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jueves, 15 de febrero de 2018

Ser un europeo en China | Carlos Puerto cmf



Ser un europeo en China puede hacerte sentir como si fueras un extraterrestre, en especial si vas a las áreas rurales donde los extranjeros son una excentricidad y tratas de vivir con ellos. Hay tres opciones para un “alien” como tú: mostrar que eres diferente, tratar de esconder las diferencias o aceptarlas con naturalidad. Yo elegí la tercera y pude ver que tenemos más cosas en común de lo que parece a simple vista.
Sí, es cierto que los españoles pensamos de lo particular a lo general mientras que los chinos lo hacen de lo general a lo particular. Por ejemplo, un español escribe su dirección comenzando por la calle y terminando por el país, mientras que un chino lo hace al contrario. Cuando un español lleva a cabo una tarea piensa en el resultado, pero un chino piensa en el proceso; descubrí esto cuando los estudiantes chinos se rieron de mí al verme copiar un carácter chino.




Pero todos tenemos los mismos sueños, esperanzas y sentimientos; y existe un lenguaje mayor que los idiomas, un lenguaje que está por encima de las palabras y no sabe de fronteras. Este lenguaje nace en el corazón de la gente y se habla con los ojos, el cuerpo… la propia vida.
El mes que pasé en China participando en dos campamentos con el hermano Sid, Josua, Joseph y Stephen me ayudó a descubrir esta verdad y me enseñó a distinguir entre lo esencial y lo circunstancial, lo cual con frecuencia nos ciega impidiéndonos ver al otro como a un igual.
China es un gran país con una gran historia, pero su mayor riqueza es su gente. Zhaoxian, Yulin y nuestra comunidad misionera me mostró esta y otras verdades, pero fue la familia que me acogió en Pekín la que lo grabó a fuego en mi corazón.
De China, nuestra comunidad itinerante fue a Kupang (Indonesia) donde animamos un campamento de inglés para los aspirantes y postulantes claretianos de allí. En esta ocasión Thomas y Ben se unieron a nuestro equipo. Allí descubrí un país joven lleno de esperanza y alegría, esa alegría que Europa parece haber olvidado y esa esperanza que tanto necesitamos.
Se supone que yo era el misionero, pero fueron China e Indonesia las que me evangelizaron.

Carlos P. G. cmf       



jueves, 19 de octubre de 2017

Profesión perpetua de Charles, Rayappa y Rafael como claretianos


De izquierda a derecha: Charles (Paraguay, Prov. Santiago), Rayappa (India, Prov. Santiago) y Rafael (Corea, Del. Corea)
  Este inicio de curso ha sido, desde el principio, lleno de motivos que agradecer. Las experiencias que cada estudiante ha vivido en verano aquí y fuera de España, los ejercicios espirituales al final de agosto, despedidas y bienvenidas, inicios de nuevas etapas. Todos estos hilos siguen tejiendo el telar misionero que quiere ser nuestra comunidad. Pero sin duda, lo que más ha marcado este nuevo año, ha sido la profesión perpetua de nuestros hermanos Charles, Rayappa y Rafael

La celebración fue presidida por el P. Pedro Belderrain, Superior Provincial de Santiago. Junto a él, el P. Gabriel Kim, Superior Mayor de Corea y el P. José Ramón Sanz, Prefecto de formación

El P. Pedro Belderrain, Superior Provincial de Santiago, da la bienvenida a la asamblea

Charles, Rafael y Rayappa expresan su compromiso para con la Iglesia y la Congregación
   Puede que te estés preguntando, ¿qué es eso de una profesión perpetua? La profesión perpetua es el acto público por el que los estudiantes claretianos se consagran a Dios incorporándose definitivamente a la Congregación para vivir como misioneros al servicio de la Palabra. Dicho de otro modo, es la celebración donde se da un «sí» a Dios para siempre, después de varios años de discernimiento, estudio, reflexión y vida comunitaria. Un momento especial y alegre donde nuestros hermanos expresaron su deseo más íntimo de seguir a Jesús como Misioneros Claretianos, Hijos del Inmaculado Corazón de María. 

Durante la oración litánica

Charles emite la fórmula de profesión perpetua en manos de su Superior

Rafael emite la fórmula de profesión perpetua en manos de su Superior (en coreano)

Rayappa emite la fórmula de profesión perpetua en manos de su Superior

Abrazo de acogida de los claretianos a los hermanos que profesaron


Charles firmando el acta de la celebración

Rafael firmando el acta de la celebración

Rayappa firmando el acta de la celebración
  El pasado 15 de octubre, en nuestra iglesia de Colmenar, fuimos testigos de cómo Dios conduce nuestras vidas y las hace más bellas y mejores cerca de Él. Además, sentimos con la Iglesia es universal y misionera. Tres hermanos claretianos, tres orígenes distintos (Paraguay, India y Corea del Sur), tres historias diferentes... pero una misma vocación: ser misioneros al estilo de Claret.


  Desde aquí agradecemos el tiempo compartido con ellos, la generosidad de su respuesta y la alegría de saberles cerca de nosotros. Que María, mujer de la Palabra, les siga ayudando a renovar su «sí» cada día allá donde estén... ¡enhorabuena, hermanos y amigos!

