domingo, 22 de febrero de 2015

A ti...



A ti, que ahora caminas con determinación,
los pasos firmes, levantados los sueños 
al mañana.
A ti que vas vagando a tientas, desnortado,
sin saber dónde, cuándo, ni cómo llegarás
a tu final.
A ti te está buscando tu Señor,
-el gesto compasivo, la mano pronta-
para llevarte con Él, con Él
hacia la Vida.



Cierra los tristes ojos en su alta confianza,
abre los ojos ciegos a su radiante rostro,
entra en el fiel abrazo
del perdón.
Prepara tus espaldas,
que está soplando el viento,
que el Espíritu empuja hacia el desierto,
donde esperan tus miedos para ser abatidos,
donde aguardan sus ángeles para poder servirte,
servirte a ti, amigo del Amado, amigo
tomado de su mano,
llevado de su amor.




A ti que has escuchado su voz en esta tierra
y la voz de la tierra donde la muerte ha muerto,
a ti te está llamando su voz desde la cruz,
su voz hacia la Vida…
¡A ti te está buscando!
¡A ti te está esperando tu Señor!



Amén.

lunes, 2 de febrero de 2015

¡Feliz día de la Vida Consagrada!


Del deseo ardiente
De la llamada a la vida
De la voz que levanta
Del Espíritu que vivifica
De la vocación agradecida
De la misión ardiente
De la entrega generosa


De la Mano que sostiene
De búsquedas apasionadas
De respuestas emocionantes
De vidas entregadas
De almas de fuego
De ardor misionero
De centinelas orantes

Del amor que envía
De la justicia del Reino
Del clamor de los humildes
De la conversión del soberbio
De la amistad fuerte con Aquel que nos ama hasta el extremo...

...de tantas experiencias, dones y tareas se escriben tantas historias de consagradas y consagrados a lo largo y ancho del mundo. Hombres y mujeres que hoy, 2 de febrero, celebramos con toda la Iglesia nuestra fiesta. 
Emocionados como Simeón, alegres como Ana, hagamos de nuestra vida templo que recibe y anuncia al Señor que da sentido a nuestros días... 

¡Feliz día de la Vida Consagrada!


Y como regalo final,
una vida que merece la pena... un sueño que merece la pena...

domingo, 21 de diciembre de 2014

¡Alégrate! Porque Él lo hizo posible...

Irrumpió en su historia
Alegró su rostro
Encontró gracia en ella


Acompañó su espera
Fortaleció su silencio
Afirmó su respuesta 

Multiplicó su existencia
Engrandeció su horizonte
Y llevó la Palabra en ella
¡Hizo posible lo imposible!

«... y la dejó el ángel» 
[Lucas 1, 38]


domingo, 30 de noviembre de 2014

De la nueva espera... ¡Feliz Adviento!


Comenzamos este tiempo del Adviento, marcado por la espera y el deseo, la alegría sencilla del que llega y la torpeza de nuestros empeños. Y en medio de esto, la invitación de la Iglesia a celebrar el «Año de la Vida Consagrada»



Para todos nosotros es una oportunidad para recordar y agradecer nuestra vocación. También para revelar la Belleza escondida de nuestro sí a un proyecto tan grande, tan apasionante, tan de Dios... y proponérsela a aquel que está buscando un amor más grande. Merece la pena y la alegría esperar al que esperamos, al Amado. A Aquel que viene - siempre viene - incluso para quien no le espera...



Ojalá que en este tiempo de nueva espera atisbemos la alegría de «un Amor que lo alborea todo»...

¡Feliz tiempo de espera!
¡Feliz Adviento!


 

Soneto de la nueva espera


Hay un tropel de vírgenes en vela
y un centinela ronda cada esquina,
faros alerta, si por mar arribas;
desbrozadas las sendas, si por tierra.

Ojos alzados, manos en faena,
lámparas de salón: ¡todas prendidas!
Luz que no alumbra: pareciera día
de tanta convicción con que te esperan. 

Mas Tú escogiste el cauce del asombro,
inaudito rincón, la carne humana,
el seno de la noche y el desdoro.

Tu Rostro más acá de nuestros modos.
Todo el afán del mundo no bastara
para un Amor que lo alborea todo.





domingo, 23 de noviembre de 2014

Yo mismo volveré...


Yo mismo volveré,
vendré a buscaros.
Vendré como pastor a mi rebaño,
como buen capitán a mi velero,
como esposo al hogar en que le esperan,
como rey a su reino.
Volveré como Amor, como vocero,
como Dios pregonado y pregonero.
Y mis ojos cuajados de emoción:

¡Entra en el gozo de tu Señor!

Vendré como me fui,
vendré por vuestras sendas.
Por donde el mundo tiene sus heridas,
por donde el hombre busca la belleza.
Volveré por las cumbres, por los valles,
por los rincones donde no se os ve,
por las esquinas donde se os encuentra.




Pero vendré con un nuevo color,
con pasos nuevos,
con el gozo del Padre que os aguarda,
que os llama en el Espíritu a su Reino,
que os ve venir de lejos
a los arrepentidos, a los atribulados,
a los que habéis servido
aun cuando hayáis fallado;
que sale apresurado, ¡atropellado!,
con el abrazo pronto
y el beso preparado.


