sábado, 9 de junio de 2018

¡Guárdanos en tu Corazón, Madre!

   
   
   Los Misioneros Claretianos celebramos hoy la Solemnidad del Inmaculado Corazón de María. Desde los orígenes de nuestra fundación, la imagen de María y de su Corazón Inmaculado ha dado ese tono especial a nuestra forma de ser y estar en el mundo. 
   Decir «Corazón de María», es referirse a toda la persona de María, a su ser más íntimo e interior. Ya desde la tradición de Israel se entendía el corazón como el centro del querer y de la voluntad, de la memoria y el entendimiento. En el corazón se discierne lo más oportuno para cada uno de nosotros: es el lugar especial de Dios para desvelarnos su voluntad. 
   Su corazón, el de María, totalmente abierto a la acción de Dios, late al ritmo de la gracia: la «toda llena de gracia» es nuestro modelo. Ella, receptora de la Palabra en su corazón, pudo ser Madre de Dios en sus entrañas. Y, desde entonces, toda su vida gira en torno al Misterio de Dios: en marcha por las regiones de Israel, contemplando lo que ocurre en aquel portal de Belén, atenta en la fiesta de bodas y a la escucha de las palabras de su Hijo. Y aún más: entera al pie de la Cruz, esperanzada a la puerta del sepulcro, orante y enviada en Pentecostés. 
   A María le pedimos por cada uno de nosotros en nuestra formación. Que la fragua de su pecho nos enseñe a ser cada día generosamente apasionados; que la prontitud de su mano nos lance como saetas al mundo, a lo más urgente, oportuno y eficaz. 
Madre, aquí tienes a tus hijos. Fórmanos. Envíanos. Habla por nosotros. Ama por nosotros. Para la mayor gloria de Dios y la salvación de todos.
 

domingo, 1 de abril de 2018

¡Feliz Pascua!


Que me viva 
la Vida que vence, 
la que salva,
la que alza.

Que me viva
la Vida,
la Tuya,
la que quieres que sea
-también- la mía.

Vívime, 
que sólo seré
si es contigo
viviendo...
¡hasta el extremo!

jueves, 15 de febrero de 2018

Ser un europeo en China | Carlos Puerto cmf



Ser un europeo en China puede hacerte sentir como si fueras un extraterrestre, en especial si vas a las áreas rurales donde los extranjeros son una excentricidad y tratas de vivir con ellos. Hay tres opciones para un “alien” como tú: mostrar que eres diferente, tratar de esconder las diferencias o aceptarlas con naturalidad. Yo elegí la tercera y pude ver que tenemos más cosas en común de lo que parece a simple vista.
Sí, es cierto que los españoles pensamos de lo particular a lo general mientras que los chinos lo hacen de lo general a lo particular. Por ejemplo, un español escribe su dirección comenzando por la calle y terminando por el país, mientras que un chino lo hace al contrario. Cuando un español lleva a cabo una tarea piensa en el resultado, pero un chino piensa en el proceso; descubrí esto cuando los estudiantes chinos se rieron de mí al verme copiar un carácter chino.




Pero todos tenemos los mismos sueños, esperanzas y sentimientos; y existe un lenguaje mayor que los idiomas, un lenguaje que está por encima de las palabras y no sabe de fronteras. Este lenguaje nace en el corazón de la gente y se habla con los ojos, el cuerpo… la propia vida.
El mes que pasé en China participando en dos campamentos con el hermano Sid, Josua, Joseph y Stephen me ayudó a descubrir esta verdad y me enseñó a distinguir entre lo esencial y lo circunstancial, lo cual con frecuencia nos ciega impidiéndonos ver al otro como a un igual.
China es un gran país con una gran historia, pero su mayor riqueza es su gente. Zhaoxian, Yulin y nuestra comunidad misionera me mostró esta y otras verdades, pero fue la familia que me acogió en Pekín la que lo grabó a fuego en mi corazón.
De China, nuestra comunidad itinerante fue a Kupang (Indonesia) donde animamos un campamento de inglés para los aspirantes y postulantes claretianos de allí. En esta ocasión Thomas y Ben se unieron a nuestro equipo. Allí descubrí un país joven lleno de esperanza y alegría, esa alegría que Europa parece haber olvidado y esa esperanza que tanto necesitamos.
Se supone que yo era el misionero, pero fueron China e Indonesia las que me evangelizaron.

Carlos P. G. cmf       



lunes, 12 de febrero de 2018

Observar, discernir y acompañar: encuentro de estudiantes cmff


   
  
   El pasado viernes 9 de febrero daba comienzo el encuentro anual de estudiantes claretianos. La comunidad formativa de Granada vino hasta nuestra casa, en Colmenar Viejo, junto a otros estudiantes que viven en otras comunidades, como Sevilla y Pamplona. El tema en torno al cual giró el encuentro fue el próximo Sínodo de los jóvenes.


