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domingo, 2 de abril de 2017

Lágrimas te ofrezco...






























Te traeré mis lágrimas, Señor.
   que son como las tuyas.
Lágrimas,
  que te hablen de mis anhelos,
  que te cuenten mis tropiezos,
  que me denuncien lo que no entrego.

Te presentaré, Señor, 
   las lágrimas amargas por las que hay en mí de muerto.
Lágrimas que rieguen lo seco;
lágrimas que alivien mis desvelos.

Recoge, Señor, estas lágrimas sinceras.
Aquellas que te entrego
  y las que guardo.
Las que me liberan
  y las que me atan por dentro.
Y con ellas, Señor,
las lágrimas de cuantos son olvidados.

Tú, Señor de la Vida,
traerás contigo la calma a tanto sollozo.
Traerás contigo la paz a un corazón
   que si no muere,
   quiere estar por ti inquieto.

Tú, Señor de la Vida,
en quien creemos.



jueves, 23 de marzo de 2017

Un salto al vacío: del Círculo Polar Ártico al fuego misionero, Denís Malov cmf

Con este testimonio, cerramos estos cinco días en los que hemos disfrutado de los retazos de evangelio que cada hermano lleva en su corazón. Esperamos que hayan sido una luz para ti, un interrogante o un apoyo... hoy, para concluir, la hermosa vocación de nuestro hermano Denís Malov, cmf, originario de Rusia, donde los claretianos estamos en el Círculo Polar Ártico... ¡apasionante lugar!



Hace pocos días he tenido la gran dicha de poder hablar, en el contexto de la Eucaristía, sobre mi propia vocación, contemplándola (¡cuánto descubro cada vez que lo hago!) desde el Evangelio del día. Respondiendo a la invitación de los hermanos y en cumplimiento de 1Cor 4, 9, comparto aquí lo que había preparado para aquél encuentro, resumido y abreviado.
I
…cuando todavía estábamos sin fuerzas, Cristo murió por los impíos.
Epístola a los Romanos, 5, 6. 

La omnipotencia y la gratuidad de Dios se muestra allí donde nadie la aguarda, como en el encuentro entre Jesús el peregrino, sobrellevando el cansancio y la soledad, el hambre, la sed y el calor de mediodía, y aquella mujer frágil, cuyo trabajo, empero, es duro, con tantos amores rotos detrás y sin ilusión para el futuro, el encuentro que nadie esperaba y del que nadie esperaba nada; un judío y una samaritana; el amor que pierde la vida y la vida que pierde el amor. Él no la espera; ella no lo busca. ¿Qué podría surgir de aquél encuentro?

¡Y qué parecido es aquél a otro encuentro, en la nevada tierra polar de Múrmansk, descristianizada, desevangelizada, pero querida por Dios, entre un joven chaval como otro cualquiera y un misionero argentino en un país extranjero, desviviéndose por construir una iglesia local! Un joven ingenuo que no sabía qué buscara ni qué fuera a hallar; y un pastor que sobre sus hombros llevaba su rebaño. Tal es el escenario donde, a pesar de nuestras flaquezas o, quizás, gracias a ellas, la diestra de Dios obró.

II
«…¿Qué puedo hacer con este pueblo? Poco falta para que me apedreen.»
«…Golpearás la peña, y saldrá de ella agua para que beba el pueblo.»
Éxodo, 17, 4.6.

Con dolor y desencanto bombardea la mujer a Cristo con esta multitud de preguntas a fin de banalizarlo, a fin de comprobar una vez más, con amargada irrisión, que la ilusión, la esperanza, el confiado enamoramiento no son posibles en este mundo. ¡Y con qué mansa paciencia Jesús le responde, con cuánta ternura la mira, con cuánta suavidad traza el camino hacia el corazón de la samaritana para hablarle de tú a tú, para llamarla, enamorarla, transformarla! En un diálogo de amor Jesús despoja ante ella su Corazón y ella queda ante él despojada de la pretendida gravedad de sus cuestionamientos, estupefacta y admirada.

¡Y cuántas veces yo, sin querer oír la llamada, huía del tema, desviándome por las preguntas incorrectas! ¡Cuántas veces me paraba en mis dudas infantiles en lugar de pedir al Señor el agua de la fe y aceptar este dulce destino que se ha hecho para mí una fuente inexhaurible de alegría, el único gozo! Igual que el corazón de aquella mujer, se iba transfigurando el mío, gota por gota, iba comprendiendo quién era Aquél que me estaba hablando. Recuerdo que fueron unos ejercicios espirituales en San Petersburgo cuando lo comprendí. Leí en aquel momento lo de San Pablo: “ya no vivo yo sino es Cristo quien vive en mí”, y al comprenderlo, sentí una enorme felicidad dentro de mí, me sentí… plenificado. De vuelta a mi ciudad no se me iba la sonrisa de la cara, y me temo imaginar, qué pudiese pensar sobre mí la gente, tal vez, que me faltaba un tornillo…

III
Entrad, adoremos, postrémonos, ¡de rodillas ante el Señor que nos ha hecho!
Salmo 95, 6.

