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jueves, 15 de febrero de 2018

Ser un europeo en China | Carlos Puerto cmf



Ser un europeo en China puede hacerte sentir como si fueras un extraterrestre, en especial si vas a las áreas rurales donde los extranjeros son una excentricidad y tratas de vivir con ellos. Hay tres opciones para un “alien” como tú: mostrar que eres diferente, tratar de esconder las diferencias o aceptarlas con naturalidad. Yo elegí la tercera y pude ver que tenemos más cosas en común de lo que parece a simple vista.
Sí, es cierto que los españoles pensamos de lo particular a lo general mientras que los chinos lo hacen de lo general a lo particular. Por ejemplo, un español escribe su dirección comenzando por la calle y terminando por el país, mientras que un chino lo hace al contrario. Cuando un español lleva a cabo una tarea piensa en el resultado, pero un chino piensa en el proceso; descubrí esto cuando los estudiantes chinos se rieron de mí al verme copiar un carácter chino.




Pero todos tenemos los mismos sueños, esperanzas y sentimientos; y existe un lenguaje mayor que los idiomas, un lenguaje que está por encima de las palabras y no sabe de fronteras. Este lenguaje nace en el corazón de la gente y se habla con los ojos, el cuerpo… la propia vida.
El mes que pasé en China participando en dos campamentos con el hermano Sid, Josua, Joseph y Stephen me ayudó a descubrir esta verdad y me enseñó a distinguir entre lo esencial y lo circunstancial, lo cual con frecuencia nos ciega impidiéndonos ver al otro como a un igual.
China es un gran país con una gran historia, pero su mayor riqueza es su gente. Zhaoxian, Yulin y nuestra comunidad misionera me mostró esta y otras verdades, pero fue la familia que me acogió en Pekín la que lo grabó a fuego en mi corazón.
De China, nuestra comunidad itinerante fue a Kupang (Indonesia) donde animamos un campamento de inglés para los aspirantes y postulantes claretianos de allí. En esta ocasión Thomas y Ben se unieron a nuestro equipo. Allí descubrí un país joven lleno de esperanza y alegría, esa alegría que Europa parece haber olvidado y esa esperanza que tanto necesitamos.
Se supone que yo era el misionero, pero fueron China e Indonesia las que me evangelizaron.

Carlos P. G. cmf       



martes, 23 de enero de 2018

Taizé: diversidad, amor y comunidad por Patris, cmf

En el contexto de la semana de la oración por la Unidad de los Cristianos, nos hacemos de la experiencia ecuménica de nuestro Patrisius en Taizé durante este último verano junto a un grupo de jóvenes de la Pastoral Infantil y Juvenil de nuestra Provincia de Santiago... ¡Gracias, hermano!

 

La experiencia de estar una semana en comunidad de Taizé (Francia) es una oportunidad significativa para volver de nuevo a la fuente que da la tranquilidad y la paz. Estar en Taizé es como estar en un gran jardín en el que podemos ver una variedad de diferentes tipos de plantas, pero da una belleza a la vida. En Taizé nos encontramos con muchos jóvenes y sacerdotes de diferentes países. No sólo eso, en Taizé se encuentran personas de diferentes Iglesias y diferentes tradiciones. Pero allí se reúnen con la intención de respetarse uno al otro, desde el silencio y en la oración. La belleza de este jardín que es Taizé es para el bien común, para el bien de todos. Allí se aprende lo que significa la tolerancia para lograr la unidad y vivir en comunión. Ser de una Iglesia u otra no es razón para no crear lazos de enemistad, sino que podemos adentrarnos en un camino de respeto y en el regalo de construir amistad para vivir en un mundo feliz y mejor. 

Al ver a tantos jóvenes que vienen a Taizé para orar y estar en la soledad, me doy cuenta de que ellos están en búsqueda. Son peregrinos que salen de su tierra en busca de respuestas, de paz. Como personas de fe, sin duda, dentro de ellos hay siempre un deseo de llegar a la Fuente que dé satisfacción y tranquilidad. Su meta como peregrinos es estar juntos con el Maestro Jesús y sus seguidores. Somos discípulos del Maestro que andamos con corazón ardiente para amar y servir. Por supuesto, yo también como peregrino me doy cuenta de que el viaje y mi búsqueda no pueden estar separados de la presencia de Dios. Su Espíritu siempre me lleva para llegar a la unión íntima con él. Es él quien me enseña a amar, a comprender y a perdonar sin tener que poner el odio y crear la enemistad en la vida con los demás.


La experiencia de Taizé me hizo comprender la importancia del silencio. El silencio me ha liberado de mis dudas y mis preocupaciones. Es el tiempo amistad, de estar cerca con Dios y escuchar como él habla sobre mi vida y mi vocación. El silencio en oración de Taizé es un momento de encontrar lo que he perdido y el momento de sanar lo que esté enfermo. Es un camino que me lleva a la paz interior. El silencio de Taizé me renueva y me hace nacer de nuevo en la verdad.

Taizé también me enseñó a rezar y cantar con corazón agradecido. Las canciones de Taizé me hacen sentir que soy yo quien necesito alabar a Dios. Mi alabanza es como acción de gracias por su grandeza. Dios no cierra sus ojos a mi vida, a lo que me pasa. Tampoco no cierra sus manos. Sus ojos y sus manos siempre están abiertos para verme, cuidarme y darme su bendición: y esto lo veo en aquellos peregrinos, en mis hermanos. 

Una cosa que también me conmueve es la vida comunitaria de los hermanos en Taizé. Ellos me enseñan la importancia de la comunión y el amor en la diversidad. Nos diferenciamos en muchos aspectos de la vida, pero somos uno en el amor. En el amor nos entendemos, aceptamos y confiamos unos a otros. En el amor abrimos nuestras manos para servir y dar el bien para los demás. Todos nosotros tenemos el amor. Y este amor es Dios que siempre nos mueve a conocer y vivir en comunión. Taizé me recuerda vivir el amor en la comunidad y me enseña vivir con sencillez sin tener muchas preocupaciones de las cosas materiales. Taizé me conmueve para ser una persona abierta y acogedora.

Terminando esta reflexión me gustaría dar gracias a mis hermanos P. Luis Manuel Suárez, Cmf, a Readh de la Torre, Pham Quang Sang Cmf y mis amigos/as; Álvaro Del Olmo, Ana Abad, Carmen Sanjurjo, Juan Callaba, Marcos Romero, Marta, Pablo Ruz, Marta Paz, Patricia Caño, Sofia, Andrea, Carlos Pascual, David Garcia, Ana Cuesta, Michael Fernandez, Marcelo y Juanjo. Ya hemos pasado una experiencia de compartir y la alegría en Taizé. Espero que la experiencia de Taizé la llevemos en nuestra vida cotidiana. Somos Peregrinos. Que seamos creadores de confianza y fermentos de paz en nuestra comunidad, sociedad y nuestros hogares.