  La experiencia del P. Fernando Bueno, SSCC, iluminó la mañana del sábado. Claro y directo, compartió con nosotros la realidad de este momento eclesial y social: ¿cómo respondemos a los jóvenes desde nuestra vocación consagrada siendo jóvenes también? Mantener vivo nuestro deseo, no disfrazar el evangelio y acompañar a los jóvenes siendo nosotros también acompañados fueron algunas llamadas suscitadas desde su presentación: nuestra propuesta de fe sigue respondiendo a los anhelos más íntimos.


  Por la tarde, pudimos encontrarnos con cuatro jóvenes de nuestra pastoral claretiana de Santiago: Miguel y Juan (Parroquia-Colegio San Antonio Mª Claret) y Paloma y Ana (seglares claretianas de la Parroquia del Inmaculado Corazón). Poco a poco, nos fueron regalando sus distintas percepciones sobre los misioneros claretianos: valoran nuestra cercanía y entrega, quieren estar con nosotros y que estemos con ellos. Sin embargo, también nos piden el evangelio sin disfraces, acompañamiento, cauces de encuentro reales de la misión compartida y encender la búsqueda de Dios juntos.


 Tras un tiempo de adoración, la noche del sábado se cerraba entre cantos y bailes que volvían a recordarnos que la Congregación es rica en culturas y diversidad, que la misión no conoce fronteras para apasionarse con el evangelio.


 El domingo nos regalamos un breve espacio personal para poner delante de Dios las llamadas recibidas durante este encuentro, valorar nuestra experiencia como acompañados y afinar en los desafíos que el Sínodo trae. La eucaristía final, presidida por Pedro Belderrain cmf, Superior Provincial de Santiago, fue el envío a nuestras realidades concretas: sabernos agradecidos por lo que cada uno de nosotros aportamos a la Congregación, sin tener miedo a lo distinto y a los desafíos que están en el horizonte más cercano.
  Un año más, queda el encuentro entre nosotros, estudiantes claretianos. Queda la pasión con la que respondimos a Su llamada y a la que queremos seguir respondiendo cada día. Queda, sin duda, que el Espíritu nos siga animando a dar lo mejor de nosotros mismos para que Dios sea más conocido, amado, servido y alabado de todos. Como fieles misioneros, como hombres enamorados.




martes, 23 de enero de 2018

Taizé: diversidad, amor y comunidad por Patris, cmf

En el contexto de la semana de la oración por la Unidad de los Cristianos, nos hacemos de la experiencia ecuménica de nuestro Patrisius en Taizé durante este último verano junto a un grupo de jóvenes de la Pastoral Infantil y Juvenil de nuestra Provincia de Santiago... ¡Gracias, hermano!

 

La experiencia de estar una semana en comunidad de Taizé (Francia) es una oportunidad significativa para volver de nuevo a la fuente que da la tranquilidad y la paz. Estar en Taizé es como estar en un gran jardín en el que podemos ver una variedad de diferentes tipos de plantas, pero da una belleza a la vida. En Taizé nos encontramos con muchos jóvenes y sacerdotes de diferentes países. No sólo eso, en Taizé se encuentran personas de diferentes Iglesias y diferentes tradiciones. Pero allí se reúnen con la intención de respetarse uno al otro, desde el silencio y en la oración. La belleza de este jardín que es Taizé es para el bien común, para el bien de todos. Allí se aprende lo que significa la tolerancia para lograr la unidad y vivir en comunión. Ser de una Iglesia u otra no es razón para no crear lazos de enemistad, sino que podemos adentrarnos en un camino de respeto y en el regalo de construir amistad para vivir en un mundo feliz y mejor. 

Al ver a tantos jóvenes que vienen a Taizé para orar y estar en la soledad, me doy cuenta de que ellos están en búsqueda. Son peregrinos que salen de su tierra en busca de respuestas, de paz. Como personas de fe, sin duda, dentro de ellos hay siempre un deseo de llegar a la Fuente que dé satisfacción y tranquilidad. Su meta como peregrinos es estar juntos con el Maestro Jesús y sus seguidores. Somos discípulos del Maestro que andamos con corazón ardiente para amar y servir. Por supuesto, yo también como peregrino me doy cuenta de que el viaje y mi búsqueda no pueden estar separados de la presencia de Dios. Su Espíritu siempre me lleva para llegar a la unión íntima con él. Es él quien me enseña a amar, a comprender y a perdonar sin tener que poner el odio y crear la enemistad en la vida con los demás.


La experiencia de Taizé me hizo comprender la importancia del silencio. El silencio me ha liberado de mis dudas y mis preocupaciones. Es el tiempo amistad, de estar cerca con Dios y escuchar como él habla sobre mi vida y mi vocación. El silencio en oración de Taizé es un momento de encontrar lo que he perdido y el momento de sanar lo que esté enfermo. Es un camino que me lleva a la paz interior. El silencio de Taizé me renueva y me hace nacer de nuevo en la verdad.

