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lunes, 12 de febrero de 2018

Observar, discernir y acompañar: encuentro de estudiantes cmff


   
  
   El pasado viernes 9 de febrero daba comienzo el encuentro anual de estudiantes claretianos. La comunidad formativa de Granada vino hasta nuestra casa, en Colmenar Viejo, junto a otros estudiantes que viven en otras comunidades, como Sevilla y Pamplona. El tema en torno al cual giró el encuentro fue el próximo Sínodo de los jóvenes.


  La experiencia del P. Fernando Bueno, SSCC, iluminó la mañana del sábado. Claro y directo, compartió con nosotros la realidad de este momento eclesial y social: ¿cómo respondemos a los jóvenes desde nuestra vocación consagrada siendo jóvenes también? Mantener vivo nuestro deseo, no disfrazar el evangelio y acompañar a los jóvenes siendo nosotros también acompañados fueron algunas llamadas suscitadas desde su presentación: nuestra propuesta de fe sigue respondiendo a los anhelos más íntimos.


  Por la tarde, pudimos encontrarnos con cuatro jóvenes de nuestra pastoral claretiana de Santiago: Miguel y Juan (Parroquia-Colegio San Antonio Mª Claret) y Paloma y Ana (seglares claretianas de la Parroquia del Inmaculado Corazón). Poco a poco, nos fueron regalando sus distintas percepciones sobre los misioneros claretianos: valoran nuestra cercanía y entrega, quieren estar con nosotros y que estemos con ellos. Sin embargo, también nos piden el evangelio sin disfraces, acompañamiento, cauces de encuentro reales de la misión compartida y encender la búsqueda de Dios juntos.


 Tras un tiempo de adoración, la noche del sábado se cerraba entre cantos y bailes que volvían a recordarnos que la Congregación es rica en culturas y diversidad, que la misión no conoce fronteras para apasionarse con el evangelio.


 El domingo nos regalamos un breve espacio personal para poner delante de Dios las llamadas recibidas durante este encuentro, valorar nuestra experiencia como acompañados y afinar en los desafíos que el Sínodo trae. La eucaristía final, presidida por Pedro Belderrain cmf, Superior Provincial de Santiago, fue el envío a nuestras realidades concretas: sabernos agradecidos por lo que cada uno de nosotros aportamos a la Congregación, sin tener miedo a lo distinto y a los desafíos que están en el horizonte más cercano.
  Un año más, queda el encuentro entre nosotros, estudiantes claretianos. Queda la pasión con la que respondimos a Su llamada y a la que queremos seguir respondiendo cada día. Queda, sin duda, que el Espíritu nos siga animando a dar lo mejor de nosotros mismos para que Dios sea más conocido, amado, servido y alabado de todos. Como fieles misioneros, como hombres enamorados.




jueves, 19 de octubre de 2017

Profesión perpetua de Charles, Rayappa y Rafael como claretianos


De izquierda a derecha: Charles (Paraguay, Prov. Santiago), Rayappa (India, Prov. Santiago) y Rafael (Corea, Del. Corea)
  Este inicio de curso ha sido, desde el principio, lleno de motivos que agradecer. Las experiencias que cada estudiante ha vivido en verano aquí y fuera de España, los ejercicios espirituales al final de agosto, despedidas y bienvenidas, inicios de nuevas etapas. Todos estos hilos siguen tejiendo el telar misionero que quiere ser nuestra comunidad. Pero sin duda, lo que más ha marcado este nuevo año, ha sido la profesión perpetua de nuestros hermanos Charles, Rayappa y Rafael

La celebración fue presidida por el P. Pedro Belderrain, Superior Provincial de Santiago. Junto a él, el P. Gabriel Kim, Superior Mayor de Corea y el P. José Ramón Sanz, Prefecto de formación

El P. Pedro Belderrain, Superior Provincial de Santiago, da la bienvenida a la asamblea