Patrisius Weka Bakior, cmf

domingo, 9 de julio de 2017

Embellecer el rostro vulnerado

  Desde hace un mes la comunidad ha ido poco a poco llegando a distintas partes del mundo. Cinco de nosotros han acabado su tiempo de formación en Colmenar Viejo y ya viven en sus nuevas comunidades de España e Inglaterra. Dos de nosotros disfrutan de sus vacaciones en su lugar de origen (Indonesia y Camerún) para volver con fuerza el curso próximo. El resto, vamos repartiéndonos en actividades de verano: campamentos, camino de Santiago, peregrinación a Taizé o voluntariados en casas de acogida. 

  De esto último quisiéramos compartir un destello de luz, un acontecimiento luminoso que nos acerque al Dios que nos convoca y nos envía. A lo largo de esta semana que acaba, un grupo de seis estudiantes claretianos hemos colaborado en el Hogar Jesús Caminante de Colmenar Viejo. Un proyecto que hace 25 años nació en el pueblo que nos acoge. Un hogar para aquellos cuyas oportunidades parecen haberse agotado. Un casa de unos 50 hombres que apuestan por una vida digna y con un futuro mejor. Así nos lo cuenta Jorge Ruiz:



Una mirada que embellezca

  Nuestra labor ha sido sencilla y discreta. No hemos llevado a cabo un plan llamativo, ni hemos elaborado un nuevo proyecto. Lo único que hemos hecho ha sido estar disponibles a aquello que surgiera. Y lo primero que se nos pidió al llegar cada mañana fue afeitar a aquellos que no pueden hacerlo por sí mismos. Parece algo baladí, sin grandes complicaciones. Sin embargo, este pequeño acto guardaba en sí mismo un trocito del Reino. 
  Personas como José Luis, Luis, Vasile o Jesús no son de muchas palabras. Pero había dos que siempre tenían en los labios: 'por favor' y 'gracias'. Y así, cada vez que venían a uno de nosotros para afeitarse nos las regalaban. Es verdad que no advierte nada nuevo este hecho pero, ¿no es acaso así el Reino? ¿No va esto de pequeños gestos de personas humildes que se dejan sanar y acariciar, que dejan que otros bajemos de nuestra nube particular? 
  Junto a esas palabras, recibíamos una mirada interpelante de cada uno de ellos. Sus ojos tan elocuentes como a veces perdidos agradecían esos minutos de cuidado. De algún modo, cada vez que afeitábamos sabíamos que ellos recibían una porción de dignidad. Y nosotros, nuestra parte de realidad. Me ayuda sentir que ellos se supieron embellecidos por nosotros. Y me recuerda a aquello del escritor francés Gerard Bessière, con mayor elegancia que la mía: 
«Acabo de embellecer a una mujer. Hace meses, incluso años, que no lo hacía. Con una mirada atenta, disfrutaba antes despertando belleza en rostros que incluso parecían feos. ¿Por qué he dejado, o casi, de llamar con mis ojos a la luz que, desde lo profundo de los seres, puede transfigurarles? Sin duda, porque me he dejado ahogar por preocupaciones y miedos que me han abrumado. [...] Salí contento. Tenía ganas de decir a los transeúntes de rostro cerrado: ‘Deteneos un instante, ¿queréis que os embellezca?’
¿Cómo he podido olvidar que antes disfrutaba haciendo que los rostros cantaran? Siento que se trata de mi vida más honda, la que corre peligro de endurecerse y morir, la que sólo existe dándose. ¿Será posible dar hermosura, como el alfarero o el escultor, con una mirada sobre la arcilla de la humanidad?» [Gerard Bessière. Préstame tus ojos I. Sígueme, Salamanca 1998, 15]
  Estos días, en el Hogar de Jesús Caminante, creo que he aprendido a mirar embelleciendo. A hacer de una actividad sencilla un camino que despierte la belleza que todos llevamos dentro, incluso en los rostros más vulnerados. A avivar aquella conciencia adormecida que descansa en el corazón, aquella que nos susurra -a pesar de este mundo tan injusto- que a los ojos de Dios todos somos preciosos [cf. Is 43,4]. Poner en juego una mirada que no juzgue ni condene, sino que embellezca. 
  Desde este lugar quisiera agradecer este hermoso regalo de desear hacer más bello a quien menos se lo espera, a quien menos pareciera merecerlo según la lógica humana. Y agradecer a José Luis, a Luis, a Vasile y a Jesús que me hayan mirado con gratitud. Con su mirada veo cumplidas las palabras del evangelio que hoy proclamamos: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré.» [Mt 11,28]. Gracias, Señor de los caminos, por regalar tu belleza en estos sencillos encuentros. 
Jorge Ruiz, cmf


martes, 11 de abril de 2017

Feliz diálogo de pasión...

   
  Hemos entrado ya en la Semana Santa. Semana grande, Semana de dolores, Semana de intenso anuncio. Los estudiantes de esta comunidad nos hemos ido repartiendo por diferentes puntos de nuestra geografía desde Colmenar Viejo: de Inglaterra y a Barcelona, de Segovia a Ávila, de Palencia a Bilbao.

 En cualquier caso, queremos seguir ofreciéndote algo desde este espacio. Y, aprovechando el buen hacer de uno de los hermanos, compartiremos contigo una serie llamada 'diálogos de pasión', la cual pertenece a uno de los puntos de oración de una de nuestras actividades.

 Ojalá este material sirva para que te encuentres con mayor verdad a Aquel que por amor se ofrece, se entrega y se reparte por cada uno de nosotros. Ojalá haya un auténtico diálogo de pasión en cada uno de nuestros corazones con el Amado durante estos días... feliz Semana Santa.



jueves, 23 de marzo de 2017

Un salto al vacío: del Círculo Polar Ártico al fuego misionero, Denís Malov cmf

Con este testimonio, cerramos estos cinco días en los que hemos disfrutado de los retazos de evangelio que cada hermano lleva en su corazón. Esperamos que hayan sido una luz para ti, un interrogante o un apoyo... hoy, para concluir, la hermosa vocación de nuestro hermano Denís Malov, cmf, originario de Rusia, donde los claretianos estamos en el Círculo Polar Ártico... ¡apasionante lugar!



Hace pocos días he tenido la gran dicha de poder hablar, en el contexto de la Eucaristía, sobre mi propia vocación, contemplándola (¡cuánto descubro cada vez que lo hago!) desde el Evangelio del día. Respondiendo a la invitación de los hermanos y en cumplimiento de 1Cor 4, 9, comparto aquí lo que había preparado para aquél encuentro, resumido y abreviado.
I
…cuando todavía estábamos sin fuerzas, Cristo murió por los impíos.
Epístola a los Romanos, 5, 6. 

La omnipotencia y la gratuidad de Dios se muestra allí donde nadie la aguarda, como en el encuentro entre Jesús el peregrino, sobrellevando el cansancio y la soledad, el hambre, la sed y el calor de mediodía, y aquella mujer frágil, cuyo trabajo, empero, es duro, con tantos amores rotos detrás y sin ilusión para el futuro, el encuentro que nadie esperaba y del que nadie esperaba nada; un judío y una samaritana; el amor que pierde la vida y la vida que pierde el amor. Él no la espera; ella no lo busca. ¿Qué podría surgir de aquél encuentro?

