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lunes, 12 de febrero de 2018

Observar, discernir y acompañar: encuentro de estudiantes cmff


   
  
   El pasado viernes 9 de febrero daba comienzo el encuentro anual de estudiantes claretianos. La comunidad formativa de Granada vino hasta nuestra casa, en Colmenar Viejo, junto a otros estudiantes que viven en otras comunidades, como Sevilla y Pamplona. El tema en torno al cual giró el encuentro fue el próximo Sínodo de los jóvenes.


  La experiencia del P. Fernando Bueno, SSCC, iluminó la mañana del sábado. Claro y directo, compartió con nosotros la realidad de este momento eclesial y social: ¿cómo respondemos a los jóvenes desde nuestra vocación consagrada siendo jóvenes también? Mantener vivo nuestro deseo, no disfrazar el evangelio y acompañar a los jóvenes siendo nosotros también acompañados fueron algunas llamadas suscitadas desde su presentación: nuestra propuesta de fe sigue respondiendo a los anhelos más íntimos.


  Por la tarde, pudimos encontrarnos con cuatro jóvenes de nuestra pastoral claretiana de Santiago: Miguel y Juan (Parroquia-Colegio San Antonio Mª Claret) y Paloma y Ana (seglares claretianas de la Parroquia del Inmaculado Corazón). Poco a poco, nos fueron regalando sus distintas percepciones sobre los misioneros claretianos: valoran nuestra cercanía y entrega, quieren estar con nosotros y que estemos con ellos. Sin embargo, también nos piden el evangelio sin disfraces, acompañamiento, cauces de encuentro reales de la misión compartida y encender la búsqueda de Dios juntos.


 Tras un tiempo de adoración, la noche del sábado se cerraba entre cantos y bailes que volvían a recordarnos que la Congregación es rica en culturas y diversidad, que la misión no conoce fronteras para apasionarse con el evangelio.


 El domingo nos regalamos un breve espacio personal para poner delante de Dios las llamadas recibidas durante este encuentro, valorar nuestra experiencia como acompañados y afinar en los desafíos que el Sínodo trae. La eucaristía final, presidida por Pedro Belderrain cmf, Superior Provincial de Santiago, fue el envío a nuestras realidades concretas: sabernos agradecidos por lo que cada uno de nosotros aportamos a la Congregación, sin tener miedo a lo distinto y a los desafíos que están en el horizonte más cercano.
  Un año más, queda el encuentro entre nosotros, estudiantes claretianos. Queda la pasión con la que respondimos a Su llamada y a la que queremos seguir respondiendo cada día. Queda, sin duda, que el Espíritu nos siga animando a dar lo mejor de nosotros mismos para que Dios sea más conocido, amado, servido y alabado de todos. Como fieles misioneros, como hombres enamorados.




martes, 23 de enero de 2018

Taizé: diversidad, amor y comunidad por Patris, cmf

En el contexto de la semana de la oración por la Unidad de los Cristianos, nos hacemos de la experiencia ecuménica de nuestro Patrisius en Taizé durante este último verano junto a un grupo de jóvenes de la Pastoral Infantil y Juvenil de nuestra Provincia de Santiago... ¡Gracias, hermano!

 

La experiencia de estar una semana en comunidad de Taizé (Francia) es una oportunidad significativa para volver de nuevo a la fuente que da la tranquilidad y la paz. Estar en Taizé es como estar en un gran jardín en el que podemos ver una variedad de diferentes tipos de plantas, pero da una belleza a la vida. En Taizé nos encontramos con muchos jóvenes y sacerdotes de diferentes países. No sólo eso, en Taizé se encuentran personas de diferentes Iglesias y diferentes tradiciones. Pero allí se reúnen con la intención de respetarse uno al otro, desde el silencio y en la oración. La belleza de este jardín que es Taizé es para el bien común, para el bien de todos. Allí se aprende lo que significa la tolerancia para lograr la unidad y vivir en comunión. Ser de una Iglesia u otra no es razón para no crear lazos de enemistad, sino que podemos adentrarnos en un camino de respeto y en el regalo de construir amistad para vivir en un mundo feliz y mejor. 

Al ver a tantos jóvenes que vienen a Taizé para orar y estar en la soledad, me doy cuenta de que ellos están en búsqueda. Son peregrinos que salen de su tierra en busca de respuestas, de paz. Como personas de fe, sin duda, dentro de ellos hay siempre un deseo de llegar a la Fuente que dé satisfacción y tranquilidad. Su meta como peregrinos es estar juntos con el Maestro Jesús y sus seguidores. Somos discípulos del Maestro que andamos con corazón ardiente para amar y servir. Por supuesto, yo también como peregrino me doy cuenta de que el viaje y mi búsqueda no pueden estar separados de la presencia de Dios. Su Espíritu siempre me lleva para llegar a la unión íntima con él. Es él quien me enseña a amar, a comprender y a perdonar sin tener que poner el odio y crear la enemistad en la vida con los demás.


La experiencia de Taizé me hizo comprender la importancia del silencio. El silencio me ha liberado de mis dudas y mis preocupaciones. Es el tiempo amistad, de estar cerca con Dios y escuchar como él habla sobre mi vida y mi vocación. El silencio en oración de Taizé es un momento de encontrar lo que he perdido y el momento de sanar lo que esté enfermo. Es un camino que me lleva a la paz interior. El silencio de Taizé me renueva y me hace nacer de nuevo en la verdad.

Taizé también me enseñó a rezar y cantar con corazón agradecido. Las canciones de Taizé me hacen sentir que soy yo quien necesito alabar a Dios. Mi alabanza es como acción de gracias por su grandeza. Dios no cierra sus ojos a mi vida, a lo que me pasa. Tampoco no cierra sus manos. Sus ojos y sus manos siempre están abiertos para verme, cuidarme y darme su bendición: y esto lo veo en aquellos peregrinos, en mis hermanos. 

Una cosa que también me conmueve es la vida comunitaria de los hermanos en Taizé. Ellos me enseñan la importancia de la comunión y el amor en la diversidad. Nos diferenciamos en muchos aspectos de la vida, pero somos uno en el amor. En el amor nos entendemos, aceptamos y confiamos unos a otros. En el amor abrimos nuestras manos para servir y dar el bien para los demás. Todos nosotros tenemos el amor. Y este amor es Dios que siempre nos mueve a conocer y vivir en comunión. Taizé me recuerda vivir el amor en la comunidad y me enseña vivir con sencillez sin tener muchas preocupaciones de las cosas materiales. Taizé me conmueve para ser una persona abierta y acogedora.

Terminando esta reflexión me gustaría dar gracias a mis hermanos P. Luis Manuel Suárez, Cmf, a Readh de la Torre, Pham Quang Sang Cmf y mis amigos/as; Álvaro Del Olmo, Ana Abad, Carmen Sanjurjo, Juan Callaba, Marcos Romero, Marta, Pablo Ruz, Marta Paz, Patricia Caño, Sofia, Andrea, Carlos Pascual, David Garcia, Ana Cuesta, Michael Fernandez, Marcelo y Juanjo. Ya hemos pasado una experiencia de compartir y la alegría en Taizé. Espero que la experiencia de Taizé la llevemos en nuestra vida cotidiana. Somos Peregrinos. Que seamos creadores de confianza y fermentos de paz en nuestra comunidad, sociedad y nuestros hogares.


