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martes, 21 de marzo de 2017

'Servir al Señor con alegría' en Camerún, en España o en Francia... Romualdo, cmf

En el contexto de la jornada del seminario diocesano el pasado 19 de marzo, en nuestra iglesia de Colmenar Viejo, Iglesia del Corazón de María, algunos seminaristas animaron las eucaristías con su testimonio vocacional. Hoy queremos compartir con vosotros la experiencia de Romualdo Wambo… ¿por qué un joven camerunés deja todo sin mirar atrás y se inserta en la realidad francesa? Él mismo te lo cuenta… ¡esperemos que te guste! 


“Servid al Señor con alegría”

Me llamo Romualdo de la Misericordia Divina, vengo de Camerún y soy misionario claretiano de la delegación de Francia. Nací en una familia cristiana y en un pueblo muy religioso que se llama Nkongsamba. Los sacerdotes del pueblo y mi familia me fueron llevando progresivamente a vivir una vida de mayor intimidad con Jesús. Y acaso, como cristiano, sentí como si no fue suficiente hacerme su hijo en el Bautismo. En el momento que la Santísima Trinidad hizo su morada en mí, el Espíritu Santo que es “agua viva” imprimió en mi alma un sello indeleble. Y creo que nadie me lo puede borrar o quitar. El toque de gracia lo recibí en unos ejercicios espirituales que nos dio un sacerdote jesuita a los jóvenes de la parroquia. Al explicarnos la importancia de la Palabra de Dios en nuestra vida, descubrí que el Señor me llamaba a ser servidor de su Palabra. Desde entonces, quise ser todo de Él. Entré en el seminario e hice mis votos temporales; y con la voluntad de Dios haré mis votos perpetuos en el próximo mes de abril. Como misionero claretiano, he sido enviado a anunciar la vida a fin de que todos los hombres se salven por la fe en Cristo. También, para que todos los que reconocen a Cristo como Hijo enviado por el Padre para salvarnos reciben con abundancia y para siempre el “agua viva” que Él promete, como a la mujer Samaritana en el Evangelio. 

En cuanto bautizado como cada uno de vosotros, soy un hijo adoptivo de Dios con el derecho de llamarlo Padre; y como consagrado, su Amor me eleva más cerca de Su corazón. Soy un embajador de Dios en el mundo; un profeta que anuncia la Buena Nueva al estilo de nuestro fundador San Antonio María Claret. El Espíritu ha venido hasta mí de manera especial, con diversos dones y gracias que me posibilitan para conformarme con Jesús. Este mismo Espíritu me ha sido dado para que, igual que Jesús, vaya y anuncie la Buena Nueva de Su Amor y a través de ese amor cambiar el mundo. He sido llamado por Dios para dos cosas, la primera de ellas es a ser santo y la segunda asistir a mi prójimo en su búsqueda de su santidad. Si yo fallo en esto, todo lo demás se pierde. 

Ahora llevo más de 7 años de vida religiosa, y desde mi vocación misionera, cada día amo más a este mundo tan necesitado de Dios y de su Agua viva; y desde aquí animo a que otros a que tomen la antorcha de su vida sin miedo a abrasarse en el fuego del Espíritu.

Romualdo Wambo, cmf

miércoles, 1 de marzo de 2017

Cuaresma: 'elaborarnos' por dentro...

La vida nos sorprende en muchas ocasiones. No siempre tenemos respuestas para todo. No siempre podemos improvisar. Y, como en todo lo importante, se necesita de un tiempo intenso que nos ayude a vivir con mayor hondura el presente. Algo así debió ocurrirle a Jesús en su tiempo de Nazaret. Y algo así tuvieron que ser sus años de ministerio. Su pasión no pudo ser improvisada. Su respuesta tan libre como obediente hasta la muerte no pudo ser consecuencia del azar. Su amor hasta el extremo hubo de ser fruto de muchos tiempos de silencio y renuncia, de oración y acostumbramiento a Dios...
Y algo así puede ser para nosotros esta cuaresma que hoy empezamos: una oportunidad nueva para 'elaborarnos' con intensidad antes los tiempos densos que nos vengan. Un camino de escucha atenta, de compromiso solidario, de ascesis fecunda. Un camino que nos acerque más al corazón de Jesucristo, con quien recorremos nuestra vida como quien camina hacia el Gólgota. Un camino que no se hace solos: con Cristo y en Él, con la comunidad y con los últimos. Porque si nada importante se improvisa, nada importante se lleva a cabo en soledad.
Comencemos este miércoles de cuaresma con la mayor intensidad posible. Y lo hacemos con las palabras del Papa Francisco: «en este tiempo recibimos siempre una fuerte llamada a la conversión: el cristiano está llamado a volver a Dios 'de todo corazón' (Jl 2,12), a no contentarse con una vida mediocre, sino a crecer en la amistad con el Señor.»