¡Y qué parecido es aquél a otro encuentro, en la nevada tierra polar de Múrmansk, descristianizada, desevangelizada, pero querida por Dios, entre un joven chaval como otro cualquiera y un misionero argentino en un país extranjero, desviviéndose por construir una iglesia local! Un joven ingenuo que no sabía qué buscara ni qué fuera a hallar; y un pastor que sobre sus hombros llevaba su rebaño. Tal es el escenario donde, a pesar de nuestras flaquezas o, quizás, gracias a ellas, la diestra de Dios obró.

II
«…¿Qué puedo hacer con este pueblo? Poco falta para que me apedreen.»
«…Golpearás la peña, y saldrá de ella agua para que beba el pueblo.»
Éxodo, 17, 4.6.

Con dolor y desencanto bombardea la mujer a Cristo con esta multitud de preguntas a fin de banalizarlo, a fin de comprobar una vez más, con amargada irrisión, que la ilusión, la esperanza, el confiado enamoramiento no son posibles en este mundo. ¡Y con qué mansa paciencia Jesús le responde, con cuánta ternura la mira, con cuánta suavidad traza el camino hacia el corazón de la samaritana para hablarle de tú a tú, para llamarla, enamorarla, transformarla! En un diálogo de amor Jesús despoja ante ella su Corazón y ella queda ante él despojada de la pretendida gravedad de sus cuestionamientos, estupefacta y admirada.

¡Y cuántas veces yo, sin querer oír la llamada, huía del tema, desviándome por las preguntas incorrectas! ¡Cuántas veces me paraba en mis dudas infantiles en lugar de pedir al Señor el agua de la fe y aceptar este dulce destino que se ha hecho para mí una fuente inexhaurible de alegría, el único gozo! Igual que el corazón de aquella mujer, se iba transfigurando el mío, gota por gota, iba comprendiendo quién era Aquél que me estaba hablando. Recuerdo que fueron unos ejercicios espirituales en San Petersburgo cuando lo comprendí. Leí en aquel momento lo de San Pablo: “ya no vivo yo sino es Cristo quien vive en mí”, y al comprenderlo, sentí una enorme felicidad dentro de mí, me sentí… plenificado. De vuelta a mi ciudad no se me iba la sonrisa de la cara, y me temo imaginar, qué pudiese pensar sobre mí la gente, tal vez, que me faltaba un tornillo…

III
Entrad, adoremos, postrémonos, ¡de rodillas ante el Señor que nos ha hecho!
Salmo 95, 6.

Y fue cuando llegó para mí el momento de dejar el cántaro, dejar toda la vida anterior, la familia, los amigos, los estudios, para que mi vida fuera Cristo y sólo Él. Echando la mirada atrás, casi no me puedo creer que me atreví a esta aventura, este salto en el vacío. Hoy en día tal vez no lo hiciera. Pero en aquel momento estaba enamorado, y poco me importaba todo, ¡sólo seguirlo, oírlo a Él, mirarlo! Vine, y fue cuando comenzó el camino de verdad, el camino duro, el camino de abnegación y de transformación en Cristo entregado, este Cristo que sufre con los que sufren, que llora con los que lloran. Este Cristo es el que está conmigo en esta andadura, como están conmigo tantísimas personas que me acompañan, que me alientan y me regalan su oración.

Hay un momento en este recorrido que es como muy particular, porque ilumina todos los demás: es el momento de mi Primera Profesión del año pasado. En medio de Cuaresma, acompañado de la lectura de la Trasfiguración, me consagré y me hice Hijo del Inmaculado Corazón de María. Tiemblo todavía al hablar de lo que pasó allí, pues es un destino tan grande, tan sublime que me desborda, me sobrepasa, no soy capaz de agarrarlo y comprenderlo; pero aquello que soy es lo que me lleva, lo que escribe mi historia. Es mi vida, la vida que ya no me pertenece.
***
Hemos llegado al final, el final que no es sino un comienzo. Pensaba que mi vida iba a echar luz sobre el Evangelio, y ahora descubro que es el Evangelio el que ilumina mi vida. Al concluir, quiero pedir sólo uno, mi querido lector, mi hermano, con quien ahora comparto tanto: no te canses, mi amigo, de pedir por las vocaciones, este sublime regalo de Dios para todos; porque mientras en el mundo haya enamorados de la pequeñez de Cristo, mientras haya quienes vean a Dios en un cansado al lado del pozo, el mundo tendrá esperanza. Y si pudiera ser yo una ligera alusión a esta esperanza, a esta presencia, mi sueño llegaría a cumplirse. Gracias por tu atención, querido hermano. ¡Que el Espíritu de Dios repose sobre ti!

Denís Malov, cmf



miércoles, 22 de marzo de 2017

Dejarse encontrar por Dios, en la montaña y en lo cotidiano: José Ramón, cmf

Seguimos con los ecos del pasado día del Seminario. En vez de en nuestra Iglesia de Colmenar Viejo, uno de nuestros estudiantes compartió parte de lo que es en la Iglesia de los Misioneros Claretianos de Segovia. Se llama José Ramón (más conocido como Josua...) y quiere compartir contigo cómo resuena en él y en su historia vocacional las lecturas del domingo pasado... ¡Esperamos que te guste! 


A veces decimos «me muero de sed», pero si lo pensamos un momento no es del todo verdad, porque precisamente esta sed, es la que nos avisa, la que nos salva la vida. En la lectura de hoy el agua, la sed de Jesús y la sed de la mujer, es el hilo que nos lleva a un encuentro. 

Jesús toma la iniciativa en este encuentro, lejos de los prejuicios, lejos del culto institucionalizado, lejos del templo; Jesús llama, se hace mendigo del agua de la mujer, acoge su humanidad inquieta, las heridas que ella lleva. Ella es la protagonista, ella es quien recorre el camino de la búsqueda. Es un encuentro que se va haciendo historia de amor, que va pasando de la frialdad inicial al deseo: «dame de esa agua». Siempre al ritmo de la inquietud de la mujer, con la paciencia infinita de Dios. Así es como yo vivo mi historia, como historia de amor en la que Dios ha tenido y tiene infinita paciencia conmigo. En la que ha puesto muchas mediaciones que me han ayudado a discernir y a ser más libre, en concreto claretianos que sin dejar de acompañarme, han sido tremendamente respetuosos con mi historia con Dios. 

