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lunes, 20 de marzo de 2017

Fe, invitación y respuesta: de Corea del Sur al mundo. Rafael Lee, cmf

En el contexto de la jornada del seminario diocesano el pasado 19 de marzo, en nuestra iglesia de Colmenar Viejo, Iglesia del Corazón de María, algunos seminaristas animaron las eucaristías con su testimonio vocacional. Hoy queremos compartir con vosotros la experiencia de Rafael Lee... ¡nos regala tres palabras para nuestra vida vocacional! Esperemos que te guste...


Buenos días a todos. Me llamo Rafael, soy de Corea del sur. Reflexionando sobre la trayectoria de mi vocación, me gustaría decir tres palabras.

La primera palabra es fe. La base de mi fe fue formada por mi madre. Yo nací en 1980, en Seúl. Toda mi familia es católica. Cuando tenía 2 años, me bauticé y naturalmente iba a la iglesia con mi familia todos los domingos. Me sentía en el ambiente católico muy cómodo. Todavía me acuerdo muy bien cuando regresaba a casa del colegio. Siempre, mi madre ponía en la radio canciones católicas para que resonara en toda la casa. A mí me encantaba. Cuando tenía 11 años, mi padre murió de cáncer y, desde entonces, mi madre tenía que criar dos hijos. Es cierto que fue un tiempo duro para nosotros, especialmente para mi madre. Pero ella lo superó con la fe firme en Dios, sin perder el cariño por nosotros. Sobre todo, ella siempre confió en mí y en mi hermano, respetando mis decisiones. Siempre. En aquel tiempo, cuando tenía dieciséis años, pensaba que era un hombre maduro. Ahora sé bien que nunca fui una persona madura a esa edad, y por eso cometí muchas faltas. Sin embargo, ella me respetó mi plan y mi pensamiento y esperaba hasta que pudiera darme cuenta de mis fallos. Mi madre tenía una fe firme en que Dios me conduciría haciael camino correcto. Con esa fe,ella pudo confiar en mí y gracias al buen ejemplo de su fe, yo también pude tener fe en Dios. Supe que Él nunca me abandonaría y me guiaría a buen camino. 

La segunda palabra es invitación. Dios se acerca a nosotros, nos llama e invita primero. Él aprovecha muchos medios, especialmente a través de la gente nos invita a caminar con Él e ilumina nuestra vocación. Después de la primera comunión, empecé a ser monaguillo. En este tiempo, había un párroco muy joven. Él me intentaba convencerque entrase al seminario diocesano. Este cura me trataba muy bien y me invitaba a comer de vez en cuando. Aunque me llevaba muy bien con él y me sentía muy agradecido con su amistad, no fui al seminario diocesano. Al final, resultó que sus intentos para convencerme fracasaron. Sin embargo, él no dejó su cariño hacia mí. De hecho, eso se parece mucho a la actitud de Dios. Diosnos llama e invita primero, y aunque nosotros no contestemos a esa invitación, Él no deja su amor por nosotros. Es un amor incondicional. Dios siempre esperanuestra respuesta sin forzarnos. Después de mucho tiempo, por fin yo decidí entrar al seminario. Pero no fue al diocesano, sino al claretiano. En Corea, cuando entramos en alguna congregación o seminario, tenemos que presentar una carta de recomendación de algún cura. Yo le pedí a este cura para que escribiera la recomendación sobre mí. Él me preguntó: “¿Tú no quieres entrar al seminario diocesano? Como el obispo diocesano y yo somos muy amigos, puedo hablarle de ti muy bien. ¿Qué te parece?” Yo le respondí: “No”. Él me escribió la recomendación y ahora nosotros seguimos el camino para imitar a Jesucristo juntos, pero de diferentes modos. El año pasado este cura vino aquí, a Colmenar Viejo, para verme por dos días y agradeciendo la hospitalidad de esta comunidad, me dijo: “tu congregación está muy bien.”

