se cansen de orar y pedir por las vocaciones. Porque la mies es mucha pero los obreros son pocos. Muchas gracias.
Charles Rolón, cmf


lunes, 17 de abril de 2017

Alégrate. No temas. Ve y anuncia: ¡Cristo vive!


«Con temor, pero llenas de alegría…»
   Con temor,
   porque la vida nos conmociona.
   Con temor,
   porque la memoria no olvida el dolor.
   Pero llenas de alegría,
   porque no es más grande el sufrimiento que el gozo,
   porque no es más fuerte la cruz que la Vida.

«No temáis…»
   Porque el don del Resucitado
   sana las heridas,
   impulsa en los miedos,
   hace posible
   la alegre valentía de caminar
   con paso firme y decidido
   por la vida.

«Id a contar a mis hermanos…»
   Porque nada ni nadie acalla ya
   el acontecimiento que marca nuestra historia.
   Porque Dios mismo pasa por nuestra biografía.
   Porque el Resucitado ha querido 
   que tú y que yo,
   que nosotros
   nos encontremos
   en la Galilea cotidiana.

Alégrate. No temas. Ve y anuncia: ¡Cristo vive!

sábado, 15 de abril de 2017

Diálogos de pasión III: ¿qué es lo que nos queda?


María está llenando una bolsa con ungüentos mientras Juan la observa sin decir nada. Cuando esta termina su tarea decide confrontar al joven que la observa.

- María: ¿Tú también piensas que estoy loca?
- Juan: No lo sé.
- M: Pero has venido a detenerme.
- J: Es lo que ellos quieren.
- M: ¿Y tú?
- J: Es peligroso, en eso tienen razón.
- M: ¿Más que permanecer al pie de la cruz?
- J: No, pero eso era necesario.
- M: ¿Y esto no? Él era tu Maestro, tu amigo… ¡Te quería como a un hermano! ¿Y no quieres que le honremos una vez muerto?
- J: Deja que los muertos entierren a sus muertos (Mt 8, 22).
- M: ¿Qué has dicho?
- J: Nada, es solo algo que le oí una vez, cuando la gente ponía escusas para seguirle.
- M: ¿Y cuál es tu escusa?
- J: Me cuesta creer que esté muerto
- M: Tú estabas ahí, lo viste al igual que yo ¡Incluso te habló! Te confió a su madre ¿Y aun así dudas?
- J: Sé lo que vi, su cuerpo no respiraba cuando lo bajamos y aun así… no sé.
- M: ¿Qué es lo que no sabes, Juan?
- J: Siento que sigue vivo, de algún modo lo siento presente y cuando cierro los ojos le oigo en mi corazón, invitándome a caminar, preguntándome si estoy dispuesto a ofrecer mi vida por amor. Por eso no puedo acompañarte.

María contempla a ese Joven con infinita ternura y un gesto materno brota sin pensar. Ofreciéndole el abrazo que ella tanto necesita le dice, o tal vez se dice:

- M: Él está muerto, Juan. Quisiera que no fuera así, pero debemos afrontar la verdad. Lo único que nos queda es honrar su memoria y aceptar la voluntad de los Cielos.

María deja atrás a Juan, quien pregunta mirando al cielo.

- J:¿Y cuál es tu voluntad, Padre?

Ella se detiene, sorprendida. Le mira sin saber realmente a quién está mirando. Abre la boca con intención de decir algo, pero la palabra parece esconderse de ella. Finalmente, prosigue su camino. Juan, tras un momento de espera, se dirige al otro extremo y se sienta en actitud orante.

viernes, 14 de abril de 2017

Diálogos de pasión II: Nadie podrá quitársela...

  
 Pedro, sosteniendo una espada, comienza a desenfundarla para, a medio camino, volver a envainarla. La gira, la observa, comienza a desenvainarla, la envaina, la deja en la mesa con manos temblorosas y la contempla… para volver a repetir el proceso, una y otra vez. El bucle se sucede indiferente al tiempo.


María lo observa silenciosa. Percibe su nerviosismo, su dolor y el abismo que lo alberga. El suyo es semejante, ambos afrontan la misma prueba, pero con historias distintas. Sin el Maestro, todos miran a Pedro y este se encuentra perdido en un mar de dudas.



Es él quien insistió en este encuentro, mas ahora es incapaz de mirarla y el estancado tiempo sigue su curso. Ella suspira y él rompa a hablar, como si esa fuera la señal que necesitaba para liberar el torrente que atenazan su corazón.

- Pedro: Lo siento, yo…
- María: No había nada que pudieras hacer.
- P: Podría haberle advertido de la inquietud de los sacerdotes.
- M: No te habría escuchado y él ya lo sabía.
- P: Podría haber detenido a Judas.
- M: Él le dejó ir, a sabiendas de lo que tramaba.
- P: Si no me hubiera dormido, si hubiésemos montado guardia…
- M: Él nunca se escondió, por mucho que lo intentaras no habrías logrado nada, salvo preocuparle aún más por ti.
- P: ¡Habría dado mi vida por él! Si tan solo no me hubiera detenido…
- M: ¿Qué has hecho, Pedro?

Pedro calla, su perdida mirada redescubre la espada y, tembloroso, estira su mano anhelando el contacto, temeroso de que sea real, pues significaría que no está viviendo una pesadilla.
María se adelanta y toma la fría hoja con sus encallecidas manos, manos gastadas de acariciar y servir. Sus ojos se encuentran y Pedro, avergonzado, retira la mano junto con su mirada. Ella suspira al tiempo que desenvaina la hoja.