Patrisius Weka Bakior, cmf

domingo, 9 de julio de 2017

Embellecer el rostro vulnerado

  Desde hace un mes la comunidad ha ido poco a poco llegando a distintas partes del mundo. Cinco de nosotros han acabado su tiempo de formación en Colmenar Viejo y ya viven en sus nuevas comunidades de España e Inglaterra. Dos de nosotros disfrutan de sus vacaciones en su lugar de origen (Indonesia y Camerún) para volver con fuerza el curso próximo. El resto, vamos repartiéndonos en actividades de verano: campamentos, camino de Santiago, peregrinación a Taizé o voluntariados en casas de acogida. 

  De esto último quisiéramos compartir un destello de luz, un acontecimiento luminoso que nos acerque al Dios que nos convoca y nos envía. A lo largo de esta semana que acaba, un grupo de seis estudiantes claretianos hemos colaborado en el Hogar Jesús Caminante de Colmenar Viejo. Un proyecto que hace 25 años nació en el pueblo que nos acoge. Un hogar para aquellos cuyas oportunidades parecen haberse agotado. Un casa de unos 50 hombres que apuestan por una vida digna y con un futuro mejor. Así nos lo cuenta Jorge Ruiz:



Una mirada que embellezca

  Nuestra labor ha sido sencilla y discreta. No hemos llevado a cabo un plan llamativo, ni hemos elaborado un nuevo proyecto. Lo único que hemos hecho ha sido estar disponibles a aquello que surgiera. Y lo primero que se nos pidió al llegar cada mañana fue afeitar a aquellos que no pueden hacerlo por sí mismos. Parece algo baladí, sin grandes complicaciones. Sin embargo, este pequeño acto guardaba en sí mismo un trocito del Reino. 
  Personas como José Luis, Luis, Vasile o Jesús no son de muchas palabras. Pero había dos que siempre tenían en los labios: 'por favor' y 'gracias'. Y así, cada vez que venían a uno de nosotros para afeitarse nos las regalaban. Es verdad que no advierte nada nuevo este hecho pero, ¿no es acaso así el Reino? ¿No va esto de pequeños gestos de personas humildes que se dejan sanar y acariciar, que dejan que otros bajemos de nuestra nube particular? 
  Junto a esas palabras, recibíamos una mirada interpelante de cada uno de ellos. Sus ojos tan elocuentes como a veces perdidos agradecían esos minutos de cuidado. De algún modo, cada vez que afeitábamos sabíamos que ellos recibían una porción de dignidad. Y nosotros, nuestra parte de realidad. Me ayuda sentir que ellos se supieron embellecidos por nosotros. Y me recuerda a aquello del escritor francés Gerard Bessière, con mayor elegancia que la mía: 
«Acabo de embellecer a una mujer. Hace meses, incluso años, que no lo hacía. Con una mirada atenta, disfrutaba antes despertando belleza en rostros que incluso parecían feos. ¿Por qué he dejado, o casi, de llamar con mis ojos a la luz que, desde lo profundo de los seres, puede transfigurarles? Sin duda, porque me he dejado ahogar por preocupaciones y miedos que me han abrumado. [...] Salí contento. Tenía ganas de decir a los transeúntes de rostro cerrado: ‘Deteneos un instante, ¿queréis que os embellezca?’
¿Cómo he podido olvidar que antes disfrutaba haciendo que los rostros cantaran? Siento que se trata de mi vida más honda, la que corre peligro de endurecerse y morir, la que sólo existe dándose. ¿Será posible dar hermosura, como el alfarero o el escultor, con una mirada sobre la arcilla de la humanidad?» [Gerard Bessière. Préstame tus ojos I. Sígueme, Salamanca 1998, 15]
  Estos días, en el Hogar de Jesús Caminante, creo que he aprendido a mirar embelleciendo. A hacer de una actividad sencilla un camino que despierte la belleza que todos llevamos dentro, incluso en los rostros más vulnerados. A avivar aquella conciencia adormecida que descansa en el corazón, aquella que nos susurra -a pesar de este mundo tan injusto- que a los ojos de Dios todos somos preciosos [cf. Is 43,4]. Poner en juego una mirada que no juzgue ni condene, sino que embellezca. 
  Desde este lugar quisiera agradecer este hermoso regalo de desear hacer más bello a quien menos se lo espera, a quien menos pareciera merecerlo según la lógica humana. Y agradecer a José Luis, a Luis, a Vasile y a Jesús que me hayan mirado con gratitud. Con su mirada veo cumplidas las palabras del evangelio que hoy proclamamos: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré.» [Mt 11,28]. Gracias, Señor de los caminos, por regalar tu belleza en estos sencillos encuentros. 
Jorge Ruiz, cmf


lunes, 17 de abril de 2017

Alégrate. No temas. Ve y anuncia: ¡Cristo vive!


«Con temor, pero llenas de alegría…»
   Con temor,
   porque la vida nos conmociona.
   Con temor,
   porque la memoria no olvida el dolor.
   Pero llenas de alegría,
   porque no es más grande el sufrimiento que el gozo,
   porque no es más fuerte la cruz que la Vida.

«No temáis…»
   Porque el don del Resucitado
   sana las heridas,
   impulsa en los miedos,
   hace posible
   la alegre valentía de caminar
   con paso firme y decidido
   por la vida.

«Id a contar a mis hermanos…»
   Porque nada ni nadie acalla ya
   el acontecimiento que marca nuestra historia.
   Porque Dios mismo pasa por nuestra biografía.
   Porque el Resucitado ha querido 
   que tú y que yo,
   que nosotros
   nos encontremos
   en la Galilea cotidiana.

Alégrate. No temas. Ve y anuncia: ¡Cristo vive!

sábado, 15 de abril de 2017

Diálogos de pasión III: ¿qué es lo que nos queda?


María está llenando una bolsa con ungüentos mientras Juan la observa sin decir nada. Cuando esta termina su tarea decide confrontar al joven que la observa.

- María: ¿Tú también piensas que estoy loca?
- Juan: No lo sé.
- M: Pero has venido a detenerme.
- J: Es lo que ellos quieren.
- M: ¿Y tú?
- J: Es peligroso, en eso tienen razón.
- M: ¿Más que permanecer al pie de la cruz?
- J: No, pero eso era necesario.
- M: ¿Y esto no? Él era tu Maestro, tu amigo… ¡Te quería como a un hermano! ¿Y no quieres que le honremos una vez muerto?
- J: Deja que los muertos entierren a sus muertos (Mt 8, 22).
- M: ¿Qué has dicho?
- J: Nada, es solo algo que le oí una vez, cuando la gente ponía escusas para seguirle.
- M: ¿Y cuál es tu escusa?
- J: Me cuesta creer que esté muerto
- M: Tú estabas ahí, lo viste al igual que yo ¡Incluso te habló! Te confió a su madre ¿Y aun así dudas?
- J: Sé lo que vi, su cuerpo no respiraba cuando lo bajamos y aun así… no sé.
- M: ¿Qué es lo que no sabes, Juan?
- J: Siento que sigue vivo, de algún modo lo siento presente y cuando cierro los ojos le oigo en mi corazón, invitándome a caminar, preguntándome si estoy dispuesto a ofrecer mi vida por amor. Por eso no puedo acompañarte.