Con parte de la comunidad de estudiantes claretianos y otros hermano!

Los profesos con la familia de Rafael
   «Hoy, Charles, Rayappa y Rafael, recibís para siempre una herencia que os llena y os colma. Hoy y para siempre, recibís el nombre de los somos Hijos del Inmaculado Corazón de María. Desde hoy, seréis para siempre testigos-mensajeros de la alegría del evangelio. Que nada os arredre. Que todo abraséis a vuestro paso. Y María, como una suave luz que todo lo ilumina, nunca os dejará confundidos.»



sábado, 22 de abril de 2017

Un fe comprometida con el Resucitado: Testimonio de Charles Rolón, cmf

Uno de los efectos de la Pascua es el envío misionero del Resucitado: 'id y anunciad'. Lo llevamos escuchando toda esta gran semana de Pascua. Por eso, en medio de esta alegría, uno de nuestros hermanos, Charles Rolón, ha viajado a Vigo, a la Parroquia claretiana del Corazón de María, para compartir su encuentro con el Resucitado y la misión en la que le conoció: la misión claretiana en Paraguay. Con los destellos del Señor vivo en medio de este pueblo, compartimos con vosotros el mejor regalo que Charles quiere hacernos, la experiencia de su fe y su vocación en salida misionera... ¡gracias!

“Mi espíritu es para todo el mundo”

   Mi nombre es Charles. Natural de Paraguay. Procedo de una familia sencilla, trabajadora y humilde. Tengo tres hermanos. Mis padres ya están jubilados y se pasan ahora trabajando en su pequeña granja que tienen.
   El Papa Francisco invita a cada persona a sacar de su interior la capacidad de amar que habita en su corazón. Para ello, anima a descubrir que el Evangelio es fuente de Alegría, de Libertad y de Salvación para todos los hombres. Todos los misioneros estamos llamados a vivir esta experiencia de la misericordia. Revelando el rostro vivo de Dios en la entrega generosa de la vida, en el servicio y en el anuncio de la alegría del perdón. Los misioneros viven una profunda vida espiritual, que enriquece su mente y su corazón para reconocer la acción del Espíritu hasta llegar a ser un verdadero “discípulo misionero”. 

   Me gustaría explicaros en tres etapas de mi vida misionera. A saber:
   Una primera etapa: mi propia experiencia de la vocación misionera, vivido particularmente en mi propia tierra, es decir, en mi país. Mi vocación a la vida misionera lo fui descubriendo con el paso de los años en el Seminario menor de los misioneros Claretianos. Fue entonces donde se inició todo y comenzó una primera respuesta insignificante a la llamada de Dios. Sin embargo, poco a poco fui comprendiendo y entendiendo los por qué y, la respuesta que se me iba dando a mis interrogantes...
Misión de los Claretianos: están trabajando en la misión para ser luz en medio: el odio, la injusticia, la mentira, la opresión, el dolor, la soledad, el hambre, la ignorancia y tantas otras necesidades de amor que son urgencias de la misión de Dios.
   Una segunda etapa: mi experiencia misionera, situada ya fuera del contexto de mi cultura, en concreto, en la etapa del noviciado. En Cochabamba (Bolivia). Un nuevo estilo, un nuevo horizonte, una nueva misión. El tiempo del Noviciado: fue un espacio y un tiempo para fundar y consolidar esta llamada a la vida misionera. Hubo un momento significativo que quisiera compartirlo, y particularmente es la misión de los Misioneros Claretianos en Bolivia. Fue la misión de Potosí. Ubicado al norte del país. Fue una experiencia realmente impactante, pero a la vez, una fortaleza para mi vocación misionera.

   Y la última etapa: mi experiencia de Dios, es decir, mi experiencia de fe. Me quedo con el signo de la humanidad de Dios y de la experiencia de la fe, con dos momentos. En la vertiente humana me quedo con rostros, la sonrisa, la amistad, heridas… Y por otro lado, la huella de la fe me hace quedarme con una esperanza de un pueblo, de unas comunidades que están transformándose con la presencia de los misioneros, pero sobre todo con esa presencia de ese Dios que toca los corazones y que lo lanza a abrir un horizonte de anhelo, de amor y de belleza. Por lo tanto, la generosidad, la servicialidad, la entrega generosa, la disponibilidad…son signos de la existencia de Dios.
  • Tener un corazón abierto, un corazón dispuesto; 
  • Tener un corazón sin límites, sin condiciones;
  • Y tener un corazón limpio, indiviso, centrado en el único Amor puede convertir y cambiar la vida de mucha gente y del pueblo de Dios.
   Y para ir concluyendo, quisiera hacerle llegar una petición: No se cansen de orar por las vocaciones. Gracias a la oración seguimos Fortalecidos, Consolidados, Afianzados. Oren por todos los misioneros y misioneras del mundo. No se cansen de orar y pedir por las vocaciones. Porque la mies es mucha pero los obreros son pocos. Muchas gracias.
Charles Rolón, cmf


lunes, 17 de abril de 2017

Alégrate. No temas. Ve y anuncia: ¡Cristo vive!