lunes, 28 de noviembre de 2016

Un corazón que late a ritmo de adviento


  Muchas veces nos encontramos a tantas personas que, de alguna manera, buscan ese 'algo más' que todos esperamos. Muchas veces, cuando menos lo intuimos, se nos regalan encuentros en los que aunamos deseos de vivir con mayor anchura. Aunque no lo digamos así, aunque en tantas ocasiones pase desapercibido. En el fondo, nuestro corazón late a ritmo de adviento. Lo que somos viene viviendo esa tensión de que llegue algo, o mejor Alguien, que tenga algo que decirnos. Y, en ese intento, hemos querido echarle imaginación con un mensaje especial que hoy compartimos. Porque todos esperamos la Palabra que haga vibrar nuestro día a día. Porque todos estamos a la espera. Porque todos merecemos que Alguien tan bueno nos visite.

   Ojalá sea este tiempo de Adviento el momento oportuno para poner al día eso que tanto anhelamos, y ojalá recibamos la Luz que se nos viene para poder acoger tanto misterio... ¡Feliz tiempo de Adviento!

Querido amigo, querida amiga...
  Quizá te sorprenda que te escriba. Quizá pienses que todo forme parte de una idea, de un proyecto, de un tiempo bonito. Sin embargo, llevo queriéndote decir algo mucho tiempo. Tanto, que pueda ser una eternidad. Tanto, que hasta aquello que te digo va en mi propio corazón.
  Sí, en mi corazón. En el mismo que el tuyo. Allí es donde recuerdo a cada momento quién eres, cuál es tu nombre, cuáles son tus deseos, dónde están tus tropiezos… te conozco. Te conozco desde antes de que tú lo supieras. Tanto, que te llevo escrito en la palma de mi mano. Tanto, que tu nombre lo escribí en las estrellas. Te conozco porque sé lo que tú has vivido, yo también pasé por lo mismo que tú. Pasé por aquel conflicto que hace tiempo tuviste tan malo. Transité por los sueños que te hacen sentir vivo. Me perdí alguna vez que otra en pequeñas rencillas que no me ayudaron. Nací. Como tú. Crecí. Como tú. Y traté de afrontar la vida con la mayor fuerza de la que fui capaz. Como tú lo estás tratando de hacer ahora. Y Dios siempre estuvo conmigo. Como contigo.
  Y así te voy desvelando el porqué de este nuevo nacer de cada año, de cada día. Porque sé que lo que yo viví lo puedes vivir tú. Porque en tu corazón puede prenderse la misma llama que me hizo a mí capaz de conocer en profundidad tanto; de amar, hasta el extremo; de servir, aunque todo invite a no hacerlo; de alabar, porque nuestra mirada está puesta en una esperanza más grande. Sí, amigo de camino. Yo vine para que tú pudieras vivir al máximo. Vine para que vivieras a fondo. Vine para que no olvides que te amo. Desde siempre. Enteramente. Porque yo, con todo lo que soy, quiero hacerte valiente.
  No dudes mucho más. No te dejes vencer por esa mala racha, por ese tiempo de olvido, por ese ‘no te encuentro’. No. Ven a encontrarme conforme estoy viniendo. Con todo el amor del que soy capaz. Con toda la sencillez que tiene un niño. No te prometo grandes espectáculos, pero te aseguro que, si me esperas, yo siempre estaré contigo. Para cruzar juntos esos puentes difíciles que se te presentan. Para avivar en ti el deseo de ser mejor. Para recordarte, con todas mis fuerzas, que eres amado. Infinitamente amado. Y, por eso, la vida merece la pena. Y la alegría.
  Espérame. Estoy viniendo. Y soy yo mismo quien vengo. No pases página. No te detengas… sé que este tiempo va a ser, para ti, nuevo. Ya estoy viniendo. Ya te estoy queriendo…
  Tuyo,
יֵשׁוּעַ

domingo, 17 de abril de 2016

¿Quién me mira?