La tercera palabra es respuesta. Sin respuesta, ningún encuentro ocurre. El encuentro con Jesucristo es igual. En mi caso, después de acabar el colegio hasta que ingresé enla congregación tardé casi 10 años. Creo que yo tenía la invitación de Dios conmigo. Pero, en ese momento no quería aceptar esa invitación. Pensaba que esa invitación pudiera limitar mi libertad. A mí me importaba la libertad. Ya no era un chaval. Quisiera ser una persona independiente, es decir, independiente de mi familia y de Dios, disfrutando toda mi libertad. A mis veinte años, yo procuraba a hacer todo lo que deseaba. Estudiaba en la universidad, trabajaba en el campo de obra social, enseñaba coreano en otro país, tuve algunas novias y viajaba donde quería. Yo hice lo que quería y nadie me impedía nada. Desde luego, aprendí mucho desde mis experiencias y estaba contento por algún tiempo. Pero también me sentía vacío bastante a menudo (como la samaritana). La alegría de la satisfacción de mis deseos humanos no duró tanto tiempo. Yo soñaba la libertad total y entera, pero antes bien, cada vez más, me fui enterando de que la libertad humana era un límite y esefímera. Por fin, empecé a convertir mi mirada hacia Dios. Poco a poco, me di cuenta de que solo Dios, que «no se muda» y nos da «el agua viva que salta a la vida eterna», podía darme la libertad y alegría auténticas. Y también pensé que su Amor no limita mi libertad sino la respeta y enriquece transcendiendo las cosas del mundo que tienen término. Así cuando tenía 29 años, decidí a ingresar en la congregación claretiana. 

Responder a la invitación no es el final del encuentro con Dios, sino es el inicio del encuentro. Aun sabiendo que todos los encuentros también tienen dificultades que tenemos que afrontar. Sin embargo, es cierto que Dios no nos abandonará y nos dará lo que más necesitamos. Nosotros, seminaristas, respondiendo a la llamada de Dios, seguimos el camino para configurarnos con Jesucristo y proclamar la Buena Noticia a través de la palabra y la presencia. Os pido que recéis por nosotros.

Y, vosotros también, con la fe firme en Dios, caminad en vuestras vocaciones. La invitación de Dios no sólo es para seminaristas, sino también para todo el mundo. Todos nosotros ya tenemos la invitación de Dios. No dejéis esa invitación. Responded a la llamada de Dios y seguid vuestra vocación propia, la de cada uno, sin miedo, en el gran Amor de Dios. Nosotros también rezaremos por vosotros.

Gracias. 

Rafael Lee Seungbok, cmf


sábado, 18 de marzo de 2017

Ser don de Dios para el otro en India o en España: Rayappa, cmf

   En nuestra comunidad, de vez en cuando, alguno de nuestros hermanos viaja a alguna parroquia claretiana para compartir su experiencia misionera. Este fin de semana, Rayappa Nathaniel ha viajado a Oviedo para disfrutar y celebrar la fe en la Parroquia del Corazón de María. Desde allí, nos envía su testimonio para compartirlo contigo... ¿no es una buena ocasión en este Día del Seminario para conocer otras historias y realidades? ¡Esperamos que lo disfrutes!
 

Quiero compartir con vosotros mi experiencia de fe y la misión de la India. Procedo de la India, de una cultura de mucha diversidad de idiomas, tribus y religiones, conocida por su grande y profunda espiritualidad: hinduismo y budismo, Yoga o vida holística. También por las figuras tan grandes como la de Gandhi o Teresa de Calcuta, con todo su servicio, y muchas más. Entre tanta diversidad, los cristianos vivimos nuestra fe con profundidad integrándonos en la propia cultura y dando el testimonio en todo lo que podemos. Por eso es muy positivo que haya cada vez más gente que acoja libremente a Cristo. En este ambiente, no cabe duda de que uno percibe a Cristo como el Manantial, Agua viva y Centro de la vida. Aunque es una fe sencilla de las personas simples, muchas de las cuales no saben nada de la teología, ni de dogmas, ni de doctrinas. Sin embargo, viven su fe de manera muy personal y con mucha radicalidad. Su máxima heredad, la gran riqueza que tienen, es el Único, que es Jesús que sacia con agua viva.