«Con temor, pero llenas de alegría…»
   Con temor,
   porque la vida nos conmociona.
   Con temor,
   porque la memoria no olvida el dolor.
   Pero llenas de alegría,
   porque no es más grande el sufrimiento que el gozo,
   porque no es más fuerte la cruz que la Vida.

«No temáis…»
   Porque el don del Resucitado
   sana las heridas,
   impulsa en los miedos,
   hace posible
   la alegre valentía de caminar
   con paso firme y decidido
   por la vida.

«Id a contar a mis hermanos…»
   Porque nada ni nadie acalla ya
   el acontecimiento que marca nuestra historia.
   Porque Dios mismo pasa por nuestra biografía.
   Porque el Resucitado ha querido 
   que tú y que yo,
   que nosotros
   nos encontremos
   en la Galilea cotidiana.

Alégrate. No temas. Ve y anuncia: ¡Cristo vive!

miércoles, 22 de marzo de 2017

Dejarse encontrar por Dios, en la montaña y en lo cotidiano: José Ramón, cmf

Seguimos con los ecos del pasado día del Seminario. En vez de en nuestra Iglesia de Colmenar Viejo, uno de nuestros estudiantes compartió parte de lo que es en la Iglesia de los Misioneros Claretianos de Segovia. Se llama José Ramón (más conocido como Josua...) y quiere compartir contigo cómo resuena en él y en su historia vocacional las lecturas del domingo pasado... ¡Esperamos que te guste! 


A veces decimos «me muero de sed», pero si lo pensamos un momento no es del todo verdad, porque precisamente esta sed, es la que nos avisa, la que nos salva la vida. En la lectura de hoy el agua, la sed de Jesús y la sed de la mujer, es el hilo que nos lleva a un encuentro. 

Jesús toma la iniciativa en este encuentro, lejos de los prejuicios, lejos del culto institucionalizado, lejos del templo; Jesús llama, se hace mendigo del agua de la mujer, acoge su humanidad inquieta, las heridas que ella lleva. Ella es la protagonista, ella es quien recorre el camino de la búsqueda. Es un encuentro que se va haciendo historia de amor, que va pasando de la frialdad inicial al deseo: «dame de esa agua». Siempre al ritmo de la inquietud de la mujer, con la paciencia infinita de Dios. Así es como yo vivo mi historia, como historia de amor en la que Dios ha tenido y tiene infinita paciencia conmigo. En la que ha puesto muchas mediaciones que me han ayudado a discernir y a ser más libre, en concreto claretianos que sin dejar de acompañarme, han sido tremendamente respetuosos con mi historia con Dios. 

Al principio la Samaritana se sentía segura, incluso superior, pues ella tenía el cubo, el pozo, la cuerda... ¡Cuánta riqueza para una mujer sedienta! La mujer era rica, y Jesús era pobre. Solo cabe esperar una obra buena por parte de ella, que le diera de beber al sediento y se marchara aún más rica y orgullosa. ¿De dónde vas a sacar tú el agua si no tienes ni cubo? Pero al mismo tiempo resuena aquello que le dice Jesús... «Si conocieras el don de Dios», es decir, si descubrieras cómo te sueña Dios, si descubrieras dónde habita el amor de Dios en tu vida... Descubrirías el agua viva, el agua que abre el corazón al que tenemos al lado, el agua que nos ayuda a no endurecer el corazón. En mi vida las personas con discapacidad, los jóvenes y mi abuela son las personas en quienes Dios se ha hecho presente, en quienes Dios se ha hecho pobre y en quienes también me ha invitado a poner la confianza en él. En el encuentro con otros y con Jesucristo es donde Dios se hace don. 


«Señor dame de esa agua» dice la Samaritana. Ella está gastada por muchos amores, pero se fía; quizá al principio no sabe muy bien qué pide, pero ve en Jesús a aquel que sondea su corazón como nadie lo hizo jamás. Ella, a pesar de todo, era preciosa a los ojos de Dios. Esta confianza es solo el principio del camino, en medio de ese camino, igual que en medio del desierto, surgen muchas dudas, muchas tensiones. En mi historia vocacional ha habido y hay muchas dudas, tentaciones… A menudo la pregunta que nos hacemos (y que me hago) es: ¿Qué quiero hacer con mi vida?, pero si creemos realmente que es Jesús quien nos mira con bondad y con verdad, debemos de cambiar la pregunta: ¿Señor, qué quieres de mi? ¿Cómo vivir entregado sin buscarme a mí mismo? Ante esta pregunta hay muchas respuestas posibles, no solo una. Pero para vivir en verdad, e intentando no caer en el egoísmo, esta pregunta debemos hacérnosla. 

Para mi la mejor respuesta es descubrir que soy precioso a los ojos de Dios en el encuentro con él; y reconocer que Dios me ha regalado mucho en el encuentro con otros, también en los momentos de dificultad. Esta es la mejor reacción ante la tentación de mirar hacia atrás: mi trabajo, mis amigos, mi familia, mi novia. Ante esto solo tengo una respuesta, tratar de confiar más en él, confiar en la fuerza que da no solo buscar, sino también abandonarse en sus manos. «Yo estaré allí ante ti, en el Horeb, en el lugar del encuentro». 

