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martes, 21 de marzo de 2017

'Servir al Señor con alegría' en Camerún, en España o en Francia... Romualdo, cmf

En el contexto de la jornada del seminario diocesano el pasado 19 de marzo, en nuestra iglesia de Colmenar Viejo, Iglesia del Corazón de María, algunos seminaristas animaron las eucaristías con su testimonio vocacional. Hoy queremos compartir con vosotros la experiencia de Romualdo Wambo… ¿por qué un joven camerunés deja todo sin mirar atrás y se inserta en la realidad francesa? Él mismo te lo cuenta… ¡esperemos que te guste! 


“Servid al Señor con alegría”

Me llamo Romualdo de la Misericordia Divina, vengo de Camerún y soy misionario claretiano de la delegación de Francia. Nací en una familia cristiana y en un pueblo muy religioso que se llama Nkongsamba. Los sacerdotes del pueblo y mi familia me fueron llevando progresivamente a vivir una vida de mayor intimidad con Jesús. Y acaso, como cristiano, sentí como si no fue suficiente hacerme su hijo en el Bautismo. En el momento que la Santísima Trinidad hizo su morada en mí, el Espíritu Santo que es “agua viva” imprimió en mi alma un sello indeleble. Y creo que nadie me lo puede borrar o quitar. El toque de gracia lo recibí en unos ejercicios espirituales que nos dio un sacerdote jesuita a los jóvenes de la parroquia. Al explicarnos la importancia de la Palabra de Dios en nuestra vida, descubrí que el Señor me llamaba a ser servidor de su Palabra. Desde entonces, quise ser todo de Él. Entré en el seminario e hice mis votos temporales; y con la voluntad de Dios haré mis votos perpetuos en el próximo mes de abril. Como misionero claretiano, he sido enviado a anunciar la vida a fin de que todos los hombres se salven por la fe en Cristo. También, para que todos los que reconocen a Cristo como Hijo enviado por el Padre para salvarnos reciben con abundancia y para siempre el “agua viva” que Él promete, como a la mujer Samaritana en el Evangelio. 

En cuanto bautizado como cada uno de vosotros, soy un hijo adoptivo de Dios con el derecho de llamarlo Padre; y como consagrado, su Amor me eleva más cerca de Su corazón. Soy un embajador de Dios en el mundo; un profeta que anuncia la Buena Nueva al estilo de nuestro fundador San Antonio María Claret. El Espíritu ha venido hasta mí de manera especial, con diversos dones y gracias que me posibilitan para conformarme con Jesús. Este mismo Espíritu me ha sido dado para que, igual que Jesús, vaya y anuncie la Buena Nueva de Su Amor y a través de ese amor cambiar el mundo. He sido llamado por Dios para dos cosas, la primera de ellas es a ser santo y la segunda asistir a mi prójimo en su búsqueda de su santidad. Si yo fallo en esto, todo lo demás se pierde. 

Ahora llevo más de 7 años de vida religiosa, y desde mi vocación misionera, cada día amo más a este mundo tan necesitado de Dios y de su Agua viva; y desde aquí animo a que otros a que tomen la antorcha de su vida sin miedo a abrasarse en el fuego del Espíritu.

Romualdo Wambo, cmf

lunes, 20 de marzo de 2017

Fe, invitación y respuesta: de Corea del Sur al mundo. Rafael Lee, cmf

En el contexto de la jornada del seminario diocesano el pasado 19 de marzo, en nuestra iglesia de Colmenar Viejo, Iglesia del Corazón de María, algunos seminaristas animaron las eucaristías con su testimonio vocacional. Hoy queremos compartir con vosotros la experiencia de Rafael Lee... ¡nos regala tres palabras para nuestra vida vocacional! Esperemos que te guste...


Buenos días a todos. Me llamo Rafael, soy de Corea del sur. Reflexionando sobre la trayectoria de mi vocación, me gustaría decir tres palabras.

La primera palabra es fe. La base de mi fe fue formada por mi madre. Yo nací en 1980, en Seúl. Toda mi familia es católica. Cuando tenía 2 años, me bauticé y naturalmente iba a la iglesia con mi familia todos los domingos. Me sentía en el ambiente católico muy cómodo. Todavía me acuerdo muy bien cuando regresaba a casa del colegio. Siempre, mi madre ponía en la radio canciones católicas para que resonara en toda la casa. A mí me encantaba. Cuando tenía 11 años, mi padre murió de cáncer y, desde entonces, mi madre tenía que criar dos hijos. Es cierto que fue un tiempo duro para nosotros, especialmente para mi madre. Pero ella lo superó con la fe firme en Dios, sin perder el cariño por nosotros. Sobre todo, ella siempre confió en mí y en mi hermano, respetando mis decisiones. Siempre. En aquel tiempo, cuando tenía dieciséis años, pensaba que era un hombre maduro. Ahora sé bien que nunca fui una persona madura a esa edad, y por eso cometí muchas faltas. Sin embargo, ella me respetó mi plan y mi pensamiento y esperaba hasta que pudiera darme cuenta de mis fallos. Mi madre tenía una fe firme en que Dios me conduciría haciael camino correcto. Con esa fe,ella pudo confiar en mí y gracias al buen ejemplo de su fe, yo también pude tener fe en Dios. Supe que Él nunca me abandonaría y me guiaría a buen camino. 