Sé tu nombre.
Sé quién eres.
Sé qué sueñas.
Te llevo sobre mí cada tiempo.

Sé hasta dónde te escapas.
Sé hasta cuándo me esperas.
Sé hasta cómo me escuchas.
Te miro con pasión desde siempre.

Sé que tu oído puede oírme.
Sé que tu nombre en mis labios te estremece.
Sé que tu y Yo, si quieres, podemos ser uno.
Te llevo pensando,
   nombrando
   y sosteniendo
   desde lo eterno.

sábado, 26 de marzo de 2016

Domingo de Resurrección: '¡Ha resucitado!'

¡Y la Vida irrumpe!
¡La Vida triunfa!
¡La Vida es la última palabra!

Porque no hubo acción de gracias baldía, ni confianza frustrada, ni pasión olvidada, ni amén ignorado. Porque ningún rincón entregado ha sido perdido, ni ningún jirón donado arrancado. Más bien hoy todo queda iluminado, agradecido, ensanchado. Porque la vida, Su Vida, es más fuerte que nuestra muerte; porque su Amor ha sido más desbordante que nuestro miedo... ¡Danza hoy con la Vida, todo es nuevo!
Que me viva
la Vida que vence,
la que salva,
la que alza.
Que me viva
la Vida,
la Tuya,
la que quieres que sea
-también- la mía.
Vívime,
que sólo seré
si es contigo
viviendo...
¡hasta el extremo!


domingo, 17 de enero de 2016

Sé de un vino nuevo que te espera


Sé de un vino bueno 
   que alegra el corazón 
   y que alcanza a la vida.
Sé de un vino bueno
  que marida con la novedad, 
  la frescura y el anuncio.

Un vino que colorea 
  lo oscuro y lo marchito,
  que saborea la vida en fragmentos 
  para ofrecer biografías de esperanza.

Un vino bueno, 
  el que fecunda el agua corriente de nuestros minutos,
Un vino bueno, 
  el que devuelve la esperanza al cansado y al desesperado.
Un vino bendecido que sabe a bodas, 
  a compromiso y a alianza, siempre nueva y renovada.

Quien lo prueba 
  sabe que su nombre 
  es elegido, eterno y único.



Sabe que su tierra 
  ya no más estará seca ni olvidada.
Que cada piedra de tropiezo
  es un canto de libertad y de alegría
  en el lagar de nuestros intentos.
Quien lo prueba, lo sabe. 
Y quien lo entrega
  es el Hombre de los signos,
  el Hombre que porta la alegría,
  el Hombre con el que da comienzo 
  la fiesta de bodas.
  El Hombre que bendiciendo entrega
  que entregando bendice. 


 


El hombre que lo entrega
  es todo un Dios que se derrama como vino nuevo 
  para que tú y yo hagamos como Él nos diga.

Quien lo prueba, lo sabe. 
Quien lo entrega… te espera.
  Para que tú y yo cantemos que la Vida 
  es como vino nuevo que, a su tiempo, 
  sabe a entrega compartida.
  

domingo, 29 de noviembre de 2015

Mirad...


Mirad,
Yo vengo,
Yo estoy viniendo.
Escuchad el viento de la noche, 
la luz que va siendo nacida,
el tiempo del que espera.
¿Qué guardas?
¿Qué deseas?
¿Qué esperas?
¿Hacia dónde pones la mirada?

 

 Mirad, 
Yo vengo, 
Yo estoy viniendo.
Con lo que soy, con lo que te ofrezco.
Me vengo trayendo a mí mismo
para que alces la mirada
con lo que guardas,
con lo que deseas,
con lo que esperas,
con lo que amas. 