Hoy el lugar del encuentro personal con Dios, la montaña, el pozo de Sicar… son todas aquellas situaciones en las que la vida nos toca, en las que Dios nos interroga y en las que el corazón se conmueve. En cada encuentro, también en la familia, tenemos la oportunidad de vivir en entrega a los demás. Al final, la mujer samaritana, se olvida de su cántaro y de su agua; para ir al encuentro de otros, como apóstol. Quiere ser testigo de ese amor que la ha hecho una mujer nueva, portadora del agua viva. Que nosotros no dejemos de responder a la pregunta ¿Señor que quieres de mi? Para que también podamos acoger y entregar esa agua viva, amor del Padre que siempre camina a nuestro lado.

José Ramón Palencia Cabrerizo, cmf



lunes, 20 de marzo de 2017

Fe, invitación y respuesta: de Corea del Sur al mundo. Rafael Lee, cmf

En el contexto de la jornada del seminario diocesano el pasado 19 de marzo, en nuestra iglesia de Colmenar Viejo, Iglesia del Corazón de María, algunos seminaristas animaron las eucaristías con su testimonio vocacional. Hoy queremos compartir con vosotros la experiencia de Rafael Lee... ¡nos regala tres palabras para nuestra vida vocacional! Esperemos que te guste...


Buenos días a todos. Me llamo Rafael, soy de Corea del sur. Reflexionando sobre la trayectoria de mi vocación, me gustaría decir tres palabras.

La primera palabra es fe. La base de mi fe fue formada por mi madre. Yo nací en 1980, en Seúl. Toda mi familia es católica. Cuando tenía 2 años, me bauticé y naturalmente iba a la iglesia con mi familia todos los domingos. Me sentía en el ambiente católico muy cómodo. Todavía me acuerdo muy bien cuando regresaba a casa del colegio. Siempre, mi madre ponía en la radio canciones católicas para que resonara en toda la casa. A mí me encantaba. Cuando tenía 11 años, mi padre murió de cáncer y, desde entonces, mi madre tenía que criar dos hijos. Es cierto que fue un tiempo duro para nosotros, especialmente para mi madre. Pero ella lo superó con la fe firme en Dios, sin perder el cariño por nosotros. Sobre todo, ella siempre confió en mí y en mi hermano, respetando mis decisiones. Siempre. En aquel tiempo, cuando tenía dieciséis años, pensaba que era un hombre maduro. Ahora sé bien que nunca fui una persona madura a esa edad, y por eso cometí muchas faltas. Sin embargo, ella me respetó mi plan y mi pensamiento y esperaba hasta que pudiera darme cuenta de mis fallos. Mi madre tenía una fe firme en que Dios me conduciría haciael camino correcto. Con esa fe,ella pudo confiar en mí y gracias al buen ejemplo de su fe, yo también pude tener fe en Dios. Supe que Él nunca me abandonaría y me guiaría a buen camino. 

La segunda palabra es invitación. Dios se acerca a nosotros, nos llama e invita primero. Él aprovecha muchos medios, especialmente a través de la gente nos invita a caminar con Él e ilumina nuestra vocación. Después de la primera comunión, empecé a ser monaguillo. En este tiempo, había un párroco muy joven. Él me intentaba convencerque entrase al seminario diocesano. Este cura me trataba muy bien y me invitaba a comer de vez en cuando. Aunque me llevaba muy bien con él y me sentía muy agradecido con su amistad, no fui al seminario diocesano. Al final, resultó que sus intentos para convencerme fracasaron. Sin embargo, él no dejó su cariño hacia mí. De hecho, eso se parece mucho a la actitud de Dios. Diosnos llama e invita primero, y aunque nosotros no contestemos a esa invitación, Él no deja su amor por nosotros. Es un amor incondicional. Dios siempre esperanuestra respuesta sin forzarnos. Después de mucho tiempo, por fin yo decidí entrar al seminario. Pero no fue al diocesano, sino al claretiano. En Corea, cuando entramos en alguna congregación o seminario, tenemos que presentar una carta de recomendación de algún cura. Yo le pedí a este cura para que escribiera la recomendación sobre mí. Él me preguntó: “¿Tú no quieres entrar al seminario diocesano? Como el obispo diocesano y yo somos muy amigos, puedo hablarle de ti muy bien. ¿Qué te parece?” Yo le respondí: “No”. Él me escribió la recomendación y ahora nosotros seguimos el camino para imitar a Jesucristo juntos, pero de diferentes modos. El año pasado este cura vino aquí, a Colmenar Viejo, para verme por dos días y agradeciendo la hospitalidad de esta comunidad, me dijo: “tu congregación está muy bien.”