Taizé también me enseñó a rezar y cantar con corazón agradecido. Las canciones de Taizé me hacen sentir que soy yo quien necesito alabar a Dios. Mi alabanza es como acción de gracias por su grandeza. Dios no cierra sus ojos a mi vida, a lo que me pasa. Tampoco no cierra sus manos. Sus ojos y sus manos siempre están abiertos para verme, cuidarme y darme su bendición: y esto lo veo en aquellos peregrinos, en mis hermanos. 

Una cosa que también me conmueve es la vida comunitaria de los hermanos en Taizé. Ellos me enseñan la importancia de la comunión y el amor en la diversidad. Nos diferenciamos en muchos aspectos de la vida, pero somos uno en el amor. En el amor nos entendemos, aceptamos y confiamos unos a otros. En el amor abrimos nuestras manos para servir y dar el bien para los demás. Todos nosotros tenemos el amor. Y este amor es Dios que siempre nos mueve a conocer y vivir en comunión. Taizé me recuerda vivir el amor en la comunidad y me enseña vivir con sencillez sin tener muchas preocupaciones de las cosas materiales. Taizé me conmueve para ser una persona abierta y acogedora.

Terminando esta reflexión me gustaría dar gracias a mis hermanos P. Luis Manuel Suárez, Cmf, a Readh de la Torre, Pham Quang Sang Cmf y mis amigos/as; Álvaro Del Olmo, Ana Abad, Carmen Sanjurjo, Juan Callaba, Marcos Romero, Marta, Pablo Ruz, Marta Paz, Patricia Caño, Sofia, Andrea, Carlos Pascual, David Garcia, Ana Cuesta, Michael Fernandez, Marcelo y Juanjo. Ya hemos pasado una experiencia de compartir y la alegría en Taizé. Espero que la experiencia de Taizé la llevemos en nuestra vida cotidiana. Somos Peregrinos. Que seamos creadores de confianza y fermentos de paz en nuestra comunidad, sociedad y nuestros hogares.


Patrisius Weka Bakior, cmf

domingo, 24 de diciembre de 2017

¡Feliz Navidad!

Como una lluvia ligera.
Como un destello de luz.
Como una mirada cómplice.

Como quien sabe que todo irá bien.

Así nos viene.
Así nos visita.
Así se hace presente en nuestra historia.

Que tu mirada le mire.
Que tu atención sea amorosa.
Que te sepas atraído por Él.

Y Él, sabiendo de tu mirar,
te sostendrá con Su belleza.

¡Feliz Navidad!


viernes, 8 de diciembre de 2017

La Inmaculado Concepción, ¿qué lugar ocupa en ti?

Queridos amigos:

Muy cordialmente os felicito la solemnidad de la Inmaculada Concepción de María, la Virgen, Madre de Dios. Proclamada solemnemente hace 163 años en la encíclica apostólica Ineffabilis Deus de Pío IX, sigue iluminando los corazones de los creyentes que se acogen con más y más fuerza en su Inmaculado Corazón en busca del consuelo, amparo, consejo y esperanza. María, mediadora de todas las gracias, puerta abierta hacia Cristo, por la que Cristo también ha entrado en el mundo. La verdad de la Inmaculada Concepción difícilmente ha sido aceptada por los teólogos y varones eximios, pero la gente sencilla, creyendo más bien con corazón que con altas reflexiones, no ha dudado al confesar su singular pureza. El sentido de los fieles a veces llega más pronto a la verdad que las conjeturas de los teólogos. “Te glorifico, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque lo has escondido de los sabios y lo has revelado a los pequeños”, así dice el Señor.
¡Y qué admirablemente se ha manifestado el señorío de Dios sobre la tierra, el Universo, y el cielo como medida del tiempo, de la historia! La omnipotencia y la gracia de Dios no sólo obraron sobre la naturaleza caída, restaurando su primigenia integridad, sino también lo hicieron en contra del tiempo, en virtud de la Redención futura. ¿No obrará de igual modo sobre nosotros el reino de Dios, la realidad advenidera por excelencia, desafiando el vínculo causal? Como María, la primera discípula de Cristo, se hizo el primer destello de la Redención incluso antes de la Resurrección, asimismo es la Iglesia la primicia del Reino, aun antes de la “recapitulación de todos en Cristo”.
La Inmaculada concepción nos ayuda a comprender más profundamente la predestinación divina. María fue y sigue siendo una criatura de Dios que ha recibido como don, sobre todo, la libertad, no ilusoria y predecible, sino libertad auténtica. Ofreciéndole como don el estar absuelta del pecado original, Dios no le quitó a ella, como ni a Eva en el jardín de Edén, la posibilidad de contestar con rehúso a la llamada de Dios, a pesar de todas las horríficas consecuencias de tal negación: todo hubiera perdido su sentido. En el momento decisivo de la Anunciación la Creación entera estuvo en Sus frágiles manos de doncella. Fue encuentro de dos libertades, nunca privada de riesgo, y Dios aceptó  este riesgo por completo, se fio del hombre, y el hombre, la joven María, respondió a la fe de Dios con la misma confianza incondicional. Con el “Hágase” mariano, el “Fiat, la obra de la Redención entró en su fase definitiva. Carente de omnisciencia, no podía conocer todos los caminos del Señor, no siempre comprendía los designios de Su Hijo, a veces experimentaba inseguridad, asaltada por la duda, pero Su respuesta siempre ha sido un confiado hágase: yendo a por Él al Templo, buscándolo en Galilea, contemplando su muerte de cruz, nunca con su voluntad puso óbice a la Voluntad de Dios – de ahí que su presencia en los Evangelios sea tan silenciosa, tan abnegada, tan invisible, y sin embargo, tan patente a los que saben sentir. María “completó en su carne lo que falta a las pasiones de Cristo”: los miedos, las dudas, el dolor de la pérdida, la impotencia…
Solo una persona puede ser agraciada por la Redención. La redención de María desde el momento de su concepción inequívocamente nos indica a lo inhumano que sería apartar el surgimiento del hombre como persona del momento de la concepción hasta incluso el momento del parto, vinculando la dignidad del hombre con sus capacidades y habilidades y no con su íntima esencia, en tentativa de justificar las vías fáciles de desembarazarse de la súbita responsabilidad.
La amistad con María, la Inmaculada, me fortalece en los momentos cuando me falta la sabiduría para discernir la Voluntad de Dios, se me hace fuerza cuando la abundancia de dones me supone una responsabilidad demasiado grande para mi pequeñez. El apacible hágase me recuerda que “ya no vivo yo, sino es Cristo quien vive en mí”, que no conviene con excesivo esfuerzo estorbar la obra de la gracia siempre eficaz, que mi humilde papel no es más que “preparar los caminos”.

