lunes, 3 de junio de 2013

Novena al Corazón de María. María, habitada por el Dios Trinidad


Nuestro Dios dista mucho de ser alguien solitario y huidizo. El misterio de Dios nos invita a recordarle tal y como es: Padre del que brota de la vida y origen de cuanto existe; Hijo que por Amor se hace Dios cercano a nosotros; Espíritu por quien somos constituidos hijos de Dios. El Dios en quien María puso toda su confianza es este Dios que es Amor, comunión y donación en su mismo seno. El Dios trino cubrió a María de bendiciones y ella guardo esta presencia y la meditó en su corazón. Ella nos dice hoy, como siempre: Dios es Amor, y viene a nosotros de muchas maneras, con preocupación y cuidado paternal y maternal, con perdón y con la vida que nos trajo Jesús, con valor y alegría, esperanza y luz derramadas sobre nosotros por el Espíritu Santo. Dispongamos este día nuestro entendimiento, nuestro corazón y nuestro ánimo, para dejar que Él vuelva a reavivar en nosotros, como en María, esta experiencia de íntima comunión en el Dios-con-nosotros.


Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra:
bendita eres entre todas las criaturas del Señor.
Te felicitamos como el resto de generaciones
porque Dios ha obrado cosas grandes por ti.
Bendita eres entre todas las mujeres, Madre,
por haber conservado la palabra de Dios en tu corazón,
por  haber llevado en tus entrañas inmaculadas al Hijo de Dios,
por haber amado inmensamente a Cristo.
Bendita eres entre todos los que han creído
que lo dicho por el Señor llegará a cumplimiento,
porque te dejaste adornar por su Espíritu
acogiendo toda clase de bienes y dones espirituales y celestiales,
ofreciéndote como morada que tiene a Dios en medio,
sagrario vivo que lleva a Cristo vivo,
casa de oro adornada por el Espíritu Santo.

Danos, Madre,
el sabernos hijos de tu Corazón Inmaculado,
y el disponer nuestras vida para servir al Señor
con sinceridad de corazón,
convirtiéndonos, por nuestra fe obediente,
en criaturas nuevas del Dios,
imágenes de la presencia viva de Cristo entre los hombres,
moradas habitadas por el Espíritu.
Amén.

                                                                                           [José Manuel Sueiro]


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