Y fue cuando llegó para mí el momento de dejar el cántaro, dejar toda la vida anterior, la familia, los amigos, los estudios, para que mi vida fuera Cristo y sólo Él. Echando la mirada atrás, casi no me puedo creer que me atreví a esta aventura, este salto en el vacío. Hoy en día tal vez no lo hiciera. Pero en aquel momento estaba enamorado, y poco me importaba todo, ¡sólo seguirlo, oírlo a Él, mirarlo! Vine, y fue cuando comenzó el camino de verdad, el camino duro, el camino de abnegación y de transformación en Cristo entregado, este Cristo que sufre con los que sufren, que llora con los que lloran. Este Cristo es el que está conmigo en esta andadura, como están conmigo tantísimas personas que me acompañan, que me alientan y me regalan su oración.

Hay un momento en este recorrido que es como muy particular, porque ilumina todos los demás: es el momento de mi Primera Profesión del año pasado. En medio de Cuaresma, acompañado de la lectura de la Trasfiguración, me consagré y me hice Hijo del Inmaculado Corazón de María. Tiemblo todavía al hablar de lo que pasó allí, pues es un destino tan grande, tan sublime que me desborda, me sobrepasa, no soy capaz de agarrarlo y comprenderlo; pero aquello que soy es lo que me lleva, lo que escribe mi historia. Es mi vida, la vida que ya no me pertenece.
***
Hemos llegado al final, el final que no es sino un comienzo. Pensaba que mi vida iba a echar luz sobre el Evangelio, y ahora descubro que es el Evangelio el que ilumina mi vida. Al concluir, quiero pedir sólo uno, mi querido lector, mi hermano, con quien ahora comparto tanto: no te canses, mi amigo, de pedir por las vocaciones, este sublime regalo de Dios para todos; porque mientras en el mundo haya enamorados de la pequeñez de Cristo, mientras haya quienes vean a Dios en un cansado al lado del pozo, el mundo tendrá esperanza. Y si pudiera ser yo una ligera alusión a esta esperanza, a esta presencia, mi sueño llegaría a cumplirse. Gracias por tu atención, querido hermano. ¡Que el Espíritu de Dios repose sobre ti!

Denís Malov, cmf



lunes, 20 de marzo de 2017

Fe, invitación y respuesta: de Corea del Sur al mundo. Rafael Lee, cmf

En el contexto de la jornada del seminario diocesano el pasado 19 de marzo, en nuestra iglesia de Colmenar Viejo, Iglesia del Corazón de María, algunos seminaristas animaron las eucaristías con su testimonio vocacional. Hoy queremos compartir con vosotros la experiencia de Rafael Lee... ¡nos regala tres palabras para nuestra vida vocacional! Esperemos que te guste...


Buenos días a todos. Me llamo Rafael, soy de Corea del sur. Reflexionando sobre la trayectoria de mi vocación, me gustaría decir tres palabras.

La primera palabra es fe. La base de mi fe fue formada por mi madre. Yo nací en 1980, en Seúl. Toda mi familia es católica. Cuando tenía 2 años, me bauticé y naturalmente iba a la iglesia con mi familia todos los domingos. Me sentía en el ambiente católico muy cómodo. Todavía me acuerdo muy bien cuando regresaba a casa del colegio. Siempre, mi madre ponía en la radio canciones católicas para que resonara en toda la casa. A mí me encantaba. Cuando tenía 11 años, mi padre murió de cáncer y, desde entonces, mi madre tenía que criar dos hijos. Es cierto que fue un tiempo duro para nosotros, especialmente para mi madre. Pero ella lo superó con la fe firme en Dios, sin perder el cariño por nosotros. Sobre todo, ella siempre confió en mí y en mi hermano, respetando mis decisiones. Siempre. En aquel tiempo, cuando tenía dieciséis años, pensaba que era un hombre maduro. Ahora sé bien que nunca fui una persona madura a esa edad, y por eso cometí muchas faltas. Sin embargo, ella me respetó mi plan y mi pensamiento y esperaba hasta que pudiera darme cuenta de mis fallos. Mi madre tenía una fe firme en que Dios me conduciría haciael camino correcto. Con esa fe,ella pudo confiar en mí y gracias al buen ejemplo de su fe, yo también pude tener fe en Dios. Supe que Él nunca me abandonaría y me guiaría a buen camino. 