Charles, Rafael y Rayappa expresan su compromiso para con la Iglesia y la Congregación
   Puede que te estés preguntando, ¿qué es eso de una profesión perpetua? La profesión perpetua es el acto público por el que los estudiantes claretianos se consagran a Dios incorporándose definitivamente a la Congregación para vivir como misioneros al servicio de la Palabra. Dicho de otro modo, es la celebración donde se da un «sí» a Dios para siempre, después de varios años de discernimiento, estudio, reflexión y vida comunitaria. Un momento especial y alegre donde nuestros hermanos expresaron su deseo más íntimo de seguir a Jesús como Misioneros Claretianos, Hijos del Inmaculado Corazón de María. 

Durante la oración litánica

Charles emite la fórmula de profesión perpetua en manos de su Superior

Rafael emite la fórmula de profesión perpetua en manos de su Superior (en coreano)

Rayappa emite la fórmula de profesión perpetua en manos de su Superior

Abrazo de acogida de los claretianos a los hermanos que profesaron


Charles firmando el acta de la celebración

Rafael firmando el acta de la celebración

Rayappa firmando el acta de la celebración
  El pasado 15 de octubre, en nuestra iglesia de Colmenar, fuimos testigos de cómo Dios conduce nuestras vidas y las hace más bellas y mejores cerca de Él. Además, sentimos con la Iglesia es universal y misionera. Tres hermanos claretianos, tres orígenes distintos (Paraguay, India y Corea del Sur), tres historias diferentes... pero una misma vocación: ser misioneros al estilo de Claret.


  Desde aquí agradecemos el tiempo compartido con ellos, la generosidad de su respuesta y la alegría de saberles cerca de nosotros. Que María, mujer de la Palabra, les siga ayudando a renovar su «sí» cada día allá donde estén... ¡enhorabuena, hermanos y amigos!

Con parte de la comunidad de estudiantes claretianos y otros hermano!

Los profesos con la familia de Rafael
   «Hoy, Charles, Rayappa y Rafael, recibís para siempre una herencia que os llena y os colma. Hoy y para siempre, recibís el nombre de los somos Hijos del Inmaculado Corazón de María. Desde hoy, seréis para siempre testigos-mensajeros de la alegría del evangelio. Que nada os arredre. Que todo abraséis a vuestro paso. Y María, como una suave luz que todo lo ilumina, nunca os dejará confundidos.»



sábado, 13 de mayo de 2017

Acción de gracias de Romualdo Wambo, cmf


Hace unos días compartíamos con vosotros la alegría de la profesión perpetua de nuestro hermano Romualdo, cmf. Este fin de semana nos hacemos eco de su acción de gracias, queriendo seguir alegrándonos con él y respondiendo a la invitación que recibimos de Dios: servirle con alegría... 

Querido superior de la delegación de Francia, querido vicario de la misma, querido superior de esta provincia de Santiago, queridos miembros todos del consejo de Santiago aquí presente, sacerdotes concelebrantes, congregaciones religiosas representadas, profesores, compañeros de clase, monitores de centros juveniles claretianos, queridas hermanas y amados hermanos en Cristo, buenas tardes a todos, que habéis participado en esta celebración tan importante en mi vida.

Antes de leer como tal mi discurso, querría deciros que estoy lleno de emoción; emoción que, supongo, compartís todos conmigo. No es tan fácil escribir un discurso con tanta emoción. Ese famoso síndrome de la página en blanco, lo sufrí, en parte porque me venían demasiadas ideas de golpe. Al final decidí no complicarme y hablaros desde mi experiencia personal, estructurando este discurso en una lista de cuatro palabras, un glosarito. 

La primera sería sueños, este sueño que me hace madrugar cada mañana para alabar a Dios, fuente de mi vocación, que me hace vivir con plena confianza con mis hermanos de comunidad y me propulsa hacia el futuro. 