La segunda palabra es invitación. Dios se acerca a nosotros, nos llama e invita primero. Él aprovecha muchos medios, especialmente a través de la gente nos invita a caminar con Él e ilumina nuestra vocación. Después de la primera comunión, empecé a ser monaguillo. En este tiempo, había un párroco muy joven. Él me intentaba convencerque entrase al seminario diocesano. Este cura me trataba muy bien y me invitaba a comer de vez en cuando. Aunque me llevaba muy bien con él y me sentía muy agradecido con su amistad, no fui al seminario diocesano. Al final, resultó que sus intentos para convencerme fracasaron. Sin embargo, él no dejó su cariño hacia mí. De hecho, eso se parece mucho a la actitud de Dios. Diosnos llama e invita primero, y aunque nosotros no contestemos a esa invitación, Él no deja su amor por nosotros. Es un amor incondicional. Dios siempre esperanuestra respuesta sin forzarnos. Después de mucho tiempo, por fin yo decidí entrar al seminario. Pero no fue al diocesano, sino al claretiano. En Corea, cuando entramos en alguna congregación o seminario, tenemos que presentar una carta de recomendación de algún cura. Yo le pedí a este cura para que escribiera la recomendación sobre mí. Él me preguntó: “¿Tú no quieres entrar al seminario diocesano? Como el obispo diocesano y yo somos muy amigos, puedo hablarle de ti muy bien. ¿Qué te parece?” Yo le respondí: “No”. Él me escribió la recomendación y ahora nosotros seguimos el camino para imitar a Jesucristo juntos, pero de diferentes modos. El año pasado este cura vino aquí, a Colmenar Viejo, para verme por dos días y agradeciendo la hospitalidad de esta comunidad, me dijo: “tu congregación está muy bien.”

La tercera palabra es respuesta. Sin respuesta, ningún encuentro ocurre. El encuentro con Jesucristo es igual. En mi caso, después de acabar el colegio hasta que ingresé enla congregación tardé casi 10 años. Creo que yo tenía la invitación de Dios conmigo. Pero, en ese momento no quería aceptar esa invitación. Pensaba que esa invitación pudiera limitar mi libertad. A mí me importaba la libertad. Ya no era un chaval. Quisiera ser una persona independiente, es decir, independiente de mi familia y de Dios, disfrutando toda mi libertad. A mis veinte años, yo procuraba a hacer todo lo que deseaba. Estudiaba en la universidad, trabajaba en el campo de obra social, enseñaba coreano en otro país, tuve algunas novias y viajaba donde quería. Yo hice lo que quería y nadie me impedía nada. Desde luego, aprendí mucho desde mis experiencias y estaba contento por algún tiempo. Pero también me sentía vacío bastante a menudo (como la samaritana). La alegría de la satisfacción de mis deseos humanos no duró tanto tiempo. Yo soñaba la libertad total y entera, pero antes bien, cada vez más, me fui enterando de que la libertad humana era un límite y esefímera. Por fin, empecé a convertir mi mirada hacia Dios. Poco a poco, me di cuenta de que solo Dios, que «no se muda» y nos da «el agua viva que salta a la vida eterna», podía darme la libertad y alegría auténticas. Y también pensé que su Amor no limita mi libertad sino la respeta y enriquece transcendiendo las cosas del mundo que tienen término. Así cuando tenía 29 años, decidí a ingresar en la congregación claretiana. 

Responder a la invitación no es el final del encuentro con Dios, sino es el inicio del encuentro. Aun sabiendo que todos los encuentros también tienen dificultades que tenemos que afrontar. Sin embargo, es cierto que Dios no nos abandonará y nos dará lo que más necesitamos. Nosotros, seminaristas, respondiendo a la llamada de Dios, seguimos el camino para configurarnos con Jesucristo y proclamar la Buena Noticia a través de la palabra y la presencia. Os pido que recéis por nosotros.