La segunda palabra es invitación. Dios se acerca a nosotros, nos llama e invita primero. Él aprovecha muchos medios, especialmente a través de la gente nos invita a caminar con Él e ilumina nuestra vocación. Después de la primera comunión, empecé a ser monaguillo. En este tiempo, había un párroco muy joven. Él me intentaba convencerque entrase al seminario diocesano. Este cura me trataba muy bien y me invitaba a comer de vez en cuando. Aunque me llevaba muy bien con él y me sentía muy agradecido con su amistad, no fui al seminario diocesano. Al final, resultó que sus intentos para convencerme fracasaron. Sin embargo, él no dejó su cariño hacia mí. De hecho, eso se parece mucho a la actitud de Dios. Diosnos llama e invita primero, y aunque nosotros no contestemos a esa invitación, Él no deja su amor por nosotros. Es un amor incondicional. Dios siempre esperanuestra respuesta sin forzarnos. Después de mucho tiempo, por fin yo decidí entrar al seminario. Pero no fue al diocesano, sino al claretiano. En Corea, cuando entramos en alguna congregación o seminario, tenemos que presentar una carta de recomendación de algún cura. Yo le pedí a este cura para que escribiera la recomendación sobre mí. Él me preguntó: “¿Tú no quieres entrar al seminario diocesano? Como el obispo diocesano y yo somos muy amigos, puedo hablarle de ti muy bien. ¿Qué te parece?” Yo le respondí: “No”. Él me escribió la recomendación y ahora nosotros seguimos el camino para imitar a Jesucristo juntos, pero de diferentes modos. El año pasado este cura vino aquí, a Colmenar Viejo, para verme por dos días y agradeciendo la hospitalidad de esta comunidad, me dijo: “tu congregación está muy bien.”

La tercera palabra es respuesta. Sin respuesta, ningún encuentro ocurre. El encuentro con Jesucristo es igual. En mi caso, después de acabar el colegio hasta que ingresé enla congregación tardé casi 10 años. Creo que yo tenía la invitación de Dios conmigo. Pero, en ese momento no quería aceptar esa invitación. Pensaba que esa invitación pudiera limitar mi libertad. A mí me importaba la libertad. Ya no era un chaval. Quisiera ser una persona independiente, es decir, independiente de mi familia y de Dios, disfrutando toda mi libertad. A mis veinte años, yo procuraba a hacer todo lo que deseaba. Estudiaba en la universidad, trabajaba en el campo de obra social, enseñaba coreano en otro país, tuve algunas novias y viajaba donde quería. Yo hice lo que quería y nadie me impedía nada. Desde luego, aprendí mucho desde mis experiencias y estaba contento por algún tiempo. Pero también me sentía vacío bastante a menudo (como la samaritana). La alegría de la satisfacción de mis deseos humanos no duró tanto tiempo. Yo soñaba la libertad total y entera, pero antes bien, cada vez más, me fui enterando de que la libertad humana era un límite y esefímera. Por fin, empecé a convertir mi mirada hacia Dios. Poco a poco, me di cuenta de que solo Dios, que «no se muda» y nos da «el agua viva que salta a la vida eterna», podía darme la libertad y alegría auténticas. Y también pensé que su Amor no limita mi libertad sino la respeta y enriquece transcendiendo las cosas del mundo que tienen término. Así cuando tenía 29 años, decidí a ingresar en la congregación claretiana. 

Responder a la invitación no es el final del encuentro con Dios, sino es el inicio del encuentro. Aun sabiendo que todos los encuentros también tienen dificultades que tenemos que afrontar. Sin embargo, es cierto que Dios no nos abandonará y nos dará lo que más necesitamos. Nosotros, seminaristas, respondiendo a la llamada de Dios, seguimos el camino para configurarnos con Jesucristo y proclamar la Buena Noticia a través de la palabra y la presencia. Os pido que recéis por nosotros.

Y, vosotros también, con la fe firme en Dios, caminad en vuestras vocaciones. La invitación de Dios no sólo es para seminaristas, sino también para todo el mundo. Todos nosotros ya tenemos la invitación de Dios. No dejéis esa invitación. Responded a la llamada de Dios y seguid vuestra vocación propia, la de cada uno, sin miedo, en el gran Amor de Dios. Nosotros también rezaremos por vosotros.

Gracias. 