¿Y qué lugar ocupa la Inmaculada Concepción en la vida espiritual tuya?
Denís Malov, cmf

jueves, 19 de octubre de 2017

Profesión perpetua de Charles, Rayappa y Rafael como claretianos


De izquierda a derecha: Charles (Paraguay, Prov. Santiago), Rayappa (India, Prov. Santiago) y Rafael (Corea, Del. Corea)
  Este inicio de curso ha sido, desde el principio, lleno de motivos que agradecer. Las experiencias que cada estudiante ha vivido en verano aquí y fuera de España, los ejercicios espirituales al final de agosto, despedidas y bienvenidas, inicios de nuevas etapas. Todos estos hilos siguen tejiendo el telar misionero que quiere ser nuestra comunidad. Pero sin duda, lo que más ha marcado este nuevo año, ha sido la profesión perpetua de nuestros hermanos Charles, Rayappa y Rafael

La celebración fue presidida por el P. Pedro Belderrain, Superior Provincial de Santiago. Junto a él, el P. Gabriel Kim, Superior Mayor de Corea y el P. José Ramón Sanz, Prefecto de formación

El P. Pedro Belderrain, Superior Provincial de Santiago, da la bienvenida a la asamblea

Charles, Rafael y Rayappa expresan su compromiso para con la Iglesia y la Congregación
   Puede que te estés preguntando, ¿qué es eso de una profesión perpetua? La profesión perpetua es el acto público por el que los estudiantes claretianos se consagran a Dios incorporándose definitivamente a la Congregación para vivir como misioneros al servicio de la Palabra. Dicho de otro modo, es la celebración donde se da un «sí» a Dios para siempre, después de varios años de discernimiento, estudio, reflexión y vida comunitaria. Un momento especial y alegre donde nuestros hermanos expresaron su deseo más íntimo de seguir a Jesús como Misioneros Claretianos, Hijos del Inmaculado Corazón de María. 

Durante la oración litánica

Charles emite la fórmula de profesión perpetua en manos de su Superior

Rafael emite la fórmula de profesión perpetua en manos de su Superior (en coreano)

Rayappa emite la fórmula de profesión perpetua en manos de su Superior

Abrazo de acogida de los claretianos a los hermanos que profesaron


Charles firmando el acta de la celebración

Rafael firmando el acta de la celebración

Rayappa firmando el acta de la celebración
  El pasado 15 de octubre, en nuestra iglesia de Colmenar, fuimos testigos de cómo Dios conduce nuestras vidas y las hace más bellas y mejores cerca de Él. Además, sentimos con la Iglesia es universal y misionera. Tres hermanos claretianos, tres orígenes distintos (Paraguay, India y Corea del Sur), tres historias diferentes... pero una misma vocación: ser misioneros al estilo de Claret.


  Desde aquí agradecemos el tiempo compartido con ellos, la generosidad de su respuesta y la alegría de saberles cerca de nosotros. Que María, mujer de la Palabra, les siga ayudando a renovar su «sí» cada día allá donde estén... ¡enhorabuena, hermanos y amigos!

Con parte de la comunidad de estudiantes claretianos y otros hermano!