Y, vosotros también, con la fe firme en Dios, caminad en vuestras vocaciones. La invitación de Dios no sólo es para seminaristas, sino también para todo el mundo. Todos nosotros ya tenemos la invitación de Dios. No dejéis esa invitación. Responded a la llamada de Dios y seguid vuestra vocación propia, la de cada uno, sin miedo, en el gran Amor de Dios. Nosotros también rezaremos por vosotros.

Gracias. 

Rafael Lee Seungbok, cmf


lunes, 28 de noviembre de 2016

Un corazón que late a ritmo de adviento


  Muchas veces nos encontramos a tantas personas que, de alguna manera, buscan ese 'algo más' que todos esperamos. Muchas veces, cuando menos lo intuimos, se nos regalan encuentros en los que aunamos deseos de vivir con mayor anchura. Aunque no lo digamos así, aunque en tantas ocasiones pase desapercibido. En el fondo, nuestro corazón late a ritmo de adviento. Lo que somos viene viviendo esa tensión de que llegue algo, o mejor Alguien, que tenga algo que decirnos. Y, en ese intento, hemos querido echarle imaginación con un mensaje especial que hoy compartimos. Porque todos esperamos la Palabra que haga vibrar nuestro día a día. Porque todos estamos a la espera. Porque todos merecemos que Alguien tan bueno nos visite.

   Ojalá sea este tiempo de Adviento el momento oportuno para poner al día eso que tanto anhelamos, y ojalá recibamos la Luz que se nos viene para poder acoger tanto misterio... ¡Feliz tiempo de Adviento!

Querido amigo, querida amiga...
  Quizá te sorprenda que te escriba. Quizá pienses que todo forme parte de una idea, de un proyecto, de un tiempo bonito. Sin embargo, llevo queriéndote decir algo mucho tiempo. Tanto, que pueda ser una eternidad. Tanto, que hasta aquello que te digo va en mi propio corazón.
  Sí, en mi corazón. En el mismo que el tuyo. Allí es donde recuerdo a cada momento quién eres, cuál es tu nombre, cuáles son tus deseos, dónde están tus tropiezos… te conozco. Te conozco desde antes de que tú lo supieras. Tanto, que te llevo escrito en la palma de mi mano. Tanto, que tu nombre lo escribí en las estrellas. Te conozco porque sé lo que tú has vivido, yo también pasé por lo mismo que tú. Pasé por aquel conflicto que hace tiempo tuviste tan malo. Transité por los sueños que te hacen sentir vivo. Me perdí alguna vez que otra en pequeñas rencillas que no me ayudaron. Nací. Como tú. Crecí. Como tú. Y traté de afrontar la vida con la mayor fuerza de la que fui capaz. Como tú lo estás tratando de hacer ahora. Y Dios siempre estuvo conmigo. Como contigo.
  Y así te voy desvelando el porqué de este nuevo nacer de cada año, de cada día. Porque sé que lo que yo viví lo puedes vivir tú. Porque en tu corazón puede prenderse la misma llama que me hizo a mí capaz de conocer en profundidad tanto; de amar, hasta el extremo; de servir, aunque todo invite a no hacerlo; de alabar, porque nuestra mirada está puesta en una esperanza más grande. Sí, amigo de camino. Yo vine para que tú pudieras vivir al máximo. Vine para que vivieras a fondo. Vine para que no olvides que te amo. Desde siempre. Enteramente. Porque yo, con todo lo que soy, quiero hacerte valiente.
  No dudes mucho más. No te dejes vencer por esa mala racha, por ese tiempo de olvido, por ese ‘no te encuentro’. No. Ven a encontrarme conforme estoy viniendo. Con todo el amor del que soy capaz. Con toda la sencillez que tiene un niño. No te prometo grandes espectáculos, pero te aseguro que, si me esperas, yo siempre estaré contigo. Para cruzar juntos esos puentes difíciles que se te presentan. Para avivar en ti el deseo de ser mejor. Para recordarte, con todas mis fuerzas, que eres amado. Infinitamente amado. Y, por eso, la vida merece la pena. Y la alegría.
  Espérame. Estoy viniendo. Y soy yo mismo quien vengo. No pases página. No te detengas… sé que este tiempo va a ser, para ti, nuevo. Ya estoy viniendo. Ya te estoy queriendo…
  Tuyo,
יֵשׁוּעַ

sábado, 4 de junio de 2016

Un corazón por Dios tocado...

   Hoy celebramos la fiesta del Corazón de María. Nosotros, hijos de su Corazón, misioneros claretianos, no podemos dejar de agradecer lo que supone para nosotros esta dimensión de nuestra vida. Ser sus hijos es ser hombres que guardan todo en el corazón y que, desde él, viven la misión. Como ella, fiarse de la Palabra. Como ella, señalar al Hijo. Como ella, seguir cumpliendo el plan de salvación de Dios para la humanidad. Con ella hoy celebramos que Dios nos sigue cuidando y sosteniendo. Con ella queremos seguir sirviendo a la Palabra, misioneramente, ardientemente... ¡Feliz día del Corazón de María!