Al principio la Samaritana se sentía segura, incluso superior, pues ella tenía el cubo, el pozo, la cuerda... ¡Cuánta riqueza para una mujer sedienta! La mujer era rica, y Jesús era pobre. Solo cabe esperar una obra buena por parte de ella, que le diera de beber al sediento y se marchara aún más rica y orgullosa. ¿De dónde vas a sacar tú el agua si no tienes ni cubo? Pero al mismo tiempo resuena aquello que le dice Jesús... «Si conocieras el don de Dios», es decir, si descubrieras cómo te sueña Dios, si descubrieras dónde habita el amor de Dios en tu vida... Descubrirías el agua viva, el agua que abre el corazón al que tenemos al lado, el agua que nos ayuda a no endurecer el corazón. En mi vida las personas con discapacidad, los jóvenes y mi abuela son las personas en quienes Dios se ha hecho presente, en quienes Dios se ha hecho pobre y en quienes también me ha invitado a poner la confianza en él. En el encuentro con otros y con Jesucristo es donde Dios se hace don. 


«Señor dame de esa agua» dice la Samaritana. Ella está gastada por muchos amores, pero se fía; quizá al principio no sabe muy bien qué pide, pero ve en Jesús a aquel que sondea su corazón como nadie lo hizo jamás. Ella, a pesar de todo, era preciosa a los ojos de Dios. Esta confianza es solo el principio del camino, en medio de ese camino, igual que en medio del desierto, surgen muchas dudas, muchas tensiones. En mi historia vocacional ha habido y hay muchas dudas, tentaciones… A menudo la pregunta que nos hacemos (y que me hago) es: ¿Qué quiero hacer con mi vida?, pero si creemos realmente que es Jesús quien nos mira con bondad y con verdad, debemos de cambiar la pregunta: ¿Señor, qué quieres de mi? ¿Cómo vivir entregado sin buscarme a mí mismo? Ante esta pregunta hay muchas respuestas posibles, no solo una. Pero para vivir en verdad, e intentando no caer en el egoísmo, esta pregunta debemos hacérnosla. 

Para mi la mejor respuesta es descubrir que soy precioso a los ojos de Dios en el encuentro con él; y reconocer que Dios me ha regalado mucho en el encuentro con otros, también en los momentos de dificultad. Esta es la mejor reacción ante la tentación de mirar hacia atrás: mi trabajo, mis amigos, mi familia, mi novia. Ante esto solo tengo una respuesta, tratar de confiar más en él, confiar en la fuerza que da no solo buscar, sino también abandonarse en sus manos. «Yo estaré allí ante ti, en el Horeb, en el lugar del encuentro». 

Hoy el lugar del encuentro personal con Dios, la montaña, el pozo de Sicar… son todas aquellas situaciones en las que la vida nos toca, en las que Dios nos interroga y en las que el corazón se conmueve. En cada encuentro, también en la familia, tenemos la oportunidad de vivir en entrega a los demás. Al final, la mujer samaritana, se olvida de su cántaro y de su agua; para ir al encuentro de otros, como apóstol. Quiere ser testigo de ese amor que la ha hecho una mujer nueva, portadora del agua viva. Que nosotros no dejemos de responder a la pregunta ¿Señor que quieres de mi? Para que también podamos acoger y entregar esa agua viva, amor del Padre que siempre camina a nuestro lado.

José Ramón Palencia Cabrerizo, cmf



martes, 21 de marzo de 2017

'Servir al Señor con alegría' en Camerún, en España o en Francia... Romualdo, cmf

En el contexto de la jornada del seminario diocesano el pasado 19 de marzo, en nuestra iglesia de Colmenar Viejo, Iglesia del Corazón de María, algunos seminaristas animaron las eucaristías con su testimonio vocacional. Hoy queremos compartir con vosotros la experiencia de Romualdo Wambo… ¿por qué un joven camerunés deja todo sin mirar atrás y se inserta en la realidad francesa? Él mismo te lo cuenta… ¡esperemos que te guste! 


“Servid al Señor con alegría”

Me llamo Romualdo de la Misericordia Divina, vengo de Camerún y soy misionario claretiano de la delegación de Francia. Nací en una familia cristiana y en un pueblo muy religioso que se llama Nkongsamba. Los sacerdotes del pueblo y mi familia me fueron llevando progresivamente a vivir una vida de mayor intimidad con Jesús. Y acaso, como cristiano, sentí como si no fue suficiente hacerme su hijo en el Bautismo. En el momento que la Santísima Trinidad hizo su morada en mí, el Espíritu Santo que es “agua viva” imprimió en mi alma un sello indeleble. Y creo que nadie me lo puede borrar o quitar. El toque de gracia lo recibí en unos ejercicios espirituales que nos dio un sacerdote jesuita a los jóvenes de la parroquia. Al explicarnos la importancia de la Palabra de Dios en nuestra vida, descubrí que el Señor me llamaba a ser servidor de su Palabra. Desde entonces, quise ser todo de Él. Entré en el seminario e hice mis votos temporales; y con la voluntad de Dios haré mis votos perpetuos en el próximo mes de abril. Como misionero claretiano, he sido enviado a anunciar la vida a fin de que todos los hombres se salven por la fe en Cristo. También, para que todos los que reconocen a Cristo como Hijo enviado por el Padre para salvarnos reciben con abundancia y para siempre el “agua viva” que Él promete, como a la mujer Samaritana en el Evangelio. 

En cuanto bautizado como cada uno de vosotros, soy un hijo adoptivo de Dios con el derecho de llamarlo Padre; y como consagrado, su Amor me eleva más cerca de Su corazón. Soy un embajador de Dios en el mundo; un profeta que anuncia la Buena Nueva al estilo de nuestro fundador San Antonio María Claret. El Espíritu ha venido hasta mí de manera especial, con diversos dones y gracias que me posibilitan para conformarme con Jesús. Este mismo Espíritu me ha sido dado para que, igual que Jesús, vaya y anuncie la Buena Nueva de Su Amor y a través de ese amor cambiar el mundo. He sido llamado por Dios para dos cosas, la primera de ellas es a ser santo y la segunda asistir a mi prójimo en su búsqueda de su santidad. Si yo fallo en esto, todo lo demás se pierde. 

Ahora llevo más de 7 años de vida religiosa, y desde mi vocación misionera, cada día amo más a este mundo tan necesitado de Dios y de su Agua viva; y desde aquí animo a que otros a que tomen la antorcha de su vida sin miedo a abrasarse en el fuego del Espíritu.

Romualdo Wambo, cmf

miércoles, 1 de marzo de 2017

Cuaresma: 'elaborarnos' por dentro...

