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lunes, 12 de febrero de 2018

Observar, discernir y acompañar: encuentro de estudiantes cmff


   
  
   El pasado viernes 9 de febrero daba comienzo el encuentro anual de estudiantes claretianos. La comunidad formativa de Granada vino hasta nuestra casa, en Colmenar Viejo, junto a otros estudiantes que viven en otras comunidades, como Sevilla y Pamplona. El tema en torno al cual giró el encuentro fue el próximo Sínodo de los jóvenes.


  La experiencia del P. Fernando Bueno, SSCC, iluminó la mañana del sábado. Claro y directo, compartió con nosotros la realidad de este momento eclesial y social: ¿cómo respondemos a los jóvenes desde nuestra vocación consagrada siendo jóvenes también? Mantener vivo nuestro deseo, no disfrazar el evangelio y acompañar a los jóvenes siendo nosotros también acompañados fueron algunas llamadas suscitadas desde su presentación: nuestra propuesta de fe sigue respondiendo a los anhelos más íntimos.


  Por la tarde, pudimos encontrarnos con cuatro jóvenes de nuestra pastoral claretiana de Santiago: Miguel y Juan (Parroquia-Colegio San Antonio Mª Claret) y Paloma y Ana (seglares claretianas de la Parroquia del Inmaculado Corazón). Poco a poco, nos fueron regalando sus distintas percepciones sobre los misioneros claretianos: valoran nuestra cercanía y entrega, quieren estar con nosotros y que estemos con ellos. Sin embargo, también nos piden el evangelio sin disfraces, acompañamiento, cauces de encuentro reales de la misión compartida y encender la búsqueda de Dios juntos.


 Tras un tiempo de adoración, la noche del sábado se cerraba entre cantos y bailes que volvían a recordarnos que la Congregación es rica en culturas y diversidad, que la misión no conoce fronteras para apasionarse con el evangelio.


 El domingo nos regalamos un breve espacio personal para poner delante de Dios las llamadas recibidas durante este encuentro, valorar nuestra experiencia como acompañados y afinar en los desafíos que el Sínodo trae. La eucaristía final, presidida por Pedro Belderrain cmf, Superior Provincial de Santiago, fue el envío a nuestras realidades concretas: sabernos agradecidos por lo que cada uno de nosotros aportamos a la Congregación, sin tener miedo a lo distinto y a los desafíos que están en el horizonte más cercano.
  Un año más, queda el encuentro entre nosotros, estudiantes claretianos. Queda la pasión con la que respondimos a Su llamada y a la que queremos seguir respondiendo cada día. Queda, sin duda, que el Espíritu nos siga animando a dar lo mejor de nosotros mismos para que Dios sea más conocido, amado, servido y alabado de todos. Como fieles misioneros, como hombres enamorados.




martes, 23 de enero de 2018

Taizé: diversidad, amor y comunidad por Patris, cmf

En el contexto de la semana de la oración por la Unidad de los Cristianos, nos hacemos de la experiencia ecuménica de nuestro Patrisius en Taizé durante este último verano junto a un grupo de jóvenes de la Pastoral Infantil y Juvenil de nuestra Provincia de Santiago... ¡Gracias, hermano!

 

La experiencia de estar una semana en comunidad de Taizé (Francia) es una oportunidad significativa para volver de nuevo a la fuente que da la tranquilidad y la paz. Estar en Taizé es como estar en un gran jardín en el que podemos ver una variedad de diferentes tipos de plantas, pero da una belleza a la vida. En Taizé nos encontramos con muchos jóvenes y sacerdotes de diferentes países. No sólo eso, en Taizé se encuentran personas de diferentes Iglesias y diferentes tradiciones. Pero allí se reúnen con la intención de respetarse uno al otro, desde el silencio y en la oración. La belleza de este jardín que es Taizé es para el bien común, para el bien de todos. Allí se aprende lo que significa la tolerancia para lograr la unidad y vivir en comunión. Ser de una Iglesia u otra no es razón para no crear lazos de enemistad, sino que podemos adentrarnos en un camino de respeto y en el regalo de construir amistad para vivir en un mundo feliz y mejor. 

Al ver a tantos jóvenes que vienen a Taizé para orar y estar en la soledad, me doy cuenta de que ellos están en búsqueda. Son peregrinos que salen de su tierra en busca de respuestas, de paz. Como personas de fe, sin duda, dentro de ellos hay siempre un deseo de llegar a la Fuente que dé satisfacción y tranquilidad. Su meta como peregrinos es estar juntos con el Maestro Jesús y sus seguidores. Somos discípulos del Maestro que andamos con corazón ardiente para amar y servir. Por supuesto, yo también como peregrino me doy cuenta de que el viaje y mi búsqueda no pueden estar separados de la presencia de Dios. Su Espíritu siempre me lleva para llegar a la unión íntima con él. Es él quien me enseña a amar, a comprender y a perdonar sin tener que poner el odio y crear la enemistad en la vida con los demás.


La experiencia de Taizé me hizo comprender la importancia del silencio. El silencio me ha liberado de mis dudas y mis preocupaciones. Es el tiempo amistad, de estar cerca con Dios y escuchar como él habla sobre mi vida y mi vocación. El silencio en oración de Taizé es un momento de encontrar lo que he perdido y el momento de sanar lo que esté enfermo. Es un camino que me lleva a la paz interior. El silencio de Taizé me renueva y me hace nacer de nuevo en la verdad.

