sábado, 10 de septiembre de 2011

La JMJ de Adri: una cuestión de mirada...


     Gente. Mochilas. Palabras. Espera. Segovia. Calor. Banderas. Cantos. Alegría. Muchos. Silencio. Colores. Sonrisas. Madrid. Deseos. Iglesia. Corazón. 
      La JMJ ha sido tantas cosas… Yo he tenido la suerte de vivirla desde muchos frentes. Como joven. Como claretiano. Como acompañante. Como peregrino. Como huésped. Como espectador. Como protagonista. Como hermano. Y, sobre todo, como hijo de Dios. Al evocarla ahora se mezclan desordenadas todas las perspectivas, las experiencias, las emociones, las personas… Y pienso inevitablemente que, con el paso del tiempo, la JMJ Madrid 2011 se recordará por los grandes eventos, por la ingente multitud coloreando cada rincón de la ciudad, por el silencio sobrecogedor de Cuatro Vientos, por los discursos de Benedicto, por el encuentro con creyentes de todo el mundo, por las altas temperaturas, por la música, por el cielo de Madrid. En todo ello me descubro y me reconozco. Y, sin embargo, para mí la JMJ ha sido otra cosa. Ha sido una cuestión de mirada. Me di cuenta el día 20, al comenzar la mañana. El Papa quiso celebrar una eucaristía con seminaristas de todo el mundo en la catedral de la Almudena. Aunque hace algunos años nunca lo hubiera imaginado, yo estaba allí aquel día. Con un detalle añadido: de entre los miles de jóvenes que quisieron participar, tuve la fortuna de poder estar dentro, en el cuarto banco, a unos pocos metros del altar. Apenas había dormido tres horas, pero estaba allí. Y entonces lo supe. La fe, como la vida, es una cuestión de mirada. Aunque muchos se le figuren muy poderoso, Benedicto me pareció sumamente débil. Subió al presbiterio con dificultad, caminaba lentamente, la cruz se le vencía, le temblaba la voz, apenas sí podía mover el incensario. Desde tan cerca todo se ve distinto. Por primera vez, el Papa me pareció un anciano de ochenta y cuatro años, un hombre frágil al que una aventura como la JMJ debe suponerle un esfuerzo ímprobo. Me lo dijeron sus ojos. Su cuerpo no le daba para más. Probablemente, tampoco su timidez. Y, sin embargo, se estaba deshaciendo con la mirada para todos nosotros. Había en sus ojos alegría, ternura, esperanza, lucidez, hondura, agradecimiento y un brillo que no es de este mundo. En medio de su debilidad, el Amor le estaba haciendo fuerte. Para entregarse, para darnos lo mejor de sí.




Cuando salí de la Almudena dejé de pensar en la JMJ como lo había hecho hasta entonces. Y comencé a buscar miradas. Pude descubrir así los hilos de esta urdimbre. Me encontré con muchos ojos jóvenes, inquietos, despiertos, emocionados, expectantes, asombrados, ilusionados, reverdecidos, dispuestos, orantes, capaces, pacientes, compañeros, buscadores, distintos, sensibles, llamados, unidos, enviados. En todos, un deseo de vivir en ese mismo Amor que sostenía al Papa en la misa de la Almudena. Para entregarse. Así me pareció verlo en los chicos a los que acompañaba, en el batallón de voluntarios, en el trabajo sin medida de la familia claretiana, en los religiosos, religiosas y sacerdotes con que me iba cruzando, en los grupos que se saludaban cantando de un andén a otro del metro, en la paz de los templos, en la buena voluntad de mucha gente ajena a nuestra fe, en la celebración de la belleza y la bondad de nuestro Dios, en la Iglesia arrodillada ante el Santísimo. En tantos ojos, veía también mi corazón. Veía, como tantas otras veces, el misterio de este encuentro del hombre con su Padre. Y sí, hay mucha torpeza en nuestra forma de vivir la fe y el amor, pero también había un pedazo de cielo en todas esas miradas. Ojalá también en la mía.


Gracias, Padre.
Por Benedicto.
Por esta Iglesia nuestra.
           Por descansar en nosotros tu mirada.


Adri, cmf

domingo, 28 de agosto de 2011

Peregrinación a Barbastro (1)

     ¿Sabes algo de los mártires claretianos de Barbastro? La suya es una historia de entrega como pocas... Conócelos y déjate interpelar por sus vidas, por su fe, por su mucho amor...


     Desde comienzos del mes de junio estuve esperando el tiempo de poder visitar una vez más este lugar, que es para mí un lugar santo (lugar del martirio de nuestros hermanos claretianos de Barbastro que dieron su sangre por causa de Cristo). Estar allí siempre me resulta muy impresionante, viendo todo lo que ocurrió en el mes de agosto de 1936, durante la guerra civil española.