La vida nos sorprende en muchas ocasiones. No siempre tenemos respuestas para todo. No siempre podemos improvisar. Y, como en todo lo importante, se necesita de un tiempo intenso que nos ayude a vivir con mayor hondura el presente. Algo así debió ocurrirle a Jesús en su tiempo de Nazaret. Y algo así tuvieron que ser sus años de ministerio. Su pasión no pudo ser improvisada. Su respuesta tan libre como obediente hasta la muerte no pudo ser consecuencia del azar. Su amor hasta el extremo hubo de ser fruto de muchos tiempos de silencio y renuncia, de oración y acostumbramiento a Dios...
Y algo así puede ser para nosotros esta cuaresma que hoy empezamos: una oportunidad nueva para 'elaborarnos' con intensidad antes los tiempos densos que nos vengan. Un camino de escucha atenta, de compromiso solidario, de ascesis fecunda. Un camino que nos acerque más al corazón de Jesucristo, con quien recorremos nuestra vida como quien camina hacia el Gólgota. Un camino que no se hace solos: con Cristo y en Él, con la comunidad y con los últimos. Porque si nada importante se improvisa, nada importante se lleva a cabo en soledad.
Comencemos este miércoles de cuaresma con la mayor intensidad posible. Y lo hacemos con las palabras del Papa Francisco: «en este tiempo recibimos siempre una fuerte llamada a la conversión: el cristiano está llamado a volver a Dios 'de todo corazón' (Jl 2,12), a no contentarse con una vida mediocre, sino a crecer en la amistad con el Señor.»

sábado, 4 de junio de 2016

Un corazón por Dios tocado...

   Hoy celebramos la fiesta del Corazón de María. Nosotros, hijos de su Corazón, misioneros claretianos, no podemos dejar de agradecer lo que supone para nosotros esta dimensión de nuestra vida. Ser sus hijos es ser hombres que guardan todo en el corazón y que, desde él, viven la misión. Como ella, fiarse de la Palabra. Como ella, señalar al Hijo. Como ella, seguir cumpliendo el plan de salvación de Dios para la humanidad. Con ella hoy celebramos que Dios nos sigue cuidando y sosteniendo. Con ella queremos seguir sirviendo a la Palabra, misioneramente, ardientemente... ¡Feliz día del Corazón de María!

Un corazón valiente,
capaz de fiarse del todo
creyendo al Todo.

Un corazón abierto,
que ama lo distinto
y crece en lo pequeño.
Un corazón de mujer,
entregado y fiel,
que danza al soplo del Espíritu.

Un corazón de Madre,
ardiendo en misericordia
que cuida lo débil fortaleciendo desde dentro.

Un corazón de discípula,
siguiendo las huellas del Maestro,
agradeciendo su cumplida promesa,
guardando su eterna Palabra.

Un corazón misionero
volcado a Su querer y al mundo,
que extiende sus brazos para su cuidado.

Un corazón que es
hogar de la Palabra,
paso firme, libre y decidido,
canto agradecido
y encuentro con el Misterio.

Éste es el Corazón de María.
Éste, del que somos sus hijos.
Éste, donde vivimos y nos formamos.
Este Corazón es el que queremos para el nuestro.
Sé tú, María, la fragua ardiente
donde nos configuremos con el Hijo.
Amén.


domingo, 15 de mayo de 2016

Por cada vacío... Tú



Por cada puerta cerrada 
   y cada ventana oculta.
Por cada cerrojo echado
   y cada suspiro negado. 
Por cada mano guardada
   y cada labio sellado.
¡Ven, Espíritu!

Por cada viento no impulsado,
por cada sospecha atentada,
por cada juicio inmerecido.
¡Ven, Espíritu!

Por cada noche oscura,
por cada tiempo no ofrecido,
por cada día no agradecido.
¡Ven, Espíritu!

Por cada recuerdo que hiere,
por cada hermano que nos duele,
por cada signo que no es comunión.
¡Ven, Espíritu!

Por cada paso al frente
  que te anuncie.
Por cada signo
  que nos recuerde tu presencia.
Por cada promesa de fe
  que te exprese.
Por cada rincón iluminado,
  cada mesa servida,
  cada amigo que a Ti nos lleve. 
¡Ven, Espíritu!

Sigue siendo el fuego que nos consagre.
Sigue siendo el don que se espera.
Sigue siendo el agua que nos sane
  y la guía que nos convierta.
¡Ven, Espíritu!


Lecturas de este Domingo de Pentecostés


miércoles, 11 de mayo de 2016

¡Gracias, Señor, por la vida compartida con el P. Luis Ángel!

Dicen las constituciones de nuestra Congregación que los misioneros claretianos debemos ser «esforzados colaboradores de los obispos». Algunas veces (más bien pocas) esta esforzada colaboración se materializa en la llamada a acoger en nuestro propio seno el ministerio episcopal. Nosotros estamos teniendo la dicha de vivir dicho don eclesial muy de cerca, en nuestro hermano Luis Ángel de las Heras, quien fue durante muchos años formador de nuestra comunidad de estudiantes de Colmenar Viejo y, desde el sábado, día 7 de mayo de 2016, es obispo de Mondoñedo-Ferrol. Una diócesis gallega de rica historia, de generoso presente y de esperanzado futuro que está acogiendo al P. Luis Ángel con una esplendidez que los que somos sus hermanos de Congregación nunca agradeceremos lo suficiente. Él, que fue pastor entre nosotros, lo es ahora de tierras gallegas, y lo es al modo como reza su lema episcopal, bajo el signo del pastoreo de Cristo: «Apaciéntame, Señor: apacienta Tú conmigo».


La catedral de Mondoñedo acogió el pasado 7 de mayo la ordenación episcopal de nuestro hermano, una celebración grávida de Palabra, rebosante de signos. Escuchamos la encomienda evangelizadora de Jesús a Pedro, de la que el P. Luis Ángel participa ahora como miembro del colegio de los Apóstoles. Rezamos con él y por él, pidiendo la venida del Espíritu y la intercesión de todos los santos. Le fueron impuestas las manos de los obispos presentes y el mismísimo Evangelio en señal de la efusión abundante del Espíritu Santo sobre él. Fue crismado con óleo santo como sacerdote, profeta y pastor. Se le entregaron el Evangelio que está llamado a predicar, el anillo que le une en alianza a la Iglesia que debe pastorear, la mitra que refleja su tarea pontifical entre Dios y su pueblo y el horizonte de santidad hacia el que camina, el báculo con el que llama a sus ovejas al aprisco, pidiendo misericordiosamente su obediencia. Tomó posesión de la cátedra de Mondoñedo-Ferrol, gesto que el domingo repitió en la concatedral de S. Julián de Ferrol. Recibió la adhesión de los fieles de la diócesis, representados por un presbítero diocesano, dos religiosas y una familia cristiana. Y, finalmente, se paseó entre los suyos bendiciendo la porción del pueblo de Dios que le ha sido encomendada. Todo ello en un clima de profunda oración, densa emoción y sincera alegría.