Taizé también me enseñó a rezar y cantar con corazón agradecido. Las canciones de Taizé me hacen sentir que soy yo quien necesito alabar a Dios. Mi alabanza es como acción de gracias por su grandeza. Dios no cierra sus ojos a mi vida, a lo que me pasa. Tampoco no cierra sus manos. Sus ojos y sus manos siempre están abiertos para verme, cuidarme y darme su bendición: y esto lo veo en aquellos peregrinos, en mis hermanos. 

Una cosa que también me conmueve es la vida comunitaria de los hermanos en Taizé. Ellos me enseñan la importancia de la comunión y el amor en la diversidad. Nos diferenciamos en muchos aspectos de la vida, pero somos uno en el amor. En el amor nos entendemos, aceptamos y confiamos unos a otros. En el amor abrimos nuestras manos para servir y dar el bien para los demás. Todos nosotros tenemos el amor. Y este amor es Dios que siempre nos mueve a conocer y vivir en comunión. Taizé me recuerda vivir el amor en la comunidad y me enseña vivir con sencillez sin tener muchas preocupaciones de las cosas materiales. Taizé me conmueve para ser una persona abierta y acogedora.

Terminando esta reflexión me gustaría dar gracias a mis hermanos P. Luis Manuel Suárez, Cmf, a Readh de la Torre, Pham Quang Sang Cmf y mis amigos/as; Álvaro Del Olmo, Ana Abad, Carmen Sanjurjo, Juan Callaba, Marcos Romero, Marta, Pablo Ruz, Marta Paz, Patricia Caño, Sofia, Andrea, Carlos Pascual, David Garcia, Ana Cuesta, Michael Fernandez, Marcelo y Juanjo. Ya hemos pasado una experiencia de compartir y la alegría en Taizé. Espero que la experiencia de Taizé la llevemos en nuestra vida cotidiana. Somos Peregrinos. Que seamos creadores de confianza y fermentos de paz en nuestra comunidad, sociedad y nuestros hogares.


Patrisius Weka Bakior, cmf

jueves, 19 de octubre de 2017

Profesión perpetua de Charles, Rayappa y Rafael como claretianos


De izquierda a derecha: Charles (Paraguay, Prov. Santiago), Rayappa (India, Prov. Santiago) y Rafael (Corea, Del. Corea)
  Este inicio de curso ha sido, desde el principio, lleno de motivos que agradecer. Las experiencias que cada estudiante ha vivido en verano aquí y fuera de España, los ejercicios espirituales al final de agosto, despedidas y bienvenidas, inicios de nuevas etapas. Todos estos hilos siguen tejiendo el telar misionero que quiere ser nuestra comunidad. Pero sin duda, lo que más ha marcado este nuevo año, ha sido la profesión perpetua de nuestros hermanos Charles, Rayappa y Rafael. 

La celebración fue presidida por el P. Pedro Belderrain, Superior Provincial de Santiago. Junto a él, el P. Gabriel Kim, Superior Mayor de Corea y el P. José Ramón Sanz, Prefecto de formación

El P. Pedro Belderrain, Superior Provincial de Santiago, da la bienvenida a la asamblea

Charles, Rafael y Rayappa expresan su compromiso para con la Iglesia y la Congregación
   Puede que te estés preguntando, ¿qué es eso de una profesión perpetua? La profesión perpetua es el acto público por el que los estudiantes claretianos se consagran a Dios incorporándose definitivamente a la Congregación para vivir como misioneros al servicio de la Palabra. Dicho de otro modo, es la celebración donde se da un «sí» a Dios para siempre, después de varios años de discernimiento, estudio, reflexión y vida comunitaria. Un momento especial y alegre donde nuestros hermanos expresaron su deseo más íntimo de seguir a Jesús como Misioneros Claretianos, Hijos del Inmaculado Corazón de María. 

Durante la oración litánica

Charles emite la fórmula de profesión perpetua en manos de su Superior

Rafael emite la fórmula de profesión perpetua en manos de su Superior (en coreano)

Rayappa emite la fórmula de profesión perpetua en manos de su Superior

Abrazo de acogida de los claretianos a los hermanos que profesaron


Charles firmando el acta de la celebración

Rafael firmando el acta de la celebración

Rayappa firmando el acta de la celebración
  El pasado 15 de octubre, en nuestra iglesia de Colmenar, fuimos testigos de cómo Dios conduce nuestras vidas y las hace más bellas y mejores cerca de Él. Además, sentimos con la Iglesia es universal y misionera. Tres hermanos claretianos, tres orígenes distintos (Paraguay, India y Corea del Sur), tres historias diferentes... pero una misma vocación: ser misioneros al estilo de Claret.


  Desde aquí agradecemos el tiempo compartido con ellos, la generosidad de su respuesta y la alegría de saberles cerca de nosotros. Que María, mujer de la Palabra, les siga ayudando a renovar su «sí» cada día allá donde estén... ¡enhorabuena, hermanos y amigos!

Con parte de la comunidad de estudiantes claretianos y otros hermano!

Los profesos con la familia de Rafael
   «Hoy, Charles, Rayappa y Rafael, recibís para siempre una herencia que os llena y os colma. Hoy y para siempre, recibís el nombre de los somos Hijos del Inmaculado Corazón de María. Desde hoy, seréis para siempre testigos-mensajeros de la alegría del evangelio. Que nada os arredre. Que todo abraséis a vuestro paso. Y María, como una suave luz que todo lo ilumina, nunca os dejará confundidos.»



sábado, 13 de mayo de 2017

Acción de gracias de Romualdo Wambo, cmf


Hace unos días compartíamos con vosotros la alegría de la profesión perpetua de nuestro hermano Romualdo, cmf. Este fin de semana nos hacemos eco de su acción de gracias, queriendo seguir alegrándonos con él y respondiendo a la invitación que recibimos de Dios: servirle con alegría... 