Eucaristía en uno de los lugares del martirio
    
     En primer lugar, agradezco la cordial acogida de nuestros hermanos claretianos de la comunidad de Barbastro, quienes se mostraron muy contentos con nuestra presencia. Me sentí como si estuviera en mi comunidad de Colmenar Viejo porque el cariño con que nos acogieron nadie lo puede dudar.

Benjitu lee algunos de los papeles que dejaron escritos los mártires


     A nivel personal, destaco tres cosas que siempre me conmueven cuando tengo la oportunidad de estar en Barbastro: la firmeza en la fe de estos mártires, la vida comunitaria y su valentía. Representan para mí un modelo de discipulado. Fueron gentes a las que nada ni nadie pudo apartar del amor de Cristo. Me hacen recordar lo que dijo san Pablo: "Nada nos separará del amor de Cristo". Permanecieron firmes en la fe, alimentados por la eucaristía hasta el último momento de sus vidas. Me conmueven sus testimonios, sus palabras escritas en el momento más doloroso de sus vidas. Son para mí las mejores reliquias que nos quedan de ellos.

     Sin duda, volver de peregrinación a Barbastro con todos mis compañeros de Colmenar fue una experiencia muy rica, a través de la cual pude alimentar mi pequeña fe en Dios. He podido ver, tocar y experimentar este lugar santo. Que Dios siempre me ayude a vivir según su voluntad y que podamos todos vivir nuestra fe permaneciendo siempre en Cristo, el primer mártir. 

Anthony, cmf

viernes, 26 de agosto de 2011

La JMJ de Kiko...

KikoGao
Kiko tiene 25 años y acaba de aterrizar en España. Viene desde Pekín con el deseo de ser misionero claretiano. Junto con otros jóvenes, comenzará este año en nuestra casa la primera parte de nuestra formación, que llamamos postulantado. Y también aprenderá español. Desde aquí le damos un abrazo de bienvenida y le agradecemos que haya querido compartir su experiencia en la JMJ. De momento, como es lógico, en inglés... 

"Simon, son of John, do you love me?" This was the first sentece that deeply touched me in de opening mass of JMJ though I was far from the altar. And when asked, Peter did not even think about it immediatly answered, "Yes, Lord, you Know that I love you". Jesus continually asked him three times and he answered the same. This question could be Jesus´ asking everyone, especially those present at the opening mass.
We must have been asked this question several times in our lives, most probably by our friends or girlfriend, and also by those whom we love. I clearly remember my past girlfriends asking me this question and I was like Peter as I replied, "Yes, of course, you know how much I love you", but I actually did not. Now, probably because of my age and my relationship with Jesus Christ, I know the weight this question carries because once you answer this question, you will have to carry a heavy responsibility. Love needs sacrifice, love needs offering, it needs action, and the courage to overcome a lot of difficulties one has never imagined. I believed that when Peter answerd Jesus´ question, he never thought he would sacrifice his live and even die on the cross.

Misa inaugural de la JMJ
The gospel in the opening mass of JMJ made me deeply reflect on this. I thought that perhaps John Paul II began this JMJ for the youth of the world to wake their hearts up, and I for one has truly benefited from it.

Another moment that deeply touched me most was our vigil with the Holy Father on August 21. It was very hot that afternoon and then, it got very cold in the evening, and I was very hungry, even as many of us really suffered a lot that night. We slept in our wet sleeping sacks, which felt awfully unconfortable, but everyone stayed and did not leave. I do not know why. Maybe because many others did not leave, or because of the Pope, or because of the love of God, or the power of the Spirit of God. No matter what the reason was, it was an amazing experience for me.

Vigilia de oración con el papa en Cuatro Vientos
It was only seven days, but I tastes sweetnes and bitterness and joy, we met friends and we had a lot of nice pictures, visited a lot of churches, which can be said that we really had a great pilgrimage. Especially when we gathered together, shouting, singing, dancing and laughing, I deeply felt that God was there with us and he was so closed to us. Why do I say this? Because every time I saw someone who I had never met before, we just smiled to each other, or we simply greeted each other in Spanish, "Hola". Though we spoke in totally different lengauges during the mass, we all at the same time answered "Amen". I think that this was a sign of God´s being with us - the Holy Spirit was with us.

Although the JMJ 2011 had finished, I think it is just begining, and I have to bring this experience to my real life. In everything that happened, I know that God was there, and he is very close with me. I thank God for giving me my vocation to be a claretian missionary, which is truly a very good gift from him.

Amen!

KikoGao

jueves, 25 de agosto de 2011

Rebosantes de vida...

     ¡Hola a todos!