María contempla a ese Joven con infinita ternura y un gesto materno brota sin pensar. Ofreciéndole el abrazo que ella tanto necesita le dice, o tal vez se dice:

- M: Él está muerto, Juan. Quisiera que no fuera así, pero debemos afrontar la verdad. Lo único que nos queda es honrar su memoria y aceptar la voluntad de los Cielos.

María deja atrás a Juan, quien pregunta mirando al cielo.

- J:¿Y cuál es tu voluntad, Padre?

Ella se detiene, sorprendida. Le mira sin saber realmente a quién está mirando. Abre la boca con intención de decir algo, pero la palabra parece esconderse de ella. Finalmente, prosigue su camino. Juan, tras un momento de espera, se dirige al otro extremo y se sienta en actitud orante.

viernes, 14 de abril de 2017

Diálogos de pasión II: Nadie podrá quitársela...

  
 Pedro, sosteniendo una espada, comienza a desenfundarla para, a medio camino, volver a envainarla. La gira, la observa, comienza a desenvainarla, la envaina, la deja en la mesa con manos temblorosas y la contempla… para volver a repetir el proceso, una y otra vez. El bucle se sucede indiferente al tiempo.


María lo observa silenciosa. Percibe su nerviosismo, su dolor y el abismo que lo alberga. El suyo es semejante, ambos afrontan la misma prueba, pero con historias distintas. Sin el Maestro, todos miran a Pedro y este se encuentra perdido en un mar de dudas.



Es él quien insistió en este encuentro, mas ahora es incapaz de mirarla y el estancado tiempo sigue su curso. Ella suspira y él rompa a hablar, como si esa fuera la señal que necesitaba para liberar el torrente que atenazan su corazón.

- Pedro: Lo siento, yo…
- María: No había nada que pudieras hacer.
- P: Podría haberle advertido de la inquietud de los sacerdotes.
- M: No te habría escuchado y él ya lo sabía.
- P: Podría haber detenido a Judas.
- M: Él le dejó ir, a sabiendas de lo que tramaba.
- P: Si no me hubiera dormido, si hubiésemos montado guardia…
- M: Él nunca se escondió, por mucho que lo intentaras no habrías logrado nada, salvo preocuparle aún más por ti.
- P: ¡Habría dado mi vida por él! Si tan solo no me hubiera detenido…
- M: ¿Qué has hecho, Pedro?

Pedro calla, su perdida mirada redescubre la espada y, tembloroso, estira su mano anhelando el contacto, temeroso de que sea real, pues significaría que no está viviendo una pesadilla.
María se adelanta y toma la fría hoja con sus encallecidas manos, manos gastadas de acariciar y servir. Sus ojos se encuentran y Pedro, avergonzado, retira la mano junto con su mirada. Ella suspira al tiempo que desenvaina la hoja.

- M: ¿De quién es la sangre? - pregunta con un hilo de voz.
- P: ¿Acaso importa?
- M: Pedro ¡mírame!

Su voz no admite réplica y Pedro, obediente, se pierde en sus ojos. Unos ojos enrojecidos por las lágrimas contenidas, enmarcados por los surcos de sonrisas que se antojan lejanas. Ojos profundos y compasivos, capaces de tocarte el corazón. Ojos que recuerdan a los del Maestro.

- P: ¡Le negué! Después de jurar que no lo abandonaría, le negué tres veces. – Exclama Pedro entre lágrimas, atrapado por esos ojos. – Es a mí a quien debieron llevarse, él podría haber escapado en la confusión, mientras yo empuñaba la espada…
- M: ¿Y dejar que un amigo se pierda?
- P: ¡Le van a matar! Si quieren sangre, mejor la mía que la suya.
- M: ¿No lo entiendes, Pedro? Si no te hubiese detenido ahora serías un muerto en vida. Pero la vida que él posee, la que te ofrece, esa nadie puede quitársela. Nadie puede matarle, es él quien se ofrece.


jueves, 23 de marzo de 2017

Un salto al vacío: del Círculo Polar Ártico al fuego misionero, Denís Malov cmf

Con este testimonio, cerramos estos cinco días en los que hemos disfrutado de los retazos de evangelio que cada hermano lleva en su corazón. Esperamos que hayan sido una luz para ti, un interrogante o un apoyo... hoy, para concluir, la hermosa vocación de nuestro hermano Denís Malov, cmf, originario de Rusia, donde los claretianos estamos en el Círculo Polar Ártico... ¡apasionante lugar!



Hace pocos días he tenido la gran dicha de poder hablar, en el contexto de la Eucaristía, sobre mi propia vocación, contemplándola (¡cuánto descubro cada vez que lo hago!) desde el Evangelio del día. Respondiendo a la invitación de los hermanos y en cumplimiento de 1Cor 4, 9, comparto aquí lo que había preparado para aquél encuentro, resumido y abreviado.
I
…cuando todavía estábamos sin fuerzas, Cristo murió por los impíos.
Epístola a los Romanos, 5, 6. 

La omnipotencia y la gratuidad de Dios se muestra allí donde nadie la aguarda, como en el encuentro entre Jesús el peregrino, sobrellevando el cansancio y la soledad, el hambre, la sed y el calor de mediodía, y aquella mujer frágil, cuyo trabajo, empero, es duro, con tantos amores rotos detrás y sin ilusión para el futuro, el encuentro que nadie esperaba y del que nadie esperaba nada; un judío y una samaritana; el amor que pierde la vida y la vida que pierde el amor. Él no la espera; ella no lo busca. ¿Qué podría surgir de aquél encuentro?

¡Y qué parecido es aquél a otro encuentro, en la nevada tierra polar de Múrmansk, descristianizada, desevangelizada, pero querida por Dios, entre un joven chaval como otro cualquiera y un misionero argentino en un país extranjero, desviviéndose por construir una iglesia local! Un joven ingenuo que no sabía qué buscara ni qué fuera a hallar; y un pastor que sobre sus hombros llevaba su rebaño. Tal es el escenario donde, a pesar de nuestras flaquezas o, quizás, gracias a ellas, la diestra de Dios obró.

II
«…¿Qué puedo hacer con este pueblo? Poco falta para que me apedreen.»
«…Golpearás la peña, y saldrá de ella agua para que beba el pueblo.»
Éxodo, 17, 4.6.

Con dolor y desencanto bombardea la mujer a Cristo con esta multitud de preguntas a fin de banalizarlo, a fin de comprobar una vez más, con amargada irrisión, que la ilusión, la esperanza, el confiado enamoramiento no son posibles en este mundo. ¡Y con qué mansa paciencia Jesús le responde, con cuánta ternura la mira, con cuánta suavidad traza el camino hacia el corazón de la samaritana para hablarle de tú a tú, para llamarla, enamorarla, transformarla! En un diálogo de amor Jesús despoja ante ella su Corazón y ella queda ante él despojada de la pretendida gravedad de sus cuestionamientos, estupefacta y admirada.