Querido superior de la delegación de Francia, querido vicario de la misma, querido superior de esta provincia de Santiago, queridos miembros todos del consejo de Santiago aquí presente, sacerdotes concelebrantes, congregaciones religiosas representadas, profesores, compañeros de clase, monitores de centros juveniles claretianos, queridas hermanas y amados hermanos en Cristo, buenas tardes a todos, que habéis participado en esta celebración tan importante en mi vida.

Antes de leer como tal mi discurso, querría deciros que estoy lleno de emoción; emoción que, supongo, compartís todos conmigo. No es tan fácil escribir un discurso con tanta emoción. Ese famoso síndrome de la página en blanco, lo sufrí, en parte porque me venían demasiadas ideas de golpe. Al final decidí no complicarme y hablaros desde mi experiencia personal, estructurando este discurso en una lista de cuatro palabras, un glosarito. 

La primera sería sueños, este sueño que me hace madrugar cada mañana para alabar a Dios, fuente de mi vocación, que me hace vivir con plena confianza con mis hermanos de comunidad y me propulsa hacia el futuro. 

La segunda palabra sería gracias: gracias a Dios que día tras día se hace presente en mi vida y permite que estemos aquí en este día memorable; gracias a mi congregación y a todos los Hijos del Inmaculado Corazón de María, nuestra madre; gracias a los miembros del consejo de la delegación que me han aprobado para hacer esta profesión y al padre delegado Pierre Zanga que, a pesar del dolor de la pérdida de su madre, ha aceptado con todo amor y cariño celebrar y recibir mis votos; gracias a todos los miembros de la provincia de Santiago, con su provincial siempre simpático y con esa sonrisa que transmite tanta alegría; gracias a los formadores (José Ramon, José Manuel) que día tras día nos hacen crecer en este camino de seguimiento de Cristo, pero también a crecer como seres humanos; gracias a mis profesores presentes que nos ayudan a madurar en la ciencia teológica, 
gracias a todos mis hermanos claretianos por poder aprender de cada uno de ellos a través muchas de sus experiencias; gracias a mi familia biológica que se encuentra en Camerún de cuerpo pero que están aquí con nosotros de espíritu y que siempre me rescata cuando la necesito; gracias también a mis familias de acogida aquí en España y de Colmenar Viejo de modo particular; gracias a los amigos y compañeros de lucha de la universidad; gracias a vosotros todos, que a pesar de todas vuestras ocupaciones habéis elegido venir para ser testigos de mi sí definitivo. 

Mis últimas palabras son esperanza y acción. Son palabras que sirven como resumen a todos los consejos que me ha ido dando un maestro mío (que a veces llamo “mi papa”) durante mi formación inmediata a este acontecimiento. Dice así: “actúa con valentía y humildad en todo momento; sirve; sé trabajador y honesto con cada responsabilidad que asumas; sé trasparente, leal y solidario con los demás sin distinción; mira siempre de frente sin importar lo que pase, sé íntegro en todo momento, porque eso es lo que unifica a una persona; di la verdad con tranquilidad; comparte con sinceridad sin esperar nada a cambio; recibe y regala la sonrisa y la alegría a las personas, pues las hacen más felices; nunca dejes de soñar; disfruta la vida en tu manera y aprende mucho de ello; y por encima de todas las cosas, sé siempre un luchador por la gloria de Dios, tú salvación y la salvación de los hombres. 

Muchísimas gracias a todos y que sirváis siempre al Señor con alegría.

Romuald Wambo, cmf

domingo, 23 de abril de 2017

Destellos de la Pascua (I) 'Y ahora, ¿qué?'

  Siempre dicen que es de bien nacido ser agradecido. Así queremos ser también nosotros: agradecidos por este tiempo de Pascua, de paso de Dios, que hemos vivido. Por eso queremos compartir algunos de estos 'efectos' de la Pascua. Pequeños regalos del camino pascual que nos han hecho bien y que pueden hacer bien a otros. Aquí tienes el primero. Lo comparte con nosotros Rheadh, estudiante claretiano que participó en Semana Santa de la casa de acogida de Basida-Navahondilla.
.. ¡seguimos saboreando la paz y la luz del Resucitado juntos!

Y ahora, ¿qué?

Y ahora, ¿qué? ¿Qué me aporta la muerte de Jesús? Estas son las preguntas en la liturgia del Viernes Santo que nos hizo Josema en Basida, una casa de acogida para los que están sufriendo de sida. “¡Vida!” es la primera palabra que sonó desde los que estábamos en aquella capilla. La respuesta no aporta nada nueva. Ya sabemos que Jesús nos da vida. Ya sabemos que él es la vida y la resurrección. Pero lo más llamativo es que esta palabra ha sido pronunciada sin ninguna inseguridad sino, con toda convicción y con toda certeza. Ha sido profesada en un lugar donde la derrota, la decadencia y la defunción es más articulada y acentuada. No sé si soy capaz de profesar esta confesión de fe como lo hizo aquel hombre. Pero una cosa es cierta: volví a casa amando más al Señor. 