Un corazón valiente,
capaz de fiarse del todo
creyendo al Todo.

Un corazón abierto,
que ama lo distinto
y crece en lo pequeño.
Un corazón de mujer,
entregado y fiel,
que danza al soplo del Espíritu.

Un corazón de Madre,
ardiendo en misericordia
que cuida lo débil fortaleciendo desde dentro.

Un corazón de discípula,
siguiendo las huellas del Maestro,
agradeciendo su cumplida promesa,
guardando su eterna Palabra.

Un corazón misionero
volcado a Su querer y al mundo,
que extiende sus brazos para su cuidado.

Un corazón que es
hogar de la Palabra,
paso firme, libre y decidido,
canto agradecido
y encuentro con el Misterio.

Éste es el Corazón de María.
Éste, del que somos sus hijos.
Éste, donde vivimos y nos formamos.
Este Corazón es el que queremos para el nuestro.
Sé tú, María, la fragua ardiente
donde nos configuremos con el Hijo.
Amén.


domingo, 17 de abril de 2016

¿Quién me mira?


Sé tu nombre.
Sé quién eres.
Sé qué sueñas.
Te llevo sobre mí cada tiempo.

Sé hasta dónde te escapas.
Sé hasta cuándo me esperas.
Sé hasta cómo me escuchas.
Te miro con pasión desde siempre.

Sé que tu oído puede oírme.
Sé que tu nombre en mis labios te estremece.
Sé que tu y Yo, si quieres, podemos ser uno.
Te llevo pensando,
   nombrando
   y sosteniendo
   desde lo eterno.

domingo, 10 de abril de 2016

Lo que Tú ya conoces...


Qué tendrá el mar de Galilea
que tanto enamoró
y que tanta pasión presenció.

Que tendrá el mar,
el Tiberíades,
donde tanta zozofra fue calmada,
donde tanta desesperanza fue convertida,
donde tanta fe fue regalada.

Que tendrá el mar,
Amigo amante,
que eliges sus orillas para atraernos,
sus aguas para verte,
su descanso para escucharte.

Llévanos al mar de los encuentros,
donde Tú sigues viviente
-para reconocerte-,
donde Tú sigues amando
-para investirnos-,
donde Tú sigues enviando
-para anunciarte-.

Allá, en el mar de Galilea,
donde sigues preguntado
por nuestros quereres,
los que Tú ya conoces,
los que Tú ya amasaste...

jueves, 24 de marzo de 2016

Jueves Santo: 'En memoria mía'

No fue un gesto sin cuidado. No fue una despedida sin huida. No fueron palabras al azar. Fue un gesto eterno, unas palabras a fuego, un agradecimiento anticipado, una despedida confiada. Fue un amor hasta el extremo. Él se puso a la mesa. Él supo cómo hacerlo. Adéntrate en el cenáculo. Fíjate en lo que dice. Y deja que tu corazón hable, sin miedo...
Que me alcance
la luz de tu gesto,
el testigo de tu mesa,
la intimidad de tu secreto.
Que me alcance y me supere
-sin miedo y sin permiso-.
Será este el camino
para que Tú
te abajes y me laves,
te abajes y te rompas,
te abajes y te compartas.
Más íntimo que en mí mismo.
Así, tan sólo por mí. 


«Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.» [Jn 13, 1]

domingo, 20 de marzo de 2016

Por lo que te recuerdo...

Si te recuerdo
no es por las puertas alzadas,
ni por el alborozo de los hombres,
ni por los ramos que te acompañan.

Si te recuerdo
no es por la alfombra de mantos,
ni por el entusiasmo de los tuyos,
ni por las piedras que clamaban.

Si te recuerdo
es por tu paso firme y decidido.
Por tu sí sin reservas,
por tu decidida respuesta.

Si te recuerdo
es por tu gesto pensado y ofrecido.
Por la copa bendecida,
por el pan partido.
Por el llanto en los olivos,
por el silencio en el beso.
Por el camino que te juzga,
por la cruz que te acaba.
Por el suspiro que exclamas,
por el rostro que inclinas.

Si algo recuerdo,
si de Ti hay algo en mí,
es Tu vida entregada,
es Tu silencio que salva,
es Tu alianza sellada.




domingo, 28 de febrero de 2016

Tenme paciencia, Señor mío...


Tenme paciencia, Señor, tenme paciencia.
La misma con la que Tú amasaste mi barro
y soplaste en mi rostro aliento de vida para que existiera.