Rafael Lee Seungbok, cmf


domingo, 19 de marzo de 2017

En brocales cotidianos... para que Él nos quieran como nos gusta



   
   Hace unas semanas me comentaba una joven de nuestros grupos juveniles que le gustaba mucho una canción. Se llama 'Tú si sabes quererme', de Natalia Lafourcade. Me lo decía con cierta emoción, esa que nos da aquello que encaja con lo que sentimos. Al poco tiempo, busqué dicha canción. Mi sorpresa fue que, al ir saboreando la letra y disfrutando con la música, vino a mi mente el encuentro de la samaritana con Jesús.
   Un servidor, que ha querido centrarse en eso de que Dios nos elabore por dentro, descubrió en una canción aparentemente normal toda una declaración de intenciones y de deseos que todos llevamos pegados a la piel. Porque, al final, ¿quién no quiere zambullirse en la experiencia del saber querido, querido de verdad? ¿Y quién, además, espera que no le dejen? Lo complicado, a mi modo de ver, es mantenerse valiente en corresponder al amor que se recibe gratuitamente. Todos somos un poco 'samaritana': inconformistas, cambiantes, titubeantes, pero anhelantes de algo más. Y todos, aunque suene pretencioso, buscamos a Aquel que nos diga que nos ofrece un agua viva, que brote de nuestro centro, que salte a la vida eterna.
  Pues ahí nos seguimos viendo en el brocal del pozo con la samaritana y Jesús. Ahí, con nuestros cansancios y con nuestros deseos. Ahí, esperando ese espacio de libertad y confianza donde nos quieran como nos gusta, como necesitamos y esperamos... siendo valientes en corresponderle.



sábado, 18 de marzo de 2017

Ser don de Dios para el otro en India o en España: Rayappa, cmf

   En nuestra comunidad, de vez en cuando, alguno de nuestros hermanos viaja a alguna parroquia claretiana para compartir su experiencia misionera. Este fin de semana, Rayappa Nathaniel ha viajado a Oviedo para disfrutar y celebrar la fe en la Parroquia del Corazón de María. Desde allí, nos envía su testimonio para compartirlo contigo... ¿no es una buena ocasión en este Día del Seminario para conocer otras historias y realidades? ¡Esperamos que lo disfrutes!
 

Quiero compartir con vosotros mi experiencia de fe y la misión de la India. Procedo de la India, de una cultura de mucha diversidad de idiomas, tribus y religiones, conocida por su grande y profunda espiritualidad: hinduismo y budismo, Yoga o vida holística. También por las figuras tan grandes como la de Gandhi o Teresa de Calcuta, con todo su servicio, y muchas más. Entre tanta diversidad, los cristianos vivimos nuestra fe con profundidad integrándonos en la propia cultura y dando el testimonio en todo lo que podemos. Por eso es muy positivo que haya cada vez más gente que acoja libremente a Cristo. En este ambiente, no cabe duda de que uno percibe a Cristo como el Manantial, Agua viva y Centro de la vida. Aunque es una fe sencilla de las personas simples, muchas de las cuales no saben nada de la teología, ni de dogmas, ni de doctrinas. Sin embargo, viven su fe de manera muy personal y con mucha radicalidad. Su máxima heredad, la gran riqueza que tienen, es el Único, que es Jesús que sacia con agua viva.

«Dame agua», pide Jesús a la mujer samaritana en el Evangelio de hoy. De muchas maneras Jesús sigue pidiendo agua a cada uno de nosotros en forma de muchas personas, de los más necesitados. Hoy en día hay tantos gritos de pobres, sedientos, hambrientos, carentes del amor, del perdón, de la cercanía, de la ayuda y del acompañamiento. Agradezco a muchas personas de la Iglesia, como los claretianos, que han estado muy atentos al grito de las necesidades de la gente, tanto espirituales como materiales, tanto corporales y como emocionales.

Hablando de nuestra misión como claretianos, somos más de 500 claretianos en distintas partes de la India. Tenemos distintas misiones, como en los colegios para los más pobres que no pueden ofrecer nada a cambio de la enseñanza; o en las parroquias más rurales, asistiendo a las necesidades espirituales; o en los centros de leprosos, ciegos, moribundos, mendigos y cárceles, haciendo presente la compasión y la misericordia de Jesús.

Asistimos a la gente más necesitada, sobre todo la familia que es algo muy central de la evangelización, donde la fe es vivida de una manera muy activa, personal y arraigada en los consejos evangélicos. Creemos en esta misión y ponemos tanto acento en ella, porque es la primera escuela donde nace todo, donde uno aprende mejor, vivida y practicada más que enseñada. Probablemente, la familia es el don más hermoso creado por Dios. El Señor nos ha dado el privilegio de poder crear nuestra propia familia para poder educar a otros más pequeños en valores y en respeto al prójimo. Dicen que ‘la familia que ora unida, permanece unida’. Hay familias que conozco que no comienzan ni terminan el día sin la oración, sin ofrecerse a sí mismos a Dios. De hecho, siento profundamente que mi vida vocacional, mi deseo de seguir a Jesús, nació en mi propia familia. He vivido los mejores momentos de mi fe en el ambiente familiar.

Hace muy poco los claretianos de la India fundamos un hogar para los enfermos mentales, donde se acoge a la gente que vive en la calle, sin hogar, afectada por alguna enfermedad mental o un trastorno psicológico, rechazada por sus familiares o, sin que seamos drásticos, a las personas que se han perdido al salir de casa. La misión de este hogar es el de rescate, recuperación, rehabilitación y reunificación con su familia. Hay unos 58 millones de indios que sufren algún tipo de enfermedad mental. Solo hay un psiquiatra para cada 4000 personas. La presencia y el servicio de los claretianos es muy valorada porque en este servicio de pequeños detalles se encuentra el rostro de Dios, compasivo, misericordioso, un Dios de la vida, que sale primero al encuentro, sale en busca de cada uno. Esta gente no hace cosas extraordinarias, sino que sencillamente se compromete en el encuentro con el Dios de la vida.