¡Y cuántas veces yo, sin querer oír la llamada, huía del tema, desviándome por las preguntas incorrectas! ¡Cuántas veces me paraba en mis dudas infantiles en lugar de pedir al Señor el agua de la fe y aceptar este dulce destino que se ha hecho para mí una fuente inexhaurible de alegría, el único gozo! Igual que el corazón de aquella mujer, se iba transfigurando el mío, gota por gota, iba comprendiendo quién era Aquél que me estaba hablando. Recuerdo que fueron unos ejercicios espirituales en San Petersburgo cuando lo comprendí. Leí en aquel momento lo de San Pablo: “ya no vivo yo sino es Cristo quien vive en mí”, y al comprenderlo, sentí una enorme felicidad dentro de mí, me sentí… plenificado. De vuelta a mi ciudad no se me iba la sonrisa de la cara, y me temo imaginar, qué pudiese pensar sobre mí la gente, tal vez, que me faltaba un tornillo…

III
Entrad, adoremos, postrémonos, ¡de rodillas ante el Señor que nos ha hecho!
Salmo 95, 6.

Y fue cuando llegó para mí el momento de dejar el cántaro, dejar toda la vida anterior, la familia, los amigos, los estudios, para que mi vida fuera Cristo y sólo Él. Echando la mirada atrás, casi no me puedo creer que me atreví a esta aventura, este salto en el vacío. Hoy en día tal vez no lo hiciera. Pero en aquel momento estaba enamorado, y poco me importaba todo, ¡sólo seguirlo, oírlo a Él, mirarlo! Vine, y fue cuando comenzó el camino de verdad, el camino duro, el camino de abnegación y de transformación en Cristo entregado, este Cristo que sufre con los que sufren, que llora con los que lloran. Este Cristo es el que está conmigo en esta andadura, como están conmigo tantísimas personas que me acompañan, que me alientan y me regalan su oración.

Hay un momento en este recorrido que es como muy particular, porque ilumina todos los demás: es el momento de mi Primera Profesión del año pasado. En medio de Cuaresma, acompañado de la lectura de la Trasfiguración, me consagré y me hice Hijo del Inmaculado Corazón de María. Tiemblo todavía al hablar de lo que pasó allí, pues es un destino tan grande, tan sublime que me desborda, me sobrepasa, no soy capaz de agarrarlo y comprenderlo; pero aquello que soy es lo que me lleva, lo que escribe mi historia. Es mi vida, la vida que ya no me pertenece.
***
Hemos llegado al final, el final que no es sino un comienzo. Pensaba que mi vida iba a echar luz sobre el Evangelio, y ahora descubro que es el Evangelio el que ilumina mi vida. Al concluir, quiero pedir sólo uno, mi querido lector, mi hermano, con quien ahora comparto tanto: no te canses, mi amigo, de pedir por las vocaciones, este sublime regalo de Dios para todos; porque mientras en el mundo haya enamorados de la pequeñez de Cristo, mientras haya quienes vean a Dios en un cansado al lado del pozo, el mundo tendrá esperanza. Y si pudiera ser yo una ligera alusión a esta esperanza, a esta presencia, mi sueño llegaría a cumplirse. Gracias por tu atención, querido hermano. ¡Que el Espíritu de Dios repose sobre ti!

Denís Malov, cmf



miércoles, 22 de marzo de 2017

Dejarse encontrar por Dios, en la montaña y en lo cotidiano: José Ramón, cmf

Seguimos con los ecos del pasado día del Seminario. En vez de en nuestra Iglesia de Colmenar Viejo, uno de nuestros estudiantes compartió parte de lo que es en la Iglesia de los Misioneros Claretianos de Segovia. Se llama José Ramón (más conocido como Josua...) y quiere compartir contigo cómo resuena en él y en su historia vocacional las lecturas del domingo pasado... ¡Esperamos que te guste! 


A veces decimos «me muero de sed», pero si lo pensamos un momento no es del todo verdad, porque precisamente esta sed, es la que nos avisa, la que nos salva la vida. En la lectura de hoy el agua, la sed de Jesús y la sed de la mujer, es el hilo que nos lleva a un encuentro. 

Jesús toma la iniciativa en este encuentro, lejos de los prejuicios, lejos del culto institucionalizado, lejos del templo; Jesús llama, se hace mendigo del agua de la mujer, acoge su humanidad inquieta, las heridas que ella lleva. Ella es la protagonista, ella es quien recorre el camino de la búsqueda. Es un encuentro que se va haciendo historia de amor, que va pasando de la frialdad inicial al deseo: «dame de esa agua». Siempre al ritmo de la inquietud de la mujer, con la paciencia infinita de Dios. Así es como yo vivo mi historia, como historia de amor en la que Dios ha tenido y tiene infinita paciencia conmigo. En la que ha puesto muchas mediaciones que me han ayudado a discernir y a ser más libre, en concreto claretianos que sin dejar de acompañarme, han sido tremendamente respetuosos con mi historia con Dios. 

Al principio la Samaritana se sentía segura, incluso superior, pues ella tenía el cubo, el pozo, la cuerda... ¡Cuánta riqueza para una mujer sedienta! La mujer era rica, y Jesús era pobre. Solo cabe esperar una obra buena por parte de ella, que le diera de beber al sediento y se marchara aún más rica y orgullosa. ¿De dónde vas a sacar tú el agua si no tienes ni cubo? Pero al mismo tiempo resuena aquello que le dice Jesús... «Si conocieras el don de Dios», es decir, si descubrieras cómo te sueña Dios, si descubrieras dónde habita el amor de Dios en tu vida... Descubrirías el agua viva, el agua que abre el corazón al que tenemos al lado, el agua que nos ayuda a no endurecer el corazón. En mi vida las personas con discapacidad, los jóvenes y mi abuela son las personas en quienes Dios se ha hecho presente, en quienes Dios se ha hecho pobre y en quienes también me ha invitado a poner la confianza en él. En el encuentro con otros y con Jesucristo es donde Dios se hace don. 


«Señor dame de esa agua» dice la Samaritana. Ella está gastada por muchos amores, pero se fía; quizá al principio no sabe muy bien qué pide, pero ve en Jesús a aquel que sondea su corazón como nadie lo hizo jamás. Ella, a pesar de todo, era preciosa a los ojos de Dios. Esta confianza es solo el principio del camino, en medio de ese camino, igual que en medio del desierto, surgen muchas dudas, muchas tensiones. En mi historia vocacional ha habido y hay muchas dudas, tentaciones… A menudo la pregunta que nos hacemos (y que me hago) es: ¿Qué quiero hacer con mi vida?, pero si creemos realmente que es Jesús quien nos mira con bondad y con verdad, debemos de cambiar la pregunta: ¿Señor, qué quieres de mi? ¿Cómo vivir entregado sin buscarme a mí mismo? Ante esta pregunta hay muchas respuestas posibles, no solo una. Pero para vivir en verdad, e intentando no caer en el egoísmo, esta pregunta debemos hacérnosla. 

Para mi la mejor respuesta es descubrir que soy precioso a los ojos de Dios en el encuentro con él; y reconocer que Dios me ha regalado mucho en el encuentro con otros, también en los momentos de dificultad. Esta es la mejor reacción ante la tentación de mirar hacia atrás: mi trabajo, mis amigos, mi familia, mi novia. Ante esto solo tengo una respuesta, tratar de confiar más en él, confiar en la fuerza que da no solo buscar, sino también abandonarse en sus manos. «Yo estaré allí ante ti, en el Horeb, en el lugar del encuentro». 

