Mostrando entradas con la etiqueta pasión. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta pasión. Mostrar todas las entradas

domingo, 7 de mayo de 2017

Destellos de Pascua (II): Y si...


Y si...

   ¿Y si yo fuera el discípulo amado? Aquel que reclinó su cabeza en el pecho de Jesús, ansiando compartir su corazón. Aquel que le siguió a casa de Caifás y permaneció al pie de la cruz, compartiendo su dolor, el dolor de tantos, pues en el sufrimiento también está Dios.

   Y si él me hubiera confiado a su madre, haciéndome su hermano, invitándome a compartir su sueño para el hombre, su obra redentora… ¿seguiría mirando la vida tras la barrera, buscando no complicármela demasiado, dejando que sean otros los que den la cara?

   Y si, acompañando a Pedro, hubiese salido corriendo ante el anuncio de María para comprobar que la tumba está vacía ¿Habría creído? ¿Habría prestado oídos a esa voz que clama desdelo más hondo de mi ser, gritando que Cristo vive? ¿o habría tomado las palabras de la Magdalena como los desvaríos de una histérica incapaz de aceptar la realidad?

   Y si, de vuelta a Galilea, en la faena cotidiana al lado de Pedro, él hubiese pasado a nuestro lado, ¿le habría reconocido? ¿Le reconozco en las vidas de los que se cruzan conmigo, en los que sufren a mi alrededor, en quienes corren angustiados porque no le encuentran donde esperan encontrarle?

   ¿Soy, por ventura, su discípulo amado? ¿Lo eres tú?

Y si estuviéramos llamados a serlo, si él nos aguardara desde antes de conocerle… ¿aceptaremos el reto o seguiremos encerrados en nuestra rutina ignorando la luz?

Carlos P. G., cmf


sábado, 15 de abril de 2017

Diálogos de pasión III: ¿qué es lo que nos queda?


María está llenando una bolsa con ungüentos mientras Juan la observa sin decir nada. Cuando esta termina su tarea decide confrontar al joven que la observa.

- María: ¿Tú también piensas que estoy loca?
- Juan: No lo sé.
- M: Pero has venido a detenerme.
- J: Es lo que ellos quieren.
- M: ¿Y tú?
- J: Es peligroso, en eso tienen razón.
- M: ¿Más que permanecer al pie de la cruz?
- J: No, pero eso era necesario.
- M: ¿Y esto no? Él era tu Maestro, tu amigo… ¡Te quería como a un hermano! ¿Y no quieres que le honremos una vez muerto?
- J: Deja que los muertos entierren a sus muertos (Mt 8, 22).
- M: ¿Qué has dicho?
- J: Nada, es solo algo que le oí una vez, cuando la gente ponía escusas para seguirle.
- M: ¿Y cuál es tu escusa?
- J: Me cuesta creer que esté muerto
- M: Tú estabas ahí, lo viste al igual que yo ¡Incluso te habló! Te confió a su madre ¿Y aun así dudas?
- J: Sé lo que vi, su cuerpo no respiraba cuando lo bajamos y aun así… no sé.
- M: ¿Qué es lo que no sabes, Juan?
- J: Siento que sigue vivo, de algún modo lo siento presente y cuando cierro los ojos le oigo en mi corazón, invitándome a caminar, preguntándome si estoy dispuesto a ofrecer mi vida por amor. Por eso no puedo acompañarte.

María contempla a ese Joven con infinita ternura y un gesto materno brota sin pensar. Ofreciéndole el abrazo que ella tanto necesita le dice, o tal vez se dice:

- M: Él está muerto, Juan. Quisiera que no fuera así, pero debemos afrontar la verdad. Lo único que nos queda es honrar su memoria y aceptar la voluntad de los Cielos.

María deja atrás a Juan, quien pregunta mirando al cielo.

- J:¿Y cuál es tu voluntad, Padre?

Ella se detiene, sorprendida. Le mira sin saber realmente a quién está mirando. Abre la boca con intención de decir algo, pero la palabra parece esconderse de ella. Finalmente, prosigue su camino. Juan, tras un momento de espera, se dirige al otro extremo y se sienta en actitud orante.

jueves, 13 de abril de 2017

Diálogo de pasión I: Cenemos solos y hablemos de futuro...



- Judas: Maestro
- Jesús: ¿Sí, Judas?
- Judas: Es la hora
- Jesús: ¿Lo es?
- Judas: El pueblo está con nosotros, los sacerdotes nos temen. Si no aprovechamos el momento, si no actuamos con contundencia, todos estos años quedarán en nada.
- Jesús: Hablas como si estuviéramos en guerra
- Judas: ¿Y no es así? ¿No nos has dicho que has venido a traer la espada, a enfrentar al hombre con su padre? (Cf. Mt 10,34-35)
- Jesús: No he venido a traer la guerra entre los hombres, esas son luchas que nos alejan de la verdadera lucha.
- Judas: ¿De qué otro modo lograremos la libertad?
- Jesús: La libertad no se alcanza, se acoge y se vive.
- Judas: ¡Se vive! ¿Cómo vivirla cuando un país extranjero nos mata a impuestos, cuando nuestros líderes solo piensan en cómo conservar sus privilegios, cuando la gente muere de hambre en las calles?
- Jesús: ¿Y qué propones? ¿Matarlos? ¿Serás tú quien empuñe la espada, quien quite la vida a un hermano?
- Judas: Si con eso salvo vidas…
- Jesús: ¿Y luego qué?
- Judas: Luego reconstruiremos Israel, haremos un país donde merezca la pena vivir, donde realmente se adore a Dios.
- Jesús: Un país manchado con sangre, construido sobre los cuerpos de quienes piensan diferente ¿y todo en nombre de dios? ¡Ese dios no es mi Padre! ¿No te das cuenta que pretendes cambiar una tiranía por otra?
- Judas: ¡Pretendo servir a Dios!
- Jesús: Ya lo he dicho, ese dios no es mi Padre. Mi Padre no se impone, se ofrece
- Judas: ¡Si no actuamos nos matarán!
- Jesús: Tienes razón, Judas. Es tiempo de empuñar la espada; pero no contra los hombres, sino contra nuestras dudas y temores. Esta noche cenaremos solos, alejados de la gente, y hablaremos del futuro. Pero antes tratemos de acoger la paz que Dios nos ofrece.