Tenme paciencia, Señor, tenme paciencia.
La misma con la que Tú creciste,
con la que Tú te hiciste hombre,
con la que Tú viviste entre nosotros.

Tenme paciencia, Señor, tenme paciencia.
La misma con la que hermoseas mis brotes frágiles
y fortaleces las ramas que los sustentan.

Tenme paciencia, Señor, tenme paciencia,
porque no siempre atiendo el tiempo de cosecha
ni tampoco me preocupo de lucir florido
la belleza con la que bendices mi copa.

Tenme paciencia, Señor, tenme paciencia.
Bendíceme con la tuya,
la que siempre ha estado presta a acogerme alejado
y a abrazar cada una de mis betas.

Tenme paciencia, Señor, tenme paciencia.
Permíteme ser tan paciente como Tú eres conmigo.
Porque aun esperando Tú más de mí que yo mismo,
sólo la vida brota con toda su fuerza
cuando tu tiempo es también el mío. 


domingo, 21 de febrero de 2016

Qué tendrá Tu rostro de Luz...


Qué tendrá el rostro que tanto revela.
Qué tendrá el rostro radiante que tanto ensancha.
Qué tendrá el rostro de luz que tanto impulsa. 

Qué tendrá Tu rostro, Señor, que tanto nos reveló.
Tanto,
que ni hablar supimos,
que ni responder pudimos.
Tanto,
que sólo el silencio guardó
lo que se dijo de nuevo.
Tanto,
que aún siendo otro eras el mismo;
el tan nuestro y el siempre Eterno,
el que hasta el extremo nos amó.

Tu rostro,
el cambiado,
el transfigurado,
el del Amor derramado
y la Luz habitable;
el de la Esperanza cierta
y la Vida inapagable.

Tú, el del rostro transfigurado,
por el que clamó el cielo
y la voz resonó.
Tú, el amado.
El Único capaz de hacernos transfigurados.
El Único capaz de acompañar, lleno de luz, nuestros pasos. 
El Único que por amor se entregó...


martes, 9 de febrero de 2016

Cambiando: cuaresma 2016 - Change: lenten season 2016

  
   Aunque no siempre lo digamos, nos gustan los cambios. Tienen un toque de novedad, de riesgo, de inquietud. Como si llevarlo a cabo supusiera un desafío pequeño en medio de una aparente normalidad. Y esto a distintos niveles: desde un inocente corte de pelo, pasando por un nuevo modelo de gafas hasta la firme decisión de no enfadarte a la primera de cambio. Efectivamente, estos últimos son los más importantes. Los más profundos. Los que exigen de nosotros una dosis de realismo, de confianza y de libertad mayores. No siempre somos del todo conscientes que los cambios son buenos, hasta cuando una parte de nosotros queda sujeta en la incertidumbre: ¿seré capaz de lograr lo que me propongo? ¿No estaré arriesgando demasiado? ¿Y si me quedase aguardando bajo la excusa de 'virgencita, virgencita, que me quede como estoy'? Ahora bien, no te vamos a engañar. Decidirte a hacer un cambio en tu día a día es difícil. Difícil, sí. Imposible... no. Me temo que no es imposible. Ya lo escribió el evangelista: «para Dios no hay nada imposible» [Lc 1, 37].

  Though we do not say it that much, we want changes. They have a touch, a detail of newness, of risk, of restlessness. It appears like having it done supposes a small challenge in the midst of what is normal. And this is in different levels: from an innocent haircut to the newest model of eyeglasses and even to making a firm decision of not being angry for these changes. Without a doubt, these are important. Even more profound are those which demand from us a dosage of being realistic, of confidence and of freedom. We are not always aware that these changes are for the better until they make us uncertain and ask ourselves: Am I capable of doing what I propose? Is it not asking me too much? And excusing myself and say “I´d better remain as I am”? We are not going to deceit you. To decide that you make a change each day is tough. Tedious, yes. Impossible, no. I doubt that it is not impossible. The evangelist already wrote: “for God, nothing is impossible.” (Lk 1: 37).