A veces, para mí, lo más llamativo y lo que más me preocupa es que hoy en día aquella gente no cree en Dios, lo rechaza y queda lejos de la Iglesia, no es la gente que sufre muchas dificultades o enfermedades, o carecen de cosas básicas, sino aquella que lo tiene relativamente todo: los medios vitales básicos, posibilidades y oportunidades. Pero quedan solo en la superficie, no piensan ir más allá de lo propio, ni asumen las cosas en su totalidad. Y lo que más me sorprende es que a esa gente todo esto le parece algo normal, sin nada por lo que estar preocupado. Muchas personas están abandonando a Dios antes de haberlo conocido. Si conocieran la experiencia de Dios que Jesús contagia, lo buscarían. Creo que la experiencia primera y más importante es encontrarnos a gusto con Dios porque lo percibimos cada momento como una «presencia sanadora, salvadora, agua viva que sacie la sed». Cuando una persona sabe lo que es vivir a gusto con Dios, porque, a pesar de nuestra mediocridad, nuestros errores y egoísmos, él nos acoge tal como somos. Y esto nos impulsa a enfrentarnos a la vida con paz. Así es como difícilmente abandonará la fe.

Jesús nos ha dado el agua viva. Él dice nuestro nombre personalmente. Si yo escucho, él no se calla. Si yo me abro, él no se cierra. Si yo confío, él me acoge. Si yo me entrego, él me sostiene. Si yo me hundo, él me levanta. Amén.

miércoles, 1 de marzo de 2017

Cuaresma: 'elaborarnos' por dentro...

La vida nos sorprende en muchas ocasiones. No siempre tenemos respuestas para todo. No siempre podemos improvisar. Y, como en todo lo importante, se necesita de un tiempo intenso que nos ayude a vivir con mayor hondura el presente. Algo así debió ocurrirle a Jesús en su tiempo de Nazaret. Y algo así tuvieron que ser sus años de ministerio. Su pasión no pudo ser improvisada. Su respuesta tan libre como obediente hasta la muerte no pudo ser consecuencia del azar. Su amor hasta el extremo hubo de ser fruto de muchos tiempos de silencio y renuncia, de oración y acostumbramiento a Dios...
Y algo así puede ser para nosotros esta cuaresma que hoy empezamos: una oportunidad nueva para 'elaborarnos' con intensidad antes los tiempos densos que nos vengan. Un camino de escucha atenta, de compromiso solidario, de ascesis fecunda. Un camino que nos acerque más al corazón de Jesucristo, con quien recorremos nuestra vida como quien camina hacia el Gólgota. Un camino que no se hace solos: con Cristo y en Él, con la comunidad y con los últimos. Porque si nada importante se improvisa, nada importante se lleva a cabo en soledad.
Comencemos este miércoles de cuaresma con la mayor intensidad posible. Y lo hacemos con las palabras del Papa Francisco: «en este tiempo recibimos siempre una fuerte llamada a la conversión: el cristiano está llamado a volver a Dios 'de todo corazón' (Jl 2,12), a no contentarse con una vida mediocre, sino a crecer en la amistad con el Señor.»

domingo, 20 de marzo de 2016

Por lo que te recuerdo...

Si te recuerdo
no es por las puertas alzadas,
ni por el alborozo de los hombres,
ni por los ramos que te acompañan.

Si te recuerdo
no es por la alfombra de mantos,
ni por el entusiasmo de los tuyos,
ni por las piedras que clamaban.

Si te recuerdo
es por tu paso firme y decidido.
Por tu sí sin reservas,
por tu decidida respuesta.

Si te recuerdo
es por tu gesto pensado y ofrecido.
Por la copa bendecida,
por el pan partido.
Por el llanto en los olivos,
por el silencio en el beso.
Por el camino que te juzga,
por la cruz que te acaba.
Por el suspiro que exclamas,
por el rostro que inclinas.

Si algo recuerdo,
si de Ti hay algo en mí,
es Tu vida entregada,
es Tu silencio que salva,
es Tu alianza sellada.




domingo, 13 de marzo de 2016

De tu intimidad a mis fronteras


Bajaste de lo íntimo
para hallarte en medio.

Dejaste tu paz
para devolverme la mía.
Escribiste mi perdón
para corregir mi fallo.
Provocaste su cambio
para aceptar el mío.
¿Quién eres
para agacharte conmigo?
Nadie me juzga.
Tú no me condenas.
Y abres ante mí
una nueva puerta.