Mirad,
Yo vengo.
Para que os alumbre una nueva justicia.
Para que esperéis de un modo nuevo.
Para que os vistáis de lo que soy
y os llenéis de lo que prometo.
Y así también vuestra espera, vuestra noche, 
el tiempo y la vida,
la misma que te di y hoy te ofrezco de nuevo.


Mirad, 
Yo vengo.
«Levantaos, 
alzad la cabeza»,
se acerca Quien tanto os espera.

Álzate, que soy Yo el que vengo.


domingo, 22 de noviembre de 2015

A Ti, Rey eterno...


¿Adónde serán llevadas
   nuestras plegarias clavadas?

¿Adónde
   tantos gritos eternos,
   tantos susurros llenos,
   tantas lágrimas ofrecidas sin remedio?

¿Adónde serán llevadas
   tantas vidas encontradas,
   tantas vidas dolidas,
   tantas vidas compartidas
   tantas vidas tan poco amadas?

¿A dónde irán nuestras acciones regaladas?
¿Adónde nuestras ganas de vivir?
¿Adónde estos deseos de seguimiento,
   esta certeza de vivir en lo correcto
   aún con tantas sombras de infidelidad?

¿Y dónde serán colmados todos los esfuerzos,
   todo lo dejado,
   todo lo ofrecido,
   todo lo ansiado?

Adónde irán a parar…
   Sólo Tú lo sabes.
   Sólo Tú lo conoces.
   Sólo Tú lo podrás hacer eterno.

Tú,
   nuestro Principio y Fin,
   nuestro Alfa y Omega,
   nuestra Raíz y Viento,
   nuestra Puerta y Camino,
   nuestro Fuego eterno.
Tú, el Rey del Universo.

Tú, adonde todo será llevado,
   amado, bendecido y colmado.

domingo, 8 de noviembre de 2015

¡Somos misioneros!

Cada domingo tiene algo de especial. Un sol más brillante, una luz más intensa, un color más claro. Y, como cada día, nuestra comunidad amanece con el rezo de las laudes, la oración de la mañana de toda la Iglesia.
   Hoy había algo especial. En cada uno de nuestros lugares encontramos la Declaración del XXV Capítulo General, «Testigos-Mensajeros de la Alegría del Evangelio». Hombres de tantas lenguas, pueblos y naciones oraron, reflexionaron y discernieron hacia dónde queremos caminar como misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María en este tiempo que vivimos. Y, de repente, uno empieza a preguntarse qué es lo que han recibido sus manos...
   Este librito recoge cómo la Congregación ha discernido la voluntad en Dios para con nosotros en este tiempo. La expresión de la memoria y la tradición que hemos recibido; del presente apasionante que transitamos y del futuro que viene lleno de esperanza. Nos fuimos dando cuenta que lo que teníamos entre manos es la apertura que nuestros mayores han ofrecido al Espíritu. Para ser más misioneros. Para ser más claretianos. Para ser más como Dios quiera que seamos.

   Entonces sólo queda agradecer este regalo. Sabernos dentro de una gran familia que vive a lo largo y ancho del mundo la alegría del Evangelio. Darnos cuenta de que desde aquí, desde nuestra comunidad de Colmenar Viejo, tratamos de mostrar el rostro de la Congregación hoy: hombres de tantas lenguas, pueblos y naciones que somos llamados «a testimoniar la primacía absoluta de Dios y de su Reino» [MS 3], que tantas consecuencias fecundas tiene.

Cada domingo tiene algo de especial... hoy nos sentimos un 
poquito más claretianos.