   Hoy comenzamos un tiempo especial: la cuaresma. Cuaresma es pararte y ver qué es lo que necesita en mí un cambio. Pero no es cambiar por cambiar, sino conocer qué es aquello que me hace menos yo para ser más como Jesús. O lo que es lo mismo: convertirse para creer de lleno en el Evangelio. Eso será lo que hoy te digan cuando te impongan la ceniza sobre la frente... ¿y por qué ceniza? No es casualidad: ya desde antiguo era usada por quienes públicamente querían cambiar: reconciliarse con ellos mismos, con Dios y con los demás, convertirse en lo que realmente estaban llamados a ser. Es un gesto sencillo que nos recuerda tradiciones que cuentan con siglos de historia. Es poner sobre ti la certeza de que siempre podríamos ser mejores, siempre podríamos ser más parecidos al corazón de Dios. Sin grandes ceremonias ni gritos penitentes, sino con la amabilidad que regala la verdad de sabernos pecadores (ya sabes, menos tú mismo) y que necesitamos de Dios para seguir adelante (recuerda, más como Jesús, más tú mismo). Y Dios, que nos conoce mejor que nosotros mismos, hará posible el milagro: hacernos más como Él nos quiere. Él, mejor que ningún coach actual, sabe cómo poner en valor lo que no está del todo bien en nosotros para que sea la forma de Jesús quien vaya apareciendo poco a poco.
   
   This day marks the beginning of a special season: the lent. Lenten season is to stop and see the things that one has to change. It is not changing for the sake of changing. It is to acknowledge that which makes the “me” lesser and to be more like Jesus. That is the same thing as to change and believe in the Gospel. This is what is said as the priest imposes the ash on our foreheads. And why ash? It is not by chance: since time in memoriam, ash is already used by those who publicly announce that they want to change: to be reconciled with himself, with god and with others, to be converted and to be what they are really called to be. That is a simple gesture that reminds us of traditions and centuries of history. It is to impose on us the certainty that we can always change for the better, that we can always be more like the heart of God. Without extravagant ceremonies, without penitential shouts. But with the tenderness that the acknowledgment of being sinners gives and that we are in need of God to be able to continue journeying. And God, who knows us better more than we do, will make the miracle: to make us more like Him as he wishes. He, unlike any other actual coach, knows how to value those that are not-so-good in us so that they can be like Jesus little by little.

  Nos animamos mutuamente a vivir este tiempo especial. Cuarenta días para fijarnos bien en Cristo para que, cuando llegue el tiempo de Pascua, podamos entrar aún mejor en el misterio de su pasión, de su muerte y de su resurrección. Todo va de la mano... pero conviene no saltarse los pasos. Poco a poco, sin prisas. Hoy toca dejarnos alcanzar por la ceniza que nos recuerda nuestra necesidad de cambio para ser más como Él... ¡y no es poco!

  We mutually remind each other in living this special season. Forty days to fix well our gaze on Christ so that when the Easter season comes, we can even enter more in the mystery of his passion, and of his death and resurrection. Little by little, no need to hurry up. Today let us allow ourselves be imposed by the ash which reminds us of the necessity to change and to be more like Him. And that is already a big step!

  Dejarse hacer por Él.
  Dejarnos convertir por Él.
  Dejarnos parecer a Él.

  ¿Te animas a este cambio? ¿Te unes a este mirarse por dentro para mirarle mejor a Él? No olvides que Él ya te está mirando para acompañar tus pasos... ¡Feliz cuaresma!

  Allow yourself to be made by Him.
  Let us allow ourselves to be changed by Him.
  Let us allow ourselves to be like Him.
   

   Do you welcome this change? Do you unite yourself in this act of looking what is within so that we can look at Him better? Do not forget that he is already looking at you to accompany you in your steps… a meaningful Lenten season!


domingo, 17 de enero de 2016

Sé de un vino nuevo que te espera


Sé de un vino bueno 
   que alegra el corazón 
   y que alcanza a la vida.
Sé de un vino bueno
  que marida con la novedad, 
  la frescura y el anuncio.

Un vino que colorea 
  lo oscuro y lo marchito,
  que saborea la vida en fragmentos 
  para ofrecer biografías de esperanza.

Un vino bueno, 
  el que fecunda el agua corriente de nuestros minutos,
Un vino bueno, 
  el que devuelve la esperanza al cansado y al desesperado.
Un vino bendecido que sabe a bodas, 
  a compromiso y a alianza, siempre nueva y renovada.

Quien lo prueba 
  sabe que su nombre 
  es elegido, eterno y único.



Sabe que su tierra 
  ya no más estará seca ni olvidada.
Que cada piedra de tropiezo
  es un canto de libertad y de alegría
  en el lagar de nuestros intentos.
Quien lo prueba, lo sabe. 
Y quien lo entrega
  es el Hombre de los signos,
  el Hombre que porta la alegría,
  el Hombre con el que da comienzo 
  la fiesta de bodas.
  El Hombre que bendiciendo entrega
  que entregando bendice. 


 


El hombre que lo entrega
  es todo un Dios que se derrama como vino nuevo 
  para que tú y yo hagamos como Él nos diga.