Los profesos con la familia de Rafael
   «Hoy, Charles, Rayappa y Rafael, recibís para siempre una herencia que os llena y os colma. Hoy y para siempre, recibís el nombre de los somos Hijos del Inmaculado Corazón de María. Desde hoy, seréis para siempre testigos-mensajeros de la alegría del evangelio. Que nada os arredre. Que todo abraséis a vuestro paso. Y María, como una suave luz que todo lo ilumina, nunca os dejará confundidos.»



domingo, 9 de julio de 2017

Embellecer el rostro vulnerado

  Desde hace un mes la comunidad ha ido poco a poco llegando a distintas partes del mundo. Cinco de nosotros han acabado su tiempo de formación en Colmenar Viejo y ya viven en sus nuevas comunidades de España e Inglaterra. Dos de nosotros disfrutan de sus vacaciones en su lugar de origen (Indonesia y Camerún) para volver con fuerza el curso próximo. El resto, vamos repartiéndonos en actividades de verano: campamentos, camino de Santiago, peregrinación a Taizé o voluntariados en casas de acogida. 

  De esto último quisiéramos compartir un destello de luz, un acontecimiento luminoso que nos acerque al Dios que nos convoca y nos envía. A lo largo de esta semana que acaba, un grupo de seis estudiantes claretianos hemos colaborado en el Hogar Jesús Caminante de Colmenar Viejo. Un proyecto que hace 25 años nació en el pueblo que nos acoge. Un hogar para aquellos cuyas oportunidades parecen haberse agotado. Un casa de unos 50 hombres que apuestan por una vida digna y con un futuro mejor. Así nos lo cuenta Jorge Ruiz:



Una mirada que embellezca

  Nuestra labor ha sido sencilla y discreta. No hemos llevado a cabo un plan llamativo, ni hemos elaborado un nuevo proyecto. Lo único que hemos hecho ha sido estar disponibles a aquello que surgiera. Y lo primero que se nos pidió al llegar cada mañana fue afeitar a aquellos que no pueden hacerlo por sí mismos. Parece algo baladí, sin grandes complicaciones. Sin embargo, este pequeño acto guardaba en sí mismo un trocito del Reino. 
  Personas como José Luis, Luis, Vasile o Jesús no son de muchas palabras. Pero había dos que siempre tenían en los labios: 'por favor' y 'gracias'. Y así, cada vez que venían a uno de nosotros para afeitarse nos las regalaban. Es verdad que no advierte nada nuevo este hecho pero, ¿no es acaso así el Reino? ¿No va esto de pequeños gestos de personas humildes que se dejan sanar y acariciar, que dejan que otros bajemos de nuestra nube particular? 
  Junto a esas palabras, recibíamos una mirada interpelante de cada uno de ellos. Sus ojos tan elocuentes como a veces perdidos agradecían esos minutos de cuidado. De algún modo, cada vez que afeitábamos sabíamos que ellos recibían una porción de dignidad. Y nosotros, nuestra parte de realidad. Me ayuda sentir que ellos se supieron embellecidos por nosotros. Y me recuerda a aquello del escritor francés Gerard Bessière, con mayor elegancia que la mía: 
«Acabo de embellecer a una mujer. Hace meses, incluso años, que no lo hacía. Con una mirada atenta, disfrutaba antes despertando belleza en rostros que incluso parecían feos. ¿Por qué he dejado, o casi, de llamar con mis ojos a la luz que, desde lo profundo de los seres, puede transfigurarles? Sin duda, porque me he dejado ahogar por preocupaciones y miedos que me han abrumado. [...] Salí contento. Tenía ganas de decir a los transeúntes de rostro cerrado: ‘Deteneos un instante, ¿queréis que os embellezca?’
¿Cómo he podido olvidar que antes disfrutaba haciendo que los rostros cantaran? Siento que se trata de mi vida más honda, la que corre peligro de endurecerse y morir, la que sólo existe dándose. ¿Será posible dar hermosura, como el alfarero o el escultor, con una mirada sobre la arcilla de la humanidad?» [Gerard Bessière. Préstame tus ojos I. Sígueme, Salamanca 1998, 15]
  Estos días, en el Hogar de Jesús Caminante, creo que he aprendido a mirar embelleciendo. A hacer de una actividad sencilla un camino que despierte la belleza que todos llevamos dentro, incluso en los rostros más vulnerados. A avivar aquella conciencia adormecida que descansa en el corazón, aquella que nos susurra -a pesar de este mundo tan injusto- que a los ojos de Dios todos somos preciosos [cf. Is 43,4]. Poner en juego una mirada que no juzgue ni condene, sino que embellezca. 
  Desde este lugar quisiera agradecer este hermoso regalo de desear hacer más bello a quien menos se lo espera, a quien menos pareciera merecerlo según la lógica humana. Y agradecer a José Luis, a Luis, a Vasile y a Jesús que me hayan mirado con gratitud. Con su mirada veo cumplidas las palabras del evangelio que hoy proclamamos: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré.» [Mt 11,28]. Gracias, Señor de los caminos, por regalar tu belleza en estos sencillos encuentros. 
Jorge Ruiz, cmf


sábado, 13 de mayo de 2017

Acción de gracias de Romualdo Wambo, cmf


Hace unos días compartíamos con vosotros la alegría de la profesión perpetua de nuestro hermano Romualdo, cmf. Este fin de semana nos hacemos eco de su acción de gracias, queriendo seguir alegrándonos con él y respondiendo a la invitación que recibimos de Dios: servirle con alegría... 