Desde nuestra comunidad, nos unimos a la acción de gracias a Dios porque ha sido grande su amor para con su nuevo obispo y, en él, para con todos nosotros. Algunos de los que fuimos queremos dejarte en este espacio un breve eco que nos recuerde tu ejemplo y nos siga animando a crecer en esta hermosa tarea misionera:
"Para mí fue un día especial: la inmensa acogida de la gente, la sonrisa de Luis Ángel, la emoción de nuestros hermanos... Estoy orgulloso de Luis Ángel. Él fue mi Superior Provincial cuando llegué a España, y su acogida fue espléndida conmigo. Por eso estoy seguro de que él ya está acogiendo con los brazos abiertos a su nuevo pueblo como lo hizo con nosotros. Siempre le recuerdo así: con los brazos abiertos, dispuesto a ser cercano a cada uno. Dios siga bendiciendo su apasionada tarea de pastor." Rayappa Nathanael, cmf
"Es una alegría enorme para mí que un claretiano sea capaz de aceptar un servicio para la Iglesia con tanta delicadeza, con tanta pasión. Para mí, ver a Luis Ángel es entender la profecía de nuestra vocación de servicio y entrega patente." Sarin John, cmf
"Cuando era mi formador y después siempre le decia 'eres un hombre de Dios'. Hoy digo contento que lo sigue siendo. Este fin de semana he vuelto a verle tan alegre como siempre con su tarea, sea la que sea. Él es un buen pastor, será un buen pastor. Porque fue un misionero de calle, será un obispo de calle: dispuesto a acoger, a buscar con otros soluciones, a asumir lo que le venga con paz y alegría." Charles Rolón, cmf

Sabemos, querido P. Luis Ángel, que tú nos llevas en tu corazón y puedes estar seguro de que Colmenar Viejo seguirá siendo tu casa para siempre. Esta comunidad reza por ti con intensidad y con gozo y espera ver realizado en ti el mismo espíritu de entrega y pasión con que S. Antonio María Claret afrontó su ministerio episcopal en Cuba, España, París y Roma. Porque, como a él, la caridad de Cristo te urge y el corazón de María te guarda.

¡Parabéns, irmán!

domingo, 17 de abril de 2016

¿Quién me mira?


Sé tu nombre.
Sé quién eres.
Sé qué sueñas.
Te llevo sobre mí cada tiempo.

Sé hasta dónde te escapas.
Sé hasta cuándo me esperas.
Sé hasta cómo me escuchas.
Te miro con pasión desde siempre.

Sé que tu oído puede oírme.
Sé que tu nombre en mis labios te estremece.
Sé que tu y Yo, si quieres, podemos ser uno.
Te llevo pensando,
   nombrando
   y sosteniendo
   desde lo eterno.

domingo, 10 de abril de 2016

Lo que Tú ya conoces...


Qué tendrá el mar de Galilea
que tanto enamoró
y que tanta pasión presenció.

Que tendrá el mar,
el Tiberíades,
donde tanta zozofra fue calmada,
donde tanta desesperanza fue convertida,
donde tanta fe fue regalada.

Que tendrá el mar,
Amigo amante,
que eliges sus orillas para atraernos,
sus aguas para verte,
su descanso para escucharte.

Llévanos al mar de los encuentros,
donde Tú sigues viviente
-para reconocerte-,
donde Tú sigues amando
-para investirnos-,
donde Tú sigues enviando
-para anunciarte-.

Allá, en el mar de Galilea,
donde sigues preguntado
por nuestros quereres,
los que Tú ya conoces,
los que Tú ya amasaste...

jueves, 24 de marzo de 2016

Jueves Santo: 'En memoria mía'

No fue un gesto sin cuidado. No fue una despedida sin huida. No fueron palabras al azar. Fue un gesto eterno, unas palabras a fuego, un agradecimiento anticipado, una despedida confiada. Fue un amor hasta el extremo. Él se puso a la mesa. Él supo cómo hacerlo. Adéntrate en el cenáculo. Fíjate en lo que dice. Y deja que tu corazón hable, sin miedo...
Que me alcance
la luz de tu gesto,
el testigo de tu mesa,
la intimidad de tu secreto.
Que me alcance y me supere
-sin miedo y sin permiso-.
Será este el camino
para que Tú
te abajes y me laves,
te abajes y te rompas,
te abajes y te compartas.
Más íntimo que en mí mismo.
Así, tan sólo por mí. 


«Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.» [Jn 13, 1]

lunes, 21 de marzo de 2016

Una palabra para cada día de esta Semana Santa contigo...

Qué bella es la vida cuando irrumpe con toda su fuerza. Y en ella, todo lo que abarca: la amistad y la traición, el abrazo y la mentira, la libertad y el juicio, la vida y la muerte. Cada minuto tiene algo de esto y mucho más. Es apenas imperceptible: necesitamos permanecer atentos a cada detalle para rozar el milagro al que asistimos a cada instante. Quizá por eso no está demás atender a lo que llamamos Semana Santa. Santa por todo lo que de Dios acontece en nuestro aquí y ahora, en tu vida concreta.

Como cada año, la comunidad que formamos se repartirá para vivirla en otras comunidades. Raju estará en Inglaterra, conviviendo estos días con sus hermanos de Delegación, como harán Sarin y Jobish en la provincia de EuskalHerria. Rayappa, Claver y Jorge estarán en Dueñas, en la pascua juvenil que organiza la provincia de Santiago. Rheadh y Denís lo vivirán en la Parroquia de Ntra. Sra. del Espino, en Madrid. El P. Josema compartirá estos días en la comunidad de Basida-Navahondilla. El resto, celebrarán con otros amigos la Pascua Contemplativa que organizamos en esta casa (Si quieres participar, ¡aún estás a tiempo! Contacta con nosotros en el teléfono de la imagen).

Estemos donde estemos, queremos vivirlo también desde aquí, contigo. Por eso, iremos compartiendo una palabra, un pensamiento para cada día del Triduo. Para que así, aunque estemos separados, sigamos con los ojos fijos en Quien nos convoca... ¿te animas a vivirlo así? El jueves te esperamos para compartir tanta vida santa juntos...

domingo, 14 de febrero de 2016

Contigo, Señor, aunque se me tiente


No puedo pedirte, Señor, que no se me tiente.
No puedo pedirte, Señor, que me ahorres este trago,
   que mi vida sean rosas y vino,
   que sea impasible ante el dolor del otro,
   que te olvide cuando quiera
   y te recuerde cuando me convenga.

Pero sí puedo pedirte y te pido, Señor de la Vida,
   que sepa serte fiel en la prueba.
Puedo pedirte que sepa ser más como Tú para ser más yo,
  amando el barro de mi vida y la noche que atravieso.
Puedo pedirte que me hagas verme como Tú me miras,
  que en mi boca pongas palabras decididas
  y en el corazón la misericordia de tus deseos. 
Puedo pedirte que no me dejes caer en la tentación,
  que fortalezcas lo débil en mí,
  que tu gracia me baste, 
  que no dude de haberme fiado. 

Puedo pedirte, Señor, que te quedes conmigo.
Puedo pedirte, Señor, que te quedes. 
  Que te quedes sin irte, 
  que me acompañes sin dejarme,
  que seas Tú sin que yo te pierda,
  que a tu paso, me adentre. 
   En el desierto y en la tormenta,
   en la noche y en la tarde,
   en el duelo y en el luto,
   en el ayuno y en la abundancia.