Hoy el lugar del encuentro personal con Dios, la montaña, el pozo de Sicar… son todas aquellas situaciones en las que la vida nos toca, en las que Dios nos interroga y en las que el corazón se conmueve. En cada encuentro, también en la familia, tenemos la oportunidad de vivir en entrega a los demás. Al final, la mujer samaritana, se olvida de su cántaro y de su agua; para ir al encuentro de otros, como apóstol. Quiere ser testigo de ese amor que la ha hecho una mujer nueva, portadora del agua viva. Que nosotros no dejemos de responder a la pregunta ¿Señor que quieres de mi? Para que también podamos acoger y entregar esa agua viva, amor del Padre que siempre camina a nuestro lado.

José Ramón Palencia Cabrerizo, cmf



lunes, 20 de marzo de 2017

Fe, invitación y respuesta: de Corea del Sur al mundo. Rafael Lee, cmf

En el contexto de la jornada del seminario diocesano el pasado 19 de marzo, en nuestra iglesia de Colmenar Viejo, Iglesia del Corazón de María, algunos seminaristas animaron las eucaristías con su testimonio vocacional. Hoy queremos compartir con vosotros la experiencia de Rafael Lee... ¡nos regala tres palabras para nuestra vida vocacional! Esperemos que te guste...


Buenos días a todos. Me llamo Rafael, soy de Corea del sur. Reflexionando sobre la trayectoria de mi vocación, me gustaría decir tres palabras.

La primera palabra es fe. La base de mi fe fue formada por mi madre. Yo nací en 1980, en Seúl. Toda mi familia es católica. Cuando tenía 2 años, me bauticé y naturalmente iba a la iglesia con mi familia todos los domingos. Me sentía en el ambiente católico muy cómodo. Todavía me acuerdo muy bien cuando regresaba a casa del colegio. Siempre, mi madre ponía en la radio canciones católicas para que resonara en toda la casa. A mí me encantaba. Cuando tenía 11 años, mi padre murió de cáncer y, desde entonces, mi madre tenía que criar dos hijos. Es cierto que fue un tiempo duro para nosotros, especialmente para mi madre. Pero ella lo superó con la fe firme en Dios, sin perder el cariño por nosotros. Sobre todo, ella siempre confió en mí y en mi hermano, respetando mis decisiones. Siempre. En aquel tiempo, cuando tenía dieciséis años, pensaba que era un hombre maduro. Ahora sé bien que nunca fui una persona madura a esa edad, y por eso cometí muchas faltas. Sin embargo, ella me respetó mi plan y mi pensamiento y esperaba hasta que pudiera darme cuenta de mis fallos. Mi madre tenía una fe firme en que Dios me conduciría haciael camino correcto. Con esa fe,ella pudo confiar en mí y gracias al buen ejemplo de su fe, yo también pude tener fe en Dios. Supe que Él nunca me abandonaría y me guiaría a buen camino. 

La segunda palabra es invitación. Dios se acerca a nosotros, nos llama e invita primero. Él aprovecha muchos medios, especialmente a través de la gente nos invita a caminar con Él e ilumina nuestra vocación. Después de la primera comunión, empecé a ser monaguillo. En este tiempo, había un párroco muy joven. Él me intentaba convencerque entrase al seminario diocesano. Este cura me trataba muy bien y me invitaba a comer de vez en cuando. Aunque me llevaba muy bien con él y me sentía muy agradecido con su amistad, no fui al seminario diocesano. Al final, resultó que sus intentos para convencerme fracasaron. Sin embargo, él no dejó su cariño hacia mí. De hecho, eso se parece mucho a la actitud de Dios. Diosnos llama e invita primero, y aunque nosotros no contestemos a esa invitación, Él no deja su amor por nosotros. Es un amor incondicional. Dios siempre esperanuestra respuesta sin forzarnos. Después de mucho tiempo, por fin yo decidí entrar al seminario. Pero no fue al diocesano, sino al claretiano. En Corea, cuando entramos en alguna congregación o seminario, tenemos que presentar una carta de recomendación de algún cura. Yo le pedí a este cura para que escribiera la recomendación sobre mí. Él me preguntó: “¿Tú no quieres entrar al seminario diocesano? Como el obispo diocesano y yo somos muy amigos, puedo hablarle de ti muy bien. ¿Qué te parece?” Yo le respondí: “No”. Él me escribió la recomendación y ahora nosotros seguimos el camino para imitar a Jesucristo juntos, pero de diferentes modos. El año pasado este cura vino aquí, a Colmenar Viejo, para verme por dos días y agradeciendo la hospitalidad de esta comunidad, me dijo: “tu congregación está muy bien.”

La tercera palabra es respuesta. Sin respuesta, ningún encuentro ocurre. El encuentro con Jesucristo es igual. En mi caso, después de acabar el colegio hasta que ingresé enla congregación tardé casi 10 años. Creo que yo tenía la invitación de Dios conmigo. Pero, en ese momento no quería aceptar esa invitación. Pensaba que esa invitación pudiera limitar mi libertad. A mí me importaba la libertad. Ya no era un chaval. Quisiera ser una persona independiente, es decir, independiente de mi familia y de Dios, disfrutando toda mi libertad. A mis veinte años, yo procuraba a hacer todo lo que deseaba. Estudiaba en la universidad, trabajaba en el campo de obra social, enseñaba coreano en otro país, tuve algunas novias y viajaba donde quería. Yo hice lo que quería y nadie me impedía nada. Desde luego, aprendí mucho desde mis experiencias y estaba contento por algún tiempo. Pero también me sentía vacío bastante a menudo (como la samaritana). La alegría de la satisfacción de mis deseos humanos no duró tanto tiempo. Yo soñaba la libertad total y entera, pero antes bien, cada vez más, me fui enterando de que la libertad humana era un límite y esefímera. Por fin, empecé a convertir mi mirada hacia Dios. Poco a poco, me di cuenta de que solo Dios, que «no se muda» y nos da «el agua viva que salta a la vida eterna», podía darme la libertad y alegría auténticas. Y también pensé que su Amor no limita mi libertad sino la respeta y enriquece transcendiendo las cosas del mundo que tienen término. Así cuando tenía 29 años, decidí a ingresar en la congregación claretiana. 

Responder a la invitación no es el final del encuentro con Dios, sino es el inicio del encuentro. Aun sabiendo que todos los encuentros también tienen dificultades que tenemos que afrontar. Sin embargo, es cierto que Dios no nos abandonará y nos dará lo que más necesitamos. Nosotros, seminaristas, respondiendo a la llamada de Dios, seguimos el camino para configurarnos con Jesucristo y proclamar la Buena Noticia a través de la palabra y la presencia. Os pido que recéis por nosotros.

Y, vosotros también, con la fe firme en Dios, caminad en vuestras vocaciones. La invitación de Dios no sólo es para seminaristas, sino también para todo el mundo. Todos nosotros ya tenemos la invitación de Dios. No dejéis esa invitación. Responded a la llamada de Dios y seguid vuestra vocación propia, la de cada uno, sin miedo, en el gran Amor de Dios. Nosotros también rezaremos por vosotros.