«Dame agua», pide Jesús a la mujer samaritana en el Evangelio de hoy. De muchas maneras Jesús sigue pidiendo agua a cada uno de nosotros en forma de muchas personas, de los más necesitados. Hoy en día hay tantos gritos de pobres, sedientos, hambrientos, carentes del amor, del perdón, de la cercanía, de la ayuda y del acompañamiento. Agradezco a muchas personas de la Iglesia, como los claretianos, que han estado muy atentos al grito de las necesidades de la gente, tanto espirituales como materiales, tanto corporales y como emocionales.

Hablando de nuestra misión como claretianos, somos más de 500 claretianos en distintas partes de la India. Tenemos distintas misiones, como en los colegios para los más pobres que no pueden ofrecer nada a cambio de la enseñanza; o en las parroquias más rurales, asistiendo a las necesidades espirituales; o en los centros de leprosos, ciegos, moribundos, mendigos y cárceles, haciendo presente la compasión y la misericordia de Jesús.

Asistimos a la gente más necesitada, sobre todo la familia que es algo muy central de la evangelización, donde la fe es vivida de una manera muy activa, personal y arraigada en los consejos evangélicos. Creemos en esta misión y ponemos tanto acento en ella, porque es la primera escuela donde nace todo, donde uno aprende mejor, vivida y practicada más que enseñada. Probablemente, la familia es el don más hermoso creado por Dios. El Señor nos ha dado el privilegio de poder crear nuestra propia familia para poder educar a otros más pequeños en valores y en respeto al prójimo. Dicen que ‘la familia que ora unida, permanece unida’. Hay familias que conozco que no comienzan ni terminan el día sin la oración, sin ofrecerse a sí mismos a Dios. De hecho, siento profundamente que mi vida vocacional, mi deseo de seguir a Jesús, nació en mi propia familia. He vivido los mejores momentos de mi fe en el ambiente familiar.

Hace muy poco los claretianos de la India fundamos un hogar para los enfermos mentales, donde se acoge a la gente que vive en la calle, sin hogar, afectada por alguna enfermedad mental o un trastorno psicológico, rechazada por sus familiares o, sin que seamos drásticos, a las personas que se han perdido al salir de casa. La misión de este hogar es el de rescate, recuperación, rehabilitación y reunificación con su familia. Hay unos 58 millones de indios que sufren algún tipo de enfermedad mental. Solo hay un psiquiatra para cada 4000 personas. La presencia y el servicio de los claretianos es muy valorada porque en este servicio de pequeños detalles se encuentra el rostro de Dios, compasivo, misericordioso, un Dios de la vida, que sale primero al encuentro, sale en busca de cada uno. Esta gente no hace cosas extraordinarias, sino que sencillamente se compromete en el encuentro con el Dios de la vida.

A veces, para mí, lo más llamativo y lo que más me preocupa es que hoy en día aquella gente no cree en Dios, lo rechaza y queda lejos de la Iglesia, no es la gente que sufre muchas dificultades o enfermedades, o carecen de cosas básicas, sino aquella que lo tiene relativamente todo: los medios vitales básicos, posibilidades y oportunidades. Pero quedan solo en la superficie, no piensan ir más allá de lo propio, ni asumen las cosas en su totalidad. Y lo que más me sorprende es que a esa gente todo esto le parece algo normal, sin nada por lo que estar preocupado. Muchas personas están abandonando a Dios antes de haberlo conocido. Si conocieran la experiencia de Dios que Jesús contagia, lo buscarían. Creo que la experiencia primera y más importante es encontrarnos a gusto con Dios porque lo percibimos cada momento como una «presencia sanadora, salvadora, agua viva que sacie la sed». Cuando una persona sabe lo que es vivir a gusto con Dios, porque, a pesar de nuestra mediocridad, nuestros errores y egoísmos, él nos acoge tal como somos. Y esto nos impulsa a enfrentarnos a la vida con paz. Así es como difícilmente abandonará la fe.