Rheadh de la Torre, cmf

sábado, 22 de abril de 2017

Un fe comprometida con el Resucitado: Testimonio de Charles Rolón, cmf

Uno de los efectos de la Pascua es el envío misionero del Resucitado: 'id y anunciad'. Lo llevamos escuchando toda esta gran semana de Pascua. Por eso, en medio de esta alegría, uno de nuestros hermanos, Charles Rolón, ha viajado a Vigo, a la Parroquia claretiana del Corazón de María, para compartir su encuentro con el Resucitado y la misión en la que le conoció: la misión claretiana en Paraguay. Con los destellos del Señor vivo en medio de este pueblo, compartimos con vosotros el mejor regalo que Charles quiere hacernos, la experiencia de su fe y su vocación en salida misionera... ¡gracias!

“Mi espíritu es para todo el mundo”

   Mi nombre es Charles. Natural de Paraguay. Procedo de una familia sencilla, trabajadora y humilde. Tengo tres hermanos. Mis padres ya están jubilados y se pasan ahora trabajando en su pequeña granja que tienen.
   El Papa Francisco invita a cada persona a sacar de su interior la capacidad de amar que habita en su corazón. Para ello, anima a descubrir que el Evangelio es fuente de Alegría, de Libertad y de Salvación para todos los hombres. Todos los misioneros estamos llamados a vivir esta experiencia de la misericordia. Revelando el rostro vivo de Dios en la entrega generosa de la vida, en el servicio y en el anuncio de la alegría del perdón. Los misioneros viven una profunda vida espiritual, que enriquece su mente y su corazón para reconocer la acción del Espíritu hasta llegar a ser un verdadero “discípulo misionero”. 

   Me gustaría explicaros en tres etapas de mi vida misionera. A saber:
   Una primera etapa: mi propia experiencia de la vocación misionera, vivido particularmente en mi propia tierra, es decir, en mi país. Mi vocación a la vida misionera lo fui descubriendo con el paso de los años en el Seminario menor de los misioneros Claretianos. Fue entonces donde se inició todo y comenzó una primera respuesta insignificante a la llamada de Dios. Sin embargo, poco a poco fui comprendiendo y entendiendo los por qué y, la respuesta que se me iba dando a mis interrogantes...
Misión de los Claretianos: están trabajando en la misión para ser luz en medio: el odio, la injusticia, la mentira, la opresión, el dolor, la soledad, el hambre, la ignorancia y tantas otras necesidades de amor que son urgencias de la misión de Dios.
   Una segunda etapa: mi experiencia misionera, situada ya fuera del contexto de mi cultura, en concreto, en la etapa del noviciado. En Cochabamba (Bolivia). Un nuevo estilo, un nuevo horizonte, una nueva misión. El tiempo del Noviciado: fue un espacio y un tiempo para fundar y consolidar esta llamada a la vida misionera. Hubo un momento significativo que quisiera compartirlo, y particularmente es la misión de los Misioneros Claretianos en Bolivia. Fue la misión de Potosí. Ubicado al norte del país. Fue una experiencia realmente impactante, pero a la vez, una fortaleza para mi vocación misionera.

   Y la última etapa: mi experiencia de Dios, es decir, mi experiencia de fe. Me quedo con el signo de la humanidad de Dios y de la experiencia de la fe, con dos momentos. En la vertiente humana me quedo con rostros, la sonrisa, la amistad, heridas… Y por otro lado, la huella de la fe me hace quedarme con una esperanza de un pueblo, de unas comunidades que están transformándose con la presencia de los misioneros, pero sobre todo con esa presencia de ese Dios que toca los corazones y que lo lanza a abrir un horizonte de anhelo, de amor y de belleza. Por lo tanto, la generosidad, la servicialidad, la entrega generosa, la disponibilidad…son signos de la existencia de Dios.
  • Tener un corazón abierto, un corazón dispuesto; 
  • Tener un corazón sin límites, sin condiciones;
  • Y tener un corazón limpio, indiviso, centrado en el único Amor puede convertir y cambiar la vida de mucha gente y del pueblo de Dios.
   Y para ir concluyendo, quisiera hacerle llegar una petición: No se cansen de orar por las vocaciones. Gracias a la oración seguimos Fortalecidos, Consolidados, Afianzados. Oren por todos los misioneros y misioneras del mundo. No se cansen de orar y pedir por las vocaciones. Porque la mies es mucha pero los obreros son pocos. Muchas gracias.
Charles Rolón, cmf


lunes, 17 de abril de 2017

Alégrate. No temas. Ve y anuncia: ¡Cristo vive!


«Con temor, pero llenas de alegría…»
   Con temor,
   porque la vida nos conmociona.
   Con temor,
   porque la memoria no olvida el dolor.
   Pero llenas de alegría,
   porque no es más grande el sufrimiento que el gozo,
   porque no es más fuerte la cruz que la Vida.

«No temáis…»
   Porque el don del Resucitado
   sana las heridas,
   impulsa en los miedos,
   hace posible
   la alegre valentía de caminar
   con paso firme y decidido
   por la vida.

«Id a contar a mis hermanos…»
   Porque nada ni nadie acalla ya
   el acontecimiento que marca nuestra historia.
   Porque Dios mismo pasa por nuestra biografía.
   Porque el Resucitado ha querido 
   que tú y que yo,
   que nosotros
   nos encontremos
   en la Galilea cotidiana.

Alégrate. No temas. Ve y anuncia: ¡Cristo vive!

sábado, 15 de abril de 2017

Diálogos de pasión III: ¿qué es lo que nos queda?


María está llenando una bolsa con ungüentos mientras Juan la observa sin decir nada. Cuando esta termina su tarea decide confrontar al joven que la observa.