Gracias. 

Rafael Lee Seungbok, cmf


miércoles, 1 de marzo de 2017

Cuaresma: 'elaborarnos' por dentro...

La vida nos sorprende en muchas ocasiones. No siempre tenemos respuestas para todo. No siempre podemos improvisar. Y, como en todo lo importante, se necesita de un tiempo intenso que nos ayude a vivir con mayor hondura el presente. Algo así debió ocurrirle a Jesús en su tiempo de Nazaret. Y algo así tuvieron que ser sus años de ministerio. Su pasión no pudo ser improvisada. Su respuesta tan libre como obediente hasta la muerte no pudo ser consecuencia del azar. Su amor hasta el extremo hubo de ser fruto de muchos tiempos de silencio y renuncia, de oración y acostumbramiento a Dios...
Y algo así puede ser para nosotros esta cuaresma que hoy empezamos: una oportunidad nueva para 'elaborarnos' con intensidad antes los tiempos densos que nos vengan. Un camino de escucha atenta, de compromiso solidario, de ascesis fecunda. Un camino que nos acerque más al corazón de Jesucristo, con quien recorremos nuestra vida como quien camina hacia el Gólgota. Un camino que no se hace solos: con Cristo y en Él, con la comunidad y con los últimos. Porque si nada importante se improvisa, nada importante se lleva a cabo en soledad.
Comencemos este miércoles de cuaresma con la mayor intensidad posible. Y lo hacemos con las palabras del Papa Francisco: «en este tiempo recibimos siempre una fuerte llamada a la conversión: el cristiano está llamado a volver a Dios 'de todo corazón' (Jl 2,12), a no contentarse con una vida mediocre, sino a crecer en la amistad con el Señor.»

lunes, 28 de noviembre de 2016

Un corazón que late a ritmo de adviento


  Muchas veces nos encontramos a tantas personas que, de alguna manera, buscan ese 'algo más' que todos esperamos. Muchas veces, cuando menos lo intuimos, se nos regalan encuentros en los que aunamos deseos de vivir con mayor anchura. Aunque no lo digamos así, aunque en tantas ocasiones pase desapercibido. En el fondo, nuestro corazón late a ritmo de adviento. Lo que somos viene viviendo esa tensión de que llegue algo, o mejor Alguien, que tenga algo que decirnos. Y, en ese intento, hemos querido echarle imaginación con un mensaje especial que hoy compartimos. Porque todos esperamos la Palabra que haga vibrar nuestro día a día. Porque todos estamos a la espera. Porque todos merecemos que Alguien tan bueno nos visite.

   Ojalá sea este tiempo de Adviento el momento oportuno para poner al día eso que tanto anhelamos, y ojalá recibamos la Luz que se nos viene para poder acoger tanto misterio... ¡Feliz tiempo de Adviento!

Querido amigo, querida amiga...
  Quizá te sorprenda que te escriba. Quizá pienses que todo forme parte de una idea, de un proyecto, de un tiempo bonito. Sin embargo, llevo queriéndote decir algo mucho tiempo. Tanto, que pueda ser una eternidad. Tanto, que hasta aquello que te digo va en mi propio corazón.
  Sí, en mi corazón. En el mismo que el tuyo. Allí es donde recuerdo a cada momento quién eres, cuál es tu nombre, cuáles son tus deseos, dónde están tus tropiezos… te conozco. Te conozco desde antes de que tú lo supieras. Tanto, que te llevo escrito en la palma de mi mano. Tanto, que tu nombre lo escribí en las estrellas. Te conozco porque sé lo que tú has vivido, yo también pasé por lo mismo que tú. Pasé por aquel conflicto que hace tiempo tuviste tan malo. Transité por los sueños que te hacen sentir vivo. Me perdí alguna vez que otra en pequeñas rencillas que no me ayudaron. Nací. Como tú. Crecí. Como tú. Y traté de afrontar la vida con la mayor fuerza de la que fui capaz. Como tú lo estás tratando de hacer ahora. Y Dios siempre estuvo conmigo. Como contigo.
  Y así te voy desvelando el porqué de este nuevo nacer de cada año, de cada día. Porque sé que lo que yo viví lo puedes vivir tú. Porque en tu corazón puede prenderse la misma llama que me hizo a mí capaz de conocer en profundidad tanto; de amar, hasta el extremo; de servir, aunque todo invite a no hacerlo; de alabar, porque nuestra mirada está puesta en una esperanza más grande. Sí, amigo de camino. Yo vine para que tú pudieras vivir al máximo. Vine para que vivieras a fondo. Vine para que no olvides que te amo. Desde siempre. Enteramente. Porque yo, con todo lo que soy, quiero hacerte valiente.
  No dudes mucho más. No te dejes vencer por esa mala racha, por ese tiempo de olvido, por ese ‘no te encuentro’. No. Ven a encontrarme conforme estoy viniendo. Con todo el amor del que soy capaz. Con toda la sencillez que tiene un niño. No te prometo grandes espectáculos, pero te aseguro que, si me esperas, yo siempre estaré contigo. Para cruzar juntos esos puentes difíciles que se te presentan. Para avivar en ti el deseo de ser mejor. Para recordarte, con todas mis fuerzas, que eres amado. Infinitamente amado. Y, por eso, la vida merece la pena. Y la alegría.
  Espérame. Estoy viniendo. Y soy yo mismo quien vengo. No pases página. No te detengas… sé que este tiempo va a ser, para ti, nuevo. Ya estoy viniendo. Ya te estoy queriendo…
  Tuyo,
יֵשׁוּעַ

domingo, 30 de octubre de 2016

¿Y si hoy fuera nuestro encuentro?

Con tantas ganas te espero
   y con tantos inconvenientes me topo.

Con tantos deseos te hablo
  y cuanto murmuran tras de nosotros.

Con qué alegría te fijaste en mí
  y con qué firmeza hiciste brotar mi cambio.

Mi vida entera pasó por tu encuentro.
Tu vida oportuna visitó mis pobres intentos.

Ahora,
 no hay gentío que me aparte,
 ni árboles estrechos,
 ni comentarios que me tachen,
 ni banquetes pasajeros.

Que si de verdad se dio este encuentro
 fue para que me deje ya de excusas,
 para que me pusiera a tiro de tu paso,
 para que pudieras venir a buscar y salvar
 lo que ya estaba casi muerto.



Lecturas del XXXI Domingo del Tiempo Ordinario - Ciclo C

domingo, 15 de mayo de 2016

Por cada vacío... Tú



Por cada puerta cerrada 
   y cada ventana oculta.
Por cada cerrojo echado
   y cada suspiro negado. 
Por cada mano guardada
   y cada labio sellado.
¡Ven, Espíritu!

Por cada viento no impulsado,
por cada sospecha atentada,
por cada juicio inmerecido.
¡Ven, Espíritu!

Por cada noche oscura,
por cada tiempo no ofrecido,
por cada día no agradecido.
¡Ven, Espíritu!

Por cada recuerdo que hiere,
por cada hermano que nos duele,
por cada signo que no es comunión.
¡Ven, Espíritu!