Jesús nos ha dado el agua viva. Él dice nuestro nombre personalmente. Si yo escucho, él no se calla. Si yo me abro, él no se cierra. Si yo confío, él me acoge. Si yo me entrego, él me sostiene. Si yo me hundo, él me levanta. Amén.

miércoles, 11 de mayo de 2016

¡Gracias, Señor, por la vida compartida con el P. Luis Ángel!

Dicen las constituciones de nuestra Congregación que los misioneros claretianos debemos ser «esforzados colaboradores de los obispos». Algunas veces (más bien pocas) esta esforzada colaboración se materializa en la llamada a acoger en nuestro propio seno el ministerio episcopal. Nosotros estamos teniendo la dicha de vivir dicho don eclesial muy de cerca, en nuestro hermano Luis Ángel de las Heras, quien fue durante muchos años formador de nuestra comunidad de estudiantes de Colmenar Viejo y, desde el sábado, día 7 de mayo de 2016, es obispo de Mondoñedo-Ferrol. Una diócesis gallega de rica historia, de generoso presente y de esperanzado futuro que está acogiendo al P. Luis Ángel con una esplendidez que los que somos sus hermanos de Congregación nunca agradeceremos lo suficiente. Él, que fue pastor entre nosotros, lo es ahora de tierras gallegas, y lo es al modo como reza su lema episcopal, bajo el signo del pastoreo de Cristo: «Apaciéntame, Señor: apacienta Tú conmigo».


La catedral de Mondoñedo acogió el pasado 7 de mayo la ordenación episcopal de nuestro hermano, una celebración grávida de Palabra, rebosante de signos. Escuchamos la encomienda evangelizadora de Jesús a Pedro, de la que el P. Luis Ángel participa ahora como miembro del colegio de los Apóstoles. Rezamos con él y por él, pidiendo la venida del Espíritu y la intercesión de todos los santos. Le fueron impuestas las manos de los obispos presentes y el mismísimo Evangelio en señal de la efusión abundante del Espíritu Santo sobre él. Fue crismado con óleo santo como sacerdote, profeta y pastor. Se le entregaron el Evangelio que está llamado a predicar, el anillo que le une en alianza a la Iglesia que debe pastorear, la mitra que refleja su tarea pontifical entre Dios y su pueblo y el horizonte de santidad hacia el que camina, el báculo con el que llama a sus ovejas al aprisco, pidiendo misericordiosamente su obediencia. Tomó posesión de la cátedra de Mondoñedo-Ferrol, gesto que el domingo repitió en la concatedral de S. Julián de Ferrol. Recibió la adhesión de los fieles de la diócesis, representados por un presbítero diocesano, dos religiosas y una familia cristiana. Y, finalmente, se paseó entre los suyos bendiciendo la porción del pueblo de Dios que le ha sido encomendada. Todo ello en un clima de profunda oración, densa emoción y sincera alegría.

Desde nuestra comunidad, nos unimos a la acción de gracias a Dios porque ha sido grande su amor para con su nuevo obispo y, en él, para con todos nosotros. Algunos de los que fuimos queremos dejarte en este espacio un breve eco que nos recuerde tu ejemplo y nos siga animando a crecer en esta hermosa tarea misionera:
"Para mí fue un día especial: la inmensa acogida de la gente, la sonrisa de Luis Ángel, la emoción de nuestros hermanos... Estoy orgulloso de Luis Ángel. Él fue mi Superior Provincial cuando llegué a España, y su acogida fue espléndida conmigo. Por eso estoy seguro de que él ya está acogiendo con los brazos abiertos a su nuevo pueblo como lo hizo con nosotros. Siempre le recuerdo así: con los brazos abiertos, dispuesto a ser cercano a cada uno. Dios siga bendiciendo su apasionada tarea de pastor." Rayappa Nathanael, cmf
"Es una alegría enorme para mí que un claretiano sea capaz de aceptar un servicio para la Iglesia con tanta delicadeza, con tanta pasión. Para mí, ver a Luis Ángel es entender la profecía de nuestra vocación de servicio y entrega patente." Sarin John, cmf
"Cuando era mi formador y después siempre le decia 'eres un hombre de Dios'. Hoy digo contento que lo sigue siendo. Este fin de semana he vuelto a verle tan alegre como siempre con su tarea, sea la que sea. Él es un buen pastor, será un buen pastor. Porque fue un misionero de calle, será un obispo de calle: dispuesto a acoger, a buscar con otros soluciones, a asumir lo que le venga con paz y alegría." Charles Rolón, cmf