¡Ábrenos los oídos y los ojos,
sacúdenos el miedo y las inercias,
danos un corazón de carne y de crisma,
revístenos de gozo y de osadía,
envíanos, al Viento que te lleva,
testigos de tu Hijo,
diáconos de Pascua, servidores,
hermanos ecuménicos del mundo!
[Pedro Casaldáliga, cmf]

domingo, 25 de octubre de 2015

Celebrar un Amor que todo lo supera: Profesión Perpetua de Adrián de Prado, cmf y renovaciones

 
   Ayer fue un día de fiesta. Un día de emociones intensas, de agradecimiento hondo, de fidelidad compartida. Celebramos juntos el día de nuestro Padre fundador, San Antonio María Claret. El día en que recordamos la vida del hombre de fuego, del misionero ardiente sin fronteras, del enamorado de Cristo y de María, del que tenía el alma habitada. Hacer memoria agradecida de su vida siempre es un motivo de alegría. En nuestro caso, triple alegría. 
Capilla en la Solemnidad de Claret y renovación de los estudiantes claretianos

   Por un lado, la fiesta de Claret. Por otro, comenzamos la mañana renovando nuestros votos siete hermanos de nuestra comunidad. Siete jóvenes que volvieron a renovar su sí, su compromiso de seguir a Cristo más de cerca, su ser fieles a la vocación recibida. Ellos, Claver, Raju, Charles, Jorge, Rayappa, Sarin y Jobish, renovaron su profesión religiosa como Hijos del Inmaculado Corazón de María, como misioneros claretianos. En el fondo de su corazón renovaban el deseo de mantener encendido el sueño del joven Claret que llevan prendido en el alma. 
Claver renovando su profesión


Raju renovando su profesión


Charles renovando su profesión


Jorge renovando su profesión


Rayappa renovando su profesión


Sarin renovando su profesión


Jobish renovando su profesión
   Y, por último, pudimos compartir con Adrián de Prado, hermano de esta comunidad durante varios años, su profesión perpetua. Él, como la de tantos otros claretianos, quiere que su vida sea un canto al Amor con mayúscula que le sobrepasa y le sobrecoge, que le abrasó por dentro para ser ardiente hacia tantos rostros, tantas historias, tantos hombre y mujeres sedientos de Él. 
Llamada a Adrián antes de profesar

Durante el interrogatorio que le hace el Superior Provincial
Adrián compartiendo su acción de gracias

Durante la fórmula de profesión con la que se une a la Congregación

   Desde aquí, Adrián, agradecemos tus años con nosotros. Tu esfuerzo y tu sensibilidad, tus días de claridad y tus noches oscuras. Gracias por el tiempo de búsqueda compartido, por mirar juntos al Crucificado y celebrar en el día a día al Resucitado que nos llamó a estar con Él. Seguimos orando contigo y por ti, en el Corazón de la Madre, donde la vida sabe a verdad misionera. Que ella continúe enseñándonos a ser discípulos amados del Hijo, llamados por el Padre y enviados por el Espíritu. Y que no se canse tu corazón de guardar los dichos de Amor que enciendan tu vida y la de tantos. Gracias, hermano, por ser parte de esta grande obra.

Algunos de los jóvenes y claretianos que acompañaron a Adrián, con sus hermanos

Más jóvenes y claretianos que estuvieron con nosotros


Gracias, Padre, por llamarnos a la vida.
Gracias, por atraernos con ardor misionero al Hijo.
Gracias, porque en ti, por ti y desde ti, nos sabemos lanzados al mundo.
Gracias por la comunidad misionera que nos trae hermanos que te reflejan.

Haznos misioneros apasionados, al estilo de Claret.
Haznos misioneros contemplativos, al estilo de Claret.
Haznos misioneros servidores de la Palabra, al estilo de Claret.

Y sé Tú, Señor, sólo Tú, quien colme cada día y cada noche,
cada llano y cada cuesta, cada susurro y cada silencio.
Sólo Tú, Señor, para la vida de tantos.
Amén. 


domingo, 11 de octubre de 2015

Experiencia en Roma del Encuentro de jóvenes consagrados

   'Lo prometido es deuda', dicen algunos. Otros dicen 'lo bueno se hace esperar'. Poco a poco, iremos relatando aquellas experiencias que hemos ido guardando en el corazón en los últimos meses. Hoy, concretamente, son Charles y Raju los que quieren regalarte su tierra sagrada. Charles quiere contarnos su experiencia en este encuentro de jóvenes consagrados en Roma. Raju, como se nos invitaba en este año de la vida consagrada, hace memoria agradecida de los últimos meses en nuestra comunidad. Ojalá Dios también se esconda en sus palabras para compartir contigo la alegría de seguirle... ¡gracias, hermanos!