- María: ¿Tú también piensas que estoy loca?
- Juan: No lo sé.
- M: Pero has venido a detenerme.
- J: Es lo que ellos quieren.
- M: ¿Y tú?
- J: Es peligroso, en eso tienen razón.
- M: ¿Más que permanecer al pie de la cruz?
- J: No, pero eso era necesario.
- M: ¿Y esto no? Él era tu Maestro, tu amigo… ¡Te quería como a un hermano! ¿Y no quieres que le honremos una vez muerto?
- J: Deja que los muertos entierren a sus muertos (Mt 8, 22).
- M: ¿Qué has dicho?
- J: Nada, es solo algo que le oí una vez, cuando la gente ponía escusas para seguirle.
- M: ¿Y cuál es tu escusa?
- J: Me cuesta creer que esté muerto
- M: Tú estabas ahí, lo viste al igual que yo ¡Incluso te habló! Te confió a su madre ¿Y aun así dudas?
- J: Sé lo que vi, su cuerpo no respiraba cuando lo bajamos y aun así… no sé.
- M: ¿Qué es lo que no sabes, Juan?
- J: Siento que sigue vivo, de algún modo lo siento presente y cuando cierro los ojos le oigo en mi corazón, invitándome a caminar, preguntándome si estoy dispuesto a ofrecer mi vida por amor. Por eso no puedo acompañarte.

María contempla a ese Joven con infinita ternura y un gesto materno brota sin pensar. Ofreciéndole el abrazo que ella tanto necesita le dice, o tal vez se dice:

- M: Él está muerto, Juan. Quisiera que no fuera así, pero debemos afrontar la verdad. Lo único que nos queda es honrar su memoria y aceptar la voluntad de los Cielos.

María deja atrás a Juan, quien pregunta mirando al cielo.

- J:¿Y cuál es tu voluntad, Padre?

Ella se detiene, sorprendida. Le mira sin saber realmente a quién está mirando. Abre la boca con intención de decir algo, pero la palabra parece esconderse de ella. Finalmente, prosigue su camino. Juan, tras un momento de espera, se dirige al otro extremo y se sienta en actitud orante.

martes, 11 de abril de 2017

Feliz diálogo de pasión...

   
  Hemos entrado ya en la Semana Santa. Semana grande, Semana de dolores, Semana de intenso anuncio. Los estudiantes de esta comunidad nos hemos ido repartiendo por diferentes puntos de nuestra geografía desde Colmenar Viejo: de Inglaterra y a Barcelona, de Segovia a Ávila, de Palencia a Bilbao.

 En cualquier caso, queremos seguir ofreciéndote algo desde este espacio. Y, aprovechando el buen hacer de uno de los hermanos, compartiremos contigo una serie llamada 'diálogos de pasión', la cual pertenece a uno de los puntos de oración de una de nuestras actividades.

 Ojalá este material sirva para que te encuentres con mayor verdad a Aquel que por amor se ofrece, se entrega y se reparte por cada uno de nosotros. Ojalá haya un auténtico diálogo de pasión en cada uno de nuestros corazones con el Amado durante estos días... feliz Semana Santa.



miércoles, 22 de marzo de 2017

Dejarse encontrar por Dios, en la montaña y en lo cotidiano: José Ramón, cmf

Seguimos con los ecos del pasado día del Seminario. En vez de en nuestra Iglesia de Colmenar Viejo, uno de nuestros estudiantes compartió parte de lo que es en la Iglesia de los Misioneros Claretianos de Segovia. Se llama José Ramón (más conocido como Josua...) y quiere compartir contigo cómo resuena en él y en su historia vocacional las lecturas del domingo pasado... ¡Esperamos que te guste! 


A veces decimos «me muero de sed», pero si lo pensamos un momento no es del todo verdad, porque precisamente esta sed, es la que nos avisa, la que nos salva la vida. En la lectura de hoy el agua, la sed de Jesús y la sed de la mujer, es el hilo que nos lleva a un encuentro. 

Jesús toma la iniciativa en este encuentro, lejos de los prejuicios, lejos del culto institucionalizado, lejos del templo; Jesús llama, se hace mendigo del agua de la mujer, acoge su humanidad inquieta, las heridas que ella lleva. Ella es la protagonista, ella es quien recorre el camino de la búsqueda. Es un encuentro que se va haciendo historia de amor, que va pasando de la frialdad inicial al deseo: «dame de esa agua». Siempre al ritmo de la inquietud de la mujer, con la paciencia infinita de Dios. Así es como yo vivo mi historia, como historia de amor en la que Dios ha tenido y tiene infinita paciencia conmigo. En la que ha puesto muchas mediaciones que me han ayudado a discernir y a ser más libre, en concreto claretianos que sin dejar de acompañarme, han sido tremendamente respetuosos con mi historia con Dios. 

Al principio la Samaritana se sentía segura, incluso superior, pues ella tenía el cubo, el pozo, la cuerda... ¡Cuánta riqueza para una mujer sedienta! La mujer era rica, y Jesús era pobre. Solo cabe esperar una obra buena por parte de ella, que le diera de beber al sediento y se marchara aún más rica y orgullosa. ¿De dónde vas a sacar tú el agua si no tienes ni cubo? Pero al mismo tiempo resuena aquello que le dice Jesús... «Si conocieras el don de Dios», es decir, si descubrieras cómo te sueña Dios, si descubrieras dónde habita el amor de Dios en tu vida... Descubrirías el agua viva, el agua que abre el corazón al que tenemos al lado, el agua que nos ayuda a no endurecer el corazón. En mi vida las personas con discapacidad, los jóvenes y mi abuela son las personas en quienes Dios se ha hecho presente, en quienes Dios se ha hecho pobre y en quienes también me ha invitado a poner la confianza en él. En el encuentro con otros y con Jesucristo es donde Dios se hace don. 