La segunda palabra sería gracias: gracias a Dios que día tras día se hace presente en mi vida y permite que estemos aquí en este día memorable; gracias a mi congregación y a todos los Hijos del Inmaculado Corazón de María, nuestra madre; gracias a los miembros del consejo de la delegación que me han aprobado para hacer esta profesión y al padre delegado Pierre Zanga que, a pesar del dolor de la pérdida de su madre, ha aceptado con todo amor y cariño celebrar y recibir mis votos; gracias a todos los miembros de la provincia de Santiago, con su provincial siempre simpático y con esa sonrisa que transmite tanta alegría; gracias a los formadores (José Ramon, José Manuel) que día tras día nos hacen crecer en este camino de seguimiento de Cristo, pero también a crecer como seres humanos; gracias a mis profesores presentes que nos ayudan a madurar en la ciencia teológica, 
gracias a todos mis hermanos claretianos por poder aprender de cada uno de ellos a través muchas de sus experiencias; gracias a mi familia biológica que se encuentra en Camerún de cuerpo pero que están aquí con nosotros de espíritu y que siempre me rescata cuando la necesito; gracias también a mis familias de acogida aquí en España y de Colmenar Viejo de modo particular; gracias a los amigos y compañeros de lucha de la universidad; gracias a vosotros todos, que a pesar de todas vuestras ocupaciones habéis elegido venir para ser testigos de mi sí definitivo. 

Mis últimas palabras son esperanza y acción. Son palabras que sirven como resumen a todos los consejos que me ha ido dando un maestro mío (que a veces llamo “mi papa”) durante mi formación inmediata a este acontecimiento. Dice así: “actúa con valentía y humildad en todo momento; sirve; sé trabajador y honesto con cada responsabilidad que asumas; sé trasparente, leal y solidario con los demás sin distinción; mira siempre de frente sin importar lo que pase, sé íntegro en todo momento, porque eso es lo que unifica a una persona; di la verdad con tranquilidad; comparte con sinceridad sin esperar nada a cambio; recibe y regala la sonrisa y la alegría a las personas, pues las hacen más felices; nunca dejes de soñar; disfruta la vida en tu manera y aprende mucho de ello; y por encima de todas las cosas, sé siempre un luchador por la gloria de Dios, tú salvación y la salvación de los hombres. 

Muchísimas gracias a todos y que sirváis siempre al Señor con alegría.

Romuald Wambo, cmf

martes, 21 de marzo de 2017

'Servir al Señor con alegría' en Camerún, en España o en Francia... Romualdo, cmf

En el contexto de la jornada del seminario diocesano el pasado 19 de marzo, en nuestra iglesia de Colmenar Viejo, Iglesia del Corazón de María, algunos seminaristas animaron las eucaristías con su testimonio vocacional. Hoy queremos compartir con vosotros la experiencia de Romualdo Wambo… ¿por qué un joven camerunés deja todo sin mirar atrás y se inserta en la realidad francesa? Él mismo te lo cuenta… ¡esperemos que te guste! 


“Servid al Señor con alegría”

Me llamo Romualdo de la Misericordia Divina, vengo de Camerún y soy misionario claretiano de la delegación de Francia. Nací en una familia cristiana y en un pueblo muy religioso que se llama Nkongsamba. Los sacerdotes del pueblo y mi familia me fueron llevando progresivamente a vivir una vida de mayor intimidad con Jesús. Y acaso, como cristiano, sentí como si no fue suficiente hacerme su hijo en el Bautismo. En el momento que la Santísima Trinidad hizo su morada en mí, el Espíritu Santo que es “agua viva” imprimió en mi alma un sello indeleble. Y creo que nadie me lo puede borrar o quitar. El toque de gracia lo recibí en unos ejercicios espirituales que nos dio un sacerdote jesuita a los jóvenes de la parroquia. Al explicarnos la importancia de la Palabra de Dios en nuestra vida, descubrí que el Señor me llamaba a ser servidor de su Palabra. Desde entonces, quise ser todo de Él. Entré en el seminario e hice mis votos temporales; y con la voluntad de Dios haré mis votos perpetuos en el próximo mes de abril. Como misionero claretiano, he sido enviado a anunciar la vida a fin de que todos los hombres se salven por la fe en Cristo. También, para que todos los que reconocen a Cristo como Hijo enviado por el Padre para salvarnos reciben con abundancia y para siempre el “agua viva” que Él promete, como a la mujer Samaritana en el Evangelio. 