Por cada paso al frente
  que te anuncie.
Por cada signo
  que nos recuerde tu presencia.
Por cada promesa de fe
  que te exprese.
Por cada rincón iluminado,
  cada mesa servida,
  cada amigo que a Ti nos lleve. 
¡Ven, Espíritu!

Sigue siendo el fuego que nos consagre.
Sigue siendo el don que se espera.
Sigue siendo el agua que nos sane
  y la guía que nos convierta.
¡Ven, Espíritu!


Lecturas de este Domingo de Pentecostés


miércoles, 11 de mayo de 2016

¡Gracias, Señor, por la vida compartida con el P. Luis Ángel!

Dicen las constituciones de nuestra Congregación que los misioneros claretianos debemos ser «esforzados colaboradores de los obispos». Algunas veces (más bien pocas) esta esforzada colaboración se materializa en la llamada a acoger en nuestro propio seno el ministerio episcopal. Nosotros estamos teniendo la dicha de vivir dicho don eclesial muy de cerca, en nuestro hermano Luis Ángel de las Heras, quien fue durante muchos años formador de nuestra comunidad de estudiantes de Colmenar Viejo y, desde el sábado, día 7 de mayo de 2016, es obispo de Mondoñedo-Ferrol. Una diócesis gallega de rica historia, de generoso presente y de esperanzado futuro que está acogiendo al P. Luis Ángel con una esplendidez que los que somos sus hermanos de Congregación nunca agradeceremos lo suficiente. Él, que fue pastor entre nosotros, lo es ahora de tierras gallegas, y lo es al modo como reza su lema episcopal, bajo el signo del pastoreo de Cristo: «Apaciéntame, Señor: apacienta Tú conmigo».


La catedral de Mondoñedo acogió el pasado 7 de mayo la ordenación episcopal de nuestro hermano, una celebración grávida de Palabra, rebosante de signos. Escuchamos la encomienda evangelizadora de Jesús a Pedro, de la que el P. Luis Ángel participa ahora como miembro del colegio de los Apóstoles. Rezamos con él y por él, pidiendo la venida del Espíritu y la intercesión de todos los santos. Le fueron impuestas las manos de los obispos presentes y el mismísimo Evangelio en señal de la efusión abundante del Espíritu Santo sobre él. Fue crismado con óleo santo como sacerdote, profeta y pastor. Se le entregaron el Evangelio que está llamado a predicar, el anillo que le une en alianza a la Iglesia que debe pastorear, la mitra que refleja su tarea pontifical entre Dios y su pueblo y el horizonte de santidad hacia el que camina, el báculo con el que llama a sus ovejas al aprisco, pidiendo misericordiosamente su obediencia. Tomó posesión de la cátedra de Mondoñedo-Ferrol, gesto que el domingo repitió en la concatedral de S. Julián de Ferrol. Recibió la adhesión de los fieles de la diócesis, representados por un presbítero diocesano, dos religiosas y una familia cristiana. Y, finalmente, se paseó entre los suyos bendiciendo la porción del pueblo de Dios que le ha sido encomendada. Todo ello en un clima de profunda oración, densa emoción y sincera alegría.

Desde nuestra comunidad, nos unimos a la acción de gracias a Dios porque ha sido grande su amor para con su nuevo obispo y, en él, para con todos nosotros. Algunos de los que fuimos queremos dejarte en este espacio un breve eco que nos recuerde tu ejemplo y nos siga animando a crecer en esta hermosa tarea misionera:
"Para mí fue un día especial: la inmensa acogida de la gente, la sonrisa de Luis Ángel, la emoción de nuestros hermanos... Estoy orgulloso de Luis Ángel. Él fue mi Superior Provincial cuando llegué a España, y su acogida fue espléndida conmigo. Por eso estoy seguro de que él ya está acogiendo con los brazos abiertos a su nuevo pueblo como lo hizo con nosotros. Siempre le recuerdo así: con los brazos abiertos, dispuesto a ser cercano a cada uno. Dios siga bendiciendo su apasionada tarea de pastor." Rayappa Nathanael, cmf
"Es una alegría enorme para mí que un claretiano sea capaz de aceptar un servicio para la Iglesia con tanta delicadeza, con tanta pasión. Para mí, ver a Luis Ángel es entender la profecía de nuestra vocación de servicio y entrega patente." Sarin John, cmf
"Cuando era mi formador y después siempre le decia 'eres un hombre de Dios'. Hoy digo contento que lo sigue siendo. Este fin de semana he vuelto a verle tan alegre como siempre con su tarea, sea la que sea. Él es un buen pastor, será un buen pastor. Porque fue un misionero de calle, será un obispo de calle: dispuesto a acoger, a buscar con otros soluciones, a asumir lo que le venga con paz y alegría." Charles Rolón, cmf

Sabemos, querido P. Luis Ángel, que tú nos llevas en tu corazón y puedes estar seguro de que Colmenar Viejo seguirá siendo tu casa para siempre. Esta comunidad reza por ti con intensidad y con gozo y espera ver realizado en ti el mismo espíritu de entrega y pasión con que S. Antonio María Claret afrontó su ministerio episcopal en Cuba, España, París y Roma. Porque, como a él, la caridad de Cristo te urge y el corazón de María te guarda.

¡Parabéns, irmán!

domingo, 13 de marzo de 2016

De tu intimidad a mis fronteras


Bajaste de lo íntimo
para hallarte en medio.

Dejaste tu paz
para devolverme la mía.
Escribiste mi perdón
para corregir mi fallo.
Provocaste su cambio
para aceptar el mío.
¿Quién eres
para agacharte conmigo?
Nadie me juzga.
Tú no me condenas.
Y abres ante mí
una nueva puerta.


¿Dónde iré tras este silencio,
tras las caídas de sus piedras,
tras tu amor para conmigo?
Mira que para mí esto es nuevo,
que algo nuevo en mí brota.
Dejo lo que perdido buscaba.
Amo lo que ciego no veía.
Abandono lo que me apartaba
para sanar en Tu mirada la mía.
Y permaneceré en pie
para seguir lo que ya Tú me digas.



domingo, 28 de febrero de 2016

Tenme paciencia, Señor mío...


Tenme paciencia, Señor, tenme paciencia.
La misma con la que Tú amasaste mi barro
y soplaste en mi rostro aliento de vida para que existiera.

Tenme paciencia, Señor, tenme paciencia.
La misma con la que Tú creciste,
con la que Tú te hiciste hombre,
con la que Tú viviste entre nosotros.

Tenme paciencia, Señor, tenme paciencia.
La misma con la que hermoseas mis brotes frágiles
y fortaleces las ramas que los sustentan.

Tenme paciencia, Señor, tenme paciencia,
porque no siempre atiendo el tiempo de cosecha
ni tampoco me preocupo de lucir florido
la belleza con la que bendices mi copa.

Tenme paciencia, Señor, tenme paciencia.
Bendíceme con la tuya,
la que siempre ha estado presta a acogerme alejado
y a abrazar cada una de mis betas.