¿Dónde iré tras este silencio,
tras las caídas de sus piedras,
tras tu amor para conmigo?
Mira que para mí esto es nuevo,
que algo nuevo en mí brota.
Dejo lo que perdido buscaba.
Amo lo que ciego no veía.
Abandono lo que me apartaba
para sanar en Tu mirada la mía.
Y permaneceré en pie
para seguir lo que ya Tú me digas.



domingo, 6 de marzo de 2016

Entre dos amores anda mi vida


Entre dos amores anda mi vida:
entre el que espera sin medida
y el que rehúye sin razón.

Entre dos amores camina, 
entre el que todo lo espera,
lo aguanta y lo soporta,
y el mío frágil,
pequeño,
engreído.

Así es mi vida,
historia de dos amores.
Entre el todo del Padre
y el vacío del hijo.
Entre el que espera con brazos abiertos
y el que sufre la lejanía,
y el que sufre la envidia. 
Entre los besos que sanan
y el silencio que me culpa.

Entre dos amores anda mi vida.
Pero sólo uno es el Amor 
con el que se funden ambos,
donde la culpa se condona,
donde la herida cicatriza,
donde el juicio perdona.
Hoy sólo pido 
que tu amor de Padre
venga a mis lejanías.
Que tu amor de Padre
sea donde sólo habite.



Lecturas del IV Domingo de Cuaresma - Ciclo C

domingo, 28 de febrero de 2016

Tenme paciencia, Señor mío...


Tenme paciencia, Señor, tenme paciencia.
La misma con la que Tú amasaste mi barro
y soplaste en mi rostro aliento de vida para que existiera.

Tenme paciencia, Señor, tenme paciencia.
La misma con la que Tú creciste,
con la que Tú te hiciste hombre,
con la que Tú viviste entre nosotros.

Tenme paciencia, Señor, tenme paciencia.
La misma con la que hermoseas mis brotes frágiles
y fortaleces las ramas que los sustentan.

Tenme paciencia, Señor, tenme paciencia,
porque no siempre atiendo el tiempo de cosecha
ni tampoco me preocupo de lucir florido
la belleza con la que bendices mi copa.

Tenme paciencia, Señor, tenme paciencia.
Bendíceme con la tuya,
la que siempre ha estado presta a acogerme alejado
y a abrazar cada una de mis betas.

Tenme paciencia, Señor, tenme paciencia.
Permíteme ser tan paciente como Tú eres conmigo.
Porque aun esperando Tú más de mí que yo mismo,
sólo la vida brota con toda su fuerza
cuando tu tiempo es también el mío. 


domingo, 21 de febrero de 2016

Qué tendrá Tu rostro de Luz...


Qué tendrá el rostro que tanto revela.
Qué tendrá el rostro radiante que tanto ensancha.
Qué tendrá el rostro de luz que tanto impulsa. 

Qué tendrá Tu rostro, Señor, que tanto nos reveló.
Tanto,
que ni hablar supimos,
que ni responder pudimos.
Tanto,
que sólo el silencio guardó
lo que se dijo de nuevo.
Tanto,
que aún siendo otro eras el mismo;
el tan nuestro y el siempre Eterno,
el que hasta el extremo nos amó.

Tu rostro,
el cambiado,
el transfigurado,
el del Amor derramado
y la Luz habitable;
el de la Esperanza cierta
y la Vida inapagable.

Tú, el del rostro transfigurado,
por el que clamó el cielo
y la voz resonó.
Tú, el amado.
El Único capaz de hacernos transfigurados.
El Único capaz de acompañar, lleno de luz, nuestros pasos. 
El Único que por amor se entregó...


domingo, 14 de febrero de 2016

Contigo, Señor, aunque se me tiente


No puedo pedirte, Señor, que no se me tiente.
No puedo pedirte, Señor, que me ahorres este trago,
   que mi vida sean rosas y vino,
   que sea impasible ante el dolor del otro,
   que te olvide cuando quiera
   y te recuerde cuando me convenga.

Pero sí puedo pedirte y te pido, Señor de la Vida,
   que sepa serte fiel en la prueba.
Puedo pedirte que sepa ser más como Tú para ser más yo,
  amando el barro de mi vida y la noche que atravieso.
Puedo pedirte que me hagas verme como Tú me miras,
  que en mi boca pongas palabras decididas
  y en el corazón la misericordia de tus deseos. 
Puedo pedirte que no me dejes caer en la tentación,
  que fortalezcas lo débil en mí,
  que tu gracia me baste, 
  que no dude de haberme fiado. 

Puedo pedirte, Señor, que te quedes conmigo.
Puedo pedirte, Señor, que te quedes. 
  Que te quedes sin irte, 
  que me acompañes sin dejarme,
  que seas Tú sin que yo te pierda,
  que a tu paso, me adentre. 
   En el desierto y en la tormenta,
   en la noche y en la tarde,
   en el duelo y en el luto,
   en el ayuno y en la abundancia.