En cuanto bautizado como cada uno de vosotros, soy un hijo adoptivo de Dios con el derecho de llamarlo Padre; y como consagrado, su Amor me eleva más cerca de Su corazón. Soy un embajador de Dios en el mundo; un profeta que anuncia la Buena Nueva al estilo de nuestro fundador San Antonio María Claret. El Espíritu ha venido hasta mí de manera especial, con diversos dones y gracias que me posibilitan para conformarme con Jesús. Este mismo Espíritu me ha sido dado para que, igual que Jesús, vaya y anuncie la Buena Nueva de Su Amor y a través de ese amor cambiar el mundo. He sido llamado por Dios para dos cosas, la primera de ellas es a ser santo y la segunda asistir a mi prójimo en su búsqueda de su santidad. Si yo fallo en esto, todo lo demás se pierde. 

Ahora llevo más de 7 años de vida religiosa, y desde mi vocación misionera, cada día amo más a este mundo tan necesitado de Dios y de su Agua viva; y desde aquí animo a que otros a que tomen la antorcha de su vida sin miedo a abrasarse en el fuego del Espíritu.

Romualdo Wambo, cmf

sábado, 18 de marzo de 2017

Ser don de Dios para el otro en India o en España: Rayappa, cmf

   En nuestra comunidad, de vez en cuando, alguno de nuestros hermanos viaja a alguna parroquia claretiana para compartir su experiencia misionera. Este fin de semana, Rayappa Nathaniel ha viajado a Oviedo para disfrutar y celebrar la fe en la Parroquia del Corazón de María. Desde allí, nos envía su testimonio para compartirlo contigo... ¿no es una buena ocasión en este Día del Seminario para conocer otras historias y realidades? ¡Esperamos que lo disfrutes!
 

Quiero compartir con vosotros mi experiencia de fe y la misión de la India. Procedo de la India, de una cultura de mucha diversidad de idiomas, tribus y religiones, conocida por su grande y profunda espiritualidad: hinduismo y budismo, Yoga o vida holística. También por las figuras tan grandes como la de Gandhi o Teresa de Calcuta, con todo su servicio, y muchas más. Entre tanta diversidad, los cristianos vivimos nuestra fe con profundidad integrándonos en la propia cultura y dando el testimonio en todo lo que podemos. Por eso es muy positivo que haya cada vez más gente que acoja libremente a Cristo. En este ambiente, no cabe duda de que uno percibe a Cristo como el Manantial, Agua viva y Centro de la vida. Aunque es una fe sencilla de las personas simples, muchas de las cuales no saben nada de la teología, ni de dogmas, ni de doctrinas. Sin embargo, viven su fe de manera muy personal y con mucha radicalidad. Su máxima heredad, la gran riqueza que tienen, es el Único, que es Jesús que sacia con agua viva.

«Dame agua», pide Jesús a la mujer samaritana en el Evangelio de hoy. De muchas maneras Jesús sigue pidiendo agua a cada uno de nosotros en forma de muchas personas, de los más necesitados. Hoy en día hay tantos gritos de pobres, sedientos, hambrientos, carentes del amor, del perdón, de la cercanía, de la ayuda y del acompañamiento. Agradezco a muchas personas de la Iglesia, como los claretianos, que han estado muy atentos al grito de las necesidades de la gente, tanto espirituales como materiales, tanto corporales y como emocionales.

Hablando de nuestra misión como claretianos, somos más de 500 claretianos en distintas partes de la India. Tenemos distintas misiones, como en los colegios para los más pobres que no pueden ofrecer nada a cambio de la enseñanza; o en las parroquias más rurales, asistiendo a las necesidades espirituales; o en los centros de leprosos, ciegos, moribundos, mendigos y cárceles, haciendo presente la compasión y la misericordia de Jesús.