- M: ¿De quién es la sangre? - pregunta con un hilo de voz.
- P: ¿Acaso importa?
- M: Pedro ¡mírame!

Su voz no admite réplica y Pedro, obediente, se pierde en sus ojos. Unos ojos enrojecidos por las lágrimas contenidas, enmarcados por los surcos de sonrisas que se antojan lejanas. Ojos profundos y compasivos, capaces de tocarte el corazón. Ojos que recuerdan a los del Maestro.

- P: ¡Le negué! Después de jurar que no lo abandonaría, le negué tres veces. – Exclama Pedro entre lágrimas, atrapado por esos ojos. – Es a mí a quien debieron llevarse, él podría haber escapado en la confusión, mientras yo empuñaba la espada…
- M: ¿Y dejar que un amigo se pierda?
- P: ¡Le van a matar! Si quieren sangre, mejor la mía que la suya.
- M: ¿No lo entiendes, Pedro? Si no te hubiese detenido ahora serías un muerto en vida. Pero la vida que él posee, la que te ofrece, esa nadie puede quitársela. Nadie puede matarle, es él quien se ofrece.


jueves, 13 de abril de 2017

Diálogo de pasión I: Cenemos solos y hablemos de futuro...



- Judas: Maestro
- Jesús: ¿Sí, Judas?
- Judas: Es la hora
- Jesús: ¿Lo es?
- Judas: El pueblo está con nosotros, los sacerdotes nos temen. Si no aprovechamos el momento, si no actuamos con contundencia, todos estos años quedarán en nada.
- Jesús: Hablas como si estuviéramos en guerra
- Judas: ¿Y no es así? ¿No nos has dicho que has venido a traer la espada, a enfrentar al hombre con su padre? (Cf. Mt 10,34-35)
- Jesús: No he venido a traer la guerra entre los hombres, esas son luchas que nos alejan de la verdadera lucha.
- Judas: ¿De qué otro modo lograremos la libertad?
- Jesús: La libertad no se alcanza, se acoge y se vive.
- Judas: ¡Se vive! ¿Cómo vivirla cuando un país extranjero nos mata a impuestos, cuando nuestros líderes solo piensan en cómo conservar sus privilegios, cuando la gente muere de hambre en las calles?
- Jesús: ¿Y qué propones? ¿Matarlos? ¿Serás tú quien empuñe la espada, quien quite la vida a un hermano?
- Judas: Si con eso salvo vidas…
- Jesús: ¿Y luego qué?
- Judas: Luego reconstruiremos Israel, haremos un país donde merezca la pena vivir, donde realmente se adore a Dios.
- Jesús: Un país manchado con sangre, construido sobre los cuerpos de quienes piensan diferente ¿y todo en nombre de dios? ¡Ese dios no es mi Padre! ¿No te das cuenta que pretendes cambiar una tiranía por otra?
- Judas: ¡Pretendo servir a Dios!
- Jesús: Ya lo he dicho, ese dios no es mi Padre. Mi Padre no se impone, se ofrece
- Judas: ¡Si no actuamos nos matarán!
- Jesús: Tienes razón, Judas. Es tiempo de empuñar la espada; pero no contra los hombres, sino contra nuestras dudas y temores. Esta noche cenaremos solos, alejados de la gente, y hablaremos del futuro. Pero antes tratemos de acoger la paz que Dios nos ofrece.

martes, 11 de abril de 2017

Feliz diálogo de pasión...

   
  Hemos entrado ya en la Semana Santa. Semana grande, Semana de dolores, Semana de intenso anuncio. Los estudiantes de esta comunidad nos hemos ido repartiendo por diferentes puntos de nuestra geografía desde Colmenar Viejo: de Inglaterra y a Barcelona, de Segovia a Ávila, de Palencia a Bilbao.

 En cualquier caso, queremos seguir ofreciéndote algo desde este espacio. Y, aprovechando el buen hacer de uno de los hermanos, compartiremos contigo una serie llamada 'diálogos de pasión', la cual pertenece a uno de los puntos de oración de una de nuestras actividades.

 Ojalá este material sirva para que te encuentres con mayor verdad a Aquel que por amor se ofrece, se entrega y se reparte por cada uno de nosotros. Ojalá haya un auténtico diálogo de pasión en cada uno de nuestros corazones con el Amado durante estos días... feliz Semana Santa.



domingo, 2 de abril de 2017

Lágrimas te ofrezco...

























Te traeré mis lágrimas, Señor.
   que son como las tuyas.
Lágrimas,
  que te hablen de mis anhelos,
  que te cuenten mis tropiezos,
  que me denuncien lo que no entrego.

Te presentaré, Señor, 
   las lágrimas amargas por las que hay en mí de muerto.
Lágrimas que rieguen lo seco;
lágrimas que alivien mis desvelos.

Recoge, Señor, estas lágrimas sinceras.
Aquellas que te entrego
  y las que guardo.
Las que me liberan
  y las que me atan por dentro.
Y con ellas, Señor,
las lágrimas de cuantos son olvidados.

Tú, Señor de la Vida,
traerás contigo la calma a tanto sollozo.
Traerás contigo la paz a un corazón
   que si no muere,
   quiere estar por ti inquieto.

Tú, Señor de la Vida,
en quien creemos.