«Señor dame de esa agua» dice la Samaritana. Ella está gastada por muchos amores, pero se fía; quizá al principio no sabe muy bien qué pide, pero ve en Jesús a aquel que sondea su corazón como nadie lo hizo jamás. Ella, a pesar de todo, era preciosa a los ojos de Dios. Esta confianza es solo el principio del camino, en medio de ese camino, igual que en medio del desierto, surgen muchas dudas, muchas tensiones. En mi historia vocacional ha habido y hay muchas dudas, tentaciones… A menudo la pregunta que nos hacemos (y que me hago) es: ¿Qué quiero hacer con mi vida?, pero si creemos realmente que es Jesús quien nos mira con bondad y con verdad, debemos de cambiar la pregunta: ¿Señor, qué quieres de mi? ¿Cómo vivir entregado sin buscarme a mí mismo? Ante esta pregunta hay muchas respuestas posibles, no solo una. Pero para vivir en verdad, e intentando no caer en el egoísmo, esta pregunta debemos hacérnosla. 

Para mi la mejor respuesta es descubrir que soy precioso a los ojos de Dios en el encuentro con él; y reconocer que Dios me ha regalado mucho en el encuentro con otros, también en los momentos de dificultad. Esta es la mejor reacción ante la tentación de mirar hacia atrás: mi trabajo, mis amigos, mi familia, mi novia. Ante esto solo tengo una respuesta, tratar de confiar más en él, confiar en la fuerza que da no solo buscar, sino también abandonarse en sus manos. «Yo estaré allí ante ti, en el Horeb, en el lugar del encuentro». 

Hoy el lugar del encuentro personal con Dios, la montaña, el pozo de Sicar… son todas aquellas situaciones en las que la vida nos toca, en las que Dios nos interroga y en las que el corazón se conmueve. En cada encuentro, también en la familia, tenemos la oportunidad de vivir en entrega a los demás. Al final, la mujer samaritana, se olvida de su cántaro y de su agua; para ir al encuentro de otros, como apóstol. Quiere ser testigo de ese amor que la ha hecho una mujer nueva, portadora del agua viva. Que nosotros no dejemos de responder a la pregunta ¿Señor que quieres de mi? Para que también podamos acoger y entregar esa agua viva, amor del Padre que siempre camina a nuestro lado.

José Ramón Palencia Cabrerizo, cmf



domingo, 19 de marzo de 2017

En brocales cotidianos... para que Él nos quieran como nos gusta



   
   Hace unas semanas me comentaba una joven de nuestros grupos juveniles que le gustaba mucho una canción. Se llama 'Tú si sabes quererme', de Natalia Lafourcade. Me lo decía con cierta emoción, esa que nos da aquello que encaja con lo que sentimos. Al poco tiempo, busqué dicha canción. Mi sorpresa fue que, al ir saboreando la letra y disfrutando con la música, vino a mi mente el encuentro de la samaritana con Jesús.
   Un servidor, que ha querido centrarse en eso de que Dios nos elabore por dentro, descubrió en una canción aparentemente normal toda una declaración de intenciones y de deseos que todos llevamos pegados a la piel. Porque, al final, ¿quién no quiere zambullirse en la experiencia del saber querido, querido de verdad? ¿Y quién, además, espera que no le dejen? Lo complicado, a mi modo de ver, es mantenerse valiente en corresponder al amor que se recibe gratuitamente. Todos somos un poco 'samaritana': inconformistas, cambiantes, titubeantes, pero anhelantes de algo más. Y todos, aunque suene pretencioso, buscamos a Aquel que nos diga que nos ofrece un agua viva, que brote de nuestro centro, que salte a la vida eterna.
  Pues ahí nos seguimos viendo en el brocal del pozo con la samaritana y Jesús. Ahí, con nuestros cansancios y con nuestros deseos. Ahí, esperando ese espacio de libertad y confianza donde nos quieran como nos gusta, como necesitamos y esperamos... siendo valientes en corresponderle.



lunes, 28 de noviembre de 2016

Un corazón que late a ritmo de adviento


  Muchas veces nos encontramos a tantas personas que, de alguna manera, buscan ese 'algo más' que todos esperamos. Muchas veces, cuando menos lo intuimos, se nos regalan encuentros en los que aunamos deseos de vivir con mayor anchura. Aunque no lo digamos así, aunque en tantas ocasiones pase desapercibido. En el fondo, nuestro corazón late a ritmo de adviento. Lo que somos viene viviendo esa tensión de que llegue algo, o mejor Alguien, que tenga algo que decirnos. Y, en ese intento, hemos querido echarle imaginación con un mensaje especial que hoy compartimos. Porque todos esperamos la Palabra que haga vibrar nuestro día a día. Porque todos estamos a la espera. Porque todos merecemos que Alguien tan bueno nos visite.

   Ojalá sea este tiempo de Adviento el momento oportuno para poner al día eso que tanto anhelamos, y ojalá recibamos la Luz que se nos viene para poder acoger tanto misterio... ¡Feliz tiempo de Adviento!