Sabemos, querido P. Luis Ángel, que tú nos llevas en tu corazón y puedes estar seguro de que Colmenar Viejo seguirá siendo tu casa para siempre. Esta comunidad reza por ti con intensidad y con gozo y espera ver realizado en ti el mismo espíritu de entrega y pasión con que S. Antonio María Claret afrontó su ministerio episcopal en Cuba, España, París y Roma. Porque, como a él, la caridad de Cristo te urge y el corazón de María te guarda.

¡Parabéns, irmán!

lunes, 21 de marzo de 2016

Una palabra para cada día de esta Semana Santa contigo...

Qué bella es la vida cuando irrumpe con toda su fuerza. Y en ella, todo lo que abarca: la amistad y la traición, el abrazo y la mentira, la libertad y el juicio, la vida y la muerte. Cada minuto tiene algo de esto y mucho más. Es apenas imperceptible: necesitamos permanecer atentos a cada detalle para rozar el milagro al que asistimos a cada instante. Quizá por eso no está demás atender a lo que llamamos Semana Santa. Santa por todo lo que de Dios acontece en nuestro aquí y ahora, en tu vida concreta.

Como cada año, la comunidad que formamos se repartirá para vivirla en otras comunidades. Raju estará en Inglaterra, conviviendo estos días con sus hermanos de Delegación, como harán Sarin y Jobish en la provincia de EuskalHerria. Rayappa, Claver y Jorge estarán en Dueñas, en la pascua juvenil que organiza la provincia de Santiago. Rheadh y Denís lo vivirán en la Parroquia de Ntra. Sra. del Espino, en Madrid. El P. Josema compartirá estos días en la comunidad de Basida-Navahondilla. El resto, celebrarán con otros amigos la Pascua Contemplativa que organizamos en esta casa (Si quieres participar, ¡aún estás a tiempo! Contacta con nosotros en el teléfono de la imagen).

Estemos donde estemos, queremos vivirlo también desde aquí, contigo. Por eso, iremos compartiendo una palabra, un pensamiento para cada día del Triduo. Para que así, aunque estemos separados, sigamos con los ojos fijos en Quien nos convoca... ¿te animas a vivirlo así? El jueves te esperamos para compartir tanta vida santa juntos...

domingo, 25 de octubre de 2015

Celebrar un Amor que todo lo supera: Profesión Perpetua de Adrián de Prado, cmf y renovaciones

 
   Ayer fue un día de fiesta. Un día de emociones intensas, de agradecimiento hondo, de fidelidad compartida. Celebramos juntos el día de nuestro Padre fundador, San Antonio María Claret. El día en que recordamos la vida del hombre de fuego, del misionero ardiente sin fronteras, del enamorado de Cristo y de María, del que tenía el alma habitada. Hacer memoria agradecida de su vida siempre es un motivo de alegría. En nuestro caso, triple alegría. 
Capilla en la Solemnidad de Claret y renovación de los estudiantes claretianos

   Por un lado, la fiesta de Claret. Por otro, comenzamos la mañana renovando nuestros votos siete hermanos de nuestra comunidad. Siete jóvenes que volvieron a renovar su sí, su compromiso de seguir a Cristo más de cerca, su ser fieles a la vocación recibida. Ellos, Claver, Raju, Charles, Jorge, Rayappa, Sarin y Jobish, renovaron su profesión religiosa como Hijos del Inmaculado Corazón de María, como misioneros claretianos. En el fondo de su corazón renovaban el deseo de mantener encendido el sueño del joven Claret que llevan prendido en el alma. 
Claver renovando su profesión