La tercera palabra es respuesta. Sin respuesta, ningún encuentro ocurre. El encuentro con Jesucristo es igual. En mi caso, después de acabar el colegio hasta que ingresé enla congregación tardé casi 10 años. Creo que yo tenía la invitación de Dios conmigo. Pero, en ese momento no quería aceptar esa invitación. Pensaba que esa invitación pudiera limitar mi libertad. A mí me importaba la libertad. Ya no era un chaval. Quisiera ser una persona independiente, es decir, independiente de mi familia y de Dios, disfrutando toda mi libertad. A mis veinte años, yo procuraba a hacer todo lo que deseaba. Estudiaba en la universidad, trabajaba en el campo de obra social, enseñaba coreano en otro país, tuve algunas novias y viajaba donde quería. Yo hice lo que quería y nadie me impedía nada. Desde luego, aprendí mucho desde mis experiencias y estaba contento por algún tiempo. Pero también me sentía vacío bastante a menudo (como la samaritana). La alegría de la satisfacción de mis deseos humanos no duró tanto tiempo. Yo soñaba la libertad total y entera, pero antes bien, cada vez más, me fui enterando de que la libertad humana era un límite y esefímera. Por fin, empecé a convertir mi mirada hacia Dios. Poco a poco, me di cuenta de que solo Dios, que «no se muda» y nos da «el agua viva que salta a la vida eterna», podía darme la libertad y alegría auténticas. Y también pensé que su Amor no limita mi libertad sino la respeta y enriquece transcendiendo las cosas del mundo que tienen término. Así cuando tenía 29 años, decidí a ingresar en la congregación claretiana. 

Responder a la invitación no es el final del encuentro con Dios, sino es el inicio del encuentro. Aun sabiendo que todos los encuentros también tienen dificultades que tenemos que afrontar. Sin embargo, es cierto que Dios no nos abandonará y nos dará lo que más necesitamos. Nosotros, seminaristas, respondiendo a la llamada de Dios, seguimos el camino para configurarnos con Jesucristo y proclamar la Buena Noticia a través de la palabra y la presencia. Os pido que recéis por nosotros.

Y, vosotros también, con la fe firme en Dios, caminad en vuestras vocaciones. La invitación de Dios no sólo es para seminaristas, sino también para todo el mundo. Todos nosotros ya tenemos la invitación de Dios. No dejéis esa invitación. Responded a la llamada de Dios y seguid vuestra vocación propia, la de cada uno, sin miedo, en el gran Amor de Dios. Nosotros también rezaremos por vosotros.

Gracias. 

Rafael Lee Seungbok, cmf


sábado, 26 de marzo de 2016

Domingo de Resurrección: '¡Ha resucitado!'

¡Y la Vida irrumpe!
¡La Vida triunfa!
¡La Vida es la última palabra!

Porque no hubo acción de gracias baldía, ni confianza frustrada, ni pasión olvidada, ni amén ignorado. Porque ningún rincón entregado ha sido perdido, ni ningún jirón donado arrancado. Más bien hoy todo queda iluminado, agradecido, ensanchado. Porque la vida, Su Vida, es más fuerte que nuestra muerte; porque su Amor ha sido más desbordante que nuestro miedo... ¡Danza hoy con la Vida, todo es nuevo!
Que me viva
la Vida que vence,
la que salva,
la que alza.
Que me viva
la Vida,
la Tuya,
la que quieres que sea
-también- la mía.
Vívime,
que sólo seré
si es contigo
viviendo...
¡hasta el extremo!


jueves, 24 de marzo de 2016

Jueves Santo: 'En memoria mía'

No fue un gesto sin cuidado. No fue una despedida sin huida. No fueron palabras al azar. Fue un gesto eterno, unas palabras a fuego, un agradecimiento anticipado, una despedida confiada. Fue un amor hasta el extremo. Él se puso a la mesa. Él supo cómo hacerlo. Adéntrate en el cenáculo. Fíjate en lo que dice. Y deja que tu corazón hable, sin miedo...
Que me alcance
la luz de tu gesto,
el testigo de tu mesa,
la intimidad de tu secreto.
Que me alcance y me supere
-sin miedo y sin permiso-.
Será este el camino
para que Tú
te abajes y me laves,
te abajes y te rompas,
te abajes y te compartas.
Más íntimo que en mí mismo.
Así, tan sólo por mí. 


«Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.» [Jn 13, 1]

domingo, 28 de febrero de 2016

Tenme paciencia, Señor mío...


Tenme paciencia, Señor, tenme paciencia.
La misma con la que Tú amasaste mi barro
y soplaste en mi rostro aliento de vida para que existiera.

Tenme paciencia, Señor, tenme paciencia.
La misma con la que Tú creciste,
con la que Tú te hiciste hombre,
con la que Tú viviste entre nosotros.

Tenme paciencia, Señor, tenme paciencia.
La misma con la que hermoseas mis brotes frágiles
y fortaleces las ramas que los sustentan.

Tenme paciencia, Señor, tenme paciencia,
porque no siempre atiendo el tiempo de cosecha
ni tampoco me preocupo de lucir florido
la belleza con la que bendices mi copa.

Tenme paciencia, Señor, tenme paciencia.
Bendíceme con la tuya,
la que siempre ha estado presta a acogerme alejado
y a abrazar cada una de mis betas.

Tenme paciencia, Señor, tenme paciencia.
Permíteme ser tan paciente como Tú eres conmigo.
Porque aun esperando Tú más de mí que yo mismo,
sólo la vida brota con toda su fuerza
cuando tu tiempo es también el mío. 


martes, 9 de febrero de 2016

¡Felices cinco años, Tuentodos!