Contigo, Señor, aunque se me tiente. 





martes, 9 de febrero de 2016

Cambiando: cuaresma 2016 - Change: lenten season 2016

  
   Aunque no siempre lo digamos, nos gustan los cambios. Tienen un toque de novedad, de riesgo, de inquietud. Como si llevarlo a cabo supusiera un desafío pequeño en medio de una aparente normalidad. Y esto a distintos niveles: desde un inocente corte de pelo, pasando por un nuevo modelo de gafas hasta la firme decisión de no enfadarte a la primera de cambio. Efectivamente, estos últimos son los más importantes. Los más profundos. Los que exigen de nosotros una dosis de realismo, de confianza y de libertad mayores. No siempre somos del todo conscientes que los cambios son buenos, hasta cuando una parte de nosotros queda sujeta en la incertidumbre: ¿seré capaz de lograr lo que me propongo? ¿No estaré arriesgando demasiado? ¿Y si me quedase aguardando bajo la excusa de 'virgencita, virgencita, que me quede como estoy'? Ahora bien, no te vamos a engañar. Decidirte a hacer un cambio en tu día a día es difícil. Difícil, sí. Imposible... no. Me temo que no es imposible. Ya lo escribió el evangelista: «para Dios no hay nada imposible» [Lc 1, 37].

  Though we do not say it that much, we want changes. They have a touch, a detail of newness, of risk, of restlessness. It appears like having it done supposes a small challenge in the midst of what is normal. And this is in different levels: from an innocent haircut to the newest model of eyeglasses and even to making a firm decision of not being angry for these changes. Without a doubt, these are important. Even more profound are those which demand from us a dosage of being realistic, of confidence and of freedom. We are not always aware that these changes are for the better until they make us uncertain and ask ourselves: Am I capable of doing what I propose? Is it not asking me too much? And excusing myself and say “I´d better remain as I am”? We are not going to deceit you. To decide that you make a change each day is tough. Tedious, yes. Impossible, no. I doubt that it is not impossible. The evangelist already wrote: “for God, nothing is impossible.” (Lk 1: 37).

   Hoy comenzamos un tiempo especial: la cuaresma. Cuaresma es pararte y ver qué es lo que necesita en mí un cambio. Pero no es cambiar por cambiar, sino conocer qué es aquello que me hace menos yo para ser más como Jesús. O lo que es lo mismo: convertirse para creer de lleno en el Evangelio. Eso será lo que hoy te digan cuando te impongan la ceniza sobre la frente... ¿y por qué ceniza? No es casualidad: ya desde antiguo era usada por quienes públicamente querían cambiar: reconciliarse con ellos mismos, con Dios y con los demás, convertirse en lo que realmente estaban llamados a ser. Es un gesto sencillo que nos recuerda tradiciones que cuentan con siglos de historia. Es poner sobre ti la certeza de que siempre podríamos ser mejores, siempre podríamos ser más parecidos al corazón de Dios. Sin grandes ceremonias ni gritos penitentes, sino con la amabilidad que regala la verdad de sabernos pecadores (ya sabes, menos tú mismo) y que necesitamos de Dios para seguir adelante (recuerda, más como Jesús, más tú mismo). Y Dios, que nos conoce mejor que nosotros mismos, hará posible el milagro: hacernos más como Él nos quiere. Él, mejor que ningún coach actual, sabe cómo poner en valor lo que no está del todo bien en nosotros para que sea la forma de Jesús quien vaya apareciendo poco a poco.
   
   This day marks the beginning of a special season: the lent. Lenten season is to stop and see the things that one has to change. It is not changing for the sake of changing. It is to acknowledge that which makes the “me” lesser and to be more like Jesus. That is the same thing as to change and believe in the Gospel. This is what is said as the priest imposes the ash on our foreheads. And why ash? It is not by chance: since time in memoriam, ash is already used by those who publicly announce that they want to change: to be reconciled with himself, with god and with others, to be converted and to be what they are really called to be. That is a simple gesture that reminds us of traditions and centuries of history. It is to impose on us the certainty that we can always change for the better, that we can always be more like the heart of God. Without extravagant ceremonies, without penitential shouts. But with the tenderness that the acknowledgment of being sinners gives and that we are in need of God to be able to continue journeying. And God, who knows us better more than we do, will make the miracle: to make us more like Him as he wishes. He, unlike any other actual coach, knows how to value those that are not-so-good in us so that they can be like Jesus little by little.

  Nos animamos mutuamente a vivir este tiempo especial. Cuarenta días para fijarnos bien en Cristo para que, cuando llegue el tiempo de Pascua, podamos entrar aún mejor en el misterio de su pasión, de su muerte y de su resurrección. Todo va de la mano... pero conviene no saltarse los pasos. Poco a poco, sin prisas. Hoy toca dejarnos alcanzar por la ceniza que nos recuerda nuestra necesidad de cambio para ser más como Él... ¡y no es poco!

  We mutually remind each other in living this special season. Forty days to fix well our gaze on Christ so that when the Easter season comes, we can even enter more in the mystery of his passion, and of his death and resurrection. Little by little, no need to hurry up. Today let us allow ourselves be imposed by the ash which reminds us of the necessity to change and to be more like Him. And that is already a big step!

  Dejarse hacer por Él.
  Dejarnos convertir por Él.
  Dejarnos parecer a Él.

  ¿Te animas a este cambio? ¿Te unes a este mirarse por dentro para mirarle mejor a Él? No olvides que Él ya te está mirando para acompañar tus pasos... ¡Feliz cuaresma!

  Allow yourself to be made by Him.
  Let us allow ourselves to be changed by Him.
  Let us allow ourselves to be like Him.
   

   Do you welcome this change? Do you unite yourself in this act of looking what is within so that we can look at Him better? Do not forget that he is already looking at you to accompany you in your steps… a meaningful Lenten season!


¡Felices cinco años, Tuentodos!


   Cuentan las crónicas que no ocurrió nada en especial en la semana del 10 al 15 de febrero del año 2011. Sin embargo, para esta comunidad sí. Fue el tiempo en el que con ganas y esfuerzo se plasmó el proyecto sobre cómo esta pequeña familia tuviera un hueco en Internet. Se soñó como un espacio amplio y vivo donde todo aquel que quisiera entrar encontrase una luz –pequeña o grande–, un interrogante, una ilusión en el camino de la fe. De eso ya hace cinco años… ¡y hoy queremos celebrarlo!
   Desde esta comunidad de Misioneros Claretianos en formación de Colmenar Viejo renovamos la pasión con la que tratamos de anunciar el tesoro que encontramos en el centro de nuestra vida: Jesucristo y su evangelio. Queremos seguir ofreciéndote palabras e imágenes que, con sencillez, den cuenta de la belleza que desborda nuestras vidas. Queremos ser, con naturalidad, reflejo de Quien nos llamó a su seguimiento. Queremos compartir contigo pistas para encontrar este Tesoro que nos vive y así alegrarnos juntos al encontrarlo. Impulsados por el Espíritu que derrama el don de la sensibilidad y la creatividad en los hermanos, guiados por la luz suave que es María en nuestro camino de discipulado, queremos seguir haciendo vida contigo.
   Gracias por seguir ahí. Gracias por confiar en Él. Gracias a todos los que habéis colaborado de una forma u otra para que este proyecto creciera, desde una rápida visita hasta colaboraciones constantes. Gracias a los hermanos claretianos que iniciaron este proyecto y que, sin duda, se seguirán alegrando con nosotros y compartiendo la vida que expresamos en el blog. Gracias por estos cinco años, por todo lo compartido y lo desvelado.
   Y gracias a ti, querido seguidor, querida seguidora: gracias por hacernos creer que el proyecto de evangelización a través de todos los medios (tan claretiano) es posible porque nos animas a seguir. Que el Señor Jesús, el Buen Pastor y Rostro de la Misericordia, nos siga animando cada día más a vivir con radicalidad y pasión este sueño misionero… ¡Bienvenido de nuevo a tu casa!

domingo, 29 de noviembre de 2015

Mirad...