Raju renovando su profesión


Charles renovando su profesión


Jorge renovando su profesión


Rayappa renovando su profesión


Sarin renovando su profesión


Jobish renovando su profesión
   Y, por último, pudimos compartir con Adrián de Prado, hermano de esta comunidad durante varios años, su profesión perpetua. Él, como la de tantos otros claretianos, quiere que su vida sea un canto al Amor con mayúscula que le sobrepasa y le sobrecoge, que le abrasó por dentro para ser ardiente hacia tantos rostros, tantas historias, tantos hombre y mujeres sedientos de Él. 
Llamada a Adrián antes de profesar

Durante el interrogatorio que le hace el Superior Provincial
Adrián compartiendo su acción de gracias

Durante la fórmula de profesión con la que se une a la Congregación

   Desde aquí, Adrián, agradecemos tus años con nosotros. Tu esfuerzo y tu sensibilidad, tus días de claridad y tus noches oscuras. Gracias por el tiempo de búsqueda compartido, por mirar juntos al Crucificado y celebrar en el día a día al Resucitado que nos llamó a estar con Él. Seguimos orando contigo y por ti, en el Corazón de la Madre, donde la vida sabe a verdad misionera. Que ella continúe enseñándonos a ser discípulos amados del Hijo, llamados por el Padre y enviados por el Espíritu. Y que no se canse tu corazón de guardar los dichos de Amor que enciendan tu vida y la de tantos. Gracias, hermano, por ser parte de esta grande obra.

Algunos de los jóvenes y claretianos que acompañaron a Adrián, con sus hermanos

Más jóvenes y claretianos que estuvieron con nosotros


Gracias, Padre, por llamarnos a la vida.
Gracias, por atraernos con ardor misionero al Hijo.
Gracias, porque en ti, por ti y desde ti, nos sabemos lanzados al mundo.
Gracias por la comunidad misionera que nos trae hermanos que te reflejan.

Haznos misioneros apasionados, al estilo de Claret.
Haznos misioneros contemplativos, al estilo de Claret.
Haznos misioneros servidores de la Palabra, al estilo de Claret.

Y sé Tú, Señor, sólo Tú, quien colme cada día y cada noche,
cada llano y cada cuesta, cada susurro y cada silencio.
Sólo Tú, Señor, para la vida de tantos.
Amén. 


domingo, 29 de marzo de 2015

Domingo de Ramos: su Pascua... en sus brazos

   A las puertas de Jerusalén. Entre vítores y alegrías, ramos y palmas. El Señor sigue adentrándose en la historia, en nuestra historia. Que nada quede fuera, que nadie quede fuera de sus brazos. Y en ellos, todo lo que nos venga. Cantemos juntos al Señor que nos trae la Primavera, a Aquel que entra hoy por la puerta de la pasión, de la muerte y de la Vida. A Él nada se le queda fuera. 
   Te ofrecemos palabras de otros peregrinos que ya le acompañaron, y que seguro siguen haciéndolo, bien cerca. Te ofrecemos palabras e imágenes que sigan alentando el deseo de ir a su paso... y a su Pascua Sagrada. 
Dichoso tiempo. Dichoso Paso. Dichoso horizonte. Dichoso camino. 
Adelante...

 DESEO

     Que la vida no vaya más allá de tus brazos.
     Que yo pueda caber con mi verso en tus brazos,
     que tus brazos me ciñan entera y temblorosa
     sin que afuera se queden ni mi sol ni mi sombra.

     Que me sean tus brazos horizonte y camino,
     camino breve, y único horizonte de carne;
     que la vida no vaya más allá... ¡Que la muerte
     se parezca a esta muerte caliente de tus brazos!...


Dulce María Loynaz


    

sábado, 9 de noviembre de 2013

Compartiendo la vida cada día...