Asistimos a la gente más necesitada, sobre todo la familia que es algo muy central de la evangelización, donde la fe es vivida de una manera muy activa, personal y arraigada en los consejos evangélicos. Creemos en esta misión y ponemos tanto acento en ella, porque es la primera escuela donde nace todo, donde uno aprende mejor, vivida y practicada más que enseñada. Probablemente, la familia es el don más hermoso creado por Dios. El Señor nos ha dado el privilegio de poder crear nuestra propia familia para poder educar a otros más pequeños en valores y en respeto al prójimo. Dicen que ‘la familia que ora unida, permanece unida’. Hay familias que conozco que no comienzan ni terminan el día sin la oración, sin ofrecerse a sí mismos a Dios. De hecho, siento profundamente que mi vida vocacional, mi deseo de seguir a Jesús, nació en mi propia familia. He vivido los mejores momentos de mi fe en el ambiente familiar.

Hace muy poco los claretianos de la India fundamos un hogar para los enfermos mentales, donde se acoge a la gente que vive en la calle, sin hogar, afectada por alguna enfermedad mental o un trastorno psicológico, rechazada por sus familiares o, sin que seamos drásticos, a las personas que se han perdido al salir de casa. La misión de este hogar es el de rescate, recuperación, rehabilitación y reunificación con su familia. Hay unos 58 millones de indios que sufren algún tipo de enfermedad mental. Solo hay un psiquiatra para cada 4000 personas. La presencia y el servicio de los claretianos es muy valorada porque en este servicio de pequeños detalles se encuentra el rostro de Dios, compasivo, misericordioso, un Dios de la vida, que sale primero al encuentro, sale en busca de cada uno. Esta gente no hace cosas extraordinarias, sino que sencillamente se compromete en el encuentro con el Dios de la vida.

A veces, para mí, lo más llamativo y lo que más me preocupa es que hoy en día aquella gente no cree en Dios, lo rechaza y queda lejos de la Iglesia, no es la gente que sufre muchas dificultades o enfermedades, o carecen de cosas básicas, sino aquella que lo tiene relativamente todo: los medios vitales básicos, posibilidades y oportunidades. Pero quedan solo en la superficie, no piensan ir más allá de lo propio, ni asumen las cosas en su totalidad. Y lo que más me sorprende es que a esa gente todo esto le parece algo normal, sin nada por lo que estar preocupado. Muchas personas están abandonando a Dios antes de haberlo conocido. Si conocieran la experiencia de Dios que Jesús contagia, lo buscarían. Creo que la experiencia primera y más importante es encontrarnos a gusto con Dios porque lo percibimos cada momento como una «presencia sanadora, salvadora, agua viva que sacie la sed». Cuando una persona sabe lo que es vivir a gusto con Dios, porque, a pesar de nuestra mediocridad, nuestros errores y egoísmos, él nos acoge tal como somos. Y esto nos impulsa a enfrentarnos a la vida con paz. Así es como difícilmente abandonará la fe.

Jesús nos ha dado el agua viva. Él dice nuestro nombre personalmente. Si yo escucho, él no se calla. Si yo me abro, él no se cierra. Si yo confío, él me acoge. Si yo me entrego, él me sostiene. Si yo me hundo, él me levanta. Amén.

domingo, 8 de noviembre de 2015

¡Somos misioneros!