Charles, cmf
 Celebrar el testimonio de la alegría compartida
  "Despierten al Mundo. Evangelio, Profecía, Esperanza', con este lema se celebraba en Roma el Encuentro Mundial de los Jóvenes Consagrados y Consagradas. Organizado por la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica (CIVCSVA). Entre los ecos y las experiencias vividos me brotan tres expresiones:
Testimonio. Tener siempre el corazón abierto a lo que nos dice el Señor. Estamos llamados a dar esa fidelidad. La fidelidad fundada en la búsqueda, en la aceptación y en el compromiso.
Celebrar la belleza de la vocación. Vivimos nuestra consagración religiosa iluminada por aquella Luz, la luz con que Jesús, el Cristo iluminó nuestro corazón cuando nos abrió al camino de las bienaventuranzas.
Compartir las propias realidades. Nos llama a actualizar de forma creativa las respuestas que hemos de dar en el momento presente. Una llamada de amor, que sólo puede ser respondida desde el amor.

De izquierda a derecha: Charles, Raju y Sarin

¡Antes de subir al avión!

Disfrutando de tantos rincones que ofrece la antigua Roma

De izquierda a derecha: P. Reegan, Raju, Rayappa, Sarin y Jobish. Claretianos de India en Roma 

Y es por ello que somos invitado a: dar gracias a Dios por el don de la Vida Consagrada; dar gracias a Dios por abrazar el futuro con esperanza, confiados en el Señor, al cual hemos ofrecido nuestra vida; dar gracias a Dios por la capacidad de saber vivir el presente con pasión, evangelizando nuestra propia vocación y testimoniando al mundo la belleza del seguimiento de Cristo."
Charles Rolando, cmf



Un verano intenso: vivir el Amor de Dios en la alegría y en el dolor
Raju, cmf en la Plaza de San Pedro
  La vida como la vivimos va embarcando en sí mismo muchas experiencias y personas. En últimos tres meses esta realidad ha sido bastante intensa para mí. Ir de vacaciones a la India, estar hospitalizado con dengues de que no esperaba durante vacaciones, volver a la casa, visita la bodega de José María e ir a Roma para participar en el encuentro de los jóvenes consagrados del mundo para volver al final a las fuentes del aprendizaje, son unos momentos que me han enriquecido.

  Antes de empezar, quiero agradecer al Señor por tantas gracias y personas que me ha regalado y ha puesto en mi camino para añadir sabor a mi vida. Una de las preguntas que fue repetida por muchas personas de mi familia y de la India fue: ¿cómo puedes mantenerte tan lejos de nuestro país, familia, cultura, comida, etc? Mi respuesta a esta pregunta es la llamada que he recibido y la alegría de la vida consagrada y misionera. Es lo que hace posibles las cosas aparentemente imposibles a nuestros ojos. Pues es el Señor y nuestra Madre quienes me ayudan y acompañan en mi camino para seguirle íntimamente.

   Estar hospitalizado con dengues ha sido un tiempo de dolor y de gracia. Yo quería visitar a muchos de mis parientes y amigos, pero Dios les trajo a mí para mostrarme como Él y la gente me quiere. Esta fuerza del amor yo no sólo pude sentirla a través de los que me visitaron, sino también a través de mis hermanos de comunidad y amigos de España que me escribían frecuentemente y rezaban por mí.

   La visita a la bodega me ha hecho comprender dos cosas simultáneamente: uno hacer buen vino y otra buena formación. Todo el proceso, la inversión del amor, la cantidad de cuidados, la cercanía y distancia, temperatura, ambiente, etc. son cosas esenciales e importantes para conseguir un mejor vino que da alegría al ojo y a la boca. De la misma manera, en el tiempo de la formación: el ambiente de la comunidad, los que me cuidan, el amor que pongo, mis relaciones con el Señor y con los hermanos, van a influirme para formarme como un buen misionero en la 'bodega claretiana' que es el Inmaculado Corazón de María.