Contigo, Señor, aunque se me tiente. 





martes, 9 de febrero de 2016

Cambiando: cuaresma 2016 - Change: lenten season 2016

  
   Aunque no siempre lo digamos, nos gustan los cambios. Tienen un toque de novedad, de riesgo, de inquietud. Como si llevarlo a cabo supusiera un desafío pequeño en medio de una aparente normalidad. Y esto a distintos niveles: desde un inocente corte de pelo, pasando por un nuevo modelo de gafas hasta la firme decisión de no enfadarte a la primera de cambio. Efectivamente, estos últimos son los más importantes. Los más profundos. Los que exigen de nosotros una dosis de realismo, de confianza y de libertad mayores. No siempre somos del todo conscientes que los cambios son buenos, hasta cuando una parte de nosotros queda sujeta en la incertidumbre: ¿seré capaz de lograr lo que me propongo? ¿No estaré arriesgando demasiado? ¿Y si me quedase aguardando bajo la excusa de 'virgencita, virgencita, que me quede como estoy'? Ahora bien, no te vamos a engañar. Decidirte a hacer un cambio en tu día a día es difícil. Difícil, sí. Imposible... no. Me temo que no es imposible. Ya lo escribió el evangelista: «para Dios no hay nada imposible» [Lc 1, 37].

  Though we do not say it that much, we want changes. They have a touch, a detail of newness, of risk, of restlessness. It appears like having it done supposes a small challenge in the midst of what is normal. And this is in different levels: from an innocent haircut to the newest model of eyeglasses and even to making a firm decision of not being angry for these changes. Without a doubt, these are important. Even more profound are those which demand from us a dosage of being realistic, of confidence and of freedom. We are not always aware that these changes are for the better until they make us uncertain and ask ourselves: Am I capable of doing what I propose? Is it not asking me too much? And excusing myself and say “I´d better remain as I am”? We are not going to deceit you. To decide that you make a change each day is tough. Tedious, yes. Impossible, no. I doubt that it is not impossible. The evangelist already wrote: “for God, nothing is impossible.” (Lk 1: 37).

   Hoy comenzamos un tiempo especial: la cuaresma. Cuaresma es pararte y ver qué es lo que necesita en mí un cambio. Pero no es cambiar por cambiar, sino conocer qué es aquello que me hace menos yo para ser más como Jesús. O lo que es lo mismo: convertirse para creer de lleno en el Evangelio. Eso será lo que hoy te digan cuando te impongan la ceniza sobre la frente... ¿y por qué ceniza? No es casualidad: ya desde antiguo era usada por quienes públicamente querían cambiar: reconciliarse con ellos mismos, con Dios y con los demás, convertirse en lo que realmente estaban llamados a ser. Es un gesto sencillo que nos recuerda tradiciones que cuentan con siglos de historia. Es poner sobre ti la certeza de que siempre podríamos ser mejores, siempre podríamos ser más parecidos al corazón de Dios. Sin grandes ceremonias ni gritos penitentes, sino con la amabilidad que regala la verdad de sabernos pecadores (ya sabes, menos tú mismo) y que necesitamos de Dios para seguir adelante (recuerda, más como Jesús, más tú mismo). Y Dios, que nos conoce mejor que nosotros mismos, hará posible el milagro: hacernos más como Él nos quiere. Él, mejor que ningún coach actual, sabe cómo poner en valor lo que no está del todo bien en nosotros para que sea la forma de Jesús quien vaya apareciendo poco a poco.
   
   This day marks the beginning of a special season: the lent. Lenten season is to stop and see the things that one has to change. It is not changing for the sake of changing. It is to acknowledge that which makes the “me” lesser and to be more like Jesus. That is the same thing as to change and believe in the Gospel. This is what is said as the priest imposes the ash on our foreheads. And why ash? It is not by chance: since time in memoriam, ash is already used by those who publicly announce that they want to change: to be reconciled with himself, with god and with others, to be converted and to be what they are really called to be. That is a simple gesture that reminds us of traditions and centuries of history. It is to impose on us the certainty that we can always change for the better, that we can always be more like the heart of God. Without extravagant ceremonies, without penitential shouts. But with the tenderness that the acknowledgment of being sinners gives and that we are in need of God to be able to continue journeying. And God, who knows us better more than we do, will make the miracle: to make us more like Him as he wishes. He, unlike any other actual coach, knows how to value those that are not-so-good in us so that they can be like Jesus little by little.

  Nos animamos mutuamente a vivir este tiempo especial. Cuarenta días para fijarnos bien en Cristo para que, cuando llegue el tiempo de Pascua, podamos entrar aún mejor en el misterio de su pasión, de su muerte y de su resurrección. Todo va de la mano... pero conviene no saltarse los pasos. Poco a poco, sin prisas. Hoy toca dejarnos alcanzar por la ceniza que nos recuerda nuestra necesidad de cambio para ser más como Él... ¡y no es poco!