Vendré con la pasión en el costado, 
con los nombres sellados en las manos,
el rostro luminoso de tan enamorado,
el cuerpo del madero cubierto por la luz,
el grito de la cruz tornado en canto.


Os abriré las puertas atrancadas,
ensancharé las sendas tan angostas,
liberaré de carga las espaldas.
Y con timbre de fiesta escucharéis mi voz:

«Ven a tu casa, amigo, ven por gracia,
ven a morar donde mi reino acampa,
por tu acogida, por mi misericordia,
por puro don del Padre que me quiere,
por puro don del Padre que nos ama».


Yo mismo volveré,
vendré a buscaros.
Vendré como pastor a mi rebaño,
como buen capitán a mi velero,
como esposo al hogar en que le esperan,
como rey a su reino.
Volveré como Amor, como vocero,
como Dios pregonado y pregonero.
Y mis ojos cuajados de emoción:

¡Entra en el gozo de tu Señor!

Amén.
 




viernes, 24 de octubre de 2014

¡Feliz deseo de fuego!


Un fuego que sea capaz de arder un corazón que a pesar de sus heridas, de sus desgastes, de sus divisiones, quiere entregarse del todo. 
Así fue el corazón de Claret, un corazón abrasado. 

Así quiere ser el nuestro: un corazón que desee, a pesar de todo, amar como Él amó. Y todos unidos por una misma vocación, una misma llamada y un mismo sueño: hacer del evangelio nuestra vida.
¡Feliz fiesta de San Antonio María Claret!
¡Feliz deseo de fuego!

jueves, 23 de octubre de 2014

Seguir queriendo ofrecer el corazón...

Una antigua canción repite en su estribillo: ¿Quién dijo que todo está perdido? Yo vengo a ofrecer mi corazón. Para ninguno de nosotros esta experiencia le es ajena. A todos se nos ha regalado el inmenso don de querer ofrecer el corazón. Y quien sabe si a ti también… 

Un corazón que, antes de ser entregado, se ha sabido profundamente amado. Un corazón que desea amar como Él amó. Un corazón que siente pobre, pero que se sabe enriquecido por la llamada a dejarlo todo por el Reino de Dios. Un corazón que busca, por encima de todo, volcarse en las cosas del PadreEn la víspera de la fiesta de nuestro Fundador, San Antonio María Claret, muchos de nosotros de forma especial hemos renovado los deseos de seguir más de cerca a Cristo Señor. Juntos, en comunidad misionera, renovamos nuestra profesión religiosa como Hijos del Inmaculado Corazón de María. Porque sabemos que nada podemos sin Él. Porque sabemos que todo nos viene de Él. Y así, ofreciéndonos en lo pequeño para que otros tengan vida, le recibamos en abundancia. 
 Renovación de la profesión de Charles

Renovación de la profesión de Jobish

Renovación de la profesión de Rayappa

Renovación de la profesión de Jorge
Firma del Acta de Adri
Firma del Acta de Raju

Firma del Acta de Sarin
 
Firma del Acta de Peter

Éste fue el deseo de Claret. Éste fue el sueño que mantuvo despierto su corazón al mundo. Y supo poner nombre a este fecundo proyecto con letras de sangre y fuego: un Hijo del Inmaculado Corazón de María es un hombre que arde en caridad, que abrasa por donde pasa
Gracias, Señor, por este tesoro que nos vive. 
Gracias, Señor, por esta llamada a ofrecer el corazón y la vida. 
Gracias, Señor por el deseo de vivir 
   castos, pobres y obediente como Tú. 
Por amor. 
Por el mismo Amor con el que nos llevas a decir sí.




domingo, 12 de octubre de 2014

Invitas tú, mi rey...

 

Invitas tú, mi rey. 
Invita el Dios altísimo. 
La boda es la del Hijo. 
Tu Hijo muy amado.
Y sales sin temor a los caminos 
por llamar a los tuyos, 
por buscarme. 


¿Dónde estaré cuando tu Reino venga, 
cuando suenen de nupcias las campanas? 
¿Seré de los que nunca te esperaron, 
cansados de veredas sin destino?
¿Seré de los que están tan ocupados 
que ni para gozar hallan respiro? 
¿Tendré con qué llegarme a tu banquete 
o vestiré jirones de tristeza? 
¿Sabré quién es tu Hijo -¡tu Hijo!- 
cuando vengas? 

Si vinieras, rey mío, si vinieras. 
Si quisieras tenerme en tus moradas, 
trae contigo también mi traje de alegría, 
los ojos de mi fe, 
los labios de mi sí. 
Trae tú mi gratitud 
que yo soy débil, 
que no siempre percibo 
la invitación 
a entrar en tus amores. 
No sea que prepares tú las bodas 
y no prepare yo mi corazón, 
no sea que me esperes y no encuentres 
más que un hombre perdido, 
cegado, 
resentido, 
cubierto entero de polvo del camino, 
sordo a la fiesta, 
inútil para el baile, 
harto de pan, 
rendido de miseria, 
incapaz del olor de tus perfumes, 
de la luz de tu faz, 
del gusto de tus vinos. 


Si vinieras, rey mío, si vinieras, 
si quisieras tenerme en tus moradas, 
que con tu invitación venga también tu mano 
-mano firme, suave mano-, 
que me lleve a tu mesa sin dudarlo… 
Amén.