     Seguimos compartiendo vida a través de este blog. Hoy, con doble motivo. En primer lugar, seguimos dando gracias a Dios por la vida entregada de nuestros hermanos mártires de Fernán Caballero, Sigüenza y Tarragona a través de tres testimonios más sobre nuestra peregrinación a la celebración de su beatificación el pasado mes de octubre. Escriben Raju, Jobish y Sarin, tres estudiantes procedentes de India que hace un mes se incorporaron a nuestra comunidad para realizar sus estudios de teología en este contexto fraterno e intercultural. Junto con Rayappa, recién llegado también de India, han comenzado a aprender español, su primer gran reto en este nuevo destino (por eso, de momento, sus testimonios están en inglés). Aprovechamos la ocasión para darles la bienvenida y desearles un gran crecimiento misionero en entre nosotros... En segundo lugar, compartimos unas fotos. De la renovación de votos temporales de Peter, Adrián y Charles, el pasado 23 de octubre, y de la primera salida comunitaria de este año, el 1 de noviembre, en El Escorial. Son momentos significativos de la vida de nuestra casa por los que no cesamos de dar gracias... ¡También con vosotros!


     "When I heard about the Martyrs of Barbastro, I was very much impressed. When I realized the ardent Love of our beloved brothers even to the point of giving up their lives, I was shaken. At that time I asked the Lord to give me the grace to visit these blessed Martyrs of Barbastro. But the Lord was so kind to me and generously gave me a wonderful chance to witness the canonization of 522 Martyrs in which 23 are our own claretians. It was a ground breaking event in the history of the Catholic Church and I am happy and glad to have participated in this event. It was really enriching and my words won´t suffice to describe my hearts feelings. May these Martyrs continue to inspire many more souls and intercede for each of us.
     Long live Christ the King, long live the Congregation. Thank you".
Raju, cmf

     "The pilgrimage to Tarragona was an authentic experience of encountering the sacrifices of those martyrs. The martyrdom is the most authentic sign of the Church of Jesus Christ: a Church formed by people who are fragile and sinners, but know how to give witness of their vigorous faith and their unconditional love for Jesus Christ, placing before him even their very lives. The insights that I received during my journey to Tarragona are; it helped me to deepen my faith in Jesus, love to martyrs and strive for His Kingdom.
     United in prayer and fraternity".
Jobish, cmf

     "It was a great pilgrimage for us. We began our journey to Tarragona on 12th of October. We were blessed to attend the beatification of 522 martyrs at Tarragona including 23 claretian martyrs. It was in a stadium crowded by people from different parts of the world People from different places of Spain came with the banners of their own respective martyrs including one from our church in Colmenar Viejo. The main celebrant was Cardinal Angelo Amato, the president of the congregation for the cause of saints. And there were hundreds of cardinals, priests and religious attending the ceremony. We felt love and we were inspired by their readiness of those martyrs to give up their life for Jesus and this was a time of introspection and awakening for us that where are we in our spiritual journey and whether we are able to give up, if not life, but our own petty belongings. We realized that our vocation to priesthood is also a calling to martyrdom and that is how Christ want us to be the ever readiness to give up. And Jesus said: “Anyone who doesn’t take his cross and follow me is not worthy of me”. And these martyrs set before us this example following Christ. Certainly this is a one time in history event and an irrevocable one so we are grateful to our community that they gave us such an opportunity of attending this great ceremony of beatification".
Sarin, cmf

P. José Manuel (formador), P. Lorenzo (superior de la comunidad)
y P. José Ramón (formador)
Renovación de votos de Peter
Renovación de votos de Adri
Renovación de votos de Charles






martes, 1 de noviembre de 2011

Bosque de fuegos...


Se dejaron arder para alumbrar.
Una muchedumbre inmesa.
Del Norte y del Sur. De Oriente y de Occidente.
Miles de hogueras de un Fuego inextinguible.
Velan por nosotros. Avivan nuestra llama.
Todas las cenizas. Todas las ascuas.
Todos los corazones. Todo el amor...
Feliz y bendita fiesta de todos los santos.



miércoles, 2 de marzo de 2011

el buen carácter...