Querido superior de la delegación de Francia, querido vicario de la misma, querido superior de esta provincia de Santiago, queridos miembros todos del consejo de Santiago aquí presente, sacerdotes concelebrantes, congregaciones religiosas representadas, profesores, compañeros de clase, monitores de centros juveniles claretianos, queridas hermanas y amados hermanos en Cristo, buenas tardes a todos, que habéis participado en esta celebración tan importante en mi vida.

Antes de leer como tal mi discurso, querría deciros que estoy lleno de emoción; emoción que, supongo, compartís todos conmigo. No es tan fácil escribir un discurso con tanta emoción. Ese famoso síndrome de la página en blanco, lo sufrí, en parte porque me venían demasiadas ideas de golpe. Al final decidí no complicarme y hablaros desde mi experiencia personal, estructurando este discurso en una lista de cuatro palabras, un glosarito. 

La primera sería sueños, este sueño que me hace madrugar cada mañana para alabar a Dios, fuente de mi vocación, que me hace vivir con plena confianza con mis hermanos de comunidad y me propulsa hacia el futuro. 

La segunda palabra sería gracias: gracias a Dios que día tras día se hace presente en mi vida y permite que estemos aquí en este día memorable; gracias a mi congregación y a todos los Hijos del Inmaculado Corazón de María, nuestra madre; gracias a los miembros del consejo de la delegación que me han aprobado para hacer esta profesión y al padre delegado Pierre Zanga que, a pesar del dolor de la pérdida de su madre, ha aceptado con todo amor y cariño celebrar y recibir mis votos; gracias a todos los miembros de la provincia de Santiago, con su provincial siempre simpático y con esa sonrisa que transmite tanta alegría; gracias a los formadores (José Ramon, José Manuel) que día tras día nos hacen crecer en este camino de seguimiento de Cristo, pero también a crecer como seres humanos; gracias a mis profesores presentes que nos ayudan a madurar en la ciencia teológica, 
gracias a todos mis hermanos claretianos por poder aprender de cada uno de ellos a través muchas de sus experiencias; gracias a mi familia biológica que se encuentra en Camerún de cuerpo pero que están aquí con nosotros de espíritu y que siempre me rescata cuando la necesito; gracias también a mis familias de acogida aquí en España y de Colmenar Viejo de modo particular; gracias a los amigos y compañeros de lucha de la universidad; gracias a vosotros todos, que a pesar de todas vuestras ocupaciones habéis elegido venir para ser testigos de mi sí definitivo. 

Mis últimas palabras son esperanza y acción. Son palabras que sirven como resumen a todos los consejos que me ha ido dando un maestro mío (que a veces llamo “mi papa”) durante mi formación inmediata a este acontecimiento. Dice así: “actúa con valentía y humildad en todo momento; sirve; sé trabajador y honesto con cada responsabilidad que asumas; sé trasparente, leal y solidario con los demás sin distinción; mira siempre de frente sin importar lo que pase, sé íntegro en todo momento, porque eso es lo que unifica a una persona; di la verdad con tranquilidad; comparte con sinceridad sin esperar nada a cambio; recibe y regala la sonrisa y la alegría a las personas, pues las hacen más felices; nunca dejes de soñar; disfruta la vida en tu manera y aprende mucho de ello; y por encima de todas las cosas, sé siempre un luchador por la gloria de Dios, tú salvación y la salvación de los hombres. 

Muchísimas gracias a todos y que sirváis siempre al Señor con alegría.

Romuald Wambo, cmf

domingo, 7 de mayo de 2017

Destellos de Pascua (II): Y si...


Y si...

   ¿Y si yo fuera el discípulo amado? Aquel que reclinó su cabeza en el pecho de Jesús, ansiando compartir su corazón. Aquel que le siguió a casa de Caifás y permaneció al pie de la cruz, compartiendo su dolor, el dolor de tantos, pues en el sufrimiento también está Dios.

   Y si él me hubiera confiado a su madre, haciéndome su hermano, invitándome a compartir su sueño para el hombre, su obra redentora… ¿seguiría mirando la vida tras la barrera, buscando no complicármela demasiado, dejando que sean otros los que den la cara?

   Y si, acompañando a Pedro, hubiese salido corriendo ante el anuncio de María para comprobar que la tumba está vacía ¿Habría creído? ¿Habría prestado oídos a esa voz que clama desdelo más hondo de mi ser, gritando que Cristo vive? ¿o habría tomado las palabras de la Magdalena como los desvaríos de una histérica incapaz de aceptar la realidad?