   Por último, ha sido una gran oportunidad haber estado presente en las jornadas dirigidas a los joven religiosos del mundo en Roma. Los valores que he recibido allí son para guardarlos dentro e ir profundizando durante toda la vida. Era un gran momento para dar un testimonio al mundo de la alegría de la vida consagrada.
¡Ojalá que Dios sigue inspirando a muchos jóvenes más para vivir y compartir esta alegría!
Raju Katthula, cmf

sábado, 13 de junio de 2015

A quien busque un corazón nuevo...


A ti, que buscas un nuevo corazón,

   Cuando era pequeño soñaba con hombres de fuego. Hombres de corazón ardiente que cruzaban mares y atravesaban fronteras guiados por un deseo común. Dejaban su casa y abandonaban su tierra para entregarse a un destino incierto, pero preñado de una Promesa. Cuando ellos volvían, su rostro era luminoso y su sonrisa desvelaba el acierto de su vida. Sabían que no se habían equivocado. Que sus frágiles manos portaban algo más que su debilidad y que su mirada era mejor si primero la fijaban en el Hijo de la Madre buena. Eran grandes hombres, «amigos fuertes de Dios», que hicieron de sus manos la prolongación de los brazos maternos de la mujer que hoy recordamos. La mujer del Corazón entregado. La mujer del Corazón en alto. La mujer del Corazón de Madre. Sus hijos traían la buena noticia de que merece la vida escuchar la Palabra y cumplirla. Habían encontrado un Tesoro y poco era lo que les apartaba de él. Y ellos, que quizá nada más tenían asegurado, no dejaban de regalarlo a manos llenas.
























  Se adivinaba en su rostro el color de las gentes de África, la vida vibrante de Latinoamérica, la honda sabiduría de Asia o la enigmática cotidianeidad de Europa. Su mirada rescataba los signos de la presencia de Dios allá donde veían. Y como la mujer del Corazón ardiente, le descubrían en lo pequeño. En los niños que llevan el agua a sus casas, en las mujeres que se desviven por el hogar, en los hombres que cultivan el arroz, en el silencio incomprendido del primer mundo. Sus hijos, aquellos misioneros, no dudaron en ofrecer su corazón como Ella lo hizo. Bastó un «sí», un «hágase», para que el milagro irrumpiera. Y la promesa se volvió a cumplir. Ya su corazón no era para sí mismos, ni para su tierra, ni para su casa. Su corazón era para todo aquel que llegaba fatigado del camino, herido en la batalla o buscando, sencillamente, un suelo firme donde habitar. Y como la Madre, lo acogían en su casa. Porque de la del Corazón de fuego aprendieron a ser hogar de la Palabra, refugio del necesitado, reflejo del Dios que tanto nos ama.


   Los hijos de la del Corazón ensanchado supieron encender el fuego del deseo de tener un mismo corazón en otros. También en mí. Avivaron las ganas de tener un corazón más grande, más amable, más libre. Grande, para acoger a tantos. Ancho, para que todos cupieran. Libre, para no hacer distinción. Y empecé a querer vivir de un corazón misionero. Como el suyo. Como el de Ella. Y Dios, que vio que era bueno, siguió tejiendo este sueño en mis entrañas. El sueño que superó todos los proyectos anteriores y los grandes deseos de la adolescencia. El sueño que me lleva a escribirte estas líneas. Hoy soy hijo del Inmaculado Corazón de María. Hoy mi sueño es seguir apostando por cruzar los mares y atravesar fronteras para llevar a tantos lo que el Corazón de María me enseñó: que Dios te encontró antes de que tú le buscarás, que te espera para seguir amando, que te sueña antes de que tú lo desees. Como lo aprendí de aquellos hombres de fuego, aquellos de corazón ardiente. 




   De pequeño soñaba con un corazón así para mí. Ahora lo pido para ti. Porque seguro que tú también sueñas con un corazón más grande, más amable, más libre. Porque seguro que también dentro de ti, tu corazón late a ritmo misionero... ¿Por qué no escucharlo hoy, mañana, siempre? María, la del Corazón ardiente, te enseñará cómo. Y en él, todas las voces y todos los gritos del mundo que esperan una Buena Noticia... ¿y si fuera tu corazón el que falta?


Feliz fiesta del Corazón de María. 
Feliz horizonte misionero.

Un joven misionero claretiano