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domingo, 4 de mayo de 2014

Estando Tú...



Ardiendo el corazón,
los ojos ciegos.
Tú a nuestro lado.
Tú.
Tú aquí de nuevo.
Tu viento entre las brasas...
¡Vivo Fuego!

Camino del Amor,
camino abierto.
Salir a caminar aunque haya duelo,
aunque pesen los pies y calle el cielo.
Dejarse acompañar
por el sendero.

Silencio del Amor,
silencio abierto.
Escuchar un rumor aunque esté lejos,
aunque sobren palabras y consejos.
Dejarse cultivar
por el maestro.

Mantel para el Amor,
mantel abierto.
Compartir el cenar aunque haya tedio,
aunque falte el sabor y el vino bueno.
Dejarse conducir
hasta el madero. 


La vida entristecida se despeja
aunque la carga sigue
y sigue el miedo.
Su sombra con nosotros, cada día;
tu Luz contra las sombras cada encuentro.
Estando Tú tan cerca,
Tú tan dentro,
¿quién nos apartará
del alto sueño?

Ardiendo el corazón,
los ojos ciegos.
Tú a nuestro lado.
Tú.
Tú aquí de nuevo.
Tu viento entre las brasas...
¡Vivo Fuego!

Amén.



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domingo, 20 de abril de 2014

A mi resurrección...


Como el niño rendido tras el llanto
en los brazos eternos de su madre.
Oye latir la vida y se sonríe,
pues bien conoce el centro del amor.
Y todo en derredor es luz serena,
cálida luz de hoguera,
cruz ardida.
Rendido por tu amor,
la luz avanza
de tu pecho a mi rostro, de tu pecho
todo tu pecho, entero derramado,
todo entregado
a mi resurrección.

Amén.



domingo, 6 de abril de 2014

¡Cómo lo quería!


En el postrer instante del camino
-los ojos ya dormidos para siempre-,
cuando vengas, Señor,
cuando regreses,
inclinando tu rostro sobre el mío,
nadie sabrá del mar llegando hasta tus ojos,
nadie del corazón estremecido.

Todos se irán,
todo se habrá rendido:
me mirarás despacio,
te quedarás conmigo,
para este seco sol traerás la brisa,
recogerás en ramo
mis noches
 y mis días.

Y nadie escuchará tus labios entreabiertos,
tu entraña agradecida
y ese cálido aliento enamorado,
último don
para mi pobre vida:
"¡Aquí mi amigo, Padre,
cómo lo quería...!"






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domingo, 30 de marzo de 2014

Los ojos en tus ojos

"...formases de repente
los ojos deseados
que tengo en mis entrañas dibujados..."
(S. Juan de la Cruz)


Como amanece el niño al gesto de su madre
y ve por fin el rostro que ansiaba en las entrañas,
abro estos ojos míos, la vida inaugurando,
el color, las formas, la luz, el universo,
y tu rostro por fin,
tu rostro, Señor mío,
las manos que han traído la claridad del día,
la faz que me ha encendido de alegría.

Los ojos condenados, que ya nadie veía,
los ojos que han nacido de tus dedos.
Los ojos antes hueros, ahora bendecidos
con savia de tus labios,
con barro del camino,
con tu fe en mi bondad,
con mi fe en tu cariño.
Los ojos en tus ojos verdecidos.

Como contempla el niño el brillo
en la mirada inmensa de su madre,
la inclinación amable de los senos,
las mejillas granadas,
el mechón desgarbado de su pelo,
las arrugas que surca la emoción,
la sonrisa que a tientas intuía,
que en el oscuro vientre imaginaba
y que ahora a plena luz le alcanza con su dicha,
a plena luz del día…
Así mis ojos, Cristo, así mi corazón,
hacia tu Vida.


Para este pecador ya nada es virgen;
nada yermo para este pobre herido,
para este ciego inútil, ciego desde la cuna,
huérfano de paisaje, sediento de semblante,
desahuciado de mar, de mundo,
de hermosura.
Roto por el desprecio de los muchos,
devuelto a la salud por un amigo.

En la noche creí que Tú podrías.
En la noche creíste que vería.
En tierra me creaste, Señor;
en barro me salvaste.
Me diste a luz, con tu mirar me alzaste.
Me amaste como niño nacido con el sol,
a tu rostro venido…

En la Luz te confieso,
a tu Luz me rindo agradecido.
Amén.



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domingo, 26 de enero de 2014

Sol de mediodía



Pronto empezó a brillar tu luz, Señor,
Sol de mediodía.
Aquella luz manada del portal,
crecida en el hogar,
luz de las gentes.
Y pronto se escapó por las ventanas
en busca de los pueblos,
sedienta de caminos.
A orilla de los mares llegó tu luz, Señor,
al borde los lagos.
Al pie de las colinas,
entre campos de olivos.
En la regia ciudad,
en el rincón perdido.
En medio del oficio y la faena,
en el brocal del pozo
y en la arena.

El Sol de mediodía hoy ha arribado,
cruzando el tiempo eterno,
brincando por los siglos.
Has venido, Jesús, hoy has venido.
Señor de toda luz. Luz en camino.
No hay orilla ni lago. No hay monte. No hay aprisco.
No hay ciudad ni rincón.
No hay redes.
No hay olivos.
No hay nada que detenga tu designio,
tus ojos encendidos en los míos.

Y abandonar la barca cotidiana,
el aparejo viejo y conocido,
estas aguas de siempre,
este lebrillo.
El tímido candil para mis noches
y todo lo aprendido.
Y abrazar la esperanza 
de una luz para siempre,
de tu Luz para siempre
en mi talega.
Como sendero raso,
como mantel tendido,
como sol en cascada
por los riscos.
Como luz que se asoma
por todas las riberas.
Me llamas en el sol, Señor;
en sol te llegas.
¡En la redonda luz de tu presencia,
lleva mi corazón por tu alegría,
mi amor por tus veredas!

Amén.



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domingo, 19 de enero de 2014

Tu nombre junto al río









Venías hacia él, Señor,
todo hacia el río.
El hombre te anunciaba,
te ansiaba desde antiguo.
A medias sumergido entre las aguas,
a medias enredado en sus caminos,
a medias convertido.
Te vio venir el hombre,
te vio venir el río.
Y pronunció tu nombre con los ojos,
con las manos abiertas,
un suspiro.
Como el amor se dice suspirado
a orillas de los trenes que regresan,
a orillas de las cunas en la noche,
a orillas del abrazo.
Como dice el amado el nombre susurrado
de quien tanto ha esperado,
de quien tanto ha querido.
Hijo.
Cordero.
Amigo.
Tu nombre junto al río.
























¿Cómo te llamaré, Señor,
que estás viniendo?
¿Qué nombre en mis alforjas
para darte?
¿De dónde las palabras
por nombrarte,
los gestos y la paz
para esperarte?
¿Cómo elevar mis manos
por hallarte?
¿Hacia dónde mis pies
para seguirte?
¿Cómo diré tu luz
en tantos días
y contaré mis noches
en tus brazos?
¿Cómo te llevaré
por donde habito?
¿Cómo me llevarás
a donde moras?
¿Por dónde el corazón
—tu Corazón—
por dónde el mío?
¿Por quién tanta pasión,
tanto gemido?
¿Podré decir de ti
tu bien,
tu amor,
tu fuego,
tu delirio?

Venías hacia él, Señor,
todo hacia el río.
Hijo.
Cordero.
Amigo.
Tu nombre —amado nombre—
junto al mío.

Amén.










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