   Y si, de vuelta a Galilea, en la faena cotidiana al lado de Pedro, él hubiese pasado a nuestro lado, ¿le habría reconocido? ¿Le reconozco en las vidas de los que se cruzan conmigo, en los que sufren a mi alrededor, en quienes corren angustiados porque no le encuentran donde esperan encontrarle?

   ¿Soy, por ventura, su discípulo amado? ¿Lo eres tú?

Y si estuviéramos llamados a serlo, si él nos aguardara desde antes de conocerle… ¿aceptaremos el reto o seguiremos encerrados en nuestra rutina ignorando la luz?

Carlos P. G., cmf


domingo, 23 de abril de 2017

Destellos de la Pascua (I) 'Y ahora, ¿qué?'

  Siempre dicen que es de bien nacido ser agradecido. Así queremos ser también nosotros: agradecidos por este tiempo de Pascua, de paso de Dios, que hemos vivido. Por eso queremos compartir algunos de estos 'efectos' de la Pascua. Pequeños regalos del camino pascual que nos han hecho bien y que pueden hacer bien a otros. Aquí tienes el primero. Lo comparte con nosotros Rheadh, estudiante claretiano que participó en Semana Santa de la casa de acogida de Basida-Navahondilla.
.. ¡seguimos saboreando la paz y la luz del Resucitado juntos!

Y ahora, ¿qué?

Y ahora, ¿qué? ¿Qué me aporta la muerte de Jesús? Estas son las preguntas en la liturgia del Viernes Santo que nos hizo Josema en Basida, una casa de acogida para los que están sufriendo de sida. “¡Vida!” es la primera palabra que sonó desde los que estábamos en aquella capilla. La respuesta no aporta nada nueva. Ya sabemos que Jesús nos da vida. Ya sabemos que él es la vida y la resurrección. Pero lo más llamativo es que esta palabra ha sido pronunciada sin ninguna inseguridad sino, con toda convicción y con toda certeza. Ha sido profesada en un lugar donde la derrota, la decadencia y la defunción es más articulada y acentuada. No sé si soy capaz de profesar esta confesión de fe como lo hizo aquel hombre. Pero una cosa es cierta: volví a casa amando más al Señor. 

Rheadh de la Torre, cmf

sábado, 22 de abril de 2017

Un fe comprometida con el Resucitado: Testimonio de Charles Rolón, cmf

Uno de los efectos de la Pascua es el envío misionero del Resucitado: 'id y anunciad'. Lo llevamos escuchando toda esta gran semana de Pascua. Por eso, en medio de esta alegría, uno de nuestros hermanos, Charles Rolón, ha viajado a Vigo, a la Parroquia claretiana del Corazón de María, para compartir su encuentro con el Resucitado y la misión en la que le conoció: la misión claretiana en Paraguay. Con los destellos del Señor vivo en medio de este pueblo, compartimos con vosotros el mejor regalo que Charles quiere hacernos, la experiencia de su fe y su vocación en salida misionera... ¡gracias!

“Mi espíritu es para todo el mundo”

   Mi nombre es Charles. Natural de Paraguay. Procedo de una familia sencilla, trabajadora y humilde. Tengo tres hermanos. Mis padres ya están jubilados y se pasan ahora trabajando en su pequeña granja que tienen.
   El Papa Francisco invita a cada persona a sacar de su interior la capacidad de amar que habita en su corazón. Para ello, anima a descubrir que el Evangelio es fuente de Alegría, de Libertad y de Salvación para todos los hombres. Todos los misioneros estamos llamados a vivir esta experiencia de la misericordia. Revelando el rostro vivo de Dios en la entrega generosa de la vida, en el servicio y en el anuncio de la alegría del perdón. Los misioneros viven una profunda vida espiritual, que enriquece su mente y su corazón para reconocer la acción del Espíritu hasta llegar a ser un verdadero “discípulo misionero”. 

   Me gustaría explicaros en tres etapas de mi vida misionera. A saber:
   Una primera etapa: mi propia experiencia de la vocación misionera, vivido particularmente en mi propia tierra, es decir, en mi país. Mi vocación a la vida misionera lo fui descubriendo con el paso de los años en el Seminario menor de los misioneros Claretianos. Fue entonces donde se inició todo y comenzó una primera respuesta insignificante a la llamada de Dios. Sin embargo, poco a poco fui comprendiendo y entendiendo los por qué y, la respuesta que se me iba dando a mis interrogantes...
Misión de los Claretianos: están trabajando en la misión para ser luz en medio: el odio, la injusticia, la mentira, la opresión, el dolor, la soledad, el hambre, la ignorancia y tantas otras necesidades de amor que son urgencias de la misión de Dios.
   Una segunda etapa: mi experiencia misionera, situada ya fuera del contexto de mi cultura, en concreto, en la etapa del noviciado. En Cochabamba (Bolivia). Un nuevo estilo, un nuevo horizonte, una nueva misión. El tiempo del Noviciado: fue un espacio y un tiempo para fundar y consolidar esta llamada a la vida misionera. Hubo un momento significativo que quisiera compartirlo, y particularmente es la misión de los Misioneros Claretianos en Bolivia. Fue la misión de Potosí. Ubicado al norte del país. Fue una experiencia realmente impactante, pero a la vez, una fortaleza para mi vocación misionera.