     Después de un par de meses de actividades, encuentros y múltiples experiencias, volvemos a este blog para contarlo, para contarnos... En esta comunidad intercultural de Colmenar Viejo estamos a punto de comenzar un nuevo curso. Ya hemos despedido a algunos compañeros que van a seguir su vida misionera en distintos lugares del mundo. Dion y Benjitu (procedentes de Indonesia) están ya en tierras catalanas. Paul Peter (India) tomó ayer un avión rumbo a Reino Unido. Yohanes marchó a Indonesia pero le esperamos de vuelta en nuestra provincia, donde seguirá estudiando. Y Reegan (India) volará en breve a su casa para después establecerse definitivamente en Canadá, su lugar de destino. A todos vosotros, ¡gracias por tanta vida compartida en esta casa, por vuestro testimonio fraterno! Y que Dios os siga acompañando y enseñando a ser Hijos del Corazón de María allí donde se necesite vuestro ardor misionero... ¡Buen viaje!

     Ellos se van, algunos nos quedamos y otros van viniendo a esta casa siempre en movimiento, siempre abierta. Cuando estén todos instalados les daremos la bienvenida también en este blog. Hasta entonces, tenemos mucho que contar, mucho que agradecer... Queremos haceros participes de la visita que realizamos en junio a Barbastro, una pequeña ciudad con un gran calado claretiano, pues en ella dieron la vida por Cristo 51 hermanos nuestros que se han convertido en un estímulo y un modelo para todos nosotros. Podréis comprobarlo en breve a través de nuestros testimonios. Y, además, como es propio de nuestra vida, durante el verano la comunidad se ha dispersado para participar en diferentes experiencias misioneras. Quizá la más intensa ha sido la Jornada Mundial de la Juventud, que hemos vivido junto a más de mil jóvenes de la familia claretiana y otros muchísimos peregrinos que han inundado de alegría las calles de Madrid. También en estos días nos iremos haciendo eco de este encuentro, tal y como lo hemos vivido los estudiantes claretianos de Colmenar Viejo. Como veis, no nos faltan motivos para transmitir todo lo que Dios nos va regalando...


JMJ en Familia Claretiana                        Alegría para compartir

     No dejéis de estar atentos a este blog que viene rebosante de vida para compartir. Un abrazo a todos y, una vez más... ¡BIENVENIDOS!

martes, 7 de junio de 2011

Una tarde en el Thyssen...


  Una de las cosas interesantes que siempre llama la atención de los turistas y de otras personas que llegan a Madrid es la existencia de muchos lugares turísticos que visitar. Entre dichos lugares, los museos de Madird tienen especial significado en los corazones de las personas que valoran el arte y la estética. El Museo Thyssen-Bornemisza es uno de los museos con más dignidad, después del Museo del Prado y el Museo Reina Sofía. Aunque sea privado, sigue siendo uno de los museos más visitados hoy en día en Madrid no lo solo por la riqueza de sus colecciones, sino también por la expresión de la naturaleza a través de muchas obras de arte. Hace unas semanas, el viernes 13 de mayo, Franklin y yo fuimos a visitarlo gracias a la organización "Madrid, cultura y arte", que ayuda a estudiantes de español (como nosotros ahora) y turistas a entender la riqueza y belleza de la cultura y el arte de Madrid (y de España en general). Nosotros fuimos a esta excursión con alumnos de la escuela de español donde estudiamos y de otras academias de idiomas de Madrid.

Retrato de un campesino (P. Cézanne)  Arlequín con espejo (P. Picasso)
Les Vessenots en Auvers (V. van Gogh)


Crucifixión (B. Daddi)
     Las obras de arte que se muestran en el museo fueron reunidas por la familia Thyssen-Bornemisza a lo largo de dos generaciones. Hay allí una colección de unas mil obras de diferenetes artistas y diferentes siglos. Las pinturas se distribuyen uniformemente según los diferentes periodos y las diferentes escuelas del arte occidental: Gótico, Renacimiento, Barroco, Manierismo, Romanticismo y arte de los siglos XIX y XX. Incluye obras de diferentes países (Países Bajos, Italia, Francia, Estados Unidos....) y de movimientos tan significativos como  el Impresionismo, el Fauvismo o el Expresionismo. En la planta baja del museo se exponen las colecciones que sintetizan la modernidad en Europa y Estados Unidos: las Vanguardias experimentales, el Surrealismo, la tradición figurativa, el Pop-Art... La planta primera alberga también colecciones de los siglos XIX y XX. En todas estas obras pueden hallarse interesantes representaciones religiosas simbólicas, así como reflejos pertinentes de las épocas históricas en que vivieron los diferentes artistas. Entre los pintores famosos representados en estas dos primeras plantas se hallan  Monet, Degas, Renoir, Van Gogh, Picasso, Mondrian, etc,.La segunda planta consta de las colecciones de los siglos XIII a XVI. Algunos de los cuadros de esta planta me gustaron especialmente: Cristo y la samaritana, de Duccio; Adoración de los Magos, de Luca di Tommè, La Virgen y el Niño y Crucifixión, dos cuadros de Bernardo Daddi. También se incluyen aquí cuadros muy valiosos de los primitivos flamencos.