   Cuentan las crónicas que no ocurrió nada en especial en la semana del 10 al 15 de febrero del año 2011. Sin embargo, para esta comunidad sí. Fue el tiempo en el que con ganas y esfuerzo se plasmó el proyecto sobre cómo esta pequeña familia tuviera un hueco en Internet. Se soñó como un espacio amplio y vivo donde todo aquel que quisiera entrar encontrase una luz –pequeña o grande–, un interrogante, una ilusión en el camino de la fe. De eso ya hace cinco años… ¡y hoy queremos celebrarlo!
   Desde esta comunidad de Misioneros Claretianos en formación de Colmenar Viejo renovamos la pasión con la que tratamos de anunciar el tesoro que encontramos en el centro de nuestra vida: Jesucristo y su evangelio. Queremos seguir ofreciéndote palabras e imágenes que, con sencillez, den cuenta de la belleza que desborda nuestras vidas. Queremos ser, con naturalidad, reflejo de Quien nos llamó a su seguimiento. Queremos compartir contigo pistas para encontrar este Tesoro que nos vive y así alegrarnos juntos al encontrarlo. Impulsados por el Espíritu que derrama el don de la sensibilidad y la creatividad en los hermanos, guiados por la luz suave que es María en nuestro camino de discipulado, queremos seguir haciendo vida contigo.
   Gracias por seguir ahí. Gracias por confiar en Él. Gracias a todos los que habéis colaborado de una forma u otra para que este proyecto creciera, desde una rápida visita hasta colaboraciones constantes. Gracias a los hermanos claretianos que iniciaron este proyecto y que, sin duda, se seguirán alegrando con nosotros y compartiendo la vida que expresamos en el blog. Gracias por estos cinco años, por todo lo compartido y lo desvelado.
   Y gracias a ti, querido seguidor, querida seguidora: gracias por hacernos creer que el proyecto de evangelización a través de todos los medios (tan claretiano) es posible porque nos animas a seguir. Que el Señor Jesús, el Buen Pastor y Rostro de la Misericordia, nos siga animando cada día más a vivir con radicalidad y pasión este sueño misionero… ¡Bienvenido de nuevo a tu casa!

martes, 5 de enero de 2016

Buscar, adorar, agradecer... ¡Feliz Epifanía!


Un sueño que pone en camino. 
Una larga travesía.
Una luz que guía.
Un engaño oscuro.
Un deseo que acompaña.

Lo demás...
la alegría que llena el corazón de quien busca,
las rodillas que se doblan ante el Misterio que responde,
la ofrenda agradecida de quien se sabe encontrado. 

Feliz Epifanía.
Feliz Luz que te guía.
Feliz encuentro con el Niño que te llevará por otros caminos...
siempre, con el corazón desbordado.  

domingo, 11 de octubre de 2015

Experiencia en Roma del Encuentro de jóvenes consagrados

   'Lo prometido es deuda', dicen algunos. Otros dicen 'lo bueno se hace esperar'. Poco a poco, iremos relatando aquellas experiencias que hemos ido guardando en el corazón en los últimos meses. Hoy, concretamente, son Charles y Raju los que quieren regalarte su tierra sagrada. Charles quiere contarnos su experiencia en este encuentro de jóvenes consagrados en Roma. Raju, como se nos invitaba en este año de la vida consagrada, hace memoria agradecida de los últimos meses en nuestra comunidad. Ojalá Dios también se esconda en sus palabras para compartir contigo la alegría de seguirle... ¡gracias, hermanos!





Charles, cmf
 Celebrar el testimonio de la alegría compartida
  "Despierten al Mundo. Evangelio, Profecía, Esperanza', con este lema se celebraba en Roma el Encuentro Mundial de los Jóvenes Consagrados y Consagradas. Organizado por la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica (CIVCSVA). Entre los ecos y las experiencias vividos me brotan tres expresiones:
Testimonio. Tener siempre el corazón abierto a lo que nos dice el Señor. Estamos llamados a dar esa fidelidad. La fidelidad fundada en la búsqueda, en la aceptación y en el compromiso.
Celebrar la belleza de la vocación. Vivimos nuestra consagración religiosa iluminada por aquella Luz, la luz con que Jesús, el Cristo iluminó nuestro corazón cuando nos abrió al camino de las bienaventuranzas.
Compartir las propias realidades. Nos llama a actualizar de forma creativa las respuestas que hemos de dar en el momento presente. Una llamada de amor, que sólo puede ser respondida desde el amor.

De izquierda a derecha: Charles, Raju y Sarin

¡Antes de subir al avión!