Quien lo prueba, lo sabe. 
Quien lo entrega… te espera.
  Para que tú y yo cantemos que la Vida 
  es como vino nuevo que, a su tiempo, 
  sabe a entrega compartida.
  

domingo, 10 de enero de 2016

Ahí estás Tú, el Hijo amado


Ahí estás Tú, Señor Jesús,
en la cola de mis fallos,
en la fuerza de mis errores.
Ahí estás Tú, 
con espíritu y fuego,
cerca de mis orillas:
donde el mayor tesoro
es la fragilidad de tu Bien
y la debilidad de mi cuerpo.



Ahí estás Tú, Cristo Señor.
En medio de las aguas, 
en el corazón de la creación.
Donde el pobre clama,
donde la herida arde.
Ahí estás Tú, 
con tu espíritu de consuelo
y tu corazón abierto
para ser luz y salud del mundo.

Ahí estás Tú, Salvador nuestro.
Ungido y consagrado,
amado y elegido.

Ahí estás Tú, 
entre el cielo rasgado 
y la tierra estremecida:
para que recordemos que sólo en Ti 
hallamos nuestro sueño:
hijos elegidos, amados y bendecidos,
para ser como pan partido
para la vida de tantos...

martes, 5 de enero de 2016

Buscar, adorar, agradecer... ¡Feliz Epifanía!


Un sueño que pone en camino. 
Una larga travesía.
Una luz que guía.
Un engaño oscuro.
Un deseo que acompaña.

Lo demás...
la alegría que llena el corazón de quien busca,
las rodillas que se doblan ante el Misterio que responde,
la ofrenda agradecida de quien se sabe encontrado. 

Feliz Epifanía.
Feliz Luz que te guía.
Feliz encuentro con el Niño que te llevará por otros caminos...
siempre, con el corazón desbordado.  

domingo, 20 de diciembre de 2015

Para habitarte...


Para habitarte vengo.
Rompiendo imposibles,
asumiendo sueños.
El tiempo se cumple,
la vida te llega,
¡el miedo cesa! 


Para habitarte vengo.
Abriendo tus cerrojos,
restaurando tu pecho.
La promesa se cumple,
mi vida te llega,
¡el temor cesa!



Para habitarte vengo.
Amando tu espera,
cuidando tu silencio.
Lo fecundo se cumple,
lo que Soy te llega,
¡la duda cesa!


Para habitarte vengo.
Sin velos ni expiaciones,
sin pagos ni retribuciones.
Para habitarte,
sencillamente,
porque te quiero.

domingo, 13 de diciembre de 2015

De todo corazón vengo...


De todo corazón alégrate,
pues en medio de ti vengo.
Porque ya nadie viene en tu contra,
porque ya nadie busca tu mal.

De todo corazón alégrate,
que vengo alegrándome,
que vengo queriéndote,
vengo buscándote,
alzándote.



De todo corazón alégrate,
porque te traigo un corazón nuevo,
aquel que te vive,
aquel que te sostiene,
aquel que te consuela,
aquel que quiere ser tu centro.


De todo corazón alégrate,
Porque tu corazón ya no está solo.
El Corazón que te traigo
late a ritmo de canto, de risa y de baile.
Éste Corazón, el mío,
el que a tantos vive y tantos buscan.
Éste Corazón,
el mío,
te guardará en lo profundo,
desde lo eterno,
para que vivas.
Un Corazón te traigo 
para que solo no esté el tuyo.
Que de todo corazón vengo...



domingo, 6 de diciembre de 2015

Porque te recuerdo... vengo.

Porque me acuerdo de ti,
quiero que camines
   despojado de penas,
   vestido de alegrías,
   sonriente de luz.

Porque me acuerdo de ti,

quiero darte un nombre nuevo,
   un nombre que hable
   de mi paz en tus manos
   y de mi gloria en tu mirada.



Porque me acuerdo de ti,
quiero ponerte en pie,
   libre de lo que te ciega,
   capaz de lo que te pesa,
   radiante de nuestro gozo.


Porque me acuerdo de ti
quiero rebajar los montes que no cruzas,
   allanar los senderos que no transitas,
   colmar los valles que te guíen a mi encuentro.

Porque me acuerdo de ti,
porque todos verán mi salvación,
   destierra penas,
   sacude tormentos,
   baila alegrías.


Yo, tu Alegría,
te entrego
   la luz de mi gloria,
   la entraña de mi misericordia,
   la paz de mi justicia.

Porque te recuerdo,

   me vengo.
Porque te quiero,
   contigo camino.


domingo, 29 de noviembre de 2015

Mirad...


Mirad,
Yo vengo,
Yo estoy viniendo.
Escuchad el viento de la noche, 
la luz que va siendo nacida,
el tiempo del que espera.
¿Qué guardas?
¿Qué deseas?
¿Qué esperas?
¿Hacia dónde pones la mirada?