Tenme paciencia, Señor, tenme paciencia.
Permíteme ser tan paciente como Tú eres conmigo.
Porque aun esperando Tú más de mí que yo mismo,
sólo la vida brota con toda su fuerza
cuando tu tiempo es también el mío. 


domingo, 14 de febrero de 2016

Contigo, Señor, aunque se me tiente


No puedo pedirte, Señor, que no se me tiente.
No puedo pedirte, Señor, que me ahorres este trago,
   que mi vida sean rosas y vino,
   que sea impasible ante el dolor del otro,
   que te olvide cuando quiera
   y te recuerde cuando me convenga.

Pero sí puedo pedirte y te pido, Señor de la Vida,
   que sepa serte fiel en la prueba.
Puedo pedirte que sepa ser más como Tú para ser más yo,
  amando el barro de mi vida y la noche que atravieso.
Puedo pedirte que me hagas verme como Tú me miras,
  que en mi boca pongas palabras decididas
  y en el corazón la misericordia de tus deseos. 
Puedo pedirte que no me dejes caer en la tentación,
  que fortalezcas lo débil en mí,
  que tu gracia me baste, 
  que no dude de haberme fiado. 

Puedo pedirte, Señor, que te quedes conmigo.
Puedo pedirte, Señor, que te quedes. 
  Que te quedes sin irte, 
  que me acompañes sin dejarme,
  que seas Tú sin que yo te pierda,
  que a tu paso, me adentre. 
   En el desierto y en la tormenta,
   en la noche y en la tarde,
   en el duelo y en el luto,
   en el ayuno y en la abundancia.

Contigo, Señor, aunque se me tiente. 





martes, 9 de febrero de 2016

Cambiando: cuaresma 2016 - Change: lenten season 2016

  
   Aunque no siempre lo digamos, nos gustan los cambios. Tienen un toque de novedad, de riesgo, de inquietud. Como si llevarlo a cabo supusiera un desafío pequeño en medio de una aparente normalidad. Y esto a distintos niveles: desde un inocente corte de pelo, pasando por un nuevo modelo de gafas hasta la firme decisión de no enfadarte a la primera de cambio. Efectivamente, estos últimos son los más importantes. Los más profundos. Los que exigen de nosotros una dosis de realismo, de confianza y de libertad mayores. No siempre somos del todo conscientes que los cambios son buenos, hasta cuando una parte de nosotros queda sujeta en la incertidumbre: ¿seré capaz de lograr lo que me propongo? ¿No estaré arriesgando demasiado? ¿Y si me quedase aguardando bajo la excusa de 'virgencita, virgencita, que me quede como estoy'? Ahora bien, no te vamos a engañar. Decidirte a hacer un cambio en tu día a día es difícil. Difícil, sí. Imposible... no. Me temo que no es imposible. Ya lo escribió el evangelista: «para Dios no hay nada imposible» [Lc 1, 37].

  Though we do not say it that much, we want changes. They have a touch, a detail of newness, of risk, of restlessness. It appears like having it done supposes a small challenge in the midst of what is normal. And this is in different levels: from an innocent haircut to the newest model of eyeglasses and even to making a firm decision of not being angry for these changes. Without a doubt, these are important. Even more profound are those which demand from us a dosage of being realistic, of confidence and of freedom. We are not always aware that these changes are for the better until they make us uncertain and ask ourselves: Am I capable of doing what I propose? Is it not asking me too much? And excusing myself and say “I´d better remain as I am”? We are not going to deceit you. To decide that you make a change each day is tough. Tedious, yes. Impossible, no. I doubt that it is not impossible. The evangelist already wrote: “for God, nothing is impossible.” (Lk 1: 37).

   Hoy comenzamos un tiempo especial: la cuaresma. Cuaresma es pararte y ver qué es lo que necesita en mí un cambio. Pero no es cambiar por cambiar, sino conocer qué es aquello que me hace menos yo para ser más como Jesús. O lo que es lo mismo: convertirse para creer de lleno en el Evangelio. Eso será lo que hoy te digan cuando te impongan la ceniza sobre la frente... ¿y por qué ceniza? No es casualidad: ya desde antiguo era usada por quienes públicamente querían cambiar: reconciliarse con ellos mismos, con Dios y con los demás, convertirse en lo que realmente estaban llamados a ser. Es un gesto sencillo que nos recuerda tradiciones que cuentan con siglos de historia. Es poner sobre ti la certeza de que siempre podríamos ser mejores, siempre podríamos ser más parecidos al corazón de Dios. Sin grandes ceremonias ni gritos penitentes, sino con la amabilidad que regala la verdad de sabernos pecadores (ya sabes, menos tú mismo) y que necesitamos de Dios para seguir adelante (recuerda, más como Jesús, más tú mismo). Y Dios, que nos conoce mejor que nosotros mismos, hará posible el milagro: hacernos más como Él nos quiere. Él, mejor que ningún coach actual, sabe cómo poner en valor lo que no está del todo bien en nosotros para que sea la forma de Jesús quien vaya apareciendo poco a poco.
   
   This day marks the beginning of a special season: the lent. Lenten season is to stop and see the things that one has to change. It is not changing for the sake of changing. It is to acknowledge that which makes the “me” lesser and to be more like Jesus. That is the same thing as to change and believe in the Gospel. This is what is said as the priest imposes the ash on our foreheads. And why ash? It is not by chance: since time in memoriam, ash is already used by those who publicly announce that they want to change: to be reconciled with himself, with god and with others, to be converted and to be what they are really called to be. That is a simple gesture that reminds us of traditions and centuries of history. It is to impose on us the certainty that we can always change for the better, that we can always be more like the heart of God. Without extravagant ceremonies, without penitential shouts. But with the tenderness that the acknowledgment of being sinners gives and that we are in need of God to be able to continue journeying. And God, who knows us better more than we do, will make the miracle: to make us more like Him as he wishes. He, unlike any other actual coach, knows how to value those that are not-so-good in us so that they can be like Jesus little by little.

  Nos animamos mutuamente a vivir este tiempo especial. Cuarenta días para fijarnos bien en Cristo para que, cuando llegue el tiempo de Pascua, podamos entrar aún mejor en el misterio de su pasión, de su muerte y de su resurrección. Todo va de la mano... pero conviene no saltarse los pasos. Poco a poco, sin prisas. Hoy toca dejarnos alcanzar por la ceniza que nos recuerda nuestra necesidad de cambio para ser más como Él... ¡y no es poco!

  We mutually remind each other in living this special season. Forty days to fix well our gaze on Christ so that when the Easter season comes, we can even enter more in the mystery of his passion, and of his death and resurrection. Little by little, no need to hurry up. Today let us allow ourselves be imposed by the ash which reminds us of the necessity to change and to be more like Him. And that is already a big step!

  Dejarse hacer por Él.
  Dejarnos convertir por Él.
  Dejarnos parecer a Él.

  ¿Te animas a este cambio? ¿Te unes a este mirarse por dentro para mirarle mejor a Él? No olvides que Él ya te está mirando para acompañar tus pasos... ¡Feliz cuaresma!

  Allow yourself to be made by Him.
  Let us allow ourselves to be changed by Him.
  Let us allow ourselves to be like Him.
   

   Do you welcome this change? Do you unite yourself in this act of looking what is within so that we can look at Him better? Do not forget that he is already looking at you to accompany you in your steps… a meaningful Lenten season!