Disfrutando de tantos rincones que ofrece la antigua Roma

De izquierda a derecha: P. Reegan, Raju, Rayappa, Sarin y Jobish. Claretianos de India en Roma 

Y es por ello que somos invitado a: dar gracias a Dios por el don de la Vida Consagrada; dar gracias a Dios por abrazar el futuro con esperanza, confiados en el Señor, al cual hemos ofrecido nuestra vida; dar gracias a Dios por la capacidad de saber vivir el presente con pasión, evangelizando nuestra propia vocación y testimoniando al mundo la belleza del seguimiento de Cristo."
Charles Rolando, cmf



Un verano intenso: vivir el Amor de Dios en la alegría y en el dolor
Raju, cmf en la Plaza de San Pedro
  La vida como la vivimos va embarcando en sí mismo muchas experiencias y personas. En últimos tres meses esta realidad ha sido bastante intensa para mí. Ir de vacaciones a la India, estar hospitalizado con dengues de que no esperaba durante vacaciones, volver a la casa, visita la bodega de José María e ir a Roma para participar en el encuentro de los jóvenes consagrados del mundo para volver al final a las fuentes del aprendizaje, son unos momentos que me han enriquecido.

  Antes de empezar, quiero agradecer al Señor por tantas gracias y personas que me ha regalado y ha puesto en mi camino para añadir sabor a mi vida. Una de las preguntas que fue repetida por muchas personas de mi familia y de la India fue: ¿cómo puedes mantenerte tan lejos de nuestro país, familia, cultura, comida, etc? Mi respuesta a esta pregunta es la llamada que he recibido y la alegría de la vida consagrada y misionera. Es lo que hace posibles las cosas aparentemente imposibles a nuestros ojos. Pues es el Señor y nuestra Madre quienes me ayudan y acompañan en mi camino para seguirle íntimamente.

   Estar hospitalizado con dengues ha sido un tiempo de dolor y de gracia. Yo quería visitar a muchos de mis parientes y amigos, pero Dios les trajo a mí para mostrarme como Él y la gente me quiere. Esta fuerza del amor yo no sólo pude sentirla a través de los que me visitaron, sino también a través de mis hermanos de comunidad y amigos de España que me escribían frecuentemente y rezaban por mí.

   La visita a la bodega me ha hecho comprender dos cosas simultáneamente: uno hacer buen vino y otra buena formación. Todo el proceso, la inversión del amor, la cantidad de cuidados, la cercanía y distancia, temperatura, ambiente, etc. son cosas esenciales e importantes para conseguir un mejor vino que da alegría al ojo y a la boca. De la misma manera, en el tiempo de la formación: el ambiente de la comunidad, los que me cuidan, el amor que pongo, mis relaciones con el Señor y con los hermanos, van a influirme para formarme como un buen misionero en la 'bodega claretiana' que es el Inmaculado Corazón de María.

   Por último, ha sido una gran oportunidad haber estado presente en las jornadas dirigidas a los joven religiosos del mundo en Roma. Los valores que he recibido allí son para guardarlos dentro e ir profundizando durante toda la vida. Era un gran momento para dar un testimonio al mundo de la alegría de la vida consagrada.
¡Ojalá que Dios sigue inspirando a muchos jóvenes más para vivir y compartir esta alegría!
Raju Katthula, cmf

sábado, 13 de junio de 2015

A quien busque un corazón nuevo...


A ti, que buscas un nuevo corazón,

   Cuando era pequeño soñaba con hombres de fuego. Hombres de corazón ardiente que cruzaban mares y atravesaban fronteras guiados por un deseo común. Dejaban su casa y abandonaban su tierra para entregarse a un destino incierto, pero preñado de una Promesa. Cuando ellos volvían, su rostro era luminoso y su sonrisa desvelaba el acierto de su vida. Sabían que no se habían equivocado. Que sus frágiles manos portaban algo más que su debilidad y que su mirada era mejor si primero la fijaban en el Hijo de la Madre buena. Eran grandes hombres, «amigos fuertes de Dios», que hicieron de sus manos la prolongación de los brazos maternos de la mujer que hoy recordamos. La mujer del Corazón entregado. La mujer del Corazón en alto. La mujer del Corazón de Madre. Sus hijos traían la buena noticia de que merece la vida escuchar la Palabra y cumplirla. Habían encontrado un Tesoro y poco era lo que les apartaba de él. Y ellos, que quizá nada más tenían asegurado, no dejaban de regalarlo a manos llenas.
























  Se adivinaba en su rostro el color de las gentes de África, la vida vibrante de Latinoamérica, la honda sabiduría de Asia o la enigmática cotidianeidad de Europa. Su mirada rescataba los signos de la presencia de Dios allá donde veían. Y como la mujer del Corazón ardiente, le descubrían en lo pequeño. En los niños que llevan el agua a sus casas, en las mujeres que se desviven por el hogar, en los hombres que cultivan el arroz, en el silencio incomprendido del primer mundo. Sus hijos, aquellos misioneros, no dudaron en ofrecer su corazón como Ella lo hizo. Bastó un «sí», un «hágase», para que el milagro irrumpiera. Y la promesa se volvió a cumplir. Ya su corazón no era para sí mismos, ni para su tierra, ni para su casa. Su corazón era para todo aquel que llegaba fatigado del camino, herido en la batalla o buscando, sencillamente, un suelo firme donde habitar. Y como la Madre, lo acogían en su casa. Porque de la del Corazón de fuego aprendieron a ser hogar de la Palabra, refugio del necesitado, reflejo del Dios que tanto nos ama.