Mirad,
Yo vengo,
Yo estoy viniendo.
Escuchad el viento de la noche, 
la luz que va siendo nacida,
el tiempo del que espera.
¿Qué guardas?
¿Qué deseas?
¿Qué esperas?
¿Hacia dónde pones la mirada?

 

 Mirad, 
Yo vengo, 
Yo estoy viniendo.
Con lo que soy, con lo que te ofrezco.
Me vengo trayendo a mí mismo
para que alces la mirada
con lo que guardas,
con lo que deseas,
con lo que esperas,
con lo que amas. 


Mirad,
Yo vengo.
Para que os alumbre una nueva justicia.
Para que esperéis de un modo nuevo.
Para que os vistáis de lo que soy
y os llenéis de lo que prometo.
Y así también vuestra espera, vuestra noche, 
el tiempo y la vida,
la misma que te di y hoy te ofrezco de nuevo.


Mirad, 
Yo vengo.
«Levantaos, 
alzad la cabeza»,
se acerca Quien tanto os espera.

Álzate, que soy Yo el que vengo.


domingo, 11 de octubre de 2015

Experiencia en Roma del Encuentro de jóvenes consagrados

   'Lo prometido es deuda', dicen algunos. Otros dicen 'lo bueno se hace esperar'. Poco a poco, iremos relatando aquellas experiencias que hemos ido guardando en el corazón en los últimos meses. Hoy, concretamente, son Charles y Raju los que quieren regalarte su tierra sagrada. Charles quiere contarnos su experiencia en este encuentro de jóvenes consagrados en Roma. Raju, como se nos invitaba en este año de la vida consagrada, hace memoria agradecida de los últimos meses en nuestra comunidad. Ojalá Dios también se esconda en sus palabras para compartir contigo la alegría de seguirle... ¡gracias, hermanos!





Charles, cmf
 Celebrar el testimonio de la alegría compartida
  "Despierten al Mundo. Evangelio, Profecía, Esperanza', con este lema se celebraba en Roma el Encuentro Mundial de los Jóvenes Consagrados y Consagradas. Organizado por la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica (CIVCSVA). Entre los ecos y las experiencias vividos me brotan tres expresiones:
Testimonio. Tener siempre el corazón abierto a lo que nos dice el Señor. Estamos llamados a dar esa fidelidad. La fidelidad fundada en la búsqueda, en la aceptación y en el compromiso.
Celebrar la belleza de la vocación. Vivimos nuestra consagración religiosa iluminada por aquella Luz, la luz con que Jesús, el Cristo iluminó nuestro corazón cuando nos abrió al camino de las bienaventuranzas.
Compartir las propias realidades. Nos llama a actualizar de forma creativa las respuestas que hemos de dar en el momento presente. Una llamada de amor, que sólo puede ser respondida desde el amor.

De izquierda a derecha: Charles, Raju y Sarin

¡Antes de subir al avión!

Disfrutando de tantos rincones que ofrece la antigua Roma

De izquierda a derecha: P. Reegan, Raju, Rayappa, Sarin y Jobish. Claretianos de India en Roma 

Y es por ello que somos invitado a: dar gracias a Dios por el don de la Vida Consagrada; dar gracias a Dios por abrazar el futuro con esperanza, confiados en el Señor, al cual hemos ofrecido nuestra vida; dar gracias a Dios por la capacidad de saber vivir el presente con pasión, evangelizando nuestra propia vocación y testimoniando al mundo la belleza del seguimiento de Cristo."
Charles Rolando, cmf



Un verano intenso: vivir el Amor de Dios en la alegría y en el dolor
Raju, cmf en la Plaza de San Pedro
  La vida como la vivimos va embarcando en sí mismo muchas experiencias y personas. En últimos tres meses esta realidad ha sido bastante intensa para mí. Ir de vacaciones a la India, estar hospitalizado con dengues de que no esperaba durante vacaciones, volver a la casa, visita la bodega de José María e ir a Roma para participar en el encuentro de los jóvenes consagrados del mundo para volver al final a las fuentes del aprendizaje, son unos momentos que me han enriquecido.

  Antes de empezar, quiero agradecer al Señor por tantas gracias y personas que me ha regalado y ha puesto en mi camino para añadir sabor a mi vida. Una de las preguntas que fue repetida por muchas personas de mi familia y de la India fue: ¿cómo puedes mantenerte tan lejos de nuestro país, familia, cultura, comida, etc? Mi respuesta a esta pregunta es la llamada que he recibido y la alegría de la vida consagrada y misionera. Es lo que hace posibles las cosas aparentemente imposibles a nuestros ojos. Pues es el Señor y nuestra Madre quienes me ayudan y acompañan en mi camino para seguirle íntimamente.

   Estar hospitalizado con dengues ha sido un tiempo de dolor y de gracia. Yo quería visitar a muchos de mis parientes y amigos, pero Dios les trajo a mí para mostrarme como Él y la gente me quiere. Esta fuerza del amor yo no sólo pude sentirla a través de los que me visitaron, sino también a través de mis hermanos de comunidad y amigos de España que me escribían frecuentemente y rezaban por mí.

   La visita a la bodega me ha hecho comprender dos cosas simultáneamente: uno hacer buen vino y otra buena formación. Todo el proceso, la inversión del amor, la cantidad de cuidados, la cercanía y distancia, temperatura, ambiente, etc. son cosas esenciales e importantes para conseguir un mejor vino que da alegría al ojo y a la boca. De la misma manera, en el tiempo de la formación: el ambiente de la comunidad, los que me cuidan, el amor que pongo, mis relaciones con el Señor y con los hermanos, van a influirme para formarme como un buen misionero en la 'bodega claretiana' que es el Inmaculado Corazón de María.

   Por último, ha sido una gran oportunidad haber estado presente en las jornadas dirigidas a los joven religiosos del mundo en Roma. Los valores que he recibido allí son para guardarlos dentro e ir profundizando durante toda la vida. Era un gran momento para dar un testimonio al mundo de la alegría de la vida consagrada.
¡Ojalá que Dios sigue inspirando a muchos jóvenes más para vivir y compartir esta alegría!
Raju Katthula, cmf