La Adoración de los Magos (L. di Tommè)
Cristo y la Samaritana (Duccio)

La Virgen y el Niño (B. Daddi)

El Museo Thyssen, con todas sus bellezas y riquezas, aunque sea pequeño, sigue siendo uno de los lugares más atractivos de Madrid para sus habitantes y las personas extranjeras. Las colecciones que están en este museo no sólo dejan una impresión en los corazones de sus admiradores, sino que también demuestran la riqueza y la belleza que laten en cada cultura y en la vida de cada pintor.


Emmanuel, cmf

    
 

domingo, 29 de mayo de 2011

Una experiencia pascual...

     No es fácil establecer una relación con alguien y aún menos mantener dicha relación. En la vida cualquier relación que se construya y no se mantenga se derrumbará. Se necesita una base sólida. Ocurre lo mismo con Dios. Tengo que mantener mi relación con Él. Tengo una gran necesidad de conservar esta relación que un día establecí con Dios. Si no, tarde o temprano la relación se derrumbará.


     Este año tuve la suerte de pasar la Semana Santa en una Pascua contemplativa con unos cuantos estudiantes más de Colmenar y también con algunos laicos. Ha sido la primera vez en mi vida que he tenido la oportunidad de reflexionar y comprobar dónde estoy yo y cómo es mi relación con Él. En tan sólo tres días encontré una gran ayuda para viajar con Jesús y acompañarle durante todo el tiempo de su sufrimiento, muerte y resurrección. Y también he podido dar gracias a Dios por todo lo que tengo. Por otra parte, he podido pensar de qué forma puedo mantener mi relación con Él. A veces estoy muy seguro de que estoy muy cerca de Él pero es sorprendente descubrir que en realidad estoy viviendo también lejos de Él. Este retiro me ha traído de nuevo a la meditación y ha enriquecido mi vida. Siento una mayor conciencia del amor de Dios para mí y que esto es, en mí mismo, un regalo enorme. Desde aquí es más fácil discernir qué es a lo que Dios me está llamando.

Capilla de los Estudiantes Claretianos - Colmenar Viejo

     ¡Dios mío! Gracias por tu amor y por concederme tantas bendiciones en mi vida. ¡Cómo han pasado los años! ¡Cuántas han sido las veces en que la Semana Santa pasó por mi vida pero tal vez no llegué a vivir realmente los sentimientos de estos días, a los que tú me llamabas y me invitabas! Esta Semana Santa te pido que toque mi corazón, transforme mi vida y me ayude a imitar a tu Hijo Jesús. Por favor, háblame y ayúdame a tirar todas las cosas innecesarias para que pueda caminar fácilmente cerca de Ti. Porque lo que realmente vivo a través de la Semana Santa y de la Pascua es una vida nueva, transformada por el poder de Dios y de la Resurrección.

Gabriel Hoang, cmf

domingo, 8 de mayo de 2011

Encuentro de estudiantes claretianos de Iberia 2011

     Dice una hermosa canción de Pedro Guerra:
Alguien lo vio en el bolsillo de la nigeriana
que embarazada atravesó el estrecho.
Alguien lo vio buscando un hueco entre los refugiados
que en Ingushetia son como deshechos.
Alguien lo vio en la mirada del muchacho negro
que lleva al hombro un arma de combate.
Alguien lo vio en los burdeles sucios de Manila
junto a la niña que vendió su padre.
Alguien lo vio entre los huesos de las mexicanas
desperdigados por todo el desierto.
Alguien lo vio cuando el sicario se guardó el revólver
y entre los coches descansaba el muerto.
VELA POR NOSOTROS Y POR NOSTRAS, VELA.
MUCHAS Y MUCHOS CREEN QUE EXISTE Y JUSTO Y GENEROSO.
VELA POR NOSOTRAS Y POR NOSOTROS DICEN QUE VELA.
Y ES QUE SOMOS IGUALES:
TODAS Y TODOS, SÍ, SOMOS IGUALES... ANTE SUS OJOS.