     Hoy los claretianos recordamos al P. Martín Alsina Sevarroja. Superior general de nuestra congregación a comienzos del siglo XX, la impulsó y animó durante casi dieciséis años. Fue un infatigable visitador de sus hermanos, al estilo de los apóstoles, que se sostenían unos a otros en la tarea misionera.


     De entre todos sus escritos, algunos siguen siendo especialmente acertados para nosotros, que tratamos de vivir día a día como auténticos misioneros. Y creemos que pueden servir también a aquellos que intentéis vivir a fondo vuestra fe:
     «El misionero, para ser de provecho para sí y para los que vivan con él y para aquellos a quienes sea enviado a ejercer los sagrados ministerios, debe ser de carácter generoso, afable, sufrido, sincero, reflexivo, formal, bondadoso, constante, ecuánime, compasivo, indulgente, social... El estar en posesión de un tal carácter es para el misionero poseer el mayor tesoro, es poseer la verdadera libertad moral, es conseguir la mayor independencia racional, es la más firme paz espiritual, es la mayor perfección de la personalidad del misionero, es ser apto para hacerse todo para todos, a fin de ganar a todo el mundo para Jesucristo, conforme se hacía el Apóstol».

     
     Los estudiantes claretianos de Colmenar Viejo queremos mirarnos hoy en el espejo que propone el P. Martín Alsina: hoy también necesitamos dar lo que tenemos en el día a día sin quejas egoístas, aceptar con buen carácter los contratiempos, no caminar a tontas y a locas, crecer en la perseverancia (¡que tanto nos cuesta!) y, especialmente, tratar de ser cada vez más misericordiosos con todos los hombres, los de cerca y los de lejos. En una palabra, ir avanzando, con la ayuda del Espíritu, en el camino del Amor... Sabiendo que la meta no es ser perfectos, sino aprender a amar: y amar, aunque nos cueste aceptarlo, no siempre es acertar...
     Y en todo, con el ejemplo de María: la mujer que mejor entendió qué estaba en juego en el seguimiento de Jesús:
     «Y bien hará el Misionero que tome a María, nuestra dulce Madre, como base y ejemplar de su formación espiritual, para con más suavidad y eficacia copiar en sí la imagen de Jesús y vivir la vida misma de Jesús, hasta poder decir como el Apóstol: Vivo, ya no yo, sino Cristo vive en mí».


viernes, 11 de febrero de 2011

tuenvidas

P. Mariano Avellana

      Me llamo Mariano Avellana Lasierra, misionero claretiano. Soy de Aragón, nací cerca de Huesca. Fui misionero incansable de Chile. Mi lema de vida será: ser santo o pedirle a Dios que me envíe la muerte, porque el que no vive para servir a las demás, como hacen los santos, no sirve para vivir. La gente dice que tengo un porte noble, cabello pajizo y voz de trueno. Mi propia naturaleza me llamaba a vivir la vida de la manera más cómoda posible pero escuché  las palabras secretas que Dios desliza en las orejas de aquellos que lo buscan en serio y decidí vivir mi vida para los demás.


      Aquí os pongo una parte de la carta que escribí desde Chile a una prima mía: «Me parece oportuno hablarte de la fidelidad a la vocación; de aquí proviene todo nuestro aprovechamiento en la virtud. Pon tu mirada en Dios; háblale a Él con toda sencillez y amor; haz las cosas por amor a Él y no por contentar a la gente; no te apegues a parientes o amigos ni a la reputación de nobleza, hermosura, talento… Vive la vida interior».

      En tiempos de dificultad, yo digo aquella máxima de Sta. Teresa: «nada te turbe, nada te espante»: ¡Qué fortaleza me ha dado! Cuando nuestro querer no tiene por objeto el honor de Dios y el servicio del prójimo, sino que mira hacia nosotros mismos, no es la voluntad del Señor. Amar y servir a Jesucristo en la persona del papa de Roma y en igual intensidad en la del mendigo de la calle.

      Cuando enfermé sólo le pedía una cosa a Dios, insistentemente: que me permitiera volver a predicar y que la hora de la muerte me encontrara en un hospital de pobres.