 

 Mirad, 
Yo vengo, 
Yo estoy viniendo.
Con lo que soy, con lo que te ofrezco.
Me vengo trayendo a mí mismo
para que alces la mirada
con lo que guardas,
con lo que deseas,
con lo que esperas,
con lo que amas. 


Mirad,
Yo vengo.
Para que os alumbre una nueva justicia.
Para que esperéis de un modo nuevo.
Para que os vistáis de lo que soy
y os llenéis de lo que prometo.
Y así también vuestra espera, vuestra noche, 
el tiempo y la vida,
la misma que te di y hoy te ofrezco de nuevo.


Mirad, 
Yo vengo.
«Levantaos, 
alzad la cabeza»,
se acerca Quien tanto os espera.

Álzate, que soy Yo el que vengo.


sábado, 13 de junio de 2015

A quien busque un corazón nuevo...


A ti, que buscas un nuevo corazón,

   Cuando era pequeño soñaba con hombres de fuego. Hombres de corazón ardiente que cruzaban mares y atravesaban fronteras guiados por un deseo común. Dejaban su casa y abandonaban su tierra para entregarse a un destino incierto, pero preñado de una Promesa. Cuando ellos volvían, su rostro era luminoso y su sonrisa desvelaba el acierto de su vida. Sabían que no se habían equivocado. Que sus frágiles manos portaban algo más que su debilidad y que su mirada era mejor si primero la fijaban en el Hijo de la Madre buena. Eran grandes hombres, «amigos fuertes de Dios», que hicieron de sus manos la prolongación de los brazos maternos de la mujer que hoy recordamos. La mujer del Corazón entregado. La mujer del Corazón en alto. La mujer del Corazón de Madre. Sus hijos traían la buena noticia de que merece la vida escuchar la Palabra y cumplirla. Habían encontrado un Tesoro y poco era lo que les apartaba de él. Y ellos, que quizá nada más tenían asegurado, no dejaban de regalarlo a manos llenas.
























  Se adivinaba en su rostro el color de las gentes de África, la vida vibrante de Latinoamérica, la honda sabiduría de Asia o la enigmática cotidianeidad de Europa. Su mirada rescataba los signos de la presencia de Dios allá donde veían. Y como la mujer del Corazón ardiente, le descubrían en lo pequeño. En los niños que llevan el agua a sus casas, en las mujeres que se desviven por el hogar, en los hombres que cultivan el arroz, en el silencio incomprendido del primer mundo. Sus hijos, aquellos misioneros, no dudaron en ofrecer su corazón como Ella lo hizo. Bastó un «sí», un «hágase», para que el milagro irrumpiera. Y la promesa se volvió a cumplir. Ya su corazón no era para sí mismos, ni para su tierra, ni para su casa. Su corazón era para todo aquel que llegaba fatigado del camino, herido en la batalla o buscando, sencillamente, un suelo firme donde habitar. Y como la Madre, lo acogían en su casa. Porque de la del Corazón de fuego aprendieron a ser hogar de la Palabra, refugio del necesitado, reflejo del Dios que tanto nos ama.


   Los hijos de la del Corazón ensanchado supieron encender el fuego del deseo de tener un mismo corazón en otros. También en mí. Avivaron las ganas de tener un corazón más grande, más amable, más libre. Grande, para acoger a tantos. Ancho, para que todos cupieran. Libre, para no hacer distinción. Y empecé a querer vivir de un corazón misionero. Como el suyo. Como el de Ella. Y Dios, que vio que era bueno, siguió tejiendo este sueño en mis entrañas. El sueño que superó todos los proyectos anteriores y los grandes deseos de la adolescencia. El sueño que me lleva a escribirte estas líneas. Hoy soy hijo del Inmaculado Corazón de María. Hoy mi sueño es seguir apostando por cruzar los mares y atravesar fronteras para llevar a tantos lo que el Corazón de María me enseñó: que Dios te encontró antes de que tú le buscarás, que te espera para seguir amando, que te sueña antes de que tú lo desees. Como lo aprendí de aquellos hombres de fuego, aquellos de corazón ardiente. 




   De pequeño soñaba con un corazón así para mí. Ahora lo pido para ti. Porque seguro que tú también sueñas con un corazón más grande, más amable, más libre. Porque seguro que también dentro de ti, tu corazón late a ritmo misionero... ¿Por qué no escucharlo hoy, mañana, siempre? María, la del Corazón ardiente, te enseñará cómo. Y en él, todas las voces y todos los gritos del mundo que esperan una Buena Noticia... ¿y si fuera tu corazón el que falta?


Feliz fiesta del Corazón de María. 
Feliz horizonte misionero.

Un joven misionero claretiano