Querido amigo, querida amiga...
  Quizá te sorprenda que te escriba. Quizá pienses que todo forme parte de una idea, de un proyecto, de un tiempo bonito. Sin embargo, llevo queriéndote decir algo mucho tiempo. Tanto, que pueda ser una eternidad. Tanto, que hasta aquello que te digo va en mi propio corazón.
  Sí, en mi corazón. En el mismo que el tuyo. Allí es donde recuerdo a cada momento quién eres, cuál es tu nombre, cuáles son tus deseos, dónde están tus tropiezos… te conozco. Te conozco desde antes de que tú lo supieras. Tanto, que te llevo escrito en la palma de mi mano. Tanto, que tu nombre lo escribí en las estrellas. Te conozco porque sé lo que tú has vivido, yo también pasé por lo mismo que tú. Pasé por aquel conflicto que hace tiempo tuviste tan malo. Transité por los sueños que te hacen sentir vivo. Me perdí alguna vez que otra en pequeñas rencillas que no me ayudaron. Nací. Como tú. Crecí. Como tú. Y traté de afrontar la vida con la mayor fuerza de la que fui capaz. Como tú lo estás tratando de hacer ahora. Y Dios siempre estuvo conmigo. Como contigo.
  Y así te voy desvelando el porqué de este nuevo nacer de cada año, de cada día. Porque sé que lo que yo viví lo puedes vivir tú. Porque en tu corazón puede prenderse la misma llama que me hizo a mí capaz de conocer en profundidad tanto; de amar, hasta el extremo; de servir, aunque todo invite a no hacerlo; de alabar, porque nuestra mirada está puesta en una esperanza más grande. Sí, amigo de camino. Yo vine para que tú pudieras vivir al máximo. Vine para que vivieras a fondo. Vine para que no olvides que te amo. Desde siempre. Enteramente. Porque yo, con todo lo que soy, quiero hacerte valiente.
  No dudes mucho más. No te dejes vencer por esa mala racha, por ese tiempo de olvido, por ese ‘no te encuentro’. No. Ven a encontrarme conforme estoy viniendo. Con todo el amor del que soy capaz. Con toda la sencillez que tiene un niño. No te prometo grandes espectáculos, pero te aseguro que, si me esperas, yo siempre estaré contigo. Para cruzar juntos esos puentes difíciles que se te presentan. Para avivar en ti el deseo de ser mejor. Para recordarte, con todas mis fuerzas, que eres amado. Infinitamente amado. Y, por eso, la vida merece la pena. Y la alegría.
  Espérame. Estoy viniendo. Y soy yo mismo quien vengo. No pases página. No te detengas… sé que este tiempo va a ser, para ti, nuevo. Ya estoy viniendo. Ya te estoy queriendo…
  Tuyo,
יֵשׁוּעַ

domingo, 30 de octubre de 2016

¿Y si hoy fuera nuestro encuentro?

Con tantas ganas te espero
   y con tantos inconvenientes me topo.

Con tantos deseos te hablo
  y cuanto murmuran tras de nosotros.

Con qué alegría te fijaste en mí
  y con qué firmeza hiciste brotar mi cambio.

Mi vida entera pasó por tu encuentro.
Tu vida oportuna visitó mis pobres intentos.

Ahora,
 no hay gentío que me aparte,
 ni árboles estrechos,
 ni comentarios que me tachen,
 ni banquetes pasajeros.

Que si de verdad se dio este encuentro
 fue para que me deje ya de excusas,
 para que me pusiera a tiro de tu paso,
 para que pudieras venir a buscar y salvar
 lo que ya estaba casi muerto.



Lecturas del XXXI Domingo del Tiempo Ordinario - Ciclo C

domingo, 17 de abril de 2016

¿Quién me mira?


Sé tu nombre.
Sé quién eres.
Sé qué sueñas.
Te llevo sobre mí cada tiempo.

Sé hasta dónde te escapas.
Sé hasta cuándo me esperas.
Sé hasta cómo me escuchas.
Te miro con pasión desde siempre.

Sé que tu oído puede oírme.
Sé que tu nombre en mis labios te estremece.
Sé que tu y Yo, si quieres, podemos ser uno.
Te llevo pensando,
   nombrando
   y sosteniendo
   desde lo eterno.

domingo, 10 de abril de 2016

Lo que Tú ya conoces...


Qué tendrá el mar de Galilea
que tanto enamoró
y que tanta pasión presenció.

Que tendrá el mar,
el Tiberíades,
donde tanta zozofra fue calmada,
donde tanta desesperanza fue convertida,
donde tanta fe fue regalada.

Que tendrá el mar,
Amigo amante,
que eliges sus orillas para atraernos,
sus aguas para verte,
su descanso para escucharte.

Llévanos al mar de los encuentros,
donde Tú sigues viviente
-para reconocerte-,
donde Tú sigues amando
-para investirnos-,
donde Tú sigues enviando
-para anunciarte-.

Allá, en el mar de Galilea,
donde sigues preguntado
por nuestros quereres,
los que Tú ya conoces,
los que Tú ya amasaste...

jueves, 31 de marzo de 2016

¡Feliz Pascua!


«¡Vosotros sois testigos de esto!» acaba diciéndonos el evangelio de hoy... ¡y cuánta razón lleva! Durante toda esta semana, como sabes, celebramos la octava pascual. Ocho luminosos días que siguen manteniendo la intensidad de la fiesta de la Vigilia Pascual. Y no es para menos. Nosotros, desde lo que somos, tenemos una tradición en esta semana: en cada eucaristía de la tarde vamos compartiendo lo que el Señor Resucitado nos ha regalado en esta Semana Santa. Cada uno desde la experiencia que ha vivido, en el lugar donde haya estado y con quienes haya compartido estos días. 