   Y la última etapa: mi experiencia de Dios, es decir, mi experiencia de fe. Me quedo con el signo de la humanidad de Dios y de la experiencia de la fe, con dos momentos. En la vertiente humana me quedo con rostros, la sonrisa, la amistad, heridas… Y por otro lado, la huella de la fe me hace quedarme con una esperanza de un pueblo, de unas comunidades que están transformándose con la presencia de los misioneros, pero sobre todo con esa presencia de ese Dios que toca los corazones y que lo lanza a abrir un horizonte de anhelo, de amor y de belleza. Por lo tanto, la generosidad, la servicialidad, la entrega generosa, la disponibilidad…son signos de la existencia de Dios.
  • Tener un corazón abierto, un corazón dispuesto; 
  • Tener un corazón sin límites, sin condiciones;
  • Y tener un corazón limpio, indiviso, centrado en el único Amor puede convertir y cambiar la vida de mucha gente y del pueblo de Dios.
   Y para ir concluyendo, quisiera hacerle llegar una petición: No se cansen de orar por las vocaciones. Gracias a la oración seguimos Fortalecidos, Consolidados, Afianzados. Oren por todos los misioneros y misioneras del mundo. No se cansen de orar y pedir por las vocaciones. Porque la mies es mucha pero los obreros son pocos. Muchas gracias.
Charles Rolón, cmf


lunes, 17 de abril de 2017

Alégrate. No temas. Ve y anuncia: ¡Cristo vive!


«Con temor, pero llenas de alegría…»
   Con temor,
   porque la vida nos conmociona.
   Con temor,
   porque la memoria no olvida el dolor.
   Pero llenas de alegría,
   porque no es más grande el sufrimiento que el gozo,
   porque no es más fuerte la cruz que la Vida.

«No temáis…»
   Porque el don del Resucitado
   sana las heridas,
   impulsa en los miedos,
   hace posible
   la alegre valentía de caminar
   con paso firme y decidido
   por la vida.

«Id a contar a mis hermanos…»
   Porque nada ni nadie acalla ya
   el acontecimiento que marca nuestra historia.
   Porque Dios mismo pasa por nuestra biografía.
   Porque el Resucitado ha querido 
   que tú y que yo,
   que nosotros
   nos encontremos
   en la Galilea cotidiana.

Alégrate. No temas. Ve y anuncia: ¡Cristo vive!

sábado, 15 de abril de 2017

Diálogos de pasión III: ¿qué es lo que nos queda?


María está llenando una bolsa con ungüentos mientras Juan la observa sin decir nada. Cuando esta termina su tarea decide confrontar al joven que la observa.

- María: ¿Tú también piensas que estoy loca?
- Juan: No lo sé.
- M: Pero has venido a detenerme.
- J: Es lo que ellos quieren.
- M: ¿Y tú?
- J: Es peligroso, en eso tienen razón.
- M: ¿Más que permanecer al pie de la cruz?
- J: No, pero eso era necesario.
- M: ¿Y esto no? Él era tu Maestro, tu amigo… ¡Te quería como a un hermano! ¿Y no quieres que le honremos una vez muerto?
- J: Deja que los muertos entierren a sus muertos (Mt 8, 22).
- M: ¿Qué has dicho?
- J: Nada, es solo algo que le oí una vez, cuando la gente ponía escusas para seguirle.
- M: ¿Y cuál es tu escusa?
- J: Me cuesta creer que esté muerto
- M: Tú estabas ahí, lo viste al igual que yo ¡Incluso te habló! Te confió a su madre ¿Y aun así dudas?
- J: Sé lo que vi, su cuerpo no respiraba cuando lo bajamos y aun así… no sé.
- M: ¿Qué es lo que no sabes, Juan?
- J: Siento que sigue vivo, de algún modo lo siento presente y cuando cierro los ojos le oigo en mi corazón, invitándome a caminar, preguntándome si estoy dispuesto a ofrecer mi vida por amor. Por eso no puedo acompañarte.

María contempla a ese Joven con infinita ternura y un gesto materno brota sin pensar. Ofreciéndole el abrazo que ella tanto necesita le dice, o tal vez se dice:

- M: Él está muerto, Juan. Quisiera que no fuera así, pero debemos afrontar la verdad. Lo único que nos queda es honrar su memoria y aceptar la voluntad de los Cielos.

María deja atrás a Juan, quien pregunta mirando al cielo.

- J:¿Y cuál es tu voluntad, Padre?

Ella se detiene, sorprendida. Le mira sin saber realmente a quién está mirando. Abre la boca con intención de decir algo, pero la palabra parece esconderse de ella. Finalmente, prosigue su camino. Juan, tras un momento de espera, se dirige al otro extremo y se sienta en actitud orante.