   Los hijos de la del Corazón ensanchado supieron encender el fuego del deseo de tener un mismo corazón en otros. También en mí. Avivaron las ganas de tener un corazón más grande, más amable, más libre. Grande, para acoger a tantos. Ancho, para que todos cupieran. Libre, para no hacer distinción. Y empecé a querer vivir de un corazón misionero. Como el suyo. Como el de Ella. Y Dios, que vio que era bueno, siguió tejiendo este sueño en mis entrañas. El sueño que superó todos los proyectos anteriores y los grandes deseos de la adolescencia. El sueño que me lleva a escribirte estas líneas. Hoy soy hijo del Inmaculado Corazón de María. Hoy mi sueño es seguir apostando por cruzar los mares y atravesar fronteras para llevar a tantos lo que el Corazón de María me enseñó: que Dios te encontró antes de que tú le buscarás, que te espera para seguir amando, que te sueña antes de que tú lo desees. Como lo aprendí de aquellos hombres de fuego, aquellos de corazón ardiente. 




   De pequeño soñaba con un corazón así para mí. Ahora lo pido para ti. Porque seguro que tú también sueñas con un corazón más grande, más amable, más libre. Porque seguro que también dentro de ti, tu corazón late a ritmo misionero... ¿Por qué no escucharlo hoy, mañana, siempre? María, la del Corazón ardiente, te enseñará cómo. Y en él, todas las voces y todos los gritos del mundo que esperan una Buena Noticia... ¿y si fuera tu corazón el que falta?


Feliz fiesta del Corazón de María. 
Feliz horizonte misionero.

Un joven misionero claretiano





domingo, 22 de junio de 2014

Fin de curso 2014... ¡Gracias!

     Pues sí. Ya ha llegado el final de este curso intenso y en esta comunidad formativa intercultural hemos querido festejarlo con una buena misa y una buena mesa la víspera de la solemnidad del Corpus Christi. Claretianos, familiares y amigos nos han acompañado para dar juntos gracias a Dios por este año y para despedir a nuestro hermano Gabriel, que ha concluido con éxito sus estudios de teología aquí en España y regresará en unos días a su Vietnam natal para continuar su camino misionero.
     Muy agradecidos por lo mucho bueno compartido y deseando que sigamos creciendo en la fe y en el compartir, aquí os dejamos unas fotos cargadas de alegría. Y deseamos a Gabriel una feliz e intensa vida misionera: que María te siga acompañando y vele por ti cada uno de los días de tu vida.
     ¡Buen viaje!













     Y de un hermano que se marcha a otro que no hace mucho comenzó su andadura con nosotros... Aunque la Semana Santa queda un poco lejos, hoy, solemnidad del Corpus Christi, revivimos con especial intensidad el misterio de la pasión, muerte y resurrección del Señor. Por eso queremos traer aquí el testimonio que Carlos Puerto escribió a raíz de su experiencia en la Pascua contemplativa, celebrada en Colmenar durante el triduo pascual de 2014. Le agradecemos sus palabras y pedimos al Señor que en este día renueve nuestro deseo de alimentarnos de su entrega y de vivir entregados a quienes sufren hambre y sed de caridad. ¡Feliz día del Corpus!:

     "Tradicionalmente, la Semana Santa ha sido para mí un momento de Fe compartida, de vivencias comunitarias y servicio, sobre todo servicio (en especial los últimos años). Hasta tal punto que, en muchos casos, no fui capaz de tomar conciencia de lo vivido y, puesto que el “retorno a Galilea” nunca es tranquilo, más de un año pasó sin que fuera capaz de vivir el misterio.
     Este año he de reconocer que el miércoles me pilló de improviso. Aunque era consciente de la fecha, echaba en falta el ritual previo a tan señaladas fechas: adecentar la casa, preparación de materiales, confirmación y distribución de participantes…
     No obstante, llegó el miércoles y con él el silencio; el encuentro con Jesús, sin intermediarios, sin distracciones ni obligaciones. Él y yo solos, en un cara a cara.
     Y es que esa es la clave de la Pascua Contemplativa, el encuentro íntimo con Jesús, profundizando en la experiencia de Él en mi vida, sintiendo y consintiendo su Amor y desempolvando mi interior para descubrir las heridas que creía curadas a fuerza de ignorarlas.
     Han sido días de descubrirme en Él y descubrirle en mí, de centrar mi vida, de tomar conciencia de lo que vivo, cómo lo vivo y porqué lo vivo. Tiempo de intimidad y reencuentro en el silencio. De acogerle, acogerme y aceptarme. De sentir la mirada amorosa del Padre y redescubrir el sentido de la entrega.
     Este año he tenido la suerte de poder sentarme a la mesa y escuchar a Jesús, cediendo el papel de Marta a otros en contra de mi “tendencia natural”. Y al hacerlo, al contravenir mi predisposición al servicio para confrontar mi intimidad con Dios, he podido ver rincones que desconocía (o había decidido ignorar).
     Supongo que volverán a pasar años antes de que pueda disfrutar de una Semana Santa semejante; a fin de cuentas, nuestra Fe nos urge a la entrega. Pero conviene, de tanto en cuanto, plantearse una Pascua distinta; profundizando en el misterio, en silencio, contemplando el milagro y dejando que tome forma en nosotros".

[Carlos Puerto]