Como un niño que desvela donde guarda su tesoro a un amigo, así nosotros vamos haciendo partícipes a nuestros hermanos de cómo Dios nos ha bendecido. Jobish y Sarin han vuelto muy agradecidos a su Provincia de Euskal Herria la acogida y apertura de los jóvenes con quienes han vivido el Triduo en Dima. Rheadh y Denís compartieron con nosotros la alegría de haber participado en las celebraciones de la Parroquia de Ntra. Sra. del Espino (Madrid) con sus gentes y en la vida apostólica de la comunidad claretiana. Raju, que pertenece a Inglaterra, contaba cómo el Señor le ha ido acompañando en el rostro y la acogida de los fieles de nuestras parroquias de Buckden y Hayes, donde celebró la Vigilia Pascual y cantó con el coro las letanías, siendo un momento especial que él recuerda. Volviendo a la península, Claver, Rayappa y Jorge viajaron hasta Dueñas (Palencia) para participar en la primera Pascua Conjunta que organizó el Equipo de PIJV de la Provincia de Santiago. Junto a más de cien jóvenes y monitores vivieron la intensidad de estos días, teñidos de la belleza de la vida comunitaria que se tejió entre los claretianos que allí estuvieron. 

Y como corazón de esta Pascua, quedaron contemplando el Misterio el resto de hermanos en Colmenar Viejo. A través de los iconos y del tiempo de silencio, acompañaron la pasión, muerte y resurrección para que les quedase señalado a fuego en su corazón. 

Aún quedan días para compartir. Aún queda por delante la cincuentena del tiempo pascual, que siempre nos recuerda que nuestro Dios va delante, en alegre fidelidad con nosotros. 

Cuántas personas, cuántas historias, cuántos rostros nos han acogido y regalado lo mejor de sí para que Dios se vaya haciendo presente en cada vida, para hacernos Vida en mayúscula... ¡vayamos adelante con Él! Y que no dejemos de urgirnos, como aquellas mujeres, en anunciar que está vivo y que nos vive... ¡Feliz Pascua!
Claver y Jorge con dos monitoras del Claret de Madrid, Bea y Arancha

En la reserva del Santísimo del Jueves Santo, claretianos sacerdotes y seminaristas con los jóvenes

Foto final de la Pascua Conjunta #tumismocorazón


sábado, 26 de marzo de 2016

Sábado Santo: 'Antes de salir el sol'

No todo puede ser sombras, aun habiéndolas. No todo puede ser tinieblas, aun cerrándonos. No todo puede ser oscuridades, aun cegándolos. No todo puede ser muerte, aun muriendo. Parece que el silencio es más que esta impotente sensación. Puede ser paciente y fecundo si la pasión lo amasa, si la pasión nos alienta. 
Aún mañana podrá salir el sol. 
Aún mañana puede que nos visite Tu vida... aunque hoy todo sea silencio.


«El domingo por la mañana, muy temprano, antes de salir el sol...» [Juan 20, 1]

viernes, 25 de marzo de 2016

Viernes Santo: 'Nos amó y se entregó'

¿Qué pensar ante la Cruz? ¿Qué decir de ella? ¿Qué permitir al corazón sentir cuando en ella tantos rostros sufrientes se clavan? No convienen muchas palabras. No convienen grandes discursos. Conviene permanecer de pie, estar enteros. Ante Él. Y Él nos seguirá hablando, como siempre, ensanchando sus brazos, a pecho descubierto...
Que me duela
lo roto de tu cuerpo,
la entrega de tu cruz,
la herida de tu rostro.
Que me duela y me conmueva,
con tan solo mirarte,
con tan solo en Ti encontrarme.
Que el grito de tu pecho
sea la danza de este duelo.
Así conmovidos quedamos:
Tú con tus brazos abiertos;
yo con mis manos vacías...
ambos, esperando el abrazo
que es eterno.


«Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo: ‘Está cumplido.’ E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu.» [Juan 19, 30]

jueves, 24 de marzo de 2016

Jueves Santo: 'En memoria mía'

No fue un gesto sin cuidado. No fue una despedida sin huida. No fueron palabras al azar. Fue un gesto eterno, unas palabras a fuego, un agradecimiento anticipado, una despedida confiada. Fue un amor hasta el extremo. Él se puso a la mesa. Él supo cómo hacerlo. Adéntrate en el cenáculo. Fíjate en lo que dice. Y deja que tu corazón hable, sin miedo...
Que me alcance
la luz de tu gesto,
el testigo de tu mesa,
la intimidad de tu secreto.
Que me alcance y me supere
-sin miedo y sin permiso-.
Será este el camino
para que Tú
te abajes y me laves,
te abajes y te rompas,
te abajes y te compartas.
Más íntimo que en mí mismo.
Así, tan sólo por mí. 


«Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.» [Jn 13, 1]

domingo, 20 de marzo de 2016

Por lo que te recuerdo...

Si te recuerdo
no es por las puertas alzadas,
ni por el alborozo de los hombres,
ni por los ramos que te acompañan.

Si te recuerdo
no es por la alfombra de mantos,
ni por el entusiasmo de los tuyos,
ni por las piedras que clamaban.

Si te recuerdo
es por tu paso firme y decidido.
Por tu sí sin reservas,
por tu decidida respuesta.

Si te recuerdo
es por tu gesto pensado y ofrecido.
Por la copa bendecida,
por el pan partido.
Por el llanto en los olivos,
por el silencio en el beso.
Por el camino que te juzga,
por la cruz que te acaba.
Por el suspiro que exclamas,
por el rostro que inclinas.

Si algo recuerdo,
si de Ti hay algo en mí,
es Tu vida entregada,
es Tu silencio que salva,
es Tu alianza sellada.