Cada domingo tiene algo de especial. Un sol más brillante, una luz más intensa, un color más claro. Y, como cada día, nuestra comunidad amanece con el rezo de las laudes, la oración de la mañana de toda la Iglesia.
   Hoy había algo especial. En cada uno de nuestros lugares encontramos la Declaración del XXV Capítulo General, «Testigos-Mensajeros de la Alegría del Evangelio». Hombres de tantas lenguas, pueblos y naciones oraron, reflexionaron y discernieron hacia dónde queremos caminar como misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María en este tiempo que vivimos. Y, de repente, uno empieza a preguntarse qué es lo que han recibido sus manos...
   Este librito recoge cómo la Congregación ha discernido la voluntad en Dios para con nosotros en este tiempo. La expresión de la memoria y la tradición que hemos recibido; del presente apasionante que transitamos y del futuro que viene lleno de esperanza. Nos fuimos dando cuenta que lo que teníamos entre manos es la apertura que nuestros mayores han ofrecido al Espíritu. Para ser más misioneros. Para ser más claretianos. Para ser más como Dios quiera que seamos.

   Entonces sólo queda agradecer este regalo. Sabernos dentro de una gran familia que vive a lo largo y ancho del mundo la alegría del Evangelio. Darnos cuenta de que desde aquí, desde nuestra comunidad de Colmenar Viejo, tratamos de mostrar el rostro de la Congregación hoy: hombres de tantas lenguas, pueblos y naciones que somos llamados «a testimoniar la primacía absoluta de Dios y de su Reino» [MS 3], que tantas consecuencias fecundas tiene.

Cada domingo tiene algo de especial... hoy nos sentimos un 
poquito más claretianos.


¡Ábrenos los oídos y los ojos,
sacúdenos el miedo y las inercias,
danos un corazón de carne y de crisma,
revístenos de gozo y de osadía,
envíanos, al Viento que te lleva,
testigos de tu Hijo,
diáconos de Pascua, servidores,
hermanos ecuménicos del mundo!
[Pedro Casaldáliga, cmf]

domingo, 25 de octubre de 2015

Celebrar un Amor que todo lo supera: Profesión Perpetua de Adrián de Prado, cmf y renovaciones

 
   Ayer fue un día de fiesta. Un día de emociones intensas, de agradecimiento hondo, de fidelidad compartida. Celebramos juntos el día de nuestro Padre fundador, San Antonio María Claret. El día en que recordamos la vida del hombre de fuego, del misionero ardiente sin fronteras, del enamorado de Cristo y de María, del que tenía el alma habitada. Hacer memoria agradecida de su vida siempre es un motivo de alegría. En nuestro caso, triple alegría. 
Capilla en la Solemnidad de Claret y renovación de los estudiantes claretianos

   Por un lado, la fiesta de Claret. Por otro, comenzamos la mañana renovando nuestros votos siete hermanos de nuestra comunidad. Siete jóvenes que volvieron a renovar su sí, su compromiso de seguir a Cristo más de cerca, su ser fieles a la vocación recibida. Ellos, Claver, Raju, Charles, Jorge, Rayappa, Sarin y Jobish, renovaron su profesión religiosa como Hijos del Inmaculado Corazón de María, como misioneros claretianos. En el fondo de su corazón renovaban el deseo de mantener encendido el sueño del joven Claret que llevan prendido en el alma. 
Claver renovando su profesión


Raju renovando su profesión


Charles renovando su profesión


Jorge renovando su profesión


Rayappa renovando su profesión


Sarin renovando su profesión


Jobish renovando su profesión
   Y, por último, pudimos compartir con Adrián de Prado, hermano de esta comunidad durante varios años, su profesión perpetua. Él, como la de tantos otros claretianos, quiere que su vida sea un canto al Amor con mayúscula que le sobrepasa y le sobrecoge, que le abrasó por dentro para ser ardiente hacia tantos rostros, tantas historias, tantos hombre y mujeres sedientos de Él. 
Llamada a Adrián antes de profesar

Durante el interrogatorio que le hace el Superior Provincial
Adrián compartiendo su acción de gracias

Durante la fórmula de profesión con la que se une a la Congregación

   Desde aquí, Adrián, agradecemos tus años con nosotros. Tu esfuerzo y tu sensibilidad, tus días de claridad y tus noches oscuras. Gracias por el tiempo de búsqueda compartido, por mirar juntos al Crucificado y celebrar en el día a día al Resucitado que nos llamó a estar con Él. Seguimos orando contigo y por ti, en el Corazón de la Madre, donde la vida sabe a verdad misionera. Que ella continúe enseñándonos a ser discípulos amados del Hijo, llamados por el Padre y enviados por el Espíritu. Y que no se canse tu corazón de guardar los dichos de Amor que enciendan tu vida y la de tantos. Gracias, hermano, por ser parte de esta grande obra.