     ¿Quién no podría prolongar la lista de situaciones, circunstancias, personas y comunidades marcadas por el dolor, la violencia, la marginación, la soledad, el desastre o la injusticia? Cualquier ser humano. Pero... ¿Cuántos tenemos una mirada capaz de adivinarle en estos acontecimientos? ¿Cuántos descubrimos en lo más sincero del corazón que en todas estas historias hay un Dios velando por nosotros? Hay siempre una pregunta a la vez ardiente e impotente (y ojalá siempre esperanzada) en el fondo de cada cristiano: qué y cómo hacer para encarnar en cada uno de nosotros la hermosa plegaria eucarística que reza:
Danos entrañas de misericordia frente a toda miseria humana.
Inspíranos el gesto y la palabra oportuna
frente al hermano solo y desamparado.
Ayúdanos a mostrarnos disponibles
ante quien se siente explotado y deprimido.
Que tu Iglesia, Señor, sea un recinto de verdad y de amor,
de libertad, de justicia y de paz,
para que todos encuentren en ella
un motivo para seguir esperando.
Que quienes te buscamos
sepamos discernir los signos de los tiempos
y crezcamos en fidelidad al Evangelio;
que nos preocupemos de compartir en el amor
las angustias y las tristezas, las alegrías y esperanzas
de todos los seres humanos,
y así les mostremos tu camino
de reconciliación, de perdón, de paz...

     
     Todo esto hemos podido reflexionarlo, orarlo y compartirlo el fin de semana pasado en nuestra casa (del 29 de abril al 2 de mayo). Como cada año, durante este primer fin de semana de mayo, los estudiantes claretianos de toda Iberia hemos disfrutado de unos días de encuentro. Esta vez lo hemos organizado desde Colmenar Viejo, con el lema "Formación para una vida religiosa profética". 37 personas, entre formadores y estudiantes, hemos tratado de profundizar en lo que significa para un religioso joven formarse para llegar a ser un profeta en medio de un mundo tan herido (y, a la vez, tan amado) como el nuestro. En el fondo de este encuentro estaban el Evangelio y la realidad sufriente del mundo, nuestra vocación y las personas a las que pretendemos acompañar. Estaba también el ejemplo siempre alentador de nuestro fundador, S. Antonio Mª Claret, de quien pudimos recordar estos días el regalo que recibió hace 150 años, cuando Dios le concedió llevar siempre a Jesús sacramentado en su corazón, haciendo más intensa su vida espiritual y apostólica, como él mismo cuenta en su Autobiografía. Y también estábamos nosotros mismos, que también vivimos en nuestro interior la llamada a la Vida y las muchas ocasiones en que somos agentes de sufrimiento y muerte en el caminar cotidiano.

     Para este viaje, les pedimos a algunos claretianos que nos orientaran en torno a este tema. Nos acompañaron el P. Mathew Vattamattam, Prefecto General de Formación de nuestra Congregación,  quien nos ofreció claves para integrar la dimensión profética en nuestro camino formativo; el P. Julio Rioja, quien nos ofreció un testimonio lleno de nombres de las muchas historias que ha podido vivir desde la fe a lo largo de los 18 años  que lleva trabajando entre los excluidos en Vallecas (Madrid) y Puertollano; el P. Javier Ojeda, que conoce muy bien el compromiso profético de la vida religiosa y de los misioneros claretianos, pudo  ofrecernos el fruto de muchos encuentros, vivencias y reflexiones en torno a nuestro papel en cuestiones de justicia, paz e integridad de la creación. En su charla, Javier estuvo acompañado por Laura López, responsable de sensibilización en nuestra ONGD, Fundación Proclade, cuya presencia fue también enriquecedora. Todos ellos, desde distintas perspectivas, recalcaron la centralidad que tiene en nuestra fe el compromiso con la realidad sufriente, pues toda experiencia auténtica de Dios es experiencia del Hermano.

      
     En el encuentro reservamos también tiempos para el compartir , para la celebración, para la oración, para el disfrute comunitario. A través de talleres preparados por algunos de nosotros, pudimos acercarnos a cuatro realidades de injusticia: el consumo irresponsable y la destrucción de la creación, la marginación, la inmigración y la violencia. Y, posteriormente, pudimos recoger estas realidades y su impacto en nosotros ante el Señor en una oración contemplativa. También tuvimos tiempo para visitar La Granja y Segovia, lugares significativos, para cualquier claretiano, pues conservan la huella del P. Claret y de nuestra historia congregacional. Concretamente, pudimos contemplar enla Iglesia del Rosario (La Granja) el Cristo ante el que se encontraba orando nuestro fundador  cuando recibió la gracia mística a la que antes nos hemos referido. Asimismo, dedicamos una noche a proyectar  una película ("Daens") y un documental ("Home"), ambos muy sugerentes y muy inspiradores para contemplar qué pasa en los hombres y en el mundo en relación a la justicia. Y, de una forma distendida, concluímos el encuentro con una barbacoa en nuestro jardín, compartiendo historias de aquí y de allá, con mucha alegría.

     Resulta difícil condensar todo lo que experimentamos en estas pocas líneas, pero ciertamente para muchos supuso una vuelta a las raíces de nuestra vocación, una apertura de horizontes para el presente y para el futuro, y un tiempo fraterno para poner en común inquietudes, anhelos y esperanzas. Ojalá que ahora, de vuelta al cada día, sepamos mantener el fuego misionero que traslucían rostros y palabras. Para que un día podamos decir, con nuestra vida concreta y sencilla, las palabras de Miqueas:
"Se te ha indicado, hombre, lo que debes hacer,
lo que quiere el Señor de ti:
practica la justicia,
ama con misericordia
y camina humildemente con tu Dios."
(Mq 6, 8)
    

sábado, 16 de abril de 2011

Misioneros aPASIÓNados...

     Comienza la Semana Santa. En muchos sentidos, estos días se convierten para esta comunidad en los más intensos del año. Por toda la densidad de que están preñados y por cómo tratamos de vivirlos por dentro y por fuera. Esta joven comunidad de jóvenes aprendices de misioneros se abre, se dispersa, se esponja, se entrega, se multiplica. Y, a la vez, se interioriza, se reune, se concentra, se cuida, se unifica. Reegan, Gilles y Didier vivirán estos días como misioneros en algunos pequeños pueblos de Segovia, tratando de animar las celebraciones y la vida de los mismos con un grupo de jóvenes laicos. Franklin, Emmanuel, Peter, Gabriel y Denis participarán -también con algunos laicos- en una Pascua contemplativa, tratando de entrar en la adoración de los misterios de Dios a través de la mirada interior y el silencio. Paul Peter y Michael han viajado como misioneros al Reino Unido para pasar estos días con los claretianos que serán sus hermanos de vida y misión en un futuro cercano. Iñaki, Ephrem, Yohanes, Anthony, Josep, Joan, Benjitu y Adri compartirán estos momentos como misioneros con jóvenes de diferentes partes de España, deseando contagiar la alegría de la vivencia auténtica de la fe a las nuevas generaciones. Dion animará como misionero las celebraciones en nuestra iglesia, aquí en Colmenar Viejo. Todos en misión y cada misión de todos... Que el Jesús de los ramos, del cenáculo, del huerto, del camino, de la Cruz y del sepulcro vacío nos acompañe y nos ayude a ser sus testigos desde lo más hondo de cada una de nuestras vidas y desde lo más profundo de nuestra comunidad misionera.

     Deseamos que esta Semana Santa se encienda de nuevo en cada hombre el fuego del Amor de Dios y que podamos ser como estas vidrieras, transparentadas de Cristo y abiertas al mundo, a la gente, al cada día. Que este hermoso poema que ahora compartimos sintonice nuestra vida con la Palabra del Padre, el Hijo y el Espíritu. Y que ellos nos colmen de Agua Viva el Corazón. ¡Feliz Pascua! 



Amor llena mis ojos,
que con amor yo quiero mirar todas las cosas.
Yo sé que si las miro con amor resplandecen:
yo sé que si las miro con amor se me entregan.
Jamás donde hubo amor los mundos se agotaron:
jamás donde hubo amor cesaron las palomas. 


Y nunca sin amor fueron los nidos,
y si el nido no fuera la vida no sería.
¡Oh, qué gozo, los nidos, por tan desamparados!
¡Qué alegría saberlos muy cerca de nosotros,
alzándose en el alba!
¡Qué alegría saberlos! 


Iré dándote, amor, como a río invencible,
y nunca gota a gota, a manantiales.
Llegarás a lo seco:
llegarás a lo árido:
recorrerás la sed viva y eterna


florecerán contigo las raíces
y del surco se dará lleno de vida.
Esmaltarás la tierra ¡toda! sin mesura,
y hasta el rincón más mísero y pequeño
tendrá el amanecer que le otorgaron.

Amor llena mis ojos:
que en la inmensa amapola de tu luz me derrame
sobre el reseco nido, y así los nidos sean.

Ana Inés Bonnin Armstron
  

domingo, 10 de abril de 2011

Quinto domingo de Cuaresma

     
     Lo canta el bolero: Uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida... Justo antes de que los judíos acordaran darle muerte, Jesús volvió a Betania. Betania era la luz del mediodía, el pan al sol, la mesa tendida, la conversación despreocupada, las manos que saben abrazar, la puerta entornada, los nombres propios... Betania eran Marta, Lázaro, y María... Les amaba. Con ese amor de la mirada que sólo tenemos con dos o tres amigos. Y quiso volver a aquel viejo sitio donde tantas veces amó la vida.

     Decían que había muerto. Decían también que podría haber hecho algo más para ayudarle. Decían que no había estado a su lado. Que no había llegado a tiempo. Que no le habían visto llorar por él. Pero nadie conocía el movimiento de su corazón, su cálida intimidad ni sus honduras. Nadie entendía que el Amor tiene otros tiempos. Y, sobre todo, nadie podía vislumbrar que en aquella casa a la que Jesús volvía habitaba desde antiguo una Vida capaz contra la muerte. Sólo él sabía que en Betania se había abierto paso un caudal de Vida que podía suavizar las asperezas de esta pobre vida que todos absolutizamos, temerosos del día en que volveremos al polvo. Jesús conocía a sus amigos. Y tenía el corazón  tan persuadido de que entre los cuatro habían aprendido a mirar al sol del mediodía que no le cabía duda: Lázaro había muerto, pero en su muerte había de brillar la luz de esta Vida nueva, el rostro de su Padre. Y quizá algunos pudieran volver la mirada a esta luz del cielo y encontrar su Betania particular a través de este acontecimiento. Por eso caminaba sereno hacia la tumba de su amigo. También hacia la suya propia...


     Para los muchos, sus palabras sonaban a reproche. Pensaban que había salido resentida en busca de Jesús, desbocada por el dolor. "Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto"... Pero en aquel encuentro estaba sucediendo el verdadero milagro: ellos, que se amaban, estaban compartiendo sus angustias. ¡Qué torpes somos en las cosas de Dios...! Pensamos que gritarle cuando nos pesa la vida es una falta de fe. Pero no fue así cuando las dos hermanas se encontraron con Jesús. Al gritarle, estaban amándose, acogiéndose, consolándose. Hay que haberse escuchado mucho y en muchas cosas pequeñas para compartir los sufrimientos con tanta desnudez, con tanto amor... Y aunque la fe de Marta necesitaba acrisolarse, como la nuestra, sus palabras estaban cargadas de una esperanza que no es de este mundo...  Estaba preparada para acoger a su Amigo en plenitud, para escuchar su voz -"Yo soy la resurrección"- y fiarse del todo, como lo habían hecho la samaritana y el ciego de Siloé. Porque Marta -la ajetreada y obtusa Marta-, amando a Jesús en su intimidad, había terminado creyendo en el corazón de Dios y, en el momento decisivo, pudo abrirse a la Vida. También Jesús, amando a sus amigos en su humanidad, terminó creyendo en el corazón de los hombres y, en el momento decisivo, pudo abrirse al Dolor. Y pudo entregar la vida hasta el llanto: en Betania, en el Huerto, y -quizá sin lágrimas- en lo alto del Madero.

     Hay que haberse escuchado mucho para confiar. Y esto es cierto también para el Jesús del llanto, siempre a los pies de su Padre, atento a su susurro. De otro modo, quizá no hubiera podido dar su vida, darnos la Vida. Pero Padre e Hijo se habían escuhado mucho y durante muchos años. Es hermoso contemplar a Jesús pronunciando quedo las palabras del salmo: "Desde lo hondo, a ti grito, Señor. Señor, escucha mi voz. Estén tus oídos atentos a la voz de mi súplica... Mi alma espera en el Señor, espera en su palabra: mi alma aguarda al Señor más que el centinela la aurora... Porque del Señor viene la misericordia..." Es hermoso pensar en Jesús ante la losa de su amigo recitando en secreto esta oración, mientras María le enjuga las lágrimas, en una escena preñada de su misterio, de sus entrañas humanas y divinas, de su intimidad con el Padre y con los hombres, de su palabra y su escucha, de su anhelo de la voluntad del cielo y de su búsqueda del bien de la tierra.


     Quizá es este el milagro. Quizá no importe tanto que Lázaro viviera unos años más en esta tierra. Ni que Jesús no pudiera volver ya nunca más a Betania. Ni que los dolores se engarcen  sin fin en esta vida como las cerezas en los cestos de nuestras abuelas. Quizá lo único que de verdad importe es que, en un viejo sitio donde amamos la vida, en el brocal de un pozo, a la vera de un camino o junto a una piscina, podemos escucharnos, fiarnos, amarnos, llorarnos... Y, a la sombra de la Cruz, Vivir para siempre en la Luz que no acaba. Lo canta el bolero: Demórate aquí, en la Luz mayor de este mediodía, donde encontrarás con el pan al sol la mesa tendida... 

sábado, 2 de abril de 2011

Cuarto domingo de Cuaresma

     
     Tuvo que dejarse hacer. Tuvo que fiarse. No le había pedido nada, ni siquiera le había sentido al pasar. No sabía quién era, no le había contado su historia, sus dolores, sus deseos, sus expectativas, sus desesperanzas... Tampoco Jesús había preguntado nada. De repente, lo notó frente a sí. El ciego extendió las manos y esperó, como tantas veces: "sea quien sea, me dará unas monedas y pasará de largo". Alzó un poco más las manos y siguió esperando. Las monedas no llegaron.

     Había nacido ciego y todos siempre le habían tratado como  a un ciego. Él mismo siempre se había visto así.  Un ciego mendiga, a un mendigo se le dan monedas. Pero... ¿Qué había visto él? Más allá de las apariencias, Jesús miraba a un hombre, contemplaba un corazón. Y él tuvo que dejarse hacer. Tuvo que fiarse. Sin decir nada, Jesús tomó tierra: era la misma tierra sobre la que el ciego estaba sentado. La misma sobre la que caminaba cada día. La insignificante tierra cotidiana en quien nadie repara. Él se agachó y tocó la tierra: tocó sin miedo la polvorienta realidad de aquel hombre. La atrajo hacia sí y escupió en ella. Unió aquella tierra con su saliva, consigo mismo. La saliva de sus besos con la suciedad de nuestro suelo. Nuestros pies con su boca. Lo mezló y lo amasó: se mezcló asumiéndonos. Cuando ya no había tierra ni saliva, cuando ya todo era barro -todo nuevo- lo acercó hasta los ojos del ciego y le tocó con suavidad y firmeza.  El ciego quedó paralizado: conocía el frío de las monedas cayendo sobre sus manos, pero nunca había sentido el calor de unos dedos sobre sus párpados. Nadie había tocado su límite, su defecto, su incapacidad, su pecado, su condena... Era como si en el barro de aquel hombre hubiera viento, como si lo arrebatará un vendaval de frescura, como si aquellos dedos estuvieran preñados de Espíritu. Le pareció que era otro; o, más bien, que comenzaba a ser él mismo. Dejó de verse  como un ciego y se atrevió a pensar que quizá fuera un hombre; que quizá hubiera sido creado, como todos, para caminar en la luz. Sin embargo, aún no había claridad en sus pupilas. Jesús lo había hecho todo, todo había partido de su querer, de sus manos: pero no era suficiente...


     Tuvo que salir de la ciudad. Tuvo que fiarse. El barro estaba ya en sus ojos, endureciéndose. Todo lo había recibido sin mérito, sin esperarlo, pero nada que no aceptemos vivamente puede salvarnos. Tuvo que creer que de aquel gesto podría nacer algo. Tuvo que fiarse. Jesús le había mandado más allá de las murallas, a la piscina de los de fuera, de los paganos. En ella el agua se movía mansamente, casi imperceptiblemente: los de dentro decían siempre que estaba completamente estancada, infecunda. Mucho más cerca, en el cogollo de la ciudad santa, había otra piscina: rodeada de cinco pórticos, suntuosa, protegida por la ley. Muchos enfermos confiaban en ella, se apiñaban a su alrededor ansiosos: esperaban que el agua se agitara estrepitosamente para lanzarse inmediatamente a ella y que se obrara el milagro,  a la vista de todos, en medio del alboroto y la vistosidad.

     Jesús quería que se bañase en la piscina de extramuros. En el fondo, le estaba pidiendo un salto de confianza. Hace un momento le había urgido a creer que del barro tosco e inútil podía nacer la luz; ahora, le invitaba a alejarse de la tentación de bañarse en la piscina de lo sobrenatural y lo fascinante para sumergirse en el agua despreciada por los muchos. En verdad, Jesús le estaba pidiendo que creyese que Dios ponía sus manos en lo perdido del mundo; que a él nunca le había asustado su pobreza; que, ante sus ojos, la ceguera no era castigo sino oportunidad: que Dios le amaba. Porque Jesús era el barro luminoso del Padre;  porque sobre el agua de Siloé sobrevolaba el Espíritu Santo... El ciego dio el salto: el Agua y la Luz lo cubrieron por completo...

     Tuvo que dejarse hacer. Tuvo que fiarse. Tuvo que salir de la ciudad. Tuvo que creer en la tierra cotidiana y en el agua inmóvil. Tuvo que pensarse más allá de su ceguera. Tuvo que arriesgarse a dejar su curación en otras manos. Tuvo que fiarse... A su alrededor, algunos quedaron perplejos, otros ya no le reconocían y muchos condenaron al que eligió lo pequeño para salvarle. Pero el ciego se abrió a la fe, se abandonó en sus palabras, se postró ante su amor. Y, como en el primer instante de un inesperado amanecer, todo en él dio a luz...