  We mutually remind each other in living this special season. Forty days to fix well our gaze on Christ so that when the Easter season comes, we can even enter more in the mystery of his passion, and of his death and resurrection. Little by little, no need to hurry up. Today let us allow ourselves be imposed by the ash which reminds us of the necessity to change and to be more like Him. And that is already a big step!

  Dejarse hacer por Él.
  Dejarnos convertir por Él.
  Dejarnos parecer a Él.

  ¿Te animas a este cambio? ¿Te unes a este mirarse por dentro para mirarle mejor a Él? No olvides que Él ya te está mirando para acompañar tus pasos... ¡Feliz cuaresma!

  Allow yourself to be made by Him.
  Let us allow ourselves to be changed by Him.
  Let us allow ourselves to be like Him.
   

   Do you welcome this change? Do you unite yourself in this act of looking what is within so that we can look at Him better? Do not forget that he is already looking at you to accompany you in your steps… a meaningful Lenten season!


domingo, 22 de febrero de 2015

A ti...



A ti, que ahora caminas con determinación,
los pasos firmes, levantados los sueños 
al mañana.
A ti que vas vagando a tientas, desnortado,
sin saber dónde, cuándo, ni cómo llegarás
a tu final.
A ti te está buscando tu Señor,
-el gesto compasivo, la mano pronta-
para llevarte con Él, con Él
hacia la Vida.



Cierra los tristes ojos en su alta confianza,
abre los ojos ciegos a su radiante rostro,
entra en el fiel abrazo
del perdón.
Prepara tus espaldas,
que está soplando el viento,
que el Espíritu empuja hacia el desierto,
donde esperan tus miedos para ser abatidos,
donde aguardan sus ángeles para poder servirte,
servirte a ti, amigo del Amado, amigo
tomado de su mano,
llevado de su amor.




A ti que has escuchado su voz en esta tierra
y la voz de la tierra donde la muerte ha muerto,
a ti te está llamando su voz desde la cruz,
su voz hacia la Vida…
¡A ti te está buscando!
¡A ti te está esperando tu Señor!



Amén.

domingo, 6 de abril de 2014

¡Cómo lo quería!


En el postrer instante del camino
-los ojos ya dormidos para siempre-,
cuando vengas, Señor,
cuando regreses,
inclinando tu rostro sobre el mío,
nadie sabrá del mar llegando hasta tus ojos,
nadie del corazón estremecido.

Todos se irán,
todo se habrá rendido:
me mirarás despacio,
te quedarás conmigo,
para este seco sol traerás la brisa,
recogerás en ramo
mis noches
 y mis días.

Y nadie escuchará tus labios entreabiertos,
tu entraña agradecida
y ese cálido aliento enamorado,
último don
para mi pobre vida:
"¡Aquí mi amigo, Padre,
cómo lo quería...!"






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domingo, 30 de marzo de 2014

Los ojos en tus ojos

"...formases de repente
los ojos deseados
que tengo en mis entrañas dibujados..."
(S. Juan de la Cruz)


Como amanece el niño al gesto de su madre
y ve por fin el rostro que ansiaba en las entrañas,
abro estos ojos míos, la vida inaugurando,
el color, las formas, la luz, el universo,
y tu rostro por fin,
tu rostro, Señor mío,
las manos que han traído la claridad del día,
la faz que me ha encendido de alegría.

Los ojos condenados, que ya nadie veía,
los ojos que han nacido de tus dedos.
Los ojos antes hueros, ahora bendecidos
con savia de tus labios,
con barro del camino,
con tu fe en mi bondad,
con mi fe en tu cariño.
Los ojos en tus ojos verdecidos.

Como contempla el niño el brillo
en la mirada inmensa de su madre,
la inclinación amable de los senos,
las mejillas granadas,
el mechón desgarbado de su pelo,
las arrugas que surca la emoción,
la sonrisa que a tientas intuía,
que en el oscuro vientre imaginaba
y que ahora a plena luz le alcanza con su dicha,
a plena luz del día…
Así mis ojos, Cristo, así mi corazón,
hacia tu Vida.


Para este pecador ya nada es virgen;
nada yermo para este pobre herido,
para este ciego inútil, ciego desde la cuna,
huérfano de paisaje, sediento de semblante,
desahuciado de mar, de mundo,
de hermosura.
Roto por el desprecio de los muchos,
devuelto a la salud por un amigo.

En la noche creí que Tú podrías.
En la noche creíste que vería.
En tierra me creaste, Señor;
en barro me salvaste.
Me diste a luz, con tu mirar me alzaste.
Me amaste como niño nacido con el sol,
a tu rostro venido…

En la Luz te confieso,
a tu Luz me rindo agradecido.
Amén.



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