Algunos de los jóvenes y claretianos que acompañaron a Adrián, con sus hermanos

Más jóvenes y claretianos que estuvieron con nosotros


Gracias, Padre, por llamarnos a la vida.
Gracias, por atraernos con ardor misionero al Hijo.
Gracias, porque en ti, por ti y desde ti, nos sabemos lanzados al mundo.
Gracias por la comunidad misionera que nos trae hermanos que te reflejan.

Haznos misioneros apasionados, al estilo de Claret.
Haznos misioneros contemplativos, al estilo de Claret.
Haznos misioneros servidores de la Palabra, al estilo de Claret.

Y sé Tú, Señor, sólo Tú, quien colme cada día y cada noche,
cada llano y cada cuesta, cada susurro y cada silencio.
Sólo Tú, Señor, para la vida de tantos.
Amén. 


viernes, 24 de octubre de 2014

¡Feliz deseo de fuego!


Un fuego que sea capaz de arder un corazón que a pesar de sus heridas, de sus desgastes, de sus divisiones, quiere entregarse del todo. 
Así fue el corazón de Claret, un corazón abrasado. 

Así quiere ser el nuestro: un corazón que desee, a pesar de todo, amar como Él amó. Y todos unidos por una misma vocación, una misma llamada y un mismo sueño: hacer del evangelio nuestra vida.
¡Feliz fiesta de San Antonio María Claret!
¡Feliz deseo de fuego!

jueves, 23 de octubre de 2014

Seguir queriendo ofrecer el corazón: renovación de la profesión religiosa

Una antigua canción repite en su estribillo: ¿Quién dijo que todo está perdido? Yo vengo a ofrecer mi corazón. Para ninguno de nosotros esta experiencia le es ajena. A todos se nos ha regalado el inmenso don de querer ofrecer el corazón. Y quien sabe si a ti también… 

Un corazón que, antes de ser entregado, se ha sabido profundamente amado. Un corazón que desea amar como Él amó. Un corazón que siente pobre, pero que se sabe enriquecido por la llamada a dejarlo todo por el Reino de Dios. Un corazón que busca, por encima de todo, volcarse en las cosas del PadreEn la víspera de la fiesta de nuestro Fundador, San Antonio María Claret, muchos de nosotros de forma especial hemos renovado los deseos de seguir más de cerca a Cristo Señor. Juntos, en comunidad misionera, renovamos nuestra profesión religiosa como Hijos del Inmaculado Corazón de María. Porque sabemos que nada podemos sin Él. Porque sabemos que todo nos viene de Él. Y así, ofreciéndonos en lo pequeño para que otros tengan vida, le recibamos en abundancia. 
 Renovación de la profesión de Charles


Renovación de la profesión de Jobish


Renovación de la profesión de Rayappa


Renovación de la profesión de Jorge
Firma del Acta de Adri
Firma del Acta de Raju


Firma del Acta de Sarin
 
Firma del Acta de Peter

Éste fue el deseo de Claret. Éste fue el sueño que mantuvo despierto su corazón al mundo. Y supo poner nombre a este fecundo proyecto con letras de sangre y fuego: un Hijo del Inmaculado Corazón de María es un hombre que arde en caridad, que abrasa por donde pasa
Gracias, Señor, por este tesoro que nos vive. 
Gracias, Señor, por esta llamada a ofrecer el corazón y la vida. 
Gracias, Señor por el deseo de vivir 
   castos, pobres y obediente como Tú. 
Por amor. 
Por el mismo Amor